"Navegamos sin más pretensiones que ver los ríos libres"

Jorge Mazzochi, Sebastián Arena y Hernán Gigena partieron días atrás en kayak desde El Pintado a Buenos Aires.

“La hoja es el equivalente a la vida”

Entrevista con Franco Rivero

viernes, 23 de octubre de 2026

Soles de Belén Rohde y Álvaro Rocha






En una nueva edición del ciclo Ciudad Piano Belén y Álvaro deslumbraron con su arte. El encuentro tuvo lugar en el Centro Cultural Ercilio Castillo de Resistencia. La propuesta fue desde el comienzo muy abierta, El arte de no saber. Esta actividad nacida desde el Cecual recorre la ciudad porque hay mucho para descubrir en sus pianos, sus creadores y su música. En la previa Belén había expresado, “planeamos improvisar como entre casa, quitar todas las barreras que podamos y dejar que salga música honesta y de las entrañas”. El ciclo continuará en 6 de noviembre en Casa de las Culturas y en diciembre con un concierto al aire libre.



Por Paulo Ferreyra



El concierto comenzó puntual, minutos más o menos, pero empezó puntual. Belén con un rostro iluminado por una sonrisa se acercó al instrumento. Apenas concedió una mirada al público antes de sentarse al piano. El concierto transcurrió con ella de espaldas. Así todas y todos los presentes solo podíamos concentrarnos en los sonidos que enzarzaban sus manos.



El piano tenía un marco de hojas naturales. Ese verde creaba un entorno de ensueño para ella y para nosotros. Su música generaba una brisa imaginaria y el edén nos envolvía. Entre el público había quienes la buscaban con la mirada o simplemente bajaban sus párpados para dejar que los sonidos cobijen la noche.


En un momento se suma Álvaro Rocha. El ambiente se ensanchaba en distintas direcciones. Todo arte implica una colaboración y casi una complicidad. En El cielo de la selva de Elaine el petricor nos llega casi hasta los huesos. En la música de Belén y Álvaro el tiempo se detuvo. Fue como aprender a caminar de nuevo sin temor a buscar un sostén. Había ahí voces de confianza floridas por soles y selvas.  



En un momento Belén toma un libro. Se acerca al micrófono. El silencio es tan abrazador que se escucha la música de Álvaro y el siseo de las páginas de la mano de la pianista.

¿Cómo se aprende a improvisar?

¿cómo se aprende cualquier arte o cualquier cosa? 

¿Cómo se aprende a improvisar?

La creación espontánea surge de lo más profundo de nuestro ser y es inmaculadamente y originalmente nosotros mismos. Lo que tenemos que expresar ya está con nosotros, es nosotros.

De manera que la obra de la creatividad no es cuestión de hacer venir el material, sino de desbloquear los obstáculos para su flujo natural .

El centro está en el proceso, no en el producto.

Se nos enseña a buscar entretenimientos fáciles, a desear ardientemente lo efímero. Hay industrias multimillonarias basadas en la alimentación de este miedo a lo vacío. Proporcionan oportunidades para que nuestros ojos y cerebros entren en la inquietud nerviosa y olviden. Los ritmos de la sociedad nos inculcan periodos de atención cada vez más cortos.

El proceso creativo es un camino espiritual. Esta aventura es sobre nosotros, sobre lo profundo del yo, sobre el compositor que todos tenemos adentro, sobre la originalidad en el sentido no de lo que es totalmente nuevo sino de lo que es total y originalmente nosotros mismos.



