viernes, 7 de agosto de 2026

Raúl de Tapia: “En un sentido borgeano los árboles son el Aleph”





El biólogo y botánico junto a la escritora Clara Obligado escribieron el libro Un árbol de compañía . El libro nos sumerge de manera única y entrañable al mundo de los árboles, pero además aborda temas como la amistad, la escritura, la infancia, la soledad, la compañía, la ternura, entre otros temas. Raúl y Clara hicieron varias presentaciones del libro en Argentina, en el medio hablamos con Raúl por teléfono. Entre otras palabras expresó, “creo que la ternura y la generosidad es lo que nos va a salvar como especie. Si hemos llegado hasta aquí es por la cooperación y no por el enfrentamiento. Sin embargo, cada vez nos cuesta más ser tiernos y ser generosos”.



Por Paulo Ferreyra

— Quiero empezar esta charla por una frase tuya, "la naturaleza me salvó", ¿Cómo? ¿Por qué? 

— La naturaleza en una época de mi infancia pues era casi la compañera más atenta hacia mí que tenía. Creo que dedicarme a contemplar sobre todo las plantas y el misterio de la botánica siendo niño me ayudó a no sentirme tan solo. Quería conocer que era todo aquello que estaba viendo, tantas hojas distintas y tanta floración diferente. Recuerdo que me apetecía ponerle nombre. Quería saber cómo se llamaba cada una de ellas y así comenzó esta pasión botánica que con la edad terminó haciéndome biólogo.


— Ahora visitaste Argentina y viste nuestra naturaleza. Emulando aquella niñez, ¿Pensás que los argentinos estamos salvados con tanta diversidad y riqueza natural? 

Deberían estarlo. Desde luego. 

Entre los lugares que visitamos fuimos a la provincia de Misiones. El primer día fuimos a la reserva del Teyú Cuaré en San Ignacio. En ese lugar pudimos contemplar desde un alto la selva del río Paraná. 

Estar ahí, mirar la selva y no ver finitud, es decir, no ver el fin para mí fue muy emotivo.  Esa selva convoca al asombro. Al estar ahí tuve una reacción de agradecimiento. El hecho de poder decir - "Estoy viendo esto. Estoy aquí". 

Hay un libro de un pensador y filósofo español, Ortega y Gasset que escribió Las meditaciones del Quijote. Creo que lo citamos en Un árbol de compañía. Ortega y Gasset hace una reflexión en la que se pregunta -¿cuántos árboles forman una selva? y se responde a sí mismo diciendo que la selva la forman los árboles que no vemos. Es decir, cuando tú no eres capaz de ver el último árbol de una selva es que esa selva tiene unas extensiones desproporcionadas en el buen sentido.

A pesar de los cortes y de las talas que ha sufrido la selva al día de hoy creo que Argentina debería estar muy agradecida con su patrimonio natural. Debería conservarlo, recuperar lo perdido y salir mucho a disfrutarlo.



“Los árboles no nos necesitan para nada” 

Clara Obligado compartió hace poco tiempo partes de las preguntas que la guían, ¿Qué somos los humanos? ¿Cómo podemos sobrevivir con lo que estamos haciendo? Algunas respuestas tiene y las expresa en su libro Todo lo que crece. En nuestra charla afirmó "nosotros somos la naturaleza, igual que una planta e igual que una lagartija. Somos naturaleza. Lo que pasa es que nos ha gustado separarnos y considerarnos en otro lugar. Sin embargo, somos lo mismo. Seremos destruidos por las mismas fuerzas. Tenemos que aprender a pensarnos como parte de la naturaleza”. 

La escritora Clara Obligado y el biólogo Raúl de Tapia escribieron junto el libro Un árbol de compañía. El libro ya está disponible en librerías por el sello Páginas de Espuma. Su belleza mueve a los lectores en diferentes horizontes. 

Hace unas semanas charlamos con Raúl sobre algunos tópicos que aborda este libro. Antes de continuar con estas líneas de preguntas y respuestas hablamos con Raúl sobre esta compañía que tenemos con los árboles. Nosotros los necesitamos. Ellos no nos necesitan. 

“Los árboles llevan existiendo miles de años antes que nosotros y no nos necesitan absolutamente para nada”, sostiene y sus conceptos son claros, precisos, entrenados para ir directo a la raíz. Para dar un ejemplo, todo el ciclo vital de un árbol lo desarrolla con todo lo que lleva puesto porque los vegetales y los árboles no se pueden mover. Entonces, todo su ciclo de vida lo tiene que hacer real con lo que viene dentro de una semilla.

Entonces, nosotros somos ajenos a toda esa información, a todas esas estrategias y destrezas que tiene el árbol. Lo que ocurre es que nosotros necesitamos los árboles de una manera diaria.

Raúl se dedica a restaurar paisajes porque es necesario para cubrir las carencias de oxígeno, de paisaje y de las cosas más naturales de la vida. Ahora bien, tanto no nos necesita la naturaleza que si la humanidad no la recupera ella lo hace sola. 

Raúl trae otro ejemplo, la ciudad de Prípiat. Es la ciudad que estaba cerca de Cherrmobyl donde explotó el reactor nº4. Esto ocurrió a mediados de los años 80. “Los únicos que no podemos vivir allí somos nosotros - dice Raúl -  Ahí murieron un montón de especies, tanto de flora como de fauna. Luego se han ido adaptando, tienen un montón de problemas genéticos pero allí siguen viviendo. La naturaleza no tiene prisa y no tiene esa urgencia que tenemos nosotros”.

