A pocos días de la 7° Edición del Festival Mulita, que se realizará este viernes 9 y sábado 10, llega la reconocida escritora Selva Almada, entre un gran número de invitadas e invitados que en dos jornadas intensas se desplazarán entre charlas, lecturas, performances, poesía, narrativa y música.
Por Paulo Ferreyra
Entrevista especial para Festival Mulita
Esta edición del Festival Mulita se realizará en el Club
Social, será abierto y dispuesto para todo público, para todo el mundo. Se
contará con presencias destacadas como Diana Bellessi, Selva Almada, Dolores
Reyes, Claudia Masin, Luciano Lamberti, Ana Paula Maia, Alfredo de Jorge,
Eugenia Almeida, María Lobo, Paula Jiménez España, Mariana Vacs, Laura Aguirre,
Diego Puig, Franco Rivero, Ernesto Gallo, Sonia Scarabelli, Evelin Bochle, Luba
Malun, Pamela Fierro, Lucas Brito y Germán Parmetler. Elles conformarán el
frente de invitadas e invitados que en dos jornadas intensas se desplazarán
entre charlas, lecturas, performances, poesía y narrativa, en un ambiente que
empuja siempre a la expansión, que suma artes plásticas, música, gastronomía y
fiesta. Un combo ardiente.
Selva Almada había sido parte de las primeras ediciones del
festival y en esta charla se mostró feliz por la nueva invitación en la que
participará los dos días del Festival, en distintas mesas.
Selva es escritora, autora de las novelas El viento que arrasa, Ladrilleros, No es un río; los cuentos de Los
inocentes y los libros de no ficción Chicas
muertas, El mono en el remolino y
Notas del rodaje de Zama de Lucrecia
Martel. Sus libros han sido traducidos a una decena de idiomas; colaboró en
el guion del largometraje Jesús López
de Maximiliano Schonfeld. Como si fuera poco, desde 2021 dirige Salvaje Federal, librería especializada
en literatura escrita y editada en las provincias argentinas.
En esta charla telefónica, previa a su llegada, adelantamos
algunos temas que abordará en los próximos días.
—Selva, en el
Festival Mulita vas a estar este viernes 9 para coordinar Salvaje Federal, una mesa donde van a charlar Eugenia Almeida y
Sonia Scarabelli, ¿podés adelantar algo sobre cómo será esa actividad?
—Este es un proyecto que venimos haciendo con la Librería
Salvaje Federal. Reunimos a dos autores o autoras, en este caso son dos autoras
que viven en distintos lugares del país y que no se conocen. La propuesta es
que durante un mes se conecten para compartir sus vidas literarias.
En este caso se lo propusimos a Eugenia y a Sonia que
durante un mes, previo al Festival Mulita, mantuvieran una comunicación en la
que compartieran lecturas que estaban haciendo, además de leerse cada una obras
de la otra. Ellas están compartiendo estas cosas, lecturas, ideas sobre las
lecturas y sobre los textos de su par literario. En la mesa vamos revelar esta
comunicación que tuvieron juntas. Las dos son muy lectoras y muy curiosas,
además de ser dos escritoras que admiramos mucho. Escucharlas conversar será un
gusto para quienes estemos en el Festival.
—Giremos ahora la
conversación sobre tu proceso creativo, ¿qué condiciona tu escritura?
—Siento que escribo lo que me gusta leer. En ese sentido si
se quiere mi yo lectora condiciona la escritura. Mi aspiración es que escribo
lo que me gusta leer. Hay algo de los gustos lectores y de la experiencia
lectora que tenemos quienes escribimos que hace eco en lo que escribimos, todo
está presente.
—La creación de
Salvaje Federal también fue para acentuar ese camino. “Escribo lo que me
gustaría leer” y además abro un espacio para compartir los libros que me gustan
leer.
—La librería abrió a fines de 2020 de manera virtual. Hoy
tenemos ya un espacio físico en Almagro, Buenos Aires. Al principio, el
catálogo estaba hecho básicamente por las cosas que habíamos leído, por autores
y autoras que conocíamos y que queríamos compartir con lectoras y lectores.
A medida que el proyecto fue creciendo nos fueron acercando
materiales. Ahora todo lo que está en el catálogo de Salvaje Federal es mucho
más de lo que he leído o lo que me gusta leer. Sigue habiendo una curaduría
pero el horizonte se amplió muchísimo.
En este proyecto sigue estando presente un deseo de difundir
la literatura que es difícil de conseguir fuera de los grandes circuitos
comerciales. Buscamos ayudar a promover nuevas lecturas.
— En ese tren también
difunden mucho a escritores y escritoras de las provincias.
—Totalmente. En ese sentido el hecho de que la librería siga
siendo online es un acierto. Nos pasa
mucho que hay autores que no se conocen dentro de una provincia o una misma
región. Muchas veces las editoriales o los autores no circulan entre
provincias. Esto pasa todo el tiempo. Incluso pasan cosas absurdas que tienen
relación con la falta de circulación o la dificultad de la circulación de los
libros.
— ¿Se te viene algún
ejemplo de esas cosas absurdas que pasan?
