"Navegamos sin más pretensiones que ver los ríos libres"

Jorge Mazzochi, Sebastián Arena y Hernán Gigena partieron días atrás en kayak desde El Pintado a Buenos Aires.

“La hoja es el equivalente a la vida”

Entrevista con Franco Rivero

viernes, 25 de septiembre de 2020

Mariela Campodónico: “Estamos transitando la vida en permanente aprendizaje”

Cuando el fuelle de su acordeón se abre empieza a trizar emociones, sonríe y las melodías destilan ritmos felices del litoral. Mariela Campodónico es acordeonista, intérprete, ha participado en importantes festivales y acompañado a figuras de renombre. En esta charla desentrañamos su andar musiquero.


Por paulo ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com

Se alegra a través de un acordeón que destila melodías profundas. La música del litoral se ensancha en cada intervención, en cada nuevo acorde que hace Mariela Campodónico. Es docente, trabaja haciendo música y vive en Entre Ríos, en el último año estuvo participando en importantes festivales de su provincia. Hace un tiempo nos contactamos para hacer un recorrido de su vida musical desde los inicios hasta el presente.


Mariela tuvo un bisabuelo que era músico, pero ella no alcanzó a conocerlo. Sin embargo su herencia quedó latente en la sangre. A los cuatro años, cuando vio en un circo a una mujer tocando el acordeón, la pasión se reactivó, y esa visión le cambió la vida para siempre. “La imagen la sigo teniendo muy viva en mí, no así la música”, desliza mientras marca el punto de inicio de este amor para toda la vida.

En su Gualeguay natal el maestro de música Tito Martín solo aceptaba niños desde primer grado o con los siete u ocho años cumplidos. Ella tuvo que transitar unos años hasta que finalmente comenzó a estudiar. Primero fue con un teclado hasta que su abuelo le regaló un acordeón.

Ahora siendo mamá los recuerdos de su propia niñez se escurren más lento, hace una pausa y detiene las palabras. “Desde siempre digo que la familia es muy importante. Cuando uno es niño o niña tiene un montón de habilidades y talentos, todos los tienen. Hay a quienes les gusta el deporte, las artes o cualquier disciplina. Cuando se transita esa tierna edad se necesita el apoyo del entorno para desarrollar esas capacidades. Cuando se es más grande puede desarrollar lo que uno quiere o busca, pero cuando sos niño o niña necesita del entorno”, subraya. Así florece un momento en la charla para volver a agradecer a su familia por aquel apoyo inicial.


El profesor de música le ayudó a desarrollar su oído, le daba como tarea tocar temas que a ella le gustaban pero además amplió su paleta musical incitándola a buscar temas y estilos diferentes. Su mayor juego desde que recuerda era hacer la tarea musical con el acordeón en su regazo. Mariela lentamente comenzó a pisar distintos escenarios importantes del ambiente chamamecero, llegó a tocar acompañando a artistas de renombre y expandió su creatividad interpretativa. En este tiempo de asilamiento cuenta que está produciendo, haciendo nuevos temas y arreglos. “No me desespera mostrar. Quizás debería capacitarme o perfeccionarme en ese aspecto, puesto que hoy muchas cosas están en las redes sociales. Sin embargo en los últimos años pasaron cosas importantes por fuera de la pantalla”, desliza.


— Vamos a comenzar por esa pausa o ausencia de las redes que se reactivó recién el último año, ¿hiciste una pausa con la música?

Las pausas que he tenido han sido para afuera, nunca dejé de tocar el acordeón. Tengo una nena de cuatro años, cuando entré en el sexto mes de embarazo tuve que parar, después fui a cesárea y estuve unos meses más sin tocar por cuestiones de salud. En ese tiempo paré de tocar, pero después seguí tocando puertas adentro.

Tengo etapas para meterme adentro para producir, para hacer, además en este contexto justo coincidió también que Martín Correa, quien me acompaña haciendo música tuvo un accidente. Le habían quedado tres dedos prácticamente inmovilizados y no podía tocar la guitarra. Así que todos seguimos con la música de otra forma y puertas adentro.


— Antes de esta pausa compartiste escenarios con varios referentes del género, ¿cómo viviste esa situación?

Gracias a dios he tenido la posibilidad de compartir cosas con muchos músicos, grandes músicos y personas que admiro. A esos espacios compartidos hay que sumar que tuve la oportunidad de estudiar con ellos pero eso no se difunde, no está publicado en ningún lado. Sin embargo esas cosas me fortalecieron e hicieron a mi crecimiento dentro de la música.

Hoy los músicos debemos estar atentos a muchas cosas y eso cuesta un montón. Disfruto el hecho de hacer música, de compartir con los colegas, pero en el medio hay que trabajar en la gestión, difusión o divulgación del trabajo musical. Hay nuevas formas de compartir, gestionar, difundir, donde los músicos debemos acomodarnos. Estas cosas demandan tiempo, conocimiento, plata.

Hace años que venimos trabajando con Martín Correa, hemos grabado juntos participando en otros discos pero no tenemos un material propio. Nos acompaña también Florencio Flores, quien está hace casi cuatro años con nosotros, hemos logrado una sonoridad muy linda como trío.


— ¿Siguen trabajando juntos en este contexto de aislamiento?

Siempre estamos haciendo música. Este tiempo nos sirve para avanzar en el desarrollo del repertorio, los arreglos, la producción. La idea era hacer este año la grabación de un disco, pero estamos trabajando desde la intimidad. Necesitamos el disco y nos los debemos.


— ¿Escucharemos acaso pronto alguna composición propia?

Tenemos algunos temas propios pero a mí personalmente no me terminan de convencer. Crear música es un camino que hago de apoco, empezar a encontrarme, escucharme, descubrir las sonoridades. Me considero intérprete y siento que la composición es un camino maravilloso, decir cosas con tu propia música es realmente genial. Me falta desandar caminos todavía. Tenemos dos temas que venimos trabajando, sumando ideas y aportando cosas. Componer en equipo es hermoso porque todo se enriquece. Somos tres personas distintas que buscan un nivel estético de la música, sabemos hacia dónde queremos ir o cómo queremos que suena. Es interesante y enriquecedor.


— Hace un tiempo participaste del disco “Homenaje a la mujer acordeonista” de la embajada Playadito, ¿cómo fue esa experiencia?

En el año 99, antes de grabarse el primer volumen de la Embajada Playadito nos encontramos con el Stand de la firma en Cosquín. Ahí tocamos y ese mismo año me invitan a formar parte del disco volumen 1. Varios años después, a principios de 2019 nos convocaron para participar de este nuevo disco. Me honran con la invitación y con ser parte de esta propuesta musical.

Nosotros interpretamos dos chamamé, esos temas suenan con el formato actual del trío que estamos tocando ahora, con Martín y Florencio, así que fue una experiencia muy linda y es una antesala de lo que vendrá. Para ese disco grabamos las obras, El rancho solo y El Mingo. Los temas los elegimos entre los tres y tienen un significado especial por lo que venimos haciendo.


— Este último verano participaron de importantes festivales en la provincia de Entre Ríos, ¿cuánto simbolizó eso para ustedes?