Me quedo rumiando en el hecho de la compañía. Nosotros necesitamos a los árboles, pero ellos no nos necesitan para nada. Hay un tema titulado Life is Golden de la banda Suede. Su letra es desgarradora. El videoclip oficial de este tema nos muestra justamente imágenes de Prípiat. El video es tan doloroso como hermoso. La muerte y la vida en un mismo plano.



“El árbol es indiferente a nuestras necesidades”


— Me quedo en esto de la compañía con una cosa más. Algo propio de la compañía es el abrazo, ¿es necesario abrazar al árbol?


— El árbol es bastante indiferente a nuestras necesidades. No es que sean seres apáticos o maleducados. Pero ellos tienen sus necesidades cubiertas por otro lado.

En mi caso - la humanidad - si necesito de la compañía de los árboles. Ahora mientras hablamos por teléfono estoy en Buenos Aires, en estas veredas hay jacarandás y el verde se expande. Este verde. Yo nunca vi una ciudad con tantos árboles ni de estos tamaños.

Buenos Aires tiene un diseño gracias a Carlos Thays que es excepcional. He estado en 14 o 15 países y nunca vi una ciudad con ese nivel de desarrollo de los árboles. Las calles son bóvedas arboladas. Nosotros necesitamos ese día a día y esa realidad arbórea. 

La compañía que generan es tremenda. Pero sin irnos a una gran superficie, el hecho de que tengamos cada uno de nosotros un árbol de compañía, un lugar donde sentarnos a leer, donde nos sentirnos acompañados, el disfrutar de su sombra los días de calor. Esa es la provocación que buscamos con el libro. Que la gente busque un lugar, mucha gente que viene a las presentaciones o que está leyendo el libro nos dice que ellos tienen ya su árbol de compañía desde hace tiempo porque era el árbol de su abuelo, de su abuela, de su padre, de su madre o un árbol que plantaron para su hijo o su hija. Es decir, hay parte de su biografía que ya está asociada a un árbol. Para los que no tienen todavía ese placer los invitamos a que lo tengan.

— ¿Cómo es tu trabajo con los árboles siendo un científico? 

— Al final para mí se me disocia el cerebro científico y el cerebro humanista. Es decir, tengo esa parte como biólogo y científico en la que soy capaz de tener ese gozo intelectual que decía un autor, Jorge Wagnersberg, en el que el conocimiento te hace disfrutar de una manera tremenda de lo que descubres. Hablo de las cosas que son capaces de hacer los árboles. 

Luego está toda la parte humanística, el arte, la poesía, la música y lo que han creado los pintores sobre los árboles. Veo un olivo y veo a Van Gogh, por ejemplo. Creo que esa es una realidad absoluta. No puedo pensar en la solidaridad entre los árboles, entre ellos y su conectividad sin pensar en Benedetti, en su poema acaso serán los árboles solidarios entre ellos. Es decir, creo que hay que acercarse a los árboles bajo esa y permíteme la expresión, bajo esa visión borgeana del aleph. Es decir, los árboles son todo a la vez.

Los árboles son ciencias, son poéticas, son pinturas, son música, son escultura y eso es lo que nos permite ser humanos. El hecho de que no lo vemos solo como un recurso natural para utilizar sino que también un recurso cultural. Ahora mismo estoy justo detrás del cementerio de la Recoleta. Si yo te digo ciprés, no vas a pensar en una conífera de porte columnar y hojas imbricadas. Sino que vas a pensar en el símbolo del ciprés dentro de un paseo en un cementerio. El árbol tiene esa carga religiosa o espiritual muy grande. 

Entonces, como humanos tenemos esa virtud y tenemos ese privilegio de poder disfrutar los árboles en la medida que nosotros queramos. 

— ¿Qué son las aves para los árboles? ¿Es imposible concebir uno sin el otro?

— Son aliados. Primero porque muchas aves distribuyen las semillas de los árboles. Es decir, es la manera que tiene el árbol de desplazarse, solo se desplaza cuando la semilla va en el pico o en el aparato digestivo de un ave. A la vez son protectoras porque les libran a los árboles de muchas plagas y de muchos insectos que se dedican a alimentarse de sus hojas.

Entonces, las aves por un lado son esa mirada cómplice del árbol, pero también las aves son uno de los mejores frutos del árbol, hablando ya desde un punto de vista lírico. Hay una expresión de un poeta que dice que donde hay sabia hay canto.

El hecho de tener árboles te genera un paisaje sonoro y una acústica determinada de tus días. Entonces, si no tuviéramos árboles y aves la cantidad de poemas que no habrían existido, o la cantidad de libros que quedarían en el limbo, la cantidad de piezas musicales y así tantas otras cosas. Sin árboles y sin aves habría partituras vacías.

Entonces, el árbol necesita las aves, las aves necesitan de los árboles y nosotros necesitamos ambos.



— Tuviste que abrir las puertas de tu intimidad para hacer este libro. ¿Cómo viviste y cómo vivís eso todavía?


— Para mi fue un ejercicio de desnudea, sinceramente. Lo que ocurre es que Clara y yo llevamos desde que comenzamos a escribir dialogamos de manera constante, es decir, a día de hoy lo seguimos haciendo cuando ya publicamos el libro.

