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sábado, 30 de septiembre de 2023

Martin Kohan: "No escribo sobre mis propias vivencias"


El escritor pasó por Resistencia para presentar su libro Desde la Boca. Cuando lo extraordinario se vuelve normal. Aquí hablamos de este libro y otros temas.


Por Paulo Ferreyra 


El escritor Martín Kohan llegó hace tiempo atrás a Resistencia para presentar su más reciente libro Desde la Boca Cuando lo extraordinario se vuelve normal, coescrito junto con Ricardo Cohen. Estuvo en el marco de la Feria Iberoamericana del Libro Chaco 2023 Leer en Democracia. En esta charla cuenta sus sensaciones sobre cómo unió después de tanto tiempo sus dos grandes pasiones, la literatura y su fanatismo por Boca.



— Tus pasiones por Boca y la literatura venían por carriles paralelos. No se juntaban y siempre tenías respuestas rápidas para mantener esos carriles. Sin embargo, hoy se juntaron, ¿qué pasó?, ¿por qué se juntaron Boca y la literatura?


— Ricardo Cohen encontró la forma de convencerme. Además, me ayudó a encontrar la manera en la que podía escribir estos textos. La literatura y el fútbol son mis dos grandes pasiones. Tiendo a no combinarlas y creo que no quiero combinarlas, precisamente, porque son fuertísimas. Vivo estas dos pasiones de una manera plena. Combinarlas, en lugar de producirme un efecto de reforzamiento, me llevaba a relativizarlas.

Sin embargo, en este libro encontré una alternativa. Estoy muy feliz de que eso haya podido ocurrir. No escribo sobre mis propias vivencias aunque muchas de las que están en los relatos de este libro me reflejan y representen.


— ¿Estás conforme, entonces, con esta primera aproximación de Boca y literatura?


— Cuando escribo voy sintiendo y probando cosas. Con cualquier texto cuando escribo siento algo, me pasa algo interno. Creo que este un libro que merece ser leído, y no lo digo como un elogio al libro sino como una invitación a la lectura. Este libro puede entrar por algún lado, no es la historia de Boca y se acerca a lo que podemos llamar una autobiografía de hinchas. Es una especie de ensayo sobre lo que significa ser hincha de Boca, qué características tiene un club de barrio en relación con el entorno y con lo que ha trascendido de ese lugar.



— Me acerco a creer que es un ensayo porque hay mucha información histórica sobre esa zona del puerto de Buenos Aires. Desde Pedro de Mendoza hasta los goles de Martín Palermo. ¿Esto fue pensado para presentarlo así?


— Boca es algo extraordinario. La medida para todo en Boca es lo extraordinario y eso se volvió algo normal para los hinchas. Boca tiene las características propias de arraigo de una locación específica de un barrio de Buenos Aires. Sin embargo, ha traspasado todo ese orden y hoy encontramos hinchas de Boca en distintas partes del mundo. Es decir, mantiene su característica de arraigo barrial y lo combina con un alto grado de reconocimiento mundial. Hay aquí una alteración de las proporciones por eso se plantea esta idea de que lo extraordinario se vuelve normal en el sentido de que la desmesura es la medida de nuestras vidas. Toda esa historia fue pensada para presentarlo así.


—Si nos corriéramos un poco de estos dos ejes, ¿qué otra pasión tiene tanto peso en tu vida?


— Es difícil responder eso pero podemos empezar a calibrar. Hay afectos y vínculos muy fuertes en mi vida. Empecemos a desgranar, no sé si tenés hijos…


— Tengo.


— Bueno un hijo es para toda la vida. Pero mi hijo llegó cuando tenía más de treinta años. Ese amor y ese vínculo son incomparables, pero llegó a mi vida después de los treinta. Si me remonto más atrás, cuando ingresé a la escuela primaria ya sabía leer. Suelo pensar que aprendí a leer y me hice de Boca al mismo tiempo. Quizás a los cinco o a los seis años ya sabía leer y era de Boca. Eso está en mí y lo seguirá estando. Por eso digo que la lectura y Boca están en mi vida desde que nací y lo estarán hasta que me muera.