La música continuó después y se ensanchó en el rebote de esas palabras que había leído Belén. El centro está en el proceso - en el camino. “Este es un concierto improvisado. Parte de la música también es gracias a ustedes”, deslizó sobre el cierre. Las caricias le llegaban con aplausos que se extendieron casi con afecto. También llegaban pedidos de bises por quienes habían llegado tarde.  Es muy difícil pedirles a Belén y a Álvaro que interpreten un tema más cuando toda su música fue una sola, como un libro o un cuadro sin terminar, un instrumento musical a la espera de unas manos que lo hagan vivo y presente. El arte como inyección de coraje y alegría para escalar la cumbre del día.







miércoles, 14 de octubre de 2026

Silvia Kutika: "Suerte es no darle bolilla a los ocho mil millones de fracasos”






El miércoles 4 de noviembre llega a Resistencia El cuarto de Verónica. La cita es a las  21 en el teatro La Máscara. Es una obra de Ira Levin y dirigida por Adrián Lázare. La protagonizan Silvia Kutika, Fabio Aste, Tania Marioni y Adrián Lázare. La obra también estará en el Teatro Vera de Corrientes el 5 de noviembre. En la previa del arribo del elenco a la región charlamos con Silvia sobre la obra y sobre el presente del trabajo del teatro.


En el final de la entrevista hace un ensayo sobre lo que significa tener suerte en el arte, "suerte es no darle bolilla a los ocho mil millones de fracasos que tenés y seguir adelante. Seguir adelante y volver a intentarlo. Caerte cuarenta millones de veces y seguir y seguir y seguir adelante. No sé si eso es suerte - quizás se llame de otra manera -pero me parece que va por ahí".

Por Paulo Ferreyra


El cuarto de Verónica es un thriller psicológico de éxito que ya lleva diez temporadas en nuestro país. Es una obra que irrumpió en la escena teatral de suspenso. 

En la obra Susan, una joven, está cenando con su novio en un restaurante cuando una encantadora pareja de ancianos se les acerca y se muestran impresionados por el parecido de Susan con Verónica, una chica fallecida hace mucho tiempo en el lugar donde ellos trabajan de caseros. Susan y su novio acompañan a la pareja hasta la mansión para ver el retrato de Verónica y comprobar el parecido. Allí comienza esta intrigante pesadilla con un final inesperado que te mantendrá inmóvil en la butaca.

Con esa sonrisa de sol y la escucha atenta charlamos esta semana con Silvia Kutika. Una de las claves de que la obra lleve tanto tiempo de gira es la camaradería que existe en el grupo. Silvia agregó, “en el grupo parecemos unos chicos egresados del secundario. Salimos de viaje con mucha ganas, con mucha ansiedad, haciendo muchas bromas y la verdad es que la pasamos súper lindo. Las giras te permiten conocer lugares, te permite conocer otros teatros que la gente del lugar siempre te muestra con mucho entusiasmo y con mucho orgullo por la forma en que lo sostienen. Esto te permite charla con la gente y el recibimiento es hermoso”.


La obra tiene mucho suspenso. “Es una obra misteriosa -agrega Silvia - está cargada de secretos. Es una obra que redobla el juego entre el actor y el espectador. Es una obra que tiene un autor fantástico. Es hermoso lo que escribe Ira Levin. Hasta el último segundo sorprende al espectador, él logra que vayan cambiando su punto de vista con respecto a los personajes, sobre quiénes son los que engañan, sobre quiénes resultan engañados o quiénes dicen la verdad”.

El cuarto de Verónica es una obra que va jugando a la enésima potencia con el espectador. Tiene esa cosas de thriller psicológico porque le quema la cabeza al espectador. Además, es una obra de mucho suspenso porque hasta el final no se sabe ¿Qué es lo que pasa? ¿Quién es quién dentro de la obra?



“Somos una hermosa mixtura de luces y sombras”



— Si retrocedemos en el tiempo, ¿Qué te sedujo a vos para interpretar esta obra?


— Te cuento que cuando recibí el texto lo empecé a leer y no paré. No pude parar de leerla. Eso fue un indicador de que ahí había algo que me atrapó. El personaje es hermoso. Los cuatro personajes son fantásticos. Somos Fabio Aste, Tania Marioni, Adrián Lázare y yo. Los cuatro personajes son muy jugosos. 


Primero tuve que componer mi personaje, hago una viejita muy viejita, después es otro personaje hasta que al final recién se sabe dónde está parado este personaje. Además, es un personaje que pasa por todas las emociones, es un personaje que se va volviendo muy oscuro. Muy oscuro. Es tremendo y es muy divertido hacerlo porque tiene muchos matices.