Sé que vamos a seguir dialogando. 

Desde un comienzo se generó confianza para que la escritura fuera más orgánica y fuera más sencilla. Con mucho diálogo fuimos ganando confianza entre los dos. Fueron surgiendo pues preguntas porque Clara es muy buena preguntando. Ella supo tirar de un hilo que yo creía que me iba a venir bien soltar parte del lastre, es decir dejar ahí escritas unas cuantas cosas que seguramente ha sido bueno expresarlas. Sanar algunas heridas, dejar algunas cicatrices al aire para que se curen. Pero los primeros días lo recuerdo de forma dura e incluso a veces trágica. Había recuerdos que no quería volver a tocar porque no tenía ninguna necesidad.


— Ya que estamos en este terreno del diálogo, otro tema que abordan en el libro, ¿feliz navidad o feliz solsticio?

— Creo que es de las pocas veces que nos tironeamos con Clara. Ella insistiendo, "Por favor, escribe esto” y yo diciéndole: "Que no, que no quiero escribir sobre la Navidad”. En todos nuestros diálogos siempre primó el respeto y por ello terminé cediendo. 

La Navidad es un solsticio. Ahora se cuelgan bolas de adornos en los árboles, en los pinos, en los abetos, en el árbol que utilicen. En cambio, antes se colocaban manzanas para celebrar el fruto en las cosechas. Es decir, se está celebrando un cambio de ciclo en las navidades. 

¿Cuál es el problema? Que en estos tiempos en las navidades se ha convertido en un objeto de consumo. Ahora las Navidades se trata de comprar y vender. Parece que lo importante es comprar, gastar y olvidarse de lo que realmente significaba ese solsticio. 

Tenemos que ser conscientes de que hemos hecho un viaje tremendo alrededor del sol. Tenemos que volver la mirada sobre los cambios que se han producido y que seguimos vivos. A bailar bajo los árboles y celebrar el solsticio. 



“La ternura y la generosidad nos van a salvar”


El libro nos trae mucha información de los árboles, sobre qué significa la amistad e incluso reflexiones sobre la escritura. Muchas otras cosas más. Además, nos recuerda lo importante que es la ternura. En estos tiempos que corren donde la ternura parece un valor en baja. 

“Creo que la ternura y la generosidad nos va a salvar como especie. Si hemos llegado hasta aquí es por la cooperación y no por el enfrentamiento”, agrega Raúl. Hablando de este tema, él recuerda que escribió una vez un texto que no salió en ningún sitio. “Había sufrido un daño en los en los ojos porque me saltó un líquido. Fui a urgencias del hospital en mi ciudad. En la sala de espera había un abuelo y una abuela de pueblo que se les veía en el aspecto con más de ochenta años. El abuelo estaba tumbado en una camilla. La abuela lo estaba sujetando las manos porque le había dado un ataque al corazón. En un momento dado la mujer le acarició el pelo, un pelo grasoso y espinado. Apoyaba la mano y lo miraba. Ahí vi la ternura original.

“Creo que es el gesto más tierno que he visto en mi vida. Me emocioné y me saltaron las lágrimas. El hecho de que el lacrimal se me soltara me ayudaba a limpiar mis ojos. No se me va a olvidar nunca esa imagen de esa ternura tremenda y creo que tenemos que fijarnos mucho en la ternura del día a día. Hay mucha ternura en las calles, muchísima, muchísima, muchísima”. 

La voz de Raúl se apaga en el grabador.

Fui a una plaza a terminar estas líneas. De repente se cubre el cielo y comienza a llover. Me resguardo. Se desdibujan los límites del cielo, la plaza y la tierra. Las palabras de Raúl crecen como la lluvia. Ya no sé si estoy soñando o en mis ojos se ensancha en una vertiente. Hay ternura en las calles y en la literatura de Raúl y Clara. El eco de las palabras de Raúl vuelve, “hay mucha ternura, muchísima, muchísima, muchísima”.




viernes, 31 de julio de 2026

Ana Flor: “El dibujo es un canal para mover el pensamiento”






“Me gustan los procesos. Es importante y es humano aprender cosas de manera lenta y progresiva”. Hace un par de semana charlamos con Ana Flor, quien lleva adelante un taller de dibujo titulado “Lo que inventamos, existe” y con Carmiña, que lleva adelante el taller de grabado libre (xilografia, linografia y hueco). Hablamos de qué es el arte y la libertad en ese campo. Ana además de dar talleres en Resistencia, Chaco, también tiene un lugar en Espacio Mariño, Corrientes.


Por Paulo Ferreyra



Un gran escritor argentino dijo que para que un libro sea verdadero se requiere de la aurora y el poniente, siglos, armas y el mar que une y separa. En esta misma revista hace un tiempo Clara Obligado dijo, “creo que todo se puede enseñar. Al ser humano se le enseña a caminar. Se le enseña a hablar. Todo se enseña. Escribir también se puede enseñar”. Entonces, también se puede enseñar hacer dibujos y grabados.



En Resistencia y Corrientes Ana Flor lleva adelante un taller de dibujo titulado “Lo que inventamos, existe”. En Resistencia Carmiña tiene su taller de grabado libre (xilografia, linografia y hueco). 

