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miércoles, 30 de agosto de 2017

Inauguraron la Muestra "Las otras fronteras" en el Museo Vidal


“La política cultural nos lleva a dar espacios a los artistas locales y también acercar exposiciones de otra latitudes que nos conectan con nuestra historia”, destacó en la inauguración el arquitecto Gabriel Romero. La muestra titulada Las otras fronteras. Fotografiando el Far East permanecerá abierta durante un mes en el Museo de Bellas Artes. “Estas fotografías nos revelan el trabajo de los etnógrafos apasionados que llegan a nosotros con calidad estética y un conocimiento invaluable para nuestra historia”, destacó en la apertura Facundo De Almeida, director del MAPI de Uruguay.

paulo ferreyra
paulo.ferreyra@yahoo.com.ar

El clima es agradable en la tarde noche de Corrientes. A las 20 en punto de la noche se abren las puertas de la Sala José Negro. El público llega temprano e ingresa lentamente a la sala. Se escucha música ancestral en el ambiente, sonidos que acompañan el silencio de las fotografías que visten las paredes blancas del Museo.


La muestra surge de una coproducción con el MAPI, Museo de Arte precolombino e Indígena de Montevideo, Uruguay, el Museo Ruso de Etnografía de San Petersburgo y la Diputación de Valencia, con el apoyo de la Embajada de Uruguay ante la República Argentina y la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura de la República Oriental del Uruguay.

Facundo De Almeida, director del MAPI, explica que esta muestra surgió hace ya algunos años en el Museo Ruso de San Petersburgo donde se conservan los negativos originales.

“Esta exposición revela el trabajo de etnógrafos fotógrafos, o fotógrafos etnógrafos, como ustedes prefieran. Ellos recorrieron Siberia y el Oriente lejano a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Han fotografiado las prácticas culturales de toda esta vasta región de Rusia”, explica De Almeida.

El Chamán Fiódor Poligus con imágenes de Espíritus Protectores
 

Esta exposición se hizo en primer lugar en el Museo de Etnología de Valencia hace dos años. Después la diputación de Valencia donó este juego de fotografía al Museo de Arte de Montevideo con el encargo de que lo hicieran girar por otros museos de la región. La muestra después llegó a la ciudad de Montevideo y Paysandú. Y esta es la primera vez que visita la Argentina, y llega a Corrientes.

“Nos pareció importante presentarlo en Corrientes y poder montar la muestra en el Museo Vidal. Estamos encantados con este lugar, la sala es preciosa y la casa es un lugar magnífico. Nos encontramos además con el personal y un equipo con el cual fue fantástico trabajar. Creo que los correntinos tiene que valorar este museo y el equipo de trabajo que tienen en este lugar tan preciado para la cultura y el arte de la provincia y la región”, destacó De Almeida.

En la muestra se pueden apreciar distintos ángulos, distintos encuadres, distintas miradas. En cada sección se revelan los nombres del etnógrafo y un pequeño epígrafe revela datos importantes de cada cuadro. El público se detiene, hay silencio en la sala, la música —lejos de entorpecer— acompaña el silencio, el mutismo de cada imagen revelada en blanco y negro.

Facundo De Almeida insiste una y otra vez en la importancia del Museo como motor cultural de la sociedad. “A veces uno piensa que el edificio es el museo y después una buena exposición. Sin embargo para que sea un gran museo se necesita un gran equipo de trabajo profesional, y aquí lo tienen. Desde este punto de vista también estamos contentos porque la muestra estará custodiada por profesionales en la materia”, destacó.

La conexión de los mundos

La muestra está compuesta por 99 fotografías etnográficas correspondiente a distintos pueblos de la antigua Rusia Imperial. En este sentido, plantea un recorrido histórico por una geografía diversa, Europa Oriental, Cáucaso, Región Ártica, Asia Central, Siberia y Lejano Oriente —a partir de imágenes de diversos grupos étnicos, poblados y costumbres por el enorme territorio imperial— que fuera documentado por etnógrafos, folcloristas y fotógrafos rusos a principios del siglo XX.

Si bien la temática podría parecer lejana a estas tierras el director del Museo MAPI revela que hay dos puntos en común muy importantes. “Aquí podemos dar una mirada latinoamericana de la muestra. Por un lado, en esta región de Rusia, en Siberia, había y aún hoy hay chamames. Esto es curioso porque el chamanismo solamente aparece en esta región de Rusia y en América Latina, no hay en ningún otro lugar del mundo. Entonces tenemos dos regiones absolutamente distantes que tienen este elemento en común desde sus pueblos originarios”.