— Por ejemplo, tengo presente que una persona de Córdoba nos
compra un libro de una editorial de Córdoba. Estamos hablando de libros físicos.
Un libro físico que viajó de Córdoba a Buenos Aires y después volvió a Córdoba,
con todo lo que supone ese traslado de un libro de un punto a otro. De esos casos hay muchos y casi todo el
tiempo.
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Un espacio
de libertad
"Mulita es un festival que quiero mucho. Poder volver
este año y que me hayan invitado me pone contenta”, desliza Selva Almada, la
autora que estuvo en las primeras ediciones, revelando su cariño por el
festival, por los organizadores, y mostrándose alegre, feliz.
Selva estará el viernes 9 y el sábado 10, formando parte de la
mesa “Lo que escribiste mañana. La literatura que viene”, compartiendo el
espacio con Dolores Reyes y Eugenia Almeida, moderada por el escritor Diego
Puig. “Será una propuesta diferente donde hablaremos sobre escritura, sobre lo
que pensamos y cómo nos vemos ubicadas dentro de la literatura argentina”,
adelantó.
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— Fuiste de mayor a
menor, tuviste paciencia para publicar hasta que los libros se sucedieron uno
detrás de otro. Hoy sos una escritora de referencia en el país, ¿sentís que
llegaste a un lugar? ¿Hay un lugar al que llegar cuando se es escritora?
— Desde que abordé la escritura hasta que empecé a publicar
pasaron muchos años. El primer libro lo publiqué en 2003, que fue un libro de
poesía y fue lo único que escribí de poesía. Unos años después publiqué el
primer libro de narrativa, a partir de ahí comencé a pensar más seriamente en
ir publicando textos que me parecían que podían ser libros.
Esta paciencia que decís antes de publicar lo aprendí con
Alberto Laiseca, quien fue mi maestro de taller durante muchos años. Tuve con él
una relación entrañable de amistad y afecto. El daba siempre ese consejo en los
talleres —ya habrá tiempo para la
publicación, ahora lo que tienen— porque nos decía a todos en el taller —lo que tienen que hacer es concentrarse en
la escritura—. Lo que sucede ahora es la escritura, la publicación es para
después, para el futuro. Eso lo agradezco porque escribía un montón en el
taller. Esa paciencia y la concentración en la escritura me sirvieron mucho
para lo que vino después.
Con el tiempo sí comencé a publicar, hasta que un libro tuvo
notoriedad que fue El viento que arrasa.
Después de esa novela se amplió el círculo de lectores. Todo ese tiempo que
estuve escribiendo sin publicar no sentía que debía llegar a una parte, no pensaba
en eso. Lo que me interesaba era escribir.
Cuando empezaron a pasar cosas con los libros también empecé
a hacerme cargo de lo que me toca. Hoy siento que ocupo un lugar importante en
la literatura argentina y latinoamericana. Estoy junto a otras autoras mujeres
que tienen mucha visibilidad. Estas cosas no quieren decir que llegué a un
lugar. Soy consciente del lugar que ocupo pero también soy consciente de que
ese lugar puede desaparecer.
Si miramos un poco para atrás las cosas cambian con el
correr de los años. Por ejemplo, Sara Gallardo es una autora que admiro mucho y
que fue muy reconocida en su tiempo. Sin embargo, después de su muerte pasaron
veinte o treinta años en los que nadie la leía. Por suerte, en estos años se
están editando sus libros y se está leyendo su obra.
Entonces, el lugar que una ocupa puede ser pasajero, y soy
consciente de eso.
—Existen dicotomías
como derecha o izquierda, provincias y centro, ¿son dicotomías obsoletas o
siguen vigentes?
—Me gustaría que esas dicotomías estuvieran zanjadas pero la
realidad es que no es así. La realidad es que cuando se habla de la literatura
argentina o de autores que la representan, siempre aparecen nombres de los
escritores rioplatenses y no de la literatura argentina. Esa es una señal de
que esa dicotomía centro versus provincia no están zanjadas, sino que siguen
existiendo. Ojalá que en algún momento se superen y que cuando hablemos de
literatura argentina incluyamos a autores y autoras de todo el país.
En lo personal me toca y me tengo que hacer cargo de que
estoy escribiendo y publicando desde el
punto centro. Pero me gusta, desde el mismo punto centro poder cuestionar
el centralismo y traer otras lecturas, traer noticias de otro tipo de
escrituras y de libros que se producen en otras partes del país. Es complejo,
es para debatir y charlar bastante, es un camino largo.
—Ya que las
dicotomías están presentes voy hacer una pregunta de derecha, utilitaria, ¿para
qué sirve un festival de literatura?
—Desde muy chica para mí la lectura es un espacio de mucha
libertad. Entonces un festival como Mulita nos puede mostrar otros horizontes y
nos puede traer otras formas de mirar el mundo. La literatura y la lectura para
mí son todo. Cuando empecé a escribir y desde que escribo para mí la escritura
es un espacio donde todo es posible. Entonces, encontrarme con escritores y
escritoras —algunos que voy a conocer por primera vez y otros que ya conozco— es
reconfortante, ver qué anda leyendo o escribiendo es estimulante. Compartir
además todas estas cosas con los lectores es un planazo.

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