Fue algo muy importante estar este año en el Festival de Federal. A los 12 años participé en el Pre Federal. Y este año lo viví con una alegría y una emoción muy grande. Para nosotros significa mucho, como músicos entrerrianos y como chamameceros, por otro lado se juntaron varios recuerdos. El año pasado falleció Mario Alarcón Muñiz, gran periodista, era maestro de ceremonia de ese festival. Era una gran persona y me conocía desde niña. Él me decía, “Marielita vos tenés que estar en este festival”, no llegó a verme pero desde algún lugar sé que estuvo. Cuando subimos al escenario le rendimos un homenaje. Federal fue un sueño cumplido, un reencuentro con los chamameceros y con grandes personas que admiro. Además las cosas que suceden en el festival se dan gracias al chamamé, no lo podemos explicar y generan encuentros muy bellos.


— Repasando tu historia musical fuiste cumpliendo muchos sueños, compartir con grandes artistas y también pisar escenarios de la región, ¿qué sueños te quedan por cumplir?

Me siento una privilegiada de haber podido conocer tantas personas, tantos lugares que fueron posibles acercarme gracias a la música. Estuve con varios maestros que hoy no están pero han sido grandes de nuestra música. Hemos aprendido mucho con varios de ellos y ese es un privilegio. Seguir haciendo música es una forma de devolver todo lo que he recibido. Igual es necesario advertir que uno nunca termina de aprender, se puede ir recorriendo distintos caminos con la música y siempre sabiendo que se está aprendiendo. No somos ni mejores ni peores, estamos transitando esta vida en permanente aprendizaje.

Hoy por hoy la música significa y tiene un valor enorme. Se extraña en este tiempo estar en un escenario aunque sea con diez personas, escuchándonos y compartiendo el espacio de la música. La música pasa por el cuerpo que se hace emoción y eso se transmite. Eso es lo mejor que uno puede dar y lo que a uno le puede pasar, seguir adelante, aprendiendo, recorriendo caminos musicales desde la escucha, la interpretación, la composición. Voy a compartir esta música desde el corazón, ese es el sueño, que esa llama nunca se apague, ese es el motor de todo. Tengo mi familia que me acompaña, disfruto mucho también compartiendo con ellos vaya donde vaya.



Alimento. En el decir de la poeta santafecina Estela Figueroa hay algo que nos alimenta en secreto. Aquí Mariela explicó que desde siempre está ligada a la música, que la familia ocupa un lugar fundamental en su vida y contó aquí que desea que esa llama interior no se apague. El fuego que la alimenta en secreto también nos enciende, emociona y abre el abanico musical del litoral.





Mariela Campodónico /// Bio

Nació en la ciudad de Gualeguay, provincia de Entre Ríos. En la actualidad se presenta en formato de trío con puestas en escena integradas, junto a los guitarristas de la ciudad de Gualeguay: Martín Correa y Florencio Flores. La estética de su repertorio, posee el diálogo interpretativo y contrapuntístico como eje central.
Desarrolla su labor como docente en Nivel Secundario y Superior.
Fue parte de la Delegación de Entre Ríos en Cosquín en 2019 para “Postales de provincia”. Con esta formación se presentó, entre otros, en el escenario Ernesto Montiel de Federal.
Fue Becada por el Fondo Nacional de las Artes para perfeccionarse con el maestro Ildo Patriarca en la provincia de Córdoba en el año 2005. Entabló una relación muy cercana con Raúl Barboza ya que en tres oportunidades fue invitada a tocar con él: en 1999, en Plaza Alvear de la ciudad de Paraná en el Encuentro de Acordeonistas; en 2006 comparten una presentación nuevamente y en 2008 es invitada por Raúl Barboza y el Chango Spasiuk al Teatro 3 de Febrero de la ciudad de Paraná.
Durante el 2006, realizó presentaciones como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos bajo la dirección del maestro Reinaldo Zemba. En 2008 recibió la invitación de Antonio Tarragó Ros para el Espectáculo “Viva el Chamamé” realizado en el Estadio Luna Park de la Ciudad de Buenos Aires. En los años 2009 y 2010 presentó el espectáculo “Andenes del Viento”, en distintas ciudades de la provincia de Entre Ríos y San Luis junto al guitarrista Martín Correa. Junto a este músico viajó para representar a Argentina en el Encuentro Mundial de Músicas de Acordeón en Valledupar, Colombia.

viernes, 28 de agosto de 2020

“La bioconstrucción es una filosofía de vida”

En un hogar en Mercedes, Corrientes, una pareja y sus hijas conviven en un entorno natural. Su casa es de barro y fue construida con sus propias manos, pies, mente, corazón, todas las pulsiones juntas. Hay otros ejemplos en Colonia Carlos Pellegrini, pero está es la historia de Carla, quien destella desde sus ojos una sola sentencia, “la bioconstrucción es una filosofía de vida”.


Por paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com


Todo empezó en unas vacaciones en Federación, Entre Ríos. Carla había visto una casa que en el techo tenía pasto, eso le llamó la atención. Era un techo vivo, nunca antes había visto algo así. A simple vista parecía una casa normal pero estaba hecha en barro. Era una casa ecológica que se había construido con materiales naturales.
Carla Pértile


“Me gustó y me sedujo esa construcción. Busqué en internet y descubrí que en ciertos lugares del país está instalada la costumbre de la bioconstrucción, no la antigua sino una más mueva. La que se usa ahora conlleva ya una filosofía de vida, implica construir en comunidad, con la familia, con amigos, con vecinos, en una especie de reunión donde se comparten un montón de vivencias además de trabajar en conjunto. Esta forma de trabajar se llama minga”, subraya y a Carla se le adivina una sonrisa detrás del teléfono.




La semilla familiar

Buscando en internet se enteró de que iban hacer una minga en Santa Ana. "Le conté a mi pareja y él estaba escéptico a esa cuestión. A mí me motivaba mucho hacer una casa de barro o de piedra, estaba seducida por la posibilidad de una casa con materiales naturales”, cuenta. Se fueron a Santa Ana en pleno verano y entraron a la casa de barro, fue el primer gran impacto. Hacía mucho calor y la casa estaba fresca, no estaba encendido el aire acondicionado. Eso le llamó mucho la atención. Ahí conoció a Alejandro Arce, quien vive en Colonia Benítez, Chaco. Él estaba construyendo para un amigo una casa completamente de barro. Tenía un balcón con pasto, increíble. "Me quedé alucinada con eso", afirma y las palabras quedan suspendidas en el aire, alucinada con un balcón con pasto vivo.


Temperatura y humedad

Del primer acercamiento y del camino iniciado hace ya un poco más de tres años. Leandro Arce diseñó la casa de la familia de Carla mientras ellos iban buscando materiales, cercando un terreno. Hicieron el armazón con postes de eucaliptos y pino, lo que tiene de convencional su casa es el cimiento. “Nosotros hicimos el cimiento de con hormigón porque es una estructura muy grande, es una casa grande, tiene diez metros por diez metros, dos habitaciones, dos baños y un living comedor grande. Tiene además galería en derredor de la casa. Eso es importante porque cuando llueve mucho los aleros protegen la casa de barro”, explica.

Carla pone de relieve los beneficios de la bioconstrucción al mismo tiempo que compara las otras formas de hacer viviendas. Muchas casas modernas tienen problemas de humedad y de temperatura, si la gente se muere de calor adentro está claro que la construcción no es la adecuada.