“En segundo lugar me parece importante destacar para quienes vengan a visitar esta muestra, que aquí pueden acercarse a conocer acerca del poblamiento de América, acerca de quiénes fueron los primeros pobladores. Se habla de grupos siberianos que llegaron por donde hoy está ubicado el Estrecho de Bering, que cruzaron y descendieron por todo este territorio. De alguna manera, lo que vemos en las fotos son los descendientes de los ascendientes de nuestros indígenas americanos. Si uno ve las caras, la vestimenta, lo textil, encontrará elementos en común. Los rostros son parecidos a los de Corrientes o del norte de Argentina. Hay elementos para reflexionar”, destaca.

Por su parte, el arquitecto Gabriel Romero —presidente del Instituto de Cultura de Corrientes— advierte que “las fotografías son técnicamente maravillosas, estéticamente atractivas, cautivantes, seductoras”.

Facundo De Almeida concluye en que “se pueden observar la vestimenta y los roles de las mujeres. Incluso las vidas reveladas aquí no están alejadas de las formas actuales; en distintas regiones sigue existiendo chamanismo como también sucede hoy en Argentina o Latinoamérica. El recorrido por la muestra permite deslumbrarse ante las imágenes y también aprender de los pueblos originarios. A través de estas fotografías podemos reflexionar sobre nuestra propia identidad cultural”.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Comenzó el ciclo Conversaciones de novela en el Fogón de los Arrieros

En junio comenzó el Ciclo Conversaciones de Novela en el Fogón de los Arrieros de Resistencia, Chaco. Juan Basterra, entrevistador y conductor de este espacio nos introduce al ciclo, mientras que Luis Argañarás abre la intimidad de su novela La Extranjera.


Por Paulo Ferreyra
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En un día de amplio cielo azul tendido casi perfectamente, sin nubes y rodeados de verde chaco, hablamos por teléfono con Juan Basterra. En la conversación nos pisamos, la ansiedad nos gana y hablamos al mismo tiempo. Hacemos una pausa juntos y el teléfono queda mudo por unos segundos. Finalmente nos ordenamos. Él pregunta y yo también.

Juan explica que la iniciativa de este ciclo surgió por parte del Fogón de los Arrieros: ”La intención primaria es abarcar la cuestión literaria y poner de algún modo a la literatura en primer plano. Si bien se hacen presentaciones de libros no había una actividad literaria sostenida en el tiempo. Entonces Horacio Mascheroni me explicó sobre el ciclo Conversaciones de Novela y yo le dije que podía hacerme cargo de la parte histórica”.
Juan Basterra - Luis Argañarás - Francisco Ramírez


”Este ciclo se realizará un viernes por mes. Después de la charla la intención es comer, y compartir con los presentes una charla literaria. La gente tiene una idea sobre el fogón esclerosada y es todo lo contrario. Aquí hay gente muy piola. Quizás en algún momento El Fogón tuvo otros protagonistas pero hoy es un lugar muy abierto y muy piola“,insiste Basterra.

La propuesta del ciclo Conversaciones de Novela tuvo en su primera jornada la visita de Luis Argañarás, quien hablósobre su novela La Extranjera. "En esta primera jornada hubo un cruce muy importante porque el público había leído la novela y entonces la charla fue muy enriquecedora. Estuvimos una hora y media hablando sobre ese tema y sobre diferentes aspectos de libro", destacó.

La próxima cita será en agosto y el invitado será Orlando Van Bredam quien hablará sobre su novela Colgado de los Tobillos. Además en la programación también figuran Francisco Romero y Osvaldo Mazal, todos ellos serán entrevistados y conversarán sobre la novela histórica con Juan Basterra.

Una vez que concluya este ciclo en el Fogón de los Arrieros vendrán ciclos con otros ejes como novela negra, novela de ficción y novela joven, "creo que también habrá un ciclo de poesía. Esto se extenderá hasta el año próximo", comentó Basterra.


"La extranjera" de Luis Argañarás


"Yo quería escribir sobre la Guerra de la Triple Alianza. Aquí hay muchos personajes que se conocen poco. En la escuela se crea o se difunde una visión nacionalista o una visión de la historia oficial", advierte Luis antes de arrancar la charla.

Está fresca la mañana en Resistencia, bebemos él un cortado y yo solo café. "En jarrita, por favor", advierte Luis mientras dibuja una sonrisa en el rostro moreno. Apoya en una silla su bolso y lleva sus manos sobre la mesa. Escruta al entrevistador con la mirada. Como un cazador o como buen escritor, primero escucha, después arranca.


—¿Dónde nació su interés por esta historia regional?