Ana y Carmiña tienen cosas que las unen. Parte de la mirada del arte y ciertos intereses artísticos. “A mí me atraviesa mucho la poesía, la palabra escrita y la estampa. Me interesa la interacción entre la poesía y el arte gráfico”, desliza Carmiña quien tiene el taller de grabado. Esta es una de las técnicas más antiguas y más sociales en el arte. La naturaleza de la estampa, el hecho de ser repetida y de ser difundida es algo muy poderoso. En los talleres de Carmina los participantes pueden crear su propia matriz, llevársela a su casa y estampar lo que hicieron en los lugares que más lo deseen. 


“Lo que inventamos, existe”


Este es el título del taller de dibujo de Ana Flor. El poeta Aledo Meloni decía que “la poesía tiene que estar al alcance de todo lector. Si es poesía la entiende todo el mundo. Si no es otra cosa”. Algo de todo eso se conjunto en el espacio que creó Ana Flor.



— ¿En qué consiste el taller de dibujo?

— El taller de dibujo es un espacio que tengo ganas de que exista hace un montón. Se llama "lo que inventemos, existe" porque me parece un nombre que describe mi manera de crear. En la creación no hay límites. El taller es un espacio donde no nos quedamos únicamente en lo técnico. A mí me gusta que el dibujo sea un canal por donde puedan explorar ideas, por donde pueda moverse el pensamiento, donde se puedan hacer preguntas y encontrar formas a través de la acción del dibujo. A mi me sirve pensar a través de esa acción. La expansión del dibujo me lleva también a otros soportes. 

— ¿Los varones se animan hacer taller de dibujo?

— En este momento estamos con alumnas mujeres. Pero ya que me preguntas, aprovecho para invitar a hombres a participar de espacios llevados adelante por mujeres o por disidencias. Si bien son todas mujeres en este momento no es un espacio solo exclusivo para mujeres. 

En el taller además del dibujo probamos otras técnicas. Hacemos collage y escribimos. Escribimos porque me gusta mucho unir la escritura y la palabra con el dibujo. Siento que son dos maneras útiles de expresión muy inmediatas. Me gusta escribir y me gusta el dibujo principalmente por eso - es un canal de expresión directa.


“Crear con libertad nos salva”


Tanto el taller de Ana Flor como el de Carmiña se expanden con libertad. “Para mi ser libre es poder elegir qué pienso y ser consciente que uno puede cambiar de opinión. Me siento libre cuando sé que puedo elegir hacer lo que tengo ganas de hacer”, dice Ana. Por su parte Camiña agrega, “me resuena mucho la libertad de crear y creo que la libertad nos va a salvar en estos tiempos. Nosotras somos conscientes de lo difícil que es pagar un taller, una mensualidad o el hecho comprometerse con el tiempo que implica hacer un taller”.

Ana escucha. Su voz es dulce, susurro de soles mientras desgrana sus pensamientos lentamente. “Para mí es importante la experiencia. Es importante mantenerse en contacto con espacios que te hagan pensar, que te hagan inventar cosas, que te hagan probar y que no importa si sale mal porque es la experiencia lo nos queda. Me interesan los procesos, me gustan los procesos, me parece que es importante y es muy humano aprender cosas de manera lenta, progresiva, clase a clase”. 


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Ana Flor tiene su espacio abierto de taller "lo que inventemos, existe". En Resistencia en Espacio Ñ en Pellegrini 69 (planta alta), y en Corrientes en el Espacio Mariño, Santa Fe 847. También pueden consultar sus horarios al teléfono 3417206751 o por instagram a @pinoptiko

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miércoles, 29 de julio de 2026

Josefina Lens: “Sumergida creo que hace justicia y honor al trabajo de Claudia Gatti”

  

 

Claudia Gatti - Josefina Lens y equipo del cortometraje Sumergida. Foto Visión Alternativa

 


Se inauguró la muestra de arte Cajas de Resonancia, de Claudia Gatti, con curaduría de Gabriela Vacca. En el marco de esta exposición tuvo lugar el preestreno del cortometraje Sumergida, de Josefina Lens.  “De alguna manera vengo trabajando sobre cuestiones parecidas a las que trabaja Claudia. Entonces, filmar una canoa y trabajar en el río son cuestiones que nos acercan. Ella los trabaja como artista visual y en mi caso desde el lenguaje audiovisual”, explicó Lens.

 

La muestra de Gatti se encuentra abierta en la Sala de Exposiciones - Primer Piso de La Fundación Mempo Giardinelli. Se puede visitar desde el 29 al 31 de julio de 17 a 19 en José María Paz 355, Resistencia.



Por Paulo Ferreyra

Foto de Claudia y Josefina de Visión Alternativa

 


Pasan las seis de la tarde y el público sigue llegando. Eran los días de la Bienal Internacional de Escultura pero el eje había cambiado y toda la atracción estaba en la Fundación Mempo Giardinelli. 


Desde hace tiempo desde su provincia Claudia Gatti traza con hilos de arte y ciencia, feminismo y río, la senda vital de las mujeres. Ahí está ella con su arte develando mundos que entrelazan comunicación, trabajo y naturaleza en cada obra.