Una casa de barro no genera los consumos de energía que otras estructuras porque es cálida en invierno y es fresca en verano. Carla explica que se puede poner aire acondicionado, calefacción, pero eso significa un derroche de energía y consumo que no corresponde. “Aquí la filosofía de la bioconstrucción también se trata de gastar menos, tratar de reutilizar lo máximo que podamos los materiales. Entonces, por ejemplo, las aberturas son recicladas, son rescatadas, compradas en remates”, cuenta.

Además del cimiento, la casa tiene el piso también convencional ya que lo hicieron con cemento alisado. “Íbamos hacer el piso de barro pero nos dimos cuenta de que era mucho laburo. Teníamos tantas ganas de mudarnos que decidimos acelerar los procesos. En el país se dictan talleres para hacer pisos de barro. Nosotros tuvimos la oportunidad de verlo en Chajarí y queda muy lindo”, agrega.


Materiales

“Cielos de los verdes, aguas celestes en las lagunas, lugar donde habitan las tardes mansas de cielos limpios”, esta es parte de una descripción que hace el autor y compositor Ariel Acuña en su canción El sol de los cielos limpios. En Mercedes la naturaleza está ahí, aunque algunos se empeñen en levantar muros fríos de cemento y quemar así el color de la vida.

En la construcción de su casa de barro la familia usó arcilla negra. Esto fue una gran ventaja porque en otros lugares no se cuenta con buena arcilla. En la minga, en la construcción comunitaria que participó Carla en San Ana habían tenido que comprar la arcilla porque en la localidad no había a disposición. Además de arcilla en la mezcla su usó arena, que para en estos casos se puede usar de cualquier tipo; ya sea fina o gruesa. Luego se utilizó fibra, paja de arroz. “La paja nos donaron porque habíamos hecho difusión de lo que estábamos forjando y nos la ofrecieron para la construcción”, cuenta.


Minga

Así como ella junto a su esposo había participado de una minga en San Ana, tras avanzar en la construcción de su casa organizó una minga para levantar las paredes de su propio hogar. “Hicimos un taller acá con Jorge Belanko, reconocido en argentina y latinoamérica, lo conocimos mediante Alejandro Arce quien nos diseñó la casa. Belanko nos había pedido la estructura y el techo, con eso podíamos hacer el taller. En ese taller asistieron 25 personas de todo el país, también había paraguayos y una francesa. En cinco días cerraron la casa, fueron días muy intensos pero muy enriquecedores. Fueron jornadas de una carga energética muy alta y de vivencias muy intensas”, subraya.

“Se entiende por Bioconstrucción como la forma de construir que favorece los procesos evolutivos de todo ser vivo, así como la biodiversidad garantizando el equilibrio y la sustentabilidad de las generaciones futuras. La bioconstrucción aparece hoy como una respuesta concreta ante la crisis energética y la necesidad de mitigar el cambio climático. Se trata de hacer viviendas y edificios que por su diseño y materiales reduzcan al máximo la contaminación ambiental. Se construye con barro, paja, madera y materiales reutilizados. Se implementan diseños bioclimáticos, lo que disminuye el consumo de energía para calefaccionar o refrigerar. Se utiliza tecnología para recuperar agua de lluvia, también para reutilizarla, tratar los residuos y aprovechar la energía del sol. Y, además, es más económico”, así también lo explica Jorge Belanko en ecoportal.
Postal a cielo abierto de la Minga



“No hay dos casas de tierra iguales”

Desde principios de este año Carla habita en su nueva casa. En total la autoconstrucción le llevó dos años de trabajos y sostenerlo llevará toda la vida. Mientras fue avanzando en este tiempo hizo talleres para incentivar y promover la bioconstrucción. “Aquí hay que relajarse y entender que esta no es una casa de revista. El mantenimiento lo hace uno mismo. Los arreglos se hacen fáciles, no demanda mucho trabajo. Además se pone aquí de manifiesto la creatividad. Nosotros, por ejemplo, usamos botellas para agregar luz a la casa y como decoración. El barro es muy noble y uno puede jugar mucho con su imaginación. En las paredes exteriores de mí casa hicimos una flor de mburucuyá”, desliza y la alegría de Carla se dibuja en cada palabra que llega de boca. Por un momento hace una pausa y advierte, “aquí cada uno puedo desarrollar su ingenio. No hay dos casas de tierra iguales”, las palabras quedan suspendidas y juntos volvemos a esas palabras, “no hay dos casas de tierra iguales”.


El bichito de la ecología

“La vida nos tiene una Eterna en quien toda belleza halló figura, latido, respiro”, escribió Macedonio Fernández y por ahí van los latidos verdes de Carla. Junto a su familia sembraron plantas nativas frente a su casa. Escucha diariamente el canto de los pájaros que hiende su nido florecido de amor. “Hay que meter el bichito de la conciencia ambiental. Es bueno conservar, acá estoy llena de pájaros. Me frustré un poco cuando hicimos la Minga porque no asistió casi nadie de aquí, había mucha gente de diferentes puntos del país y sin embargo aquí no le dieron importancia. Es difícil la mentalidad del correntino, es conservador, no quieren innovar. Sin embargo tengo confianza que las nuevas generaciones van a ser distintas”, sostiene y su voz cobra seguridad en que las cosas pueden cambiar.
















jueves, 2 de julio de 2020

Tony Zalazar: “30 poetas van homenajear a Jorge Sánchez Aguilar”

Durante este y el próximo fin de semana se realizarán Zoom/bidos del Mainumby. A través de la red 30 escritoras y escritores de distintos puntos se reúnen para homenajear al poeta Jorge Sánchez Aguilar. La iniciativa surge de Nando Calzoni, Tony Zalazar y Facundo Alarcón. En esta charla Tony brinda algunos detalles de esta propuesta.

por paulo ferreyra

sapukai.culturas@gmail.com

Desde hace un tiempo se viene gestando una antología en la que escritores de distintas generaciones y distantes espacios geográficos, dialogan con la obra del gran poeta Jorge Sánchez Aguilar. Este fin de semana comenzará un ciclo de lecturas virtual que se desarrollará por la plataforma Zoom. “Es una apuesta al valor de la poesía y a la esperanza de reencontrarnos en la palabra cantarina, fecunda y prodigiosa”, describen los organizadores. La actividad es motivada por Proyecto Cultural Maíz. Quienes deseen asistir a las reuniones pueden solicitar la clave de ingreso, de manera gratuita a los siguientes números telefónicos 3794-890767, Tony Zalazar, o al teléfono 3794-030277, Facundo Alarcón. Antes del inicio de este homenaje Tony contó cómo y por qué surgió esta iniciativa donde "30 poetas van a homenajear a Jorge Sánchez Aguilar".
Jorge Sánchez Aguilar



— ¿De dónde nace o cómo recordás tu lazo con la poesía de Sánchez Aguilar?
A Jorge Sánchez Aguilar lo conocí en el Ateneo Omar Khayyam, un ciclo de lecturas que organizaba Alejandro Mauriño en el bar Picasso. En un primer momento su poesía no me atrapó (era yo un jovencito inmaduro y beligerante, que desconocía muchas cosas de la cultura). Pero tiempo después, ya peinando canas, descubrí la riqueza y profundidad de su obra. Tuve el placer de digitalizar dos libros suyos que luego publicamos con Ananga Ranga. En el proceso de tipeo pude sentir el goce de su musicalidad extasiada y la nitidez de sus imágenes. Las mismas están ordenadas en una cosmovisión cultural y religiosa - originaria de esta tierra. Desde ese momento admiro y disfruto el poder creativo de su poesía y su vínculo peculiar con la palabra.