—Sobre la guerra de la triple alianza tenía una visión particular. Resulta que fui a un colegio secundario religioso y en general estos tipos de colegios a las figuras de Mitre y Sarmiento —al revés de lo que pasaba en la escuela pública— estas figuras eran cuestionadas. En mi colegio no había retratos de Sarmiento. Hace 30 o 40 años la figura de Sarmiento era recordada con ciertos cuestionamientos y se celebraba el día del profesor más que el día del maestro.


Tras las primeras palabras vuelve al silencio. Bebe un trago de café y por un momento pareciera que lo deja quedar en su boca para que después baje lentamente. Silencio.


La guerra es una herida abierta. Paraguay fue el primer proyecto independiente por fuera de las grandes potencias del mundo. Sin depender del capital extranjero. Ese proyecto se destruyó y el país nunca pudo recuperarse de esa guerra. A nosotros nos costaba mucho antes llegar a tener o tomar contacto con la información.


La batalla de Costa Ñu estaba compuesto por un ejército de niños. Hubo una campaña de desprestigio al gobierno paraguayo. López había sido mediador en un conflicto entre provincias argentinas. Paraguay, a diferencia de Brasil y Argentina, ya tenía escuelas públicas, gran parte de las tierras eran públicas, que se decían en llamar "la estancia de la patria", también había becas para los mejores estudiantes, había ferrocarriles, todo esto con recursos propios sin tomar préstamos.



—Y el interés por la novela, ¿cómo surge?

—Desde niño me gustan las novelas históricas sin saber que eran estrictamente novelas históricas. En el 2001 me convocó un coreógrafo que tenía una obra de danza teatro organizada pero sintió la necesidad de agregar palabras a la conjunción de danza teatro, y me proporcionó material para crear los diálogos dentro de la obra. Él era descendiente de paraguayos y tenía una motivación especial. Así comencé a conocer a Madame Lynch. Hay muchas cosas interesantes en torno de ella.


—En este punto encontré el eje para su libro, ¿la novela desde la visión de Madame?

—Sí, pero fue un proceso largo y nada sencillo. Me gustaba la historia desde ella pero tampoco me gustaba hacer un libro desde una visión de historiador o cronista. La idea era hacer una novela. Hubo mucho trabajo de síntesis. Después, analizar qué podía quedar y qué debía dejar afuera. Primero hice el texto para la obra de danza teatro.

Cuando terminamos ese proceso le dije que iba seguir trabajando sobre el tema para hacer una novela. En 2004 empecé a buscar el tono para la novela. Pero recién entre 2010 o 2011 encontré el tono. Primero era un monólogo y después apareció el diálogo. Si alguien hace un monólogo no necesita justificarse pero si está dialogando con alguien es necesario justificarse y exponer más a fondo los temas.

Así surgió la idea del personaje que la encuentra en París y comienza a indagar sobre la historia de la Guerra de la Tripla Alianza. Así se enriqueció el texto y se hizo más literario.


—¿Y el tono y el ritmo de la novela cómo fue logrado?

—Me parece que en ese sentido el lenguaje se adapta al personaje.


—¿Se enamoró de Madame?

—Absolutamente, sin dudas. Con todas sus contradicciones pero así fue.

Hay constantes que se repiten, como el exilio o el hecho de que el narrador cuente algo que pasó hace mucho tiempo. Todo se encausó para que pudiera darle un carácter más literario que histórico. No porque quisiera hacer algo distinto a la historia sino porque quería marcar una distancia entre la novela y la historia. Encontré el tono en los primeros capítulos y después dejé que los personajes actúen. Me pareció rico dejar que el personaje central hablara más, y me dejé llevar.


—Muchos han manifestado que es una novela poética. ¿Cuáles son sus autores preferidos en el orden de la poesía?

—Hay muchos. Quizás sea injusto nombrar algunos. Ahora vienen a mi mente Roberto Santoro; no tuvo tantas publicaciones porque su vida se truncó pero su obra me parece importante. Alejandra Pizarnik, Enrique Molina, Hugo Mujica, César Vallejo, Pablo Neruda, Olga Orozco, entre otros, aunque me gustan muchos pero no podría escribir así. Leo mucho pero creo que no puedo escribir así. Uno trata de no imitar. También me gustan otros poetas españoles.

De todos modos si hubiera que salvar las obras de un poeta creo que salvaría las obras completas de Juan Gelman. Encuentro en Gelman una síntesis de lo que hay en todos estos otros poetas. No es con ánimo de endiosarlo, simplemente esa es la lectura que tengo de sus poemas.