Está abierta la invitación a visitar la muestra Cajas de Resonancia, la nueva obra de Claudia Gatti con curaduría de Gabriela Vacca. Es una propuesta a recortar el tiempo, para acercarse a los detalles - al codo de la vida - donde la artista sugiere su visión del mundo. También, en ese mismo marco ella es capaz de crear silencios en una obra de arte para permitirnos el diálogo con la obra, con el entorno, con nosotros mismos.

Gabriela Vacca y Claudia Gatti



Preestreno de Sumergida a sala llena


En la Fundación Mempo Giardinelli, en el Salón Auditorio Fernando Operé, se realizó el preestreno de Sumergida, un cortometraje escrito y dirigido por Josefina Lens. El film cuenta que fue realizado a partir de los textos del escritor Marcelo Nieto sobre Alice Le Saige e inspirado en la obra El Viaje de Claudia Gatti.


La sala estaba desbordada. En un momento acercaron más sillas, pero no eran suficientes. Había mucha gente de pie, expectante, ansiosa y con ganas de ver el cortometraje. Tras la proyección con Josefina Lens nos sentamos, ella seguía exultante y se la veía feliz, flecha de luz en sus ojos y la sonrisa de soles. 

Detrás de escena del equipo técnico de Sumergida


 

— Llegó el preestreno, ¿Cómo lo viviste? ¿Cuál es la primera sensación?

 

— Siempre la primera sensación es incierta. Hay muchos nervios. Estuve muy pendiente de la reacción de la gente, los gestos, los silencios, las conductas. Por eso para mí es importante alfabetizarnos como espectadores. Todos tenemos que entender que es un momento importante. Este es un preestreno, una primera muestra y lo mostramos acá en el territorio. Además, me pone contenta trabajar con Claudia.

 

— Ahí estaba dirigida mi segunda pregunta, ¿Por qué Claudia?

 

— Claudia trabaja temáticas que están cerca de alguna manera a mi trabajo. Hace tiempo hice un corto que era Historias breves, una ficción que habla sobre una mujer que va en canoa y que atraviesa el río Paraná. Esa mujer llega hasta la Isla del Cerrito. Ella transporta en canoa a los leprosos.

 

De alguna manera vengo ya trabajando sobre cuestiones parecidas a las que trabaja Claudia Gatti. Entonces, filmar una canoa y trabajar en el río son cuestiones que nos acercan. Ella trabaja como artista visual y en mi caso desde el lenguaje audiovisual. Además, a mí me gusta mucho su obra y me siento identificada con lo que hace.

 

Claudia crea un mundo femenino donde se habla mucho de nosotras, de los vuelos, del poder de resiliencia o del poder salirse y abrir puertas.

 

— El hecho de que el corto se llame Sumergida, ¿también viene de ese marco?

 

Sumergida creo que hace justicia y honor al trabajo de Claudia. Ella es una persona que todo el tiempo está escarbando la tierra y ella misma en ocasiones se sumerge en el barro para traernos cosas a la superficie. Sus obras son muy profundas. Nos habla de la muerte, del duelo, de las mujeres duelando para traer lo mejor. Se hunde en las profundidades y solo así emerge el recuerdo y la memoria. Me gusta ese lugar para trabajar.


 

— Hubo algo interesante que surgió al ver el documental y es casi una regla para la vida. Aquí quien viaja hace una elección, escoge qué dejar y qué llevarse para su propia aventura. Se toman decisiones. En ese sentido, ¿cuál fue tu criterio para seleccionar qué mostrar sobre Claudia?


— Para mí fue bastante sencillo porque su obra atraviesa un mundo amplio. Lo primero que hice fue definir dónde hace sus creaciones. Me hice esa pregunta, ¿cuál es su lugar para crear? En la trama hay varios hilos pero uno de esos hilos es ella creando sus obras en su taller. Ella está en el taller y está en el monte. Porque una cosa es dónde te inspiras y otra cosa es donde creas tus obras. En su taller ella está fundando algo, bordando y armando la instalación. Pero también dije, "Bueno, vamos al territorio y vamos al monte" Entonces fuimos al lugar más abierto, fuimos al monte y ahí la vimos recolectar cosas.

En el monte ella crea un altar y la espera a Alice. Ahí le entrega el corazón. Le entrega su corazón.

El gesto de entregar su corazón es muy simbólico. Le entrega su corazón a Alice porque ella en algún punto es su el alter ego, su espejo. Es una entrega total. Claudia crea algo, se abre para espejarse en el otro y dejarle algo al otro. Esta obra ya queda en los corazones de otras personas. Sus creaciones van al inconsciente por siempre. Esa es la obra de arte, el legado y ese es el gran viaje.


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Por un instante me quedo callado. El silencio se extiende para no contaminar esta porción de aire que está cargado por las palabras de Josefina Lens. Ahora que pasan los días puedo volver con el grabador y hacer que sus palabras carguen los pulmones de este texto. 

Josefina habla de la obra de Claudia pero también reflexiona sobre su propia creación. Sus films van a nuestro inconsciente para siempre. “Esa es la obra de arte, el legado y ese es el gran viaje”.


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“Abrazo a mi niña interna”


Cuando Josefina Lens estuvo frente al auditorio - con toda la sala desbordada - afirmó que estaba nerviosa. Dijo expresamente que hablar en público no era lo suyo. Su rol es detrás de la cámara y no delante. Sin embargo, ahí estaba su momento de luces siendo retratada por varios celulares que la apuntaban con entusiasmo.