— ¿Hay algún poema en particular o un libro que siempre te acompañe?
Me gusta mucho el libro "Al fondo del otro reino". En este poemario canta tanto los goces y ritos sagrados de los guaraníes como los sufrimientos y oprobios impuestos desde la conquista. Canta estos dramas históricos, para luego invitarnos a recrear y sostener nuestros sueños ante el avance destructivo del capitalismo, que no sólo destruye los espacios naturales sino también el valor de la palabra, el sentido y el sentimiento humano que nos iguala y liga a todos los seres vivientes y espirituales de la tierra.


— Del homenaje participan poetas, escritores, periodistas, ¿cómo fue esa selección?
Hasta ahora hay 30 poetas que participan de la Antología que llevará por título El mainumby de la poesía. Algunos poetas fueron seleccionados por pedido especial del homenajeado y otros por afinidad estilística o por el compromiso que sostienen con la creación y difusión de la poesía. Hay poetas distantes en lo geográfico (algunos viven en Madrid, otros en Buenos Aires, en Chaco y la mayoría en Corrientes), en lo generacional y en lo estilístico. Pero todos coincidentes en la necesidad de reconocer y celebrar la vida y obra de este gran escritor que es Jorge Sánchez Aguilar. 


— Has organizado muchos encuentros de poesía, ¿Cuán importante es para vos la lectura en voz alta de la poesía?
La poesía se disfruta más leyéndola en silencio. Pero leerla en voz alta, ante otros, tiene el poder de un río musical que nos lleva en las entonaciones propias del espíritu que la creó. Es celebración pura y evidencia de que el alma es la palabra eufónica con que entramos al interior del otro y salimos revitalizados en la comprensión. Ahora no sé cómo saldrá este encuentro mediatizado por la tecnología, y a la distancia, pero estamos ensayando para que la poesía tenga el poder de traspasar las pantallitas de celulares y computadoras, para que los ZOOM/BIDOS del Mainumby se sientan luminosos y cercanos al espectador.
Tony Zalazar


— ¿Qué define que un texto sea poesía o no?
Todos tenemos un censor y un sensor que nos dicta qué asociaciones de palabras vibran más en nuestro espíritu. Creo, como creen muchos, que la poesía para destellar mejor debe estar atenta al equilibrio de la imagen, el ritmo y el sentido, comprendidos en una visión ética y estética de cada creador. Así como en un principio no me había interpelado la poesía de Jorge, con el paso del tiempo, las lecturas y experiencias vitales creo que nuestros gustos y capacidades de interpretativas pueden cambiar y ampliarnos el horizonte de comprensión.




Programación




Viernes 3 de julio a las 21:
Alejandro Mauriño, Constanza Pérez Ruíz, Juan López, César Bisso y Alicia Rossi.

Sábado 4 de julio a las 21:Susana Piñeiro, Irene Pérez, Heraldo Vallejos, Facundo Alarcón y Analía Báez.

Domingo 5 de julio a las 16:
Ariel Ovando, Estefanía Ceballos, Fabián Brizuela, Jorge Galarza y Gabriel Ceballos.


Viernes 10 de julio a las 21:Marcelo Caparra, Mario Caparra, Luis Argañarás, Mariana Rinesi y Ana Belén Ledesma

Sábado 11 de julio a las 21:
Silvina Giménez, Laura Virgile, Leonardo Maidana, Ramiro Román Romero y Avelino Núñez

Domingo 12 de julio a las 16:
Víctor Cuello, Pilar Romano, Moni Munilla, Dalia de Jesús Romero, Paulo Ferreyra y Nando Calzoni.





Quienes deseen asistir a las reuniones pueden solicitar la clave de ingreso, de manera gratuita a los siguientes números telefónicos (3794-890767 Tony Zalazar o 3794-030277 Facundo Alarcón)

domingo, 7 de junio de 2020

Día del Periodista. Trincheras sin festejos

Cuerpos ceñidos, encorvados, cegados por la pantalla blanca y un cursor que no deja de titilar a cada renglón obligando a la acción del tecleo, mientras la cabeza late a la par de esa intermitencia en busca de los ladrillos perfectos para una edificación llamada texto. Eso somos los que estamos en el oficio de ser periodistas: somos obreros del intelecto en busca de la perfección. Trabajamos afirmados sobre el andamio del inconformismo.

Pero en ese esfuerzo cotidiano, las cosas no siempre salen como están en los planos que elaboraron los académicos “arquitectos”, o la jerarquía proyectista que imparte órdenes desde un eterno modo home office y lejos del overol.

Por eso, tal vez, desde hace ya un par de años el Día del Periodista no se festeja, se trabaja más y acaso se deja un rincón en la noche para elevar alguna copa con un par de colegas en la trinchera. Los festejos corporativos quedan a un lado, en un rincón junto con el desprecio –cada vez más generalizado- a la esencia del periodismo: la honestidad intelectual y el hambre por la verdad.



En medio, un sistema que subyuga: las relaciones con el empleador, los ninguneos, los castigos por salirse del periodismo Outlook, el menosprecio por la palabra – acaso nuestro mayor tesoro –, los salarios bajos, muy bajos, entre otras condiciones que aprietan el oficio que amamos hacer con todo el cuerpo.

Este trabajo se enciende chispeante hoy, como un hogar, mientras leemos por diferentes medios cuestiones relacionadas con algún personaje que vamos a entrevistar. La tarea prende en la charla que se hace en vivo o como ahora, por la pandemia, sólo por teléfono. Después se vuelve un nido acogedor frente a una pantalla y martillamos un teclado para edificar un texto.

Entre los grabados, los dibujos, las pinturas, el mundo continuó mirándose en la palabra. Vino la fotografía, el cine, la televisión, internet y pese a los apocalípticos del papel, la palabra sigue y seguirá estando presente. La palabra construye, evoca, sugiera, reflexiona. Conocemos las virtudes de la tecnología actual, pero erigimos este edificio con la palabra escrita.

Salir a cazar temas, encontrarlos en diálogo con el entorno y con el medio es una provocación permanente a un statu quo del corte-pegue y el cliqueo fácil. Acaso el goce, disfrute, felicidad, durará después un instante, alguien que nos hizo saber que compró el diario y leyó la nota. También un “me gusta”, un “visto”, en las redes y cuánto mucho “un compartido”. En la trinchera siempre es un o una, no más. El flash se apaga rápido y hay que volver a empezar, buscar tema, hacerlo, escribir y publicar. Y la máquina cementera del albañil vuelve a girar una vez más para el eterno construir periodístico.



Atropellos

A pesar de lo almibarado que tiene este oficio, los sinsabores también brotan del entorno, de los pasillos, de los mensajes y las actitudes a cara descubierta de compañeros o compañeras. Ni hablar de las jerarquías o de quienes controlan en cierta manera los medios de comunicación y piensan que la gente lee menos y entonces hay que envasar papelitos de colores con brillantina. Un auto boicot para un círculo vicioso asentado sobre un soporífero binomio de retroalimentación: vacío-vaciamiento.