Cuando lo leí vi que además era de una enorme dificultad contar esta obra, entonces me pareció que era buenísimo aceptar este desafío. Evidentemente no nos equivocamos.



— Van diez temporadas de la obra, ¿qué mantiene viva la llama de encarnar este personaje?


— Es que somos un grupo que no permite que la obra se mecanice. Además es imposible porque el público es siempre diferente, vos vas diferente, vos vas distinto, vos sos distinto cada día o tenés una emoción o una impronta distinta cada día. Entrás al teatro y ves un teatro distinto y decís - Guau. Vas recorriendo los camarines y el asombro se enciende. Todo se presenta distinto, no es que vas al mismo teatro aunque fuese al mismo teatro.


Esta es una obra que es un relojito, tiene que tener eso, un ritmo donde no te puedes distraerte, no puedes estar no presente porque se corre y se pierde esta cosa de suspenso que necesita la obra.


El público siempre es distinto. El público se engancha. Es una obra que tiene toques de humor y hay públicos que se enganchan mucho con esos toques de humor y los disfrutan. El público es efusivo. Pero ha pasado que el público no se engancha tanto con el humor y se hace un silencio en el que va transcurriendo la obra. Eso es tremendo. Hasta que al final cuando llegan los aplausos te das cuenta que la obra gustó.


Hay muchos factores que no te deja aburrirte. Es una obra que amo y doy gracias a Dios porque me han acariciado con las críticas muchísimo. Es un personaje que me atrapó desde el principio y que me sigue atrapando. El hecho de contar algo tan oscuro de los seres humanos, estas luces y sombras que tiene el hombre acá están llevadas a un extremo. Pero es una obra de ficción. Me atrae mucho eso de contar no solo las bondades del seres humanos sino cuando vas entrando en ese terreno de la oscuridad. Me parece que es muy atractivo.


— Los seres humanos eso, luces y sombras.


— Si, totalmente. Eso es lo que somos. El ser humano es eso.Siempre estamos tratando de ocultar o de mitigar o de trabajar sobre esas oscuridades. Pero somos una hermosa mixtura de luces y sombras.



Salir diferentes 


Algo que subraya a menudo Silvia es que del teatro no salimos diferentes. Al respecto comentó, “esa es la tarea que tiene la presentación teatral. El teatro comienza ya con el ritual de salir de la casa para ir a una sala a ver una representación de una historia. Ir al teatro es estar dispuestos a intercambiando energías, esas energías van entre el actor y el espectador, esa ida y vuelta de energías sucede y pasa en vivo”.


“El teatro me parece que no te deja salir igual a como entraste. Siempre te invita a una reflexión, una charla, aunque sea una obra que te haga reír ya salís distinto a cómo entraste. Salís con el ánimo cambiado, aunque no te dejes pensando o elucubrando grandes cosas. Que la gente se lleve una reflexión, se lleve un motivo para después hablar algo en familia, hablarlo con sus amigos, a lo mejor mostrarle un punto de vista que por ahí no tenía y que decís, "Uy, esto puedo tomar”, algo de todo eso pasa cuando vas al teatro porque nos ayuda a pensar. Ese es el teatro que me gusta”, subrayó.





La entrada es gratis



Silvia Kutika deslizó en la charla que la entrada al cuarto de Verónica es sencilla. La salina es otra cosa. En el decir de Charly García, “la entrada es gratis. La salida: vemos”. Ella suelta una risa y dice que algo de eso hay, algo de eso hay. 


El cuarto es un espacio cargado de misterios y secretos donde vivió Verónica, una joven que murió a temprana edad. El abordaje del suspenso permite tocar zonas de los seres humanos ocultas en la sociedad. Se tocan temas que ocurre dentro de las familias que no se muestra hacia afuera por vergüenza o estatus. Explora las luces y sombras de la naturaleza humana llevadas a un extremo de oscuridad.