“Siento una pulsión para seguir haciendo cosas”, me dice mientras la sala está casi vacia y ya se han ido casi todos. Se acercan algunas personas a saludar, otras del equipo técnico y más. “Veo a la gente con una buena recepción y me da fuerza para seguir haciendo cosas, seguir mejorando y seguir creciendo”, agrega y su sonrisa se ilumina.


Vuelvo a sus flechas de luz en los ojos porque al mismo tiempo que se muestra contenta y feliz, también reflexiona: “Esta proyección de Sumergida es algo viejo. Porque el tiempo en el que una hace un cortometraje, edita, hace montaje, distribuye y llega el espectador pasan seis meses o pasa un año. Ahora ya soy otra persona. Veo esto ahora como mi pasado. Ya no es tanto reflejo de la persona que soy ahora y a la vez este cortometraje me constituye. A la vez es parte de mí y lo agradezco. Así abrazo a mi niña interna”.



 

 

Cajas de resonancia de Claudia Gatti


“Uno no se baña dos veces en el mismo río”, sostenía el filósofo griego Heráclito. Lo mismo pasa con los libros: no leemos dos veces el mismo. Y es menos posible aún que ese mismo libro llegue igual a dos personas diferentes. De esto habla la obra de Claudia Gatti, de dirigir la mirada hacia adentro a partir de un diálogo con los autores que ella propone. 

Hija de un bancario (destinado a no quedarse mucho tiempo en un lugar) y de una maestra, de quienes heredó el gusto por las letras, Claudia crea pequeños mundos que despliega dentro de cajas de madera. Cajas que vuelven de forma recurrente a su cuerpo de obra. Estos mundos están formados por figuras retóricas, objetos e imágenes que nacen de las palabras que permanecen detrás de la retina una vez leídas. 

Lejos de desprenderse de su mirada de investigadora y académica, utiliza esos conocimientos para analizar y desglosar ideas con la minucia de un relojero y encontrar en ellas las claves que le permiten elegir qué incluir en cada caja, qué quiere llevar con ella y qué decide compartir con nosotros. 


Uno de los aspectos más importantes en la obra de arte contemporáneo, sostiene Elena Oliveras, es la cantidad de horizontes de sentido que abre. Entonces, aparecen las preguntas en relación a la obra de Claudia: ¿qué vemos en las cajas que nos presenta?, ¿qué detalles nos convocan?, ¿de qué nos hablan a cada uno de nosotros?

Con una fuerte impronta femenina y personal, con obras donde la belleza ofrece una caricia al alma -cualidad a veces esquiva en el arte contemporáneo-, Claudia no teme hablar fuerte y claro de los aspectos de la vida que la conmueven, tanto es así que no duda en ubicar el corazón en todas y cada una de sus piezas. Se une a la voz de personajes que marcaron la historia en la esperanza de conmover, junto a ellos, a quien se anime a meterse en los mundos que comparte. 


Curadora Gabriela Vacca


 

 


viernes, 24 de julio de 2026

Evi Tártari: “El arte es una manera de poder visibilizar lo que vivimos”






El Museo de Bellas Artes René Brusau (MUBA) junto a la Galería Aconquija - Yerba Buena, Tucumán - habilitaron días atrás la muestra Vuelo de flechas de la artista tucumana Evi Tártari. Esta muestra fue seleccionada en la Convocatoria de Proyectos Expositivos 2026 “Del Chaco a la Argentina”. La muestra cuenta con la curaduría de Germán Luft y puede ser visitada en la sala 2, en el 3er piso del Museo en la Casa de las Culturas, Resistencia. En esta charla la artista habla sobre sus obras, la fotografía, la cerámica y muchos otros temas más.



Por Paulo Ferreyra

Fotos de Evi de Agustín Indri


La muestra de Evi Tártari forma parte de una selección que se realizó a partir de la convocatoria publica del Museo de Bellas Artes René Brusau. Ellos lanzaron una convocatoria para financiar cuatro proyectos expositivos. La Galería Aconquija, donde uno de sus galeristas es Germán Luft, presentó el proyecto con las obras de la artista Evi Tártari. Así llegaron hace apenas unas semanas y ya abrieron las puertas de la muestra Vuelos de flechas.



Tres piezas 


Evi desarrolla su práctica artística alrededor de la fotografía y la cerámica. En este caso la muestra - curada por Germán Lulf - presenta tres piezas. Una de esas piezas es una fotografía de gran escala, tiene cinco metros por dos metros y medio. Es una apropiación de una imagen fotográfica de aproximadamente 1950 de un artista y fotógrafo que se llama Oscar Rejlander. Él adhiere a la escuela pictorialista de fotografía, posiciona al hombre y a la mujer en lugares opuestos. La obra se llama "Las dos caminos de la vida". En el lado del pecado y la lujuria está la mujer y por el lado de las virtudes está el hombre. Evi Tartari hizo una apropiación de la fotografía de Oscar Rejlander. Ella en su obra anula todos los cuerpos masculinos. Los cuerpos de los hombres aquí son reemplazados por imágenes de mujeres que han sido importantes o cruciales para la historia de nuestro país.