El desánimo nunca avanzó tanto como en estos tiempos. La seudo profesionalización del periodismo llevó a que se llenaran las carreras de estudiantes, quienes después fueron absorbidos por instituciones o reparticiones de gobiernos municipales, provinciales, para escribir y difundir sobre sus personalidades o actividades. A su vez, en los medios tradicionales, radios y diarios se vuelven periodistas Outlook, que tienen sus casillas de correo electrónico repletos de notas, enviadas por el propio organismo público y por el departamento de publicidad del medio, bajo el entrecomillado de “prioridad”. Así se están tejiendo hoy algunas páginas de los medios, algunos programas y otros tantos de difusión masiva.

Hace unos años, cuando el técnico Miguel Angel Russo dejó el Club Vélez para ir a Boca los hinchas reaccionaron con furia y se manifestaron en varias banderas que colgaron en la cancha, en una de ellas se podía leer la leyenda amasada en la sabiduría popular: “Ru$$o, la plata no te cambia, te delata”. Eso mismo les pasó a algunos de nuestros compañeros y compañeras.



Desafíos

Al igual que el labriego, el herrero, el albañil, el artista, el oficio nos define. En algunos casos ya probamos con otros trabajos y no anduvo, necesitamos volver a la palabra. El viejo chiste con un cineasta es: “Ya probamos con la pala y no funcionó. Así que esto es lo que somos y vamos a darle para adelante con las herramientas que tengamos”.

Mientras el oficio se reconfigura, en medio de la pandemia muchos descubrieron, o no, que cualquiera puede ser periodistas. Esa improvisación que alimenta el descarte en cualquier momento, dinamita las bases de la profesional, del profesionalismo. Todo puede ser cambiado de un plumazo, porque hicieron que todo pierda su valor intrínseco y lo equipararon hacia abajo, hacia el lodo de la mediocridad.

Hoy hay cientos de músicos, escritores o directores de cine conversando con sus pares sobre cómo viven o qué hacen en este momento, diálogos que se transmiten en vivo y que resultan ser entrevistas, charlas que ayer nomás las hacíamos los periodistas. Alguien dejó la silla vacía y vino otro alguien para ocuparla rápidamente.

Por si fuera poco, la noticia dejó de tener novedad porque fue vaciada de interés, de lo importante. Ahora, el periodístico banal, de entretenimiento, sólo busca un mero “impacto” a la caza de algún clic en las redes, para luego extasiarse con las estadísticas mensuales de visitas en el sitio web, sin importar el anzuelo que usaron. Todo vale: desde un título impreciso redactado adrede que se disuelve por su propia falsedad, hasta aquellos datos expandidos a fuerza de humo vendido y comprado para que alcance la categoría de “titulazo”. O bien la ya desgastada estrategia de la intriga, que no atrapa más, sino que produce repulsión.

La dictadura del clic refuerza sus tentáculos para el vaciamiento generalizado, desinformando, fusionando todo contenido a la propaganda oficial rentada y rentable, siguiendo a los mercenarios y a los falsos ilustrados con egos infinitos que sólo se enceguecen con las luces artificiales de una maquillada literatura exprés.

Así estamos viviendo en estos tiempos. Muy poco para festejar y mucho para reconstruir.


Rascar donde no pica

“Scratch where it doesn't itch”, dice un filósofo norteamericano llamado Richard Rorty. Hacer filosofía es rascar donde no pica, pues hacer buen periodismo en parte es hacer eso, rascar donde no pica: por qué tengo estos dedos, qué hago con ellos, qué toco y qué manipulan estos dedos. Hay partes de nuestro cuerpo que no prestamos atención. Como pasa cuando una mujer o un hombre duermen en la plaza y se hacen paisaje. Se vuelven parte del cuerpo visual que tenemos. Ahí debemos ir a rascar. O cuando algunos músicos hacen conciertos en vivos dos veces por semana con sus pares de distintos puntos de la provincia, del país, de Latinoamérica. Hay que rascar donde no pica.

Aguzar los sentidos, todos los sentidos, para rascar con temas o personalidades que están a nuestra vista, pero nadie parece tocar o reparar en ellos. El canal, el medio para transmitir eso que vamos produciendo, está cambiando y acaso es nuestro mayor desafío para adaptarnos. Vamos a contarte historias que trabajamos para conocer y desentrañar. Pero siempre la construcción será desde el texto, desde la tarea de ensamblar verdades, desde la experiencia del mismo oficio y, siempre, plantados a pie firme en el andamio de la insatisfacción. No tenemos el salario asegurado y edificamos ahí donde somos, martillando un teclado. La realidad máxima es que escribimos para seguir siendo.

Esa es la revolución hoy: defender el profesionalismo contra los iluminados del mercantilismo. El Día del Periodista hace años no se festeja, se reflexiona. Afortunadamente todavía hay muchos obreros dispuestos a reconstruir, y en ellos anida la fuerza de la esperanza.

Por Gustavo Lescano - Paulo Ferreyra

martes, 2 de junio de 2020

Marcia Müller: “el nuevo tiempo del arte tiene que ser colectivo”

En tiempos de música y charlas en vivo se juntaron Marcia Müller y Marta Toledo. En esta ocasión se puso de relieve la importancia de los colectivos de artistas y la toma de conciencia de la música como profesión.


Desde la entrada en vigencia del “aislamiento social, preventivo y obligatorio”, en distintas redes se han sucedido transmisiones en vivo de distintas índoles. El consumo de internet aumentó. Un estudio reciente reveló que en España aumentado del consumo de libros y el tiempo de lectura. Los museos han abierto sus puertas para recorridos virtuales. “No tengo ninguna duda que el arte nos salva. Es una compañía que fortalece el espíritu”, sostuvo días atrás Teresa Parodi respecto a este momento y la importancia del arte.
Marcia Müller



En la charla vía instagram que tuvieron días atrás dos valores de la música de la región expusieron su situación y las de sus pares. El historial de Marcia empieza con la guitarra y el canto, después adoptó el acordeón. El cambio significó mucho trabajo, "tuve que aprender varias cosas. Independicé la cabeza de muchas polirítmias, por ejemplo", explicó. "A veces pensamos que estudiar únicamente es ir a una institución y no es así. A mis alumnos les doy un ejemplo, ¿Nini Flores tomaba su acordeón y sacaba una melodía por arte de magia? No. Él estaba horas y horas practicando, ese era su estudio, su escuela, su institución. Hay que sentarse a estudiar", subrayó y soltó una sonrisa, "es necesario poner culo en la silla y estudiar".

En el diálogo Marta Toledo habló sobre su historia, contó los instrumentos que había en su hogar, su recorrido y su presente. La conversación se hacía íntima, había una empatía estando ellas en provincias diferentes, unidas por una pantalla y conectada a sus oyentes o televidentes. Había quienes ávidamente agregaban comentarios o sumaban declaraciones según el tema que estaban desarrollando.

Era un diálogo precios abierto entre dos talentosas. Una realiza clases de acordeón y la otra hace clínicas o talleres sobre la voz, florece ahí un placer, la felicidad, el goce que les nace cuando ven crecer a sus pares. Marta fue niña cantora, en una familia donde la música estaba pero no como una posible profesión en la vida. Había una guitarra, un piano, "durante la infancia pasé mucho tiempo orejeando. Me había metido en algunos concurso que corren el eje hacia lo competitivo, cuando la música es otra cosa", advierte. Durante un tiempo paró la pelota. Dejó de rodar el canto por unos años hasta que todo volvió a reverberar desde el alma hasta estallar en sus cuerdas vocales. Así hoy llega como una caricia su canto acrecentado en distintos proyectos musicales.