Silvia pertenece a la generación donde había múltiples series y telenovelas en la pantalla grande. Hoy el panorama es otro e incluso el trabajo para los artistas, para actores y actrices es difícil. Se suele decir que para estar en el ruedo hay que tener un poco de suerte, aquel famoso dicho estar en el momento, en el lugar y en el contexto justo. Ahora bien, aquí Silvia Kutika ensaya una definición de suerte, "suerte es no darle bolilla a los ocho mil millones de fracasos que tenés y seguir adelante. Seguir adelante y volver a intentarlo. Caerte 40 millones de veces y seguir y seguir y seguir adelante. No sé si eso es suerte - quizás se llame de otra manera -pero me parece que va por ahí.  Admiro a los jóvenes de hoy porque tienen una capacidad y un talento que es increíble. Sin embargo la falta de laburo es muy grande. Me da mucha pena que ante la falta de trabajo no pueda demostrar sus talentos”.






martes, 13 de octubre de 2026

Denise León: “Los temas en la poesía te encuentra y te habitan”

 




Esta semana llega a Resistencia la gran poeta tucumana Denise León. La cita es en el marco del Festival Mulita donde ella participará de la mesa ¿De dónde venís? Orígenes, identidades, la eterna incertidumbre. En esa mesa estará junto a Julia Coria y Alicia Genovese. En esta entrevista hablamos de poesía, de festivales, de cómo escoger algo para leer hasta su reciente publicación, De muerte ke no manke. Esta es una plaqueta que comparte con Chus Pato dentro de la colección Distancia Iluminada de la editorial La Ballesta Magnífica.

Por Paulo Ferreyra


“Desde el principio me interesa mucho participar de la experiencia de festivales en distintos lugares del país. Porque en estos espacios una se conecta con los poetas de otros lugares y también con la gente de estos espacios tan distintos. Una entra en contacto con gente que están leyendo cosas distintas, que están pensando cosas distintas y que se nuclean en torno a la poesía como si fuera un fuego. La poesía es un fuego”, así comenzó la charla telefónica con Denise León y no pudo ser más incendiaria, “la poesía es un fuego”.


Durante la charla comentó que había escuchado y leído de la existencia del Festival Mulita. Denise León (Tucumán, 1974) es poeta y ensayista. Se doctoró en Literatura Latinoamericana en la UNT. Ha publicado libros como Poemas de Estambul, El trayecto de la herida, El saco de Douglas, Templo de pescadores, Sala de espera, Poemas de Middlebury, Mesa de pájaros, Árbol que tiembla y Nostalgias del Imbat. Poesía Reunida. Además sus poemas han sido traducidos al japonés, al polaco, al inglés y al portugués.


Ahora llegará en unos días para participar del Festival Mulita. En esta edición en el Festival habrá poesía, narrativa, música y teatro, baile y pensamiento. Serán tres jornadas, la primera el jueves 15 en el Cecual; y las restantes —viernes 16 y sábado 17— en el Club Social de Resistencia. “Estamos orgullosas y orgullosos de este Festival, por el espacio alternativo que ofrece para las editoriales, para poetas y escritores, y para las y los artistas que se comprometen, que lo disfrutan y lo hacen suyo”, celebró Noe Carbó, que junto a Maia Bradford, Pablo Black y Mariano Quirós llevan adelante la organización.




“Cada libro es una especie de cuerpo”


— Este año participaste del festival de poesía de Medellín, ¿cómo viviste esa experiencia?

— La verdad es que la viví casi como un sueño. Es un festival increíble, el festival de Medellín lleva más de 30 años. Es una maquinaria que mueve muchísimas personas. Hay más de 100 personas atrás de la organización del festival.

Pero además, es un festival particularmente cálido. Para mí ha sido increíble ver la cantidad de personas que asisten a las lecturas, la atención con la que escuchan, el cariño con el que se acercan y la manera en que interactúan con los poetas. Porque no es que te escuchan en silencio, sino que intervienen, comentan, se ríen, participan, te dan palabras de aliento, aplauden espontáneamente o te dicen cosas.

Es un festival que tiene un espíritu propio muy conmovedor. Por supuesto que el público crea el festival pero el festival también va creando a su público.