Por otro lado, desde la cerámica la artista trabajó en pequeñas piezas que forman una gran pieza que son sublimaciones de partes del cuerpo y de gestos que las mujeres hacen en las labores que están feminizadas. “Son las labores que hacemos las mujeres en las casas como, por ejemplo, las tareas de los cuidados, de la limpieza, de la cocina, esas labores que implican a veces amasar, cortar, picar, envolver, doblar, planchar”, explicó Evi. “Todos esos gestos se pueden ver en esa composición que es una flecha que asciende. En ese ascenso que mira hacia arriba, hacia el cielo, hacia lo superior o hacia el aire, de alguna manera buscaba invocar esta idea de vuelo. La idea de flecha hacia arriba”.


La tercera pieza que compone la muestra es un bloque blanco de piedra que termina como si fuera un iceberg con sus puntas apretadas. Esas puntas están apretando y aprisionando una tela negra que intenta fugarse hacia arriba. Esa fuga es hacia el techo. “Esta obra refleja el intento de escapar o ese intento de salir de cierta situación de opresión que muchas mujeres vivimos”, subrayó Evi. 



“Es importante visibilizar lo que nos pasa a las mujeres”


Después de la inauguración de la muestra charlamos por teléfono con Evi Tártari. Su visita por la ciudad de Resistencia fue fugaz porque muy rápido tenía que partir a Barro Calchaquí, al encuentro latinoamericano de cerámica. Su voz tiene música. Es atenta, escucha, hace silencio y despliega sus conceptos y sus saberes.


— Es una muestra que no deja indiferente al visitante, ¿buscaste de alguna manera esa interpelación? 


— En la fotografía se condensa una intensidad de la mirada. Todos los cuerpos de la imagen tienen escala 1:1. Entonces las mujeres te están mirando, te interpelan de alguna manera y también te interpelan con el peso de la historia. Esa interpelación es desde la historia.

No es que te interpelen desde un lugar del anonimato sino más bien desde el lugar que ellas han sido para nuestra historia. Por otro lado, las piezas de cerámica es prueba de registro, una pieza testigo de eso que ya sucede en la mayoría de nuestros hogares, de nuestras tareas y de nuestros roles de mujer.


— ¿Cómo es para vos moverte en estos dos ámbitos de la fotografía y la cerámica? 


— Creo que hay dos cosas que tienen en común y es lo que a mí me mueven. Tiene que ver con el peso sobre lo disciplinar, sobre lo específico de cada una que se relaciona con una pretensión de verdad. Por un lado, la fotografía es un documento. La imagen fotográfica que por su mera existencia alude a algo que sucedió. Me interesa esa carga que tiene la imagen fotográfica de la cual, por supuesto, hago abuso para decir todo lo contrario. Mi intención es que la imagen fotográfica sea la prueba de una ficción. La prueba de su propia incapacidad de existencia.


En el caso de la cerámica me interesa lo mismo, pero desde el lado de su composición, porque las tierras portan ADN del mismo suelo del que vienen. Entonces, vos podés a través de una prueba de carbono 14 saber en qué año y de qué lugar provienen esas piezas que tenés enfrente.

Entonces, hay un registro que no se puede burlar o que no se puede negar. En este contexto lo que hago es mezclar arcilla de siete u ocho provincias. Además, hago traer arcilla del exterior. Me interesa como esa deslocalización en ambos casos, en el caso de la fotografía y en el caso de la cerámica.


— El visitante y la visitante en la muestra se moverá por diferentes estadíos, ¿a vos cómo artista también te moves diferente frente a cada lenguaje?


— Pienso que finalmente las situaciones se pueden detectar después de que la pieza existe. No es algo que pueda hacer de antemano. Las tres piezas de la muestra te llevan a situaciones distintas. Mientras una te interpela como el caso de la fotografía, la pieza de cerámica te sumerge o te lleva en una especie de estadio de reflexión y silencio. Después hay otra pieza que te tensa o te lleva a un lugar incómodo.

Además, la muestra te exige un poco, tenés que agacharte para ver qué está pasando ahí abajo. Finalmente, cuando descubrís que hay algo aprisionado te sentís incómodo. Entonces pienso que las tres piezas de alguna manera proponen ese recorrido y tienen su tono o su diálogo abierto. 


— Sé que es imposible resumir en pocas palabras lo que atraviesa la muestra. En parte sí está presente el desarraigo, la denuncia y la emancipación de la mujer.


— Pensándolo en esos términos es difícil resumir. La historia aún no ha finalizado. Es una historia que sigue sucediendo. En la inauguración de la muestra conversé un poco con algunas mujeres sobre hechos que nos siguen sucediendo. En ocasiones cuando nos cruzamos por la calle o nos encontramos en nuestros trabajos con mujeres nos contamos anécdotas que vivimos todos los días. Algunos hechos parecen historias del siglo XV y sin embargo son del XXI. Son hechos que nos pasan hoy.

Por ejemplo, esta situación de que estás al volante y sos una loca. O vas a comprar a una carnicería y te pregunta ¿Qué te pidieron? ¿Qué te encargaron? Nunca van a dar por sentado que sos vos quien está por encargarse de hacer un asado.

Ni hablar de cómo estás vestida. Siguen subestimándonos en un montón de situaciones. A nosotras nos toca probar no solo con capacidad, sino también con fuerza, con insistencia y a veces nos toca hacer silencio. Todavía nos encontramos en ese lugar en el que hacemos silencio o morimos. La violencia está totalmente vigente en el presente.

Resumir verdaderamente pienso que sería casi una misión imposible.