Ser músico es una profesión

Por su parte Marcia explicó que en el profesorado de música de Entre Ríos, cuando era estudiante y ahora que es docente la "pelea" siempre es la misma. La sociedad no ve como una profesión el arte de la música. Ella contó así un diálogo que tuvo en una ocasión con estudiante de abogacía. “Él me contó que tenía 35 materias en ese momento. Yo en el profesorado de música tenía 64. El silencio que se abrió fue casi absoluto”, desliza mientras sonríe ante el anécdota. Al mismo tiempo agregó que en primer año tenía 16 materias, tres eran de instrumentos, piano, guitarra, flauta. A piano y guitarra había que dedicarle una hora por día, a flauta una media hora más. Tenía además técnica vocal, otro tiempo más de estudio. Todas las materias teóricas y las específicas, lecto escritura, historia de la música, armonía, expresión corporal. Los detalles se ensanchaban en un abanico precioso y multicolor.


Crítica situación de los músicos

En una entrevista está planteado que uno pregunto y otro responde. Estas conversaciones que organizó una de las artistas son efectivamente una acción y un efecto donde están hablando dos personas, una y otra son protagonistas. Marcia pregunta y Marta de igual forma pregunta, hay una interacción importante sumando a lo que agregan o comentan los usuarios que están ahí muy atentos a cada tema puesto en el diálogo.

En un momento la acordeonista enterreriana contó que vive de la docencia, que de ahí saca la plata para ir a tocar a un lugar, para afinar o para tener un mejor instrumento. "Hoy la situación es crítica para les compañeres. A nivel país las primeras que se movilizaron son los colectivos o pequeñas agrupaciones. En Entre Ríos un grupo de compositoras hace tres años venimos organizando diferentes ciclos, empezamos unas nueve y hoy somos casi treinta. El eje de unión es que somos compositoras mujeres, sin distinción de edad o género musical. El estado tarda en llegar. Hoy los colectivos están más cerca de les compañeres”, subaryó.
Marcia Müller y Marta Toledo


En la provincia de Entre Ríos se constituyó el grupo Músicos Solidarios Entrerrianos. “Nos vemos convocados por la solidaridad hacia nuestros hermanos mas necesitados. Por ello creamos esta Comunidad de Músicos Solidarios con el fin de hacer de la música una expresión para servir. Hagamos de la solidaridad una cultura”, explican desde su plataforma tanto en Facebook como en youtube. “Lo que estamos reuniendo se destina para músicos que están sin ingresos porque vivían de tocar o enseñar”, advierte. Marcia Müller ha viajado por el país y a través de las redes conoce la realidad de otros colectivos como por ejemplo de Córdoba, Santa Fe, entre otros.

“Creo que esta pandemia va a profundizar más la bisagra que estamos viviendo, desde muchos lugares. Desde las revoluciones de las mujeres, de los derechos de los niños, de la violencia de género. Me parece que el estado tiene que agudizar su presencia. De alguna manera lo está haciendo y teniendo en cuenta a estos colectivos que están al frente en la primera hora”, explican. A veces se piensa a estos grupos vinculados al arte como minoritarios, pero a la hora de hacer un relevamiento entre artistas, productores, trabajadores de la cultura en distintos ámbitos, bailarines, entre tantos otros, uno podría poner de manifestó cómo movilizan la vida de las personas y también la economía de un sector de la sociedad.

"El arte está visto como un relleno, como un pasatiempo y no hay una política cultural que ponga en valor nuestro trabajo", agrega Marta Toledo al tiempo que Marcia Müller acota, "el nuevo tiempo del arte tiene que ser colectivo. Tenemos que entender que solo con el otro podemos tener fortaleza, el individualismo ya no va más. Este paradigma del individualismo se tiene que quebrar, el mundo nos está diciendo que no sirve, tenemos que ser solidarios para que no mueran los de al lado. Hay que pensar colectivamente".


“En el arte siempre se vio la vocación”

En este contexto hubo tiempo para hablar sobre la ley de cupo femenino. No es una ley de competencia entre hombres y mujeres. "Es un reclamos de trabajo, simplemente eso, un reclamo de trabajo", subrayó Marcia Muller. Al respecto trajo las palabras de María Eugenia Figueroa, su comprovinciana, "la ley de cupo femenino es un insulto para la mujer. Tenían que contratarnos porque somos músicos. No porque una ley dice que tienen que contratarnos. La ley es una herramienta que nos ayuda a aprender lo que socialmente no pudimos aprender solos, la igualdad".

“En el arte siempre se vio la vocación y no el laburo”, deslizan y sus palabras quedan resonando como el eco de una campana nueva, “en el arte siempre se vio la vocación y no el laburo”. Las otras carreras se dice que son para laburar y asegurarse un bienestar. “Sin embargo cuando cierta franja de la sociedad tiene a sus hijos finalizando el secundario le hacen test vocacionales. Entiendo que el arte, para el artista, sea cual sea su disciplina, nos mueve la vocación. Necesitamos para vivir ser artistas, vivenciarlo y transmitirlo. Esa es la vocación que está efervesciendo en uno y no podemos negarlo”, expresó Marcia Müller. 


En ese living imaginario donde dos artistas conversaron nos dejaron ver su ser íntimo, noble, bello, esperanzador. El arte, los colectivos de artistas que abrazan a sus compañeres están haciendo un mundo distinto, solidario, amoroso. En el decir de la poeta chaqueña María Eloísa Zamudio, se está despertando un nuevo día y se me llena de soles la mirada.

Por Paulo Ferreyra


jueves, 30 de enero de 2020

La emoción es la posibilidad de ser singular


La muestra colectiva “Poéticas Expandidas” tuvo lugar en el Museo Provincial de Bellas Artes. La producción reunió a artistas del interior y a la Capital correntina. La misma fue el resultado del seminario en artes visuales y escritura encabezado por Maia Navas y Franco Rivero. Con ellos charlamos aquí para conocer en profundidad cómo se gestó y cómo vivieron esta experiencia. “Estamos escribiendo, escribir nos ayuda a pensar, a procesar todo lo que sucedió durante poéticas. Fue una experiencia vital, fuerte, sin dudas algo impactante. La escucha, lo afectivo, le dieron un toque singular”, explicó Maia.

Por paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com

Había voces en una cámara oscura, velas, sonidos, pantallas, sillones, escritorio, libros, silla, plantas, tierra, telas, pinturas, una explosión de formas y colores a lo largo y ancho de la sala José Negro del Museo de Bellas Artes.

Maia y Franco armaron el proyecto, lo presentaron al Instituto de Cultura, fue aceptado y Declarado de Interés Cultural con Resolución N° 0865. Lanzaron una convocatoria y el trabajo se inició en el interior.