Me preguntas qué otra cosa me apasiona tanto y creo que puedo agregar que vivir en Buenos Aires. Por trabajo me toca viajar mucho, este año estuve en las ferias del libro de Tucumán, La Rioja, Rosario, entre otras ciudades. Ahora estoy yendo al Chaco a presentar un nuevo libro. La literatura me lleva y me trae por muchos lugares. Estoy sumando experiencias maravillosas pero nunca dejé de vivir en Buenos Aires. Desde que nací vivo en Buenos Aires. He tenido la oportunidad de irme pero no me fui porque en ningún lugar me siento tan arraigado como en esta ciudad. Por suerte me toca viajar mucho pero siempre me veo viviendo en Buenos Aires.


— Volvamos al libro. Los hinchas rememoran muchas situaciones, distintos partidos, la anécdota de un padre y un hijo me pareció extraordinaria. Pero en este momento, ¿qué abrazo te diste en la cancha y que fue memorable? Uno solo, el primero que venga.


— Uff… Sucede que hay muchos. Hay muchísimos goles vividos ahí para siempre casi siempre con personas que uno no conoce. Hay muchísimos. Ahora se me viene uno que en rigor no fue en la cancha de Boca, fue en la cancha de Independiente viendo un Boca Platense. Boca gana 3 a 1. Año 92. Hace un gol memorable y muy recordado Mederos. En el momento de gritar el gol, la felicidad, la explosión de felicidad es tan grande que casi que no sabes qué hacer con tu cuerpo en ese momento. Porque el cuerpo no te alcanza para la explosión de felicidad que tenés adentro. Giro en aquel momento para gritar el gol y veo a otro que estaba a un metro de mí —y nos parece a los dos que estamos viviendo lo mismo—, él también está solo, tampoco sabe donde meter tanta euforia por el gol que estábamos festejando. Nos miramos y nos dimos el abrazo de nuestras vidas.


— ¿Ahí es cuando se produce esa frase de Rimbaud, yo es otro?


— Ahí sí hay algo mío. Mi escala de mi manera de ser y mi manera de comportarme, el modo de ser y sentirse con uno mismo. Esta sensación de expansión corporal o de ebullición corporal no es algo mío. No es algo que pueda señalar en primera instancia sobre mi manera de ser. Pero en la cancha sí porque ahí no soy igual que en otras circunstancias. Debo ser más o menos yo y al mismo tiempo no. Hay una zona liberada, para poner un contexto y graficarlo de alguna manera. Hay vivencias que pasan en la cancha que no tengo en otras zonas de la vida.


— Mencionaste al pasar que el libro es una invitación a la lectura. ¿Por qué es importante leer?


— Es importante leer en todos los tiempos. Soy profesor de literatura y por lo tanto me dedico a formar lectores, a impulsar y a estimular lecturas. Para mí es algo valioso. Al mismo tiempo, tengo mis prevenciones respecto de lo que llamo "sermones de la lectura", esas arengas para la lectura o para favorecer a la lectura. Me parece que ahí hay un moralismo de la lectura donde aparece alguien impartiendo discursos sobre la necesidad de leer. A mí me parece que hay que buscar otros impulsos que den estímulo. El sermón de la lectura está en todos lados. Todos dicen que hay que leer, "que lástima que mi hijo no lea". Se declaran virtudes y ventajas de la lectura que en los sermones quedan vacíos. Porque muchas veces esos discursos tienen mucho de hipocresía.


Lo que tenemos que hacer —y esto nos devuelve al comienzo de la charla—, es propiciar espacios donde nos podamos encontrar cara a cara para hablar de literatura. Hay que hacer menos arengas, menos sermones y volcarnos más a prácticas concretas del intercambio literario. En la medida en que leamos, pongamos en juego nuestras lecturas, activamos intercambios, discusiones sobre lo que las lecturas nos suscitan, entonces apostaremos a una práctica concreta de la lectura. Confío más en esto que en cualquier declaración más o menos resonante sobre por qué es bueno leer. Para mí leer es valioso y lo pongo en juego cuando escribo, cuando estoy dando clases o cuando me invitan a una Feria del Libro. Hay que sermonear menos y poner más en juego nuestras lecturas.



domingo, 10 de septiembre de 2023

María Rosa Lojo: “Escribir es un acto exploración”

 
La escritora María Rosa Lojo estuvo presente en la Feria Iberoamericana del Libro del Chaco “Leer en democracia”. Trajo  su libro más reciente Lo que hicieron ahí, editorial Corregidor. A María la acompañará Milagros Rojo Guiñazú.