Trabajo para visibilizar lo que nos pasa a las mujeres. El hecho de que no quede esta historia en una conversación con una colega o con una amiga en un colectivo, sino que sea algo de lo que todas podamos hablar. Me interesa que se pueda visibilizar y que se sepa realmente, que se sepa en todos los ámbitos posibles.



— ¿Cómo es trabajar para vos conceptos que están vivos y que se mueven?

— Creo que ese es el motor. El día que una mujer deje de quejarse probablemente o nos hayan matado a todas o haya desaparecido la violencia, lo cual es muy difícil en ambos casos.

Pienso que el arte es una manera de poder visibilizar lo que vivimos. Hay muchas de nosotras que estamos poniendo el cuerpo y la firma en lo que hacemos. Imagino a juezas, abogadas, diputadas, senadoras, sin embargo muchas otras no tienen ni siquiera la posibilidad de pedir ayuda y están encerradas en sus casas, algunas otras tantas secuestradas o siendo víctimas de situaciones de abusos de diferentes tipos.

Conozco casos muy cercanos. En mi familia lo viví, lo vivo, lo ha vivido mi madre, lo ha vivido mi hermana, lo hemos vivido muchas. La verdad es que las consecuencias se pueden sentir en nuestros cuerpos y a diario.

Entonces, pienso que más que algo en movimiento es algo que sigue sucediendo. Nosotras seguimos luchando por nuestros derechos y sobre todo por nuestra libertad, que pareciera una cosa extrema, pero verdaderamente es así, luchamos por nuestra libertad.

Hace poco en mi provincia - Tucumán - en una localidad del sur los vecinos lograron rescatar una niña desnuda que vieron caminando por los techos. Cuando la rescató la policía descubrieron que era una niña que había desaparecido de su casa hacía una semana. La encontraron porque se había escapado de la casa en la que estaba secuestrada. Su captor la tenía desnuda las 24 horas. Era un tipo del que nadie sabía nada y que supuestamente no se sabía dónde estaba.

Estos hechos ocurren en el 2026 en una provincia del norte de nuestro país. Pienso en este contexto en miles de niñas y niños que son arrebatados a metros de las manos de su mamá, mujeres que de nada desaparecen y vuelven a aparecer tiradas al lado de la ruta o mujeres que viven dentro de sus casas golpeadas todos los días y nadie puede acceder ni siquiera a esa información.

En mi quehacer me apoyo en un lenguaje artístico, tomo o rescato a las mujeres que han sido importantes en la historia. También estoy hablando de los cuerpos y las huellas de nuestros cuerpos presentes. Las huellas que no son ni más ni menos que lo que resulta de algo ausente. Por ejemplo, en la cerámica hay muchas huellas que remiten a los cuerpos que ya no están.



— Así como muchas mujeres abrieron puertas para que otras mujeres puedan expresarse, en tu caso estás abriendo puertas en el universo del arte. Porque sin ir tan lejos el número de mujeres que puede expresarse y exponer en museos sigue siendo bajo en comparación con los hombres.


— Totalmente. De hecho, hay un colectivo que se llama Guerrilla Girls en Estados Unidos que comienza haciendo un estudio del MoMA. Ellas empiezan a estudiar la cantidad de mujeres que están en la colección del museo. Así revelan que alrededor del 92 o 93% de los autores son hombres. en cambio las mujeres como autoras rondan apenas el 7 o 6% de esas colecciones.

Si vas a las colecciones de todos los museos nacionales esa estadística se repite. Porcentaje más o porcentaje menos, pero esa proporción se replica en muchas instituciones. Es un saldo histórico que todavía sigue vigente.


Arte 


Las obras de arte de Evi Tartari están ahí en el museo para hacernos preguntas, para cortar nuestras certezas y comodidades. Para las mujeres nada es fácil. Agrego dos ejemplos, en esta misma revista la escritora Clara Obligado reflexionó semanas atrás que uno de sus fracasos fue ser mujer - jugando con la ironía porque si hubiera sido hombre muchas puertas se hubieran abierto antes. Por otra lado, en su libro más reciente otra escritora, Margarita García Robayo se pregunta: ¿Qué soy? ¿Qué quiero ser? ¿Cuánta frustración soy capaz de soportar? ¿Cuántas mujeres caben en un cuerpo? ¿Cuántas en una vida? ¿Estoy dispuesta a abrazarlas a todas?


Cuando se inauguró la muestra Evi Vuelo de flechas hubo más de cien personas, entre artistas que la visitaron y público en general. “Me sorprendí gratamente por el interés en las obras. Hubo personas y artistas que se acercaron y con las cuales pude conversar en la noche de la inauguración”.


La escritora Megan O’Grady cree en el arte y dice que el arte “es un amarre inestable, no un puerto seguro, ante el cielo que se oscurece” y, de manera inevitable, que “corta profundamente nuestras certezas y comodidades”. A lo cual Evi Tartari dijo aquí, “el arte es una manera de poder visibilizar lo que vivimos las mujeres. Hay muchas de nosotras que estamos poniendo el cuerpo y la firma en lo que hacemos”. De esto y mucho más se puede apreciar al recorrer la muestra Vuelo de Flechas. La misma está abierta en el museo de Bellas Artes Rene Brusau de martes a sábados de 9 a 12.30 y de 17 a 21, hasta el sábado 19 de septiembre de 2026.