La propuesta era descentralizar la capital correntina como el lugar donde suceden experiencias similares. Fueron elegidas dos sedes, una del norte de la provincia y otra del sur; Monte Caseros y Saladas. Los encuentros en la primera localidad fueron de abril a julio, y, lo que inició en Saladas en agosto, por inconvenientes que no vienen al caso, se continuó hasta noviembre en la ciudad de Corrientes. Hubo dos muestras, la primera en la ciudad de Monte Caseros, en el mes de agosto; la segunda fue la Muestra Final, en la capital de la provincia. Expusieron y participaron del seminario más de 20 artistas en una franja hermosa de 16 a 71 años, donde también convivían, por ejemplo, un albañil con una ilustradora científica.

“Fue un proceso de trabajo totalmente gratificante. Aunque, en ocasiones,  salía de Ituzaingó a las 10 de la noche y llegaba  a Corrientes a las 01 y de acá salíamos a las 04 de la mañana a Monte Caseros, terminábamos de manejar y empezaba la clínica pero ni se sentía cansancio. Cerrábamos el encuentro al día siguiente, a la tardecita y de vuelta al auto y viajar. Maia quedaba en Corrientes y  yo llegaba a casa como a las 4 de la mañana pero con la sensación hermosa de que todo lo que encontramos e hicimos fue muy lindo”, explica Franco. 

 “Hemos buscado y no hay experiencias como ésta dentro o fuera del país. Hay relaciones como entre docentes y alumnos en los talleres y en los seminarios, pero en poéticas las dejamos afuera, estábamos todos en la misma línea, en la de la experiencia y la del encuentro con otro. Nos tratamos con el mismo respeto. Desde el más joven hasta la más grande, no hubo diferencias en el trato. Todo fue muy reconfortante, único”.


“Hay vínculos que aquí van a durar más allá de esta experiencia. Otros no, pero la mayoría van a quedar. Es muy difícil llegar a repetir esta experiencia, por un lado por lo que significó en esfuerzo y el no apoyo del gobierno. Igual sería hermoso hacerlo”, deslizó Maia. Junto a Franco son grandes artistas, sensibles y de un apasionamiento intransferible. Hermosos. Nos juntamos por separado para describir esta experiencia, aquí parte de ese juego que iniciamos con preguntas y respuestas.

— ¿Cómo se cruzan sus vidas para hacer este proyecto de Poéticas Expandidas?

Franco — Había empezado a dar Takuru, la clínica de poesía presencial en Corrientes. En ese contexto Maia me contacta para participar. Como sabía lo que ella hacía le dije que en este caso sería al revés, yo quería aprender de ella. Así fue cómo nos empezamos a juntar.

Fuimos a comer la primera vez y a develar lo que estaba por detrás de lo que nosotros hacíamos. La cuestión de la búsqueda, el ritmo, la crítica de la estética, entre otros puntos. En ese momento y hoy estamos en sintonía con los conceptos que para nosotros están en crisis dentro del arte, la categoría de artista, los límites del arte, el sentido, el proceso creativo, crear, arte. Sin saber quizás estábamos tensionando los mismos lugares. En ese momento yo estaba fascinado leyendo Contra el arte y partes de Matar a Platón, ambos de Chantal Maillard; y, a los días, Maia había encontrado una teorización sobre lo que yo estaba haciendo y diciendo. Así que me manda parte de un texto, que después me lo pasa íntegro, era La poética como crítica del sentido, de Henri Meschonnik. Entonces nos cruzamos los textos, ella se puso a leer lo que yo estaba leyendo y a su vez yo empecé a leer lo que ella leía. Ésa fue después la base de poéticas.

Maia — Nuestro cruce se fue haciendo por varios factores como dice Franco. Nos conocimos por nuestras obras y por nuestros amigos en común. Cuando nos conocimos además de la admiración mutua se daba el hecho de compartir un marco teórico, un lugar desde donde pensamos las artes. Recuerdo que le recomendé un libro que se llama La poética como crítica  del sentido. Nos compartíamos las lecturas. Estos autores son los que marcan un antes y un después de leerlos. Con Franco sentimos una gran afinidad, una sintonía muy fina sobre lo que creíamos que era la poética. En un momento pensamos sobre lo que nos estaba pasando, las obras, las devoluciones de nuestras obras y que esas cosas se podían multiplicar.

Cabe aclarar que ambos tenemos un recorrido amplio como docentes, como talleristas, la experiencia previa de cómo manejarnos ante un campo amplio grupo ya lo teníamos. Algo imprescindible aquí es un gesto político y ético de pensar el interior del interior. Pusimos la mirada en el interior y en la falta de capacitaciones que hay para artistas. Pensábamos que el estado podía apoyar este tipo de proyecto.

— ¿El nombre poéticas expandidas de dónde sale?

Franco — Maia me habla de algo que se llama Palabra Expandida, un intento de sacarla de la hoja, del soporte, hacia afuera. Era además algo que ella estaba haciendo. Con eso yo pensé en mi forma de ver a la poética ahora, como ese pulso que está detrás de la búsqueda y que no es privativo del que escribe, sino que es un impulso que subyase a cualquiera que se enfrenta a una materialidad y que con ella intenta hacer algo. Por eso le digo que podría, más bien ser, Poéticas Expandidas. Así nació este camino. Hablamos mucho. Empezamos a escribir lo que íbamos hacer y en un mensaje me dice - que lo que había escrito llegaba a la carne y al hueso. Con eso nos pusimos a pensar qué significaba esto para nosotros. Así terminamos dividiendo los encuentros en partes del cuerpo.

Antes de presentar la propuesta fuimos hablar con el presidente del instituto de Cultura porque queríamos quitar a Corrientes Capital como el centro de todas las experiencias e irnos directamente al interior del interior. Por eso elegimos Monte Caseros y Saladas. La idea era que los artistas que se postularan de Capital vayan al interior. Le gustó el proyecto, por eso lo presentamos.

— Para participar había que postularse, ¿cuál fue la clave de selección? ¿les sorprendió la respuesta de los artistas?

Franco - Una de las claves para la selección era saber qué cosas decían sobre su búsqueda. Pedíamos una muestra de obra y un texto donde se presentaran de la forma que quisieran y que nos hablaran de sus proyectos. Después esos caminos resultaron en sintonía con otros artistas, gente que no se conocía estaba trabajando lo mismo, buscando lo mismo; acá se ve: hay cuatro obras sobre cementerios. Por ejemplo. Además muchos se presentaron a trabajar porque aceptaron la metodología, les parecía seria, novedosa; por ejemplo, Noemí de Monte Caseros tiene 71 años, ella se postuló por eso; nos dijo: no necesito hacer más ningún curso a esta altura del partido pero vi la seriedad de la propuesta y decidí sumarme. Trabajó durante todo el año. A la par se postula Juan Manuel, un chico de 16 años de Curuzú Cuatiá. Trabajar con esa franja fue importante para todos. Además se entrelazaban los oficios, teníamos un montón de rubros: albañil, fotógrafos, narradora oral, actor, plásticos, mosaiquista, poetas, artistas visuales, arquitecta, ilustradora botánica, entre otros.


Maia — Agregaría que la propuesta fue novedosa y nos sorprendió la respuesta a la convocatoria. Había como una exigencia previa para postularse. Para nosotros en la formación de un artista es importante que hable de su producción, es un requisito para compartir con los demás lo que está haciendo. De igual modo hubo gente que nos cayó en el encuentro y a ellos los integramos en el proceso de trabajo.