El festival lo va de alguna manera educando, preparando, le va ofreciendo ciertos caminos. Por ejemplo, había lecturas en librerías, pero también había lecturas en plazas públicas, había lecturas en parques, había lecturas en municipios en medio de la montaña donde la gente te recibía, te hacía probar café que producían y te escuchaban con una atención y con una devoción especial.

Fue una experiencia maravillosa.


— Teniendo tantos libros publicados en tu caso, ¿cómo fue elegir qué leer?

— Siempre es difícil decidir. Siempre. Por lo general tengo la sensación de que cada libro es una especie de cuerpo y cuando te dicen - A ver, elija tres poemas. Cuando haces eso estás cortando un dedo, un pie, un pedazo de brazo, es muy difícil decidir qué leer. A mí me pasa siempre algo y aquí me remito a mi abuela que tenía una frase que siempre la recuerdo - Cuando vos lo querés hacer reír a Dios le tenés que contar tus planes.

Entonces, siempre voy con algo planeado y a último momento cambio.

Cambio completamente de idea y abandono el plan. Esto tiene relación en cuanto a lo que percibo en el público, el ambiente que cada vez es diferente y es único, ahí puedo elegir los poemas o los textos que me parece que pueden funcionar. De todos modos sabemos que algo que ha funcionado en alguna lectura no necesariamente va a funcionar en otra. La poesía tiene estas cosas.

En mi caso creo que la poesía es del presente. En el momento en el que lo estás leyendo el poema es. Entonces no puede ser de la misma manera si el público es distinto, si el lugar es distinto, si vos estás distinto. Si había armado un plan previo la verdad es que lo desarmé.


— Dentro de esa misma arena movediza podés y igual tengo que preguntar, ¿qué vas a traer al Festival Mulita?


— Estoy preparando con entusiasmo algún material para llevar y para compartir con la gente. Acaba de salir unas plaquetas que ha sacado la editorial La Ballesta Magnífica. Es una editorial independiente del Delta de San Fernando. Están editando una colección que se llama Distancia Iluminada donde hacen plaquetas doble o bifronte. De un lado hay una escritora argentina y del otro lado hay una escritora española. En el caso mío estoy contentísima porque me ha tocado el lujo de compartir plaqueta con Chus Pato, que es una poeta gallega que admiro muchísimo y tenemos en común que escribimos en lengua minoritaria. Así que algo de eso me gustaría llevar para compartir en el Mulita.



“El lenguaje estalla en pocas palabras”


Denise León afirma a menudo que la poesía tiene múltiples sentidos. “Sucede que en el poema tenes en pocas palabras una explosión del lenguaje. Es como si explotara una granada en la mano y así el lenguaje estalla en pocas palabras”, sintetizó. Esta característica de la poesía le genera un nivel de sorpresa y emoción muy grande.

Durante la charla mencionó cuales son sus referentes, aquellas poetas que están al alcance de su mano siempre. Por ejemplo Mirta Rosenberg, de quien dijo que le parece maravillosa y no solo maravillosa sino que es una poeta que la acompaña a pensar y a escribir. En la misma sintonía esta Tamara kamenszain, quien le abrió las puertas a la poesía norteamericana escrita por mujeres. 


“La poesía norteamericana escrita por mujeres me ha demostrado que se puede escribir sobre cualquier cosa. Ahora mismo estoy releyendo un libro de Marie Howe que se llama Lo que hacen los vivos. Me vienen ahora otros nombres, Sharon Olds, Elizabeth Bishop o Syilvia Plath”, sintetizó. 


“La maquinaria centralista funciona pero tratamos de desmontarla”


— ¿Cómo ves esta relación - si es que existe - entre los poetas de las provincias?


— Vos habrás escuchado ese dicho, no sé quién lo dijo, de que muchas veces los poetas no se leen entre ellos sino que se vigilan. Eso es muy cierto. A mí me preocupa cuando voy a veces a lecturas de poesía y hay más poetas leyendo que gente escuchando.

A mí como poeta me interesa mucho conectar con la gente y abrirme.

La poesía no tiene que ver con la urgencia sino todo lo contrario. De hecho detesto que me apuren. Creo que es posible construir conexiones y que esas conexiones se van construyendo con el tiempo. Por ejemplo, inesperadamente durante la pandemia fui a parar a un grupo de escritoras patagónicas. 


— Te fuiste a la otra punta del país.


— Si, imaginate. Para que existan estas conexiones tiene que haber una voluntad. Tiene que haber una voluntad de construcción y en mi caso la posibilidad de haber estado en distintos festivales del país. Todo eso permite armar una red.

Conectar te permite saber qué está pasando en otros lugares del país, conocer además qué y cómo están leyendo determinadas cuestiones. A mi me parece que esos puentes se están construyendo -  las editoriales independientes están trabajando en eso, los festivales están trabajando en eso, muchos poetas y muchas poetas están trabajando en eso. Sin embargo todavía nos falta.

Nos falta en el sentido de que seguimos teniendo más información de lo que pasa en Buenos Aires de lo que está pasando ahora mismo en Chaco o Corrientes. Hay todavía algo de esa maquinaria centralista funcionando que estamos tratando de desmontar.



“Me considero una especie de animal rumiante”


Como en cada poema Denise León se abre de par en par. Durante la charla recuerda que su mamá era una persona muy desmemoriada que la dejaba olvidada en el colegio, en la casa de los amigos, se olvidaba su cumpleaños. Era muy desmemoriada pero si Denise la llamaba desde cualquier lugar su madre reconocía su voz. Esto trasladado a la poesía es también tener un  tono de voz propia y que los lectores identificamos como la voz propia. Denise trabaja en ese sentido y sus lectores - casi igual que su mamá - identificamos su voz propia en la poesía.

La memoria está presente en su poesía y percibo que la naturaleza juega un rol importante. Ella advierte que los temas en la poesía “te encuentran y te habitan”. Por ejemplo, un libro de una poeta norteamericana que hace un par de años ha ganado el Nobel, Louise Glück, tiene un libro maravilloso que se llama El iris salvaje donde todo pasa en un jardín.

“Esa idea de Louise que me parece poética en sí misma. Me parece maravillosa”, agrega. “Todo puede pasar en un jardín. La crueldad, la felicidad, la vida, la muerte, el crecimiento, los encuentros sorpresivos, las estaciones, la melancolía, en fin, la vida y la muerte”.

“Me considero una especie de animal rumiante”, afirma y sonríe, mientras su voz llega alegre, festiva, reflexiva. “Una de mis obsesiones es la cuestión familiar y la genealogía que están plasmados en Árbol que tiembla. Un libro que es medio indefinible porque no se sabe muy bien qué es, porque es una especie de diario y no es, es narrativa y no es, poesía y no es, o sea que se mezclan los vivos con los muertos como suele ser. Un Árbol que tiembla por que una tiembla de emoción y también de miedo. Porque sigo dando vueltas en torno a la genealogía y porque hay muchas preguntas sin respuesta. Eso es interesante y es el motor para seguir escribiendo”.



viernes, 9 de octubre de 2026

Juan Mora pinta melodías de soles






Composiciones propias, clásicos de este y de otros tiempos, así fue la presentación de Juan Mora por el ciclo Ciudad Piano. La propuesta fue un concierto íntimo. El repertorio giró bajo el título de Canción de mi ciudad en las teclas del Bösendorfer en el Guido Miranda. El público estuvo al cobijo de un repertorio amplio donde se sumaron invitados admirables como Patricio Hermosilla, Mauro Siri, Paloma Ortiz, Sebastian Flores y Coqui Ortiz. Juan tiene una sensibilidad especial que enciende música, emociones, recuerdos, vivencias y formas de abrazar la noche. El marco se completó con alegría y sonrisas en ese camino hacia litoralizar al Bösendorfer. El ciclo Ciudad Piano continuará el sábado 10 de octubre con Belén Rohde en el Centro Cultural Ercilio Castillo.


Por Paulo Ferreyra


En el momento en el que se habilitó la sala y el público comenzó a ingresar el pianista tocaba. Recibió así a colegas músicos, amigos, conocidos y no tan conocidos, público en general. "¿Cómo no me voy a emocionar de entrada si esta música la escucho cuando mi hijo tenía dos o tres años?", me dicen casi al oído alguien cuando Juan hacía un popurrir entre chamamé, zamba, guarania.  


En la apertura habló Francisco Corcho Benítez. Comentó que desde el Cecual pensaron en un recorrido por la ciudad a través de sus pianos, a través de sus músicas y sus historias. El ciclo ya pasó por el Club Social, el Cecual, Casa Tona y ahora con ese entusiasmo llegan a una edición especial en el Guido Miranda. 


"Este ciclo continuará hasta noviembre. El sábado estaremos en el Centro Cultural Ercilio Castillo para conocer la historia de ese piano. Los instrumentos cuentan historias de nuestra ciudad", explicó. "Somos la ciudad de las esculturas. Somos la ciudad de las lagunas. Ahora la invitación también es a pensarnos como la ciudad de los pianos", cerró.

Sandra Sisti y Francisco Corcho Benítez


Después tomó la palabra Sandra Sisti, coordinadora y directora del Complejo Cultural Guido Miranda. "Este piano es una de las herencias más lindas que tuve cuando comencé a trabajar en el Guido. Entre todo el personal que trabaja acá me cuentan historias y desde la producción citan a los inmensos artistas que pasaron por aquí teatro. Nosotros acá - a través de Carolina Núñez - productora de la casa - le dimos vida al piano con el ciclo Preludios en el Bösendorfer. Pasaron por el mismo grandes artistas de la ciudad”. 


Melodías habladas


Después de la presentación Juan Mora arremetió con el piano. Sus dedos recorrían las casi cien teclas del instrumento de un extremo al otro. El silencio era total. Algunos apenas sacaban sus celulares para registrar la escena: Juan Mora tocando el Bösendorber y todos alrededor en apariencia éramos un río manso. En el fondo las emociones se agitaban y vertían flores en los ojos.

Juan Mora y Paloma Ortiz

 


Invitadas e invitados


En esa ocasión Paloma Ortiz nos privó de escucharla. Habló muy poco. Apenas deslizó unas palabras e interpretó un tema de Fito Páez.  Su voz, ese timbre tan especial que llega a todos y todas con un buen decir, donde cada palabra es protagonista de un canto que sucede y está vivo sólo cuando ella los nombra. 

Juan Mora y Mauro Siri


Juan fue matizando la intervención de sus invitados con temas propios. 


El segundo invitado fue Mauro Siri. Su irrupción fue una pausa suave, estaba vestido de negro y sonrisa blanca. Interpretó Zamba de argamonte del Cuchi Leguizamon. Después intercambió algunas palabras con Juan. El siguiente tema fue Cuando de Jorge Fandermole.


Alguien entre el público levanta su celular. Sacan fotos. Otros hacen pequeñas grabaciones. Qué lindo. Hermoso. El público abraza la emoción del momento. 


Después de un tema instrumental vuelve Paloma Ortiz para interpretar Gota madre de Seba Ibarra. "Este tema tiene un sentido para mí y por eso la canto. Me siento identificada con la letra. Sobre todo con esa imagen del sol bajo la puerta. Hay algo más allá. No sabemos qué, pero elegimos creer que hay algo más y eso le da empuje a la vida", argumentó. El sol dibujaba luces azules en el telón de adobe del escenario.

Seba Flores y Patricio Hermosilla


Seguían encendiendo luces en el escenario. A los invitados se sumaron Patricio Hermosilla y Seba Flores. Interpretaron el tema Algo pasó en el baile, una composición de Patricio. Luego hicieron un segundo tema instrumental. 


“Las obras de Juan nos conmueven”


"Es un duende musiquero. Que agita el barro y la arcilla para que nazcan sencillas canciones que cantan mundos. Con un sentir profundo el cantor de acordes inspirados es Coqui Ortiz mi gran amigo", más que menos con estas palabras Juan Mora anunció la presencia de Coqui Ortiz. El músico ingresó con una sonrisa silenