Este sábado 19 de septiembre en el Día Nacional del Chamamé habrá Misa Chamamecera en la Catedral Metropolitana de Capital Federal. La misa comenzará a las 16 acompañada desde la música por Luli Fernández y recitará el guión litúrgico Cayo Fernández.
“Esta música fue prohibida durante años y sin embargo el pueblo chamamecero siempre resistió. Resistió con el sapukái, con el baile, con el acordeón, con su modo de ser y siempre buscó canales de expresión. Así es como hoy lleva su Misa Chamamecera a la Catedral Metropolitana”, explicó en esta charla Luli. Ella es cantante, bailarina y comunicadora. Es una de las grandes voces de la nueva generación de la música del litoral.
Por Paulo Ferreyra
Edición de texto Facundo Binda
Un 19 de septiembre falleció en Buenos Aires Mario del Tránsito Cocomarola. En homenaje a su figura se conmemora el Día Nacional del Chamamé, fue declarado por la Ley Nacional 26.558. Hace muchos años Isaco Abitbol dijo, “creo que la gran aparición en el terreno de nuestra música fue Cocomarola. Desde que apareció dijimos que sus chamamés eran sal gruesa. Son más lindos, más auténticos, sencillamente Coco tenía un estilo fabuloso”. Estas palabras pueden leerse hoy con plena vigencia en el libro La tierra sin mal de Blanca Rébori.
A nivel país hace muchos años se popularizó la Misa Criolla de Ariel Ramírez. En el litoral desde los años 70 Julián Zini silenciosamente creó la Misa Chamamecera. Sus temas se fueron expandiendo por los arroyos y los ríos de una parte del país. Este sábado 19 de septiembre del 2026 será la primera vez que ese repertorio llegue a la Catedral Metropolitana en Capital Federal. Luli Fernández será la responsable de la voz chamamecera. Además, como condimento especial, el guión litúrgico será recitado por Cayo Fernández.
Hace unos días atrás mientras Luli preparaba su bolso para ir a Buenos Aires hizo un pausa. Charlamos y reflexionó sobre lo que está por vivir en lo que podemos llamar la segunda casa de los correntinos.
“El día del chamamé es un día de reflexión y celebración”
— ¿Cómo estás viviendo esta responsabilidad de ser la voz en la Misa chamamecera?
— Lo veo como un día histórico. Me preparo con mucha emoción y es en el Día del Chamamé la frutilla del postre. Es la frutilla del postre del camino de la música y de una forma de ser. Una música y una forma de ser que durante un tiempo fue tan pisoteada y bastardeada.
Es importante que tengamos un día para que nos celebremos y para que miremos a nuestros mayores. Cuando pensamos en el 19 de septiembre pensamos en Mario del Tránsito Cocomarola. Pero a su vez también es una invitación a mirar hacia atrás y pensar en ese avío del alma que nos dejaron nuestros mayores. En este contexto el Día del Chamamé para mí es un día de reflexión y celebración.
Este sábado voy a cantar la Misa chamamecera y es una bendición poder hacerlo en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Es un regalo de Dios.
— ¿Como mujer sentís que es un lugar especial?
— Siempre hay que reconocer que si el camino para la mujer chamamecera se allanó es porque hay gente comprometida que lo hizo antes. No surge por arte de magia. Hay hacedores y hacedoras de ese camino. La mujer siempre estuvo en el chamamé. Lo que pasó es que no hubo una visibilidad y no se le dio el espacio, pero las mujeres siempre estuvimos en este lugar.
Estar en este tiempo donde me escriben muchas personas para estar en diferentes espacios, para hacer charlas o entrevistas. En el comienzo de la semana se celebró el Día del recitador chamamecero y fui convocada. También fue convocada Esperanza Cáceres desde Mercedes. Hay muchas mujeres del interior y son maravillosas.
Hay que celebrar y no olvidar que para que esto suceda estuvieron muchas mujeres trabajando para allanar este camino.
— ¿El chamamé y la religión son indisolubles?
— Me gusta pensar más en espiritualidad. El chamamé es abierto, el chamamé está ahí, te incluye y te espera. El chamamé te acompaña; hay gente que le va a decir “universo” y hay otra gente que le va a decir “amor”. Cada uno le va a poner el nombre que quiera. Pero no podemos negar una conexión con lo divino.
— En el Día del Chamamé habrá celebración por todo el país. Esta Misa y la Peña chamamecera en Buenos Aires cabe bien porque la ciudad es la segunda casa de los correntinos, ¿sentís que es así?
— La Unesco dice que todos somos migrantes por origen o por destino. Cuánta gente, mis padres sin ir más lejos, mi papá y mis hermanos, se fueron de muy chicos a Buenos Aires. Ellos resistieron allá gracias a la identidad. Muchos litoraleños fueron a Buenos Aires a buscar el porvenir. Mucha gente fue por trabajo y después salió la música. Además, si muchos músicos triunfaron en la gran ciudad fue porque siempre estuvo presente todo el pueblo que ama esta música.
— Cuando levantemos la copa en este día especial, ¿con qué chamamé lo vas a celebrar?
— Para mí el chamamé para celebrar es Avio del alma. Es para mí la canción que sintetiza nuestra identidad. En su largo poema une memoria con pasado, presente y futuro. Es una obra que al menos a mí me atraviesa y que es para mí la síntesis identitaria del chamamé.
“El chamamé nos llama a humanizarnos”
Luli Fernández es cantante, bailarina y comunicadora. Fue paciente para esperar su lugar en la Fiesta Nacional del Chamamé hasta que se abrieron esas puertas. Es artista independiente como muchas y muchos, canta, saca fotos y filma sus propios videos. Ella lleva la emoción en la voz. Es dueña de un buen decir, cada palabra brota de sus labios con la nitidez de la luz. En la charla hace una pausa para dejar florecer su emoción, “pienso en tantas cosas y veo a Dios en muchos lugares. Me detengo a cada instante. Hago una pausa. Mientras armo el bolso guardo muchas más cosas de lo que está tangible”, agrega.
A Buenos Aires Luli lleva mucho más que su voz y su decir poético. Sostiene que es un privilegio haber nacido en esta geografía y tener este modo de ser que es el chamamé. “El chamamé nos llama a humanizarnos todo el tiempo. En estos días tengo la bendición de verlo y palparlo más que nunca. La verdad es que me emocionó mucho porque soy una bendecida de poder recrear esta misa. Esta música fue prohibida durante años y sin embargo el pueblo chamamecero siempre resistió. Resistió con el sapukái, con el baile, con el acordeón, con su modo de ser y siempre buscó canales de expresión. Así es como hoy lleva su Misa Chamamecera a la Catedral Metropolitana”.




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