El acompañamiento desbordó nuestras expectativas. Nos encontramos con una dimensión de lo afectivo importante. Se abrió ese lugar de la generosidad y la escucha que como coordinadores con Franco era una condición básica. La escucha era importante. Esto cuando sale de las figuras de coordinación me parece que se replica en el grupo, aquí pasó mucho. Hubo un trasfondo de amor, de afecto. No había competencia, lo que se quería mostrar era desde un lugar sincero. Acá nadie venía a ser la estrella. Éste fue el espacio para compartir, intercambiar, debatir, aprender.

— ¿El Museo de Bellas Artes sigue siendo el espacio para legitimar el arte?

Franco — Sucedió aquí porque también era como un mimo. En el día de la inauguración, Chacho, el albañil dijo que nunca se pensé exponiendo en el Museo de Bellas Artes.  De 20 artistas 15 no conocían el Museo de Bellas Artes. Además, no olvidemos que hubo una primera muestra en el interior; hay obras que por sus dimensiones no están aquí pero sí estuvieron en la muestra de Monte Caseros.  Queríamos jugar con esta cuestión del centro y la periferia y hacer el recorrido al revés, traer la periferia al centro.


Maia — Pensar la muestra en el Museo Provincial de Bellas Artes es ponerse en contexto, éste no es cualquier lugar. Implica otro carácter porque también lleva otro lenguaje. Hay muchas de las personas que expusieron que cambiaron su lenguaje dentro del arte, por ejemplo Sylvana, Liliana, Marisa, que ellas trabajan desde la palabra y aquí presentaron otra cosa. Además tener una fecha, un lugar, despertó una potencia en el deseo de concretar un proceso que se venía trabajando en poéticas. Quizás no cerrar pero si mostrar en qué y cómo se está trabajando. El Museo sigue siendo un espacio de legitimación por la envergadura que tiene, por el tipo de sala, por lo que significa dentro de la Provincia de Corrientes. Por ejemplo expusimos en el interior y en esos lugares no había salas especializadas. En Monte Caseros hicimos una muestra en una Biblioteca. Es linda la experiencia.

— En la inauguración hubo muchas muestras de afecto, artistas hacia y desde ustedes, ¿todo es afecto?

Franco — Entre nosotros es así, totalmente. Estoy convencido de que la emoción es la base. La emoción es la base. La emoción es la posibilidad de ser singular. Todos nosotros lloramos, hay registros. Me acuerdo de Matías, el escultor, estaban trabajando y yo entro en un momento para hacer una foto. Él estaba sentado en el piso contra la pared con una libreta y sus ojos estaban ahogados. Hice una sola foto en ese momento y me fui porque también la emoción me había desbordado. Hubo en este tiempo una cuestión con el abrazo. 

Fue un camino donde juntamos soledades, cada uno caminaba en soledad y aquí juntamos nuestras soledades, nuestra desnudez, y desde ese lugar surgieron las obras. Las obras nacieron en el seminario, como consecuencia no como un requerimiento; la única consigna clave que teníamos era que el cuerpo sea atravesado por la emoción. El hecho de dejar que la emoción nos atraviese para nosotros fue un equilibrio que se consiguió dejando ese factor de desequilibro que tenemos todos que es el narcisismo.

— Había un grito, una convicción de que este grupo vino para quedarse. ¿Cómo lo vivieron?

Maia — lo importante de este proceso, de este camino de trabajo es que de aquí salieron amistades. Hay vínculos que aquí van a durar más allá de esta experiencia. Otros no, pero la mayoría van a quedar. Es muy difícil llegar a repetirlo porque lo que ha significado en esfuerzo y lo que encarnó el no apoyo del gobierno. Igual sería hermoso hacerlo.

Franco — Siendo sinceros sufrimos bastante. Si fuera por nosotros vamos a seguir. De hecho nos gustaría seguir. Pero para esa continuidad deben estar generadas las condiciones para que podamos seguir. Esto no tiene por qué ser un apostolado y que toda la plata de la provincia vaya al chamamé o al carnaval, únicamente. Por otro lado nosotros a comienzo de año presentamos un proyecto que cubría toda la provincia. En el 2019 trabajábamos norte y sur y en este 2020 con la misma modalidad trabajábamos este y oeste, así cubríamos toda la provincia. Hoy las condiciones no están dadas. No podemos ir así a esos otros puntos. Estamos buscando alternativas. Tenemos toda la energía para continuar pero necesitamos un gesto político de compromiso para poder desarrollar este trabajo.

— ¿Que temas atravesaron todas las obras trabajadas durante el año?

Maia — Creo que en el trabajo mostrado en el Museo de Bellas Artes quedó plasmada como la correntinidad atravesando las obras. Hubo mucho territorio y paisaje explícito. Hay otro tema con recurrencia que es el trabajo con la femineidad, cuestiones de género. Un tercero sería la religiosidad.

Franco — Uno más, el lugar del corazón. El otro como espacio para el abrazo. Me parece que esas cosas están. Verlas, sentirlas, revivirlas, emociona mucho.

— En lo personal, ¿qué les sucedió a cada uno con su obra?

Franco — Me expandí. El 2019 fue el año en que más escribí. El 80 por ciento de lo que escribí salió durante este proceso.
También he registrado todo lo que dijo cada uno en todos los encuentros que tuvimos. Tengo alrededor de mil páginas crudas. Hay cosas hermosísimas. Muchos de los nombres de las obras salieron de estos encuentros, por ejemplo, "Una silla atraviesa la silla y si la toco suena", salió de una anotación, de algo que Adrián dice mientras piensa su obra.

Maia — Volviendo al comienzo, nosotros pensábamos en lo que atraviesa todo los lenguajes del arte. Para nosotros lo que atraviesa todo es la poética más que la materialidad del arte. Nosotros trabajamos desde la propia experiencia de vida. Para mí fue mucho enriquecimiento. La variedad, la diversidad en todos los aspectos nos hizo crecer. Desde ese lugar volver a pensar, junto a cada artista, el lugar desde donde estamos trabajando nos enriquece mucho.

Nosotros hacíamos devoluciones a los artistas durante cada trabajo. En varias ocasiones las preguntas que hacíamos volvían a nosotros, nos hacía repensar nuestra obra, el modo de hacer.  Hay algo que nos queda y es muy importante - los gestos. La obra no es solo saber hacer algo bien sino que hay algo que está más allá, eso tiene que ver con un aspecto vital, con los vínculos, con una forma de estar. Ver las realidades tan diferentes también nos enriqueció. Estar en el interior del interior me pareció interesante, porque nosotros también a veces nos pensamos en el interior. Además vi mucha pasión.


En danza con narcisos

Probablemente William Wordsworth no conoció el interior del interior de Corrientes. Sin embargo describió cómo andaban algunos artistas, “Iba solitario como una nube /que flota sobre valles y colinas,/ cuando de pronto vi una muchedumbre/de dorados narcisos: que se extendían/ junto al lago, a la sombra de los árboles,/ en danza con la brisa de la tarde”. Poéticas expandidas los acercó, hizo que se conocieran, juntos ahora brillan como las estrellas en un lechoso cielo de verano. Las expectativas por un lado están puestas en que este grupo llegó para quedarse, y del otro lado, el deseo de que algo se arme para que el proyecto siga, que pueda replicarse. Parece que dar es irse pero Poéticas Expandidas aún no ha dado todo.