Por Paulo Ferreyra - Especial para la FIL Chaco 2023

Foto Alejandra López


Organizada por la Fundación del Libro y la Cultura y el Gobierno de la Provincia del Chaco a través del Instituto de Cultura y de los ministerios de Educación y de Planificación, Economía e Infraestructura, esta edición de la feria celebra más de quince años de trayectoria. Está abierta al público hasta este domingo 10 de septiembre y se pueden adquirir libros al 50 por ciento de su valor.


 

María Rosa Lojo es poeta, narradora y ensayista. Su obra creativa incluye libros de microficciones líricas y poemas en prosa. Además, sus libros se ha traducido al inglés, francés, italiano, gallego, tailandés y búlgaro. En el presente año la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la declaró Personalidad Destacada de la Ciudad en el ámbito de la Cultura.

En el marco de la Feria Iberoamericana del Libro llega para presentar su más reciente obra literaria Lo que hicieron ahí. En esta charla hablamos del libro y también de la literatura de género.

 

— Tenemos en manos un nuevo libro de cuentos que puede ser leído en clave de novela. ¿cómo surgió esta obra?


— Con un primer cuento, Perfiles, geminó todo un libro. En este cuento hay dos personajes claves que después se van a desarrollar en cuentos posteriores. A partir de una situación anómala que se describe en ese cuento. Hay una escena, encuentro sexual en un hotel. A partir de ahí se me ocurrieron otras situaciones con esos dos personajes. A lo largo del libro se despliegan líneas cronológicas distintas y en direcciones diferentes, pasado y presente.

 

— ¿Cómo es la construcción de esas historias que se fueron ramificando? ¿Te la pedía el mismo texto o buscaste abordar determinados relatos?

 

— Las historias se suceden a medida que escribo. Fuera de la escritura no pasa nada. A medida que iba escribiendo se me ocurrieron nuevas vinculaciones posibles a partir del primer cuento.

Te cuento una escena: hubo un accidente de un micro escolar que choca contra un camión cuyo conductor está borracho. Desde ese lugar se disparan los vínculos de familias de una zona geográfica determinada. Desarrollé la vida de distintas personas, como por ejemplo la vida del camionero. Este libro tiene una estrecha vinculación con toda la historia del país, que también se va palpando a lo largo del desarrollo del libro. No voy adelantar más para que sea el lector quien reconstruya la historia.


 

—¿Pensaste en algún lector en especial?

 

— Cada relato tiene su independencia. Si los lectores pueden leer los cuentos al azar, pero van a entender la historia de una forma mucho más profunda se leen le libro de una forma metódica. Van a entender mucho más y van a disfrutar mucho más de su lectura, de los personajes y las distintas escenas. Aconsejo leerlo en orden. De esta forma van armar el rompecabezas de una forma mucho más acabada.

 

— Saliendo un poco del libro, me gusta el concepto de la metáfora como un puente. Tu escritura de alguna manera se fue configurando así, ¿tu escritura está hecha de puentes?

 

— Sí, totalmente. Voy a completarlo con otro concepto. Siento que escribo en redes. Escribo en redes porque ningún personaje está aislado del todo. La vida es así y no existe el individuo aislado, existe el individuo en relación con otro. Me parece que si algo podemos hacer los escritores y las escritoras es constituirnos en ese canal por donde fluyan las diversas voces que componen el todo.

 

— Ahí también quería llegar, además de una gran escritora sos una gran lectora, ¿podes nombrarnos algunas de esas voces de la cual sos un canal para decirnos cosas?

 

— Cuando era chica en mi casa no tenía una tradición argentina. Mis padres eran españoles, venían de la diáspora. En casa había libros y mi mamá había tenido una librería en Madrid. Es decir, había material de lectura, pero no había libros argentinos y esa fue una ausencia de la que me fui dando cuenta con el paso del tiempo.

 

Entré a la literatura argentina a los 14 años, en plena adolescencia, cuando mi papá me trajo un stand de libros de la colección Clásicos de Jackson. Ahí leí el libro Los siete platos de arroz con leche de Lucio Mansilla. El autor contaba un momento importante de la Argentina. Retrató a su tío Juan Manuel de Rosas leyéndole el mensaje que piensa leer en la Legislatura en víspera de su caída. Es una anécdota familiar que ocurrió en la intimidad y que configuró de alguna manera mi forma de hacer literatura. De lo íntimo a lo público. Ese libro ha marcado mi propio camino. Escribo historias, hago microhistorias colectivas a través de la historia familiar.

 

— ¿Qué otros nombres pasan por este canal?

 

— Son muchos. En mi adolescencia también descubrí a Jorge Luis Borges. Miguel de Cervantes es otro, quien en el Quijote habla sobre el conocimiento engañoso de la realidad. Después leí de manera temprana y con mucho impacto a los poetas de la Generación Española del 27. Años más tarde vino Victoria Ocampo, la literatura latinoamericana con Juan Rulfo, por ejemplo, un escritor que sabía de reunir voces. Hay muchos.

 

— Hace poco Mariana Enríquez decía que del Boom Latinoamericano pasamos a Bolaños y después, el presente, con la corriente feminista de escritoras. ¿Coincidís con esa división?

 

— En cuanto a difusión internacional creo que ese fenómeno ocurre en la actualidad. Ahora hay que decir también que las mujeres siempre hemos producido literatura. Siempre hubo literatura disruptiva escrita por mujeres. Hoy hay una generación que tiene más visibilidad.


 

Hubo grandes escritoras pero que fueron menos visibles. Escritoras que eran leídas de manera lateral. Pero siempre existieron mujeres que estuvieron escribiendo y publicando. Una de las tareas a las que me aboqué justamente fue revelar el trabajo de las escritoras del siglo XIX. Un ejemplo claro es Eduarda Mansilla. Sarmiento fue un feminista a su manera, promovió la educación femenina y las obra de las mujeres.

 

El feminismo literario no se ha inventado hace diez minutos. Recordemos que había mujeres que acompañaron la Revolución Francesa y que escribían sobre los derechos de la mujer. En nuestro país los movimientos pidieron diferentes cosas en momentos distintos de nuestra historia. Ahora hay un momento de visibilidad excepcional donde, además, se amplían los derechos.

 

— En los últimos años has visitado muchas ferias de libros, ¿qué significa para vos venir a la Feria Iberoamericana del Libro?

 

— Para mí visitar cada feria significa mucho. Estuve varias veces en Resistencia, en la Universidad y en la Fundación Mempo Giardinelli. En la Universidad tengo la alegría de que estudien mis libros, la profesora que me va acompañar a presentar mi libro, Milagros Rojo Guiñazú, es quien trabajó mis textos. Hace unos años, antes de la pandemia, estuve realizando unos seminarios en Resistencia. Es una gran satisfacción venir, me enriquecen muchísimo todos los encuentros con lectoras y lectores.

 

— De alguna forma, también para eso se escribe, ¿o no?

 

— Escribimos siempre para descubrir algo. No escribimos para informar a los lectores de cosas ya sabidas. Ante todo, escribir es un acto exploración. En lo personal, implica comprometerse en una aventura de revelación o autorrevelaciones de algo que no estaba dicho o que no estaba descubierto.

 

Los libros sin lectores no existen. Pasan a ser objetos o pedazos de papel, manojos de papel de nada. Son los lectores quienes despiertan los libros como potencialidad. Creo que no somos plenamente conscientes los escritores de lo que sucede con los libros. En  lo personal, no escribo para leerme a mí misma.  Habrás visto que tengo un concepto muy colectivo del sujeto creador. Se construye en diálogos. No se construye en soledad. Si bien la tarea de escribir es una tarea muy solitaria por su misma naturaleza, estamos sentados frente a una máquina o frente a una hoja de papel, el poder de la escritura se revela cuando se comparte. Se abre un mundo cuando compartís tus textos. Si no compartís tus textos se convierten en una cárcel de los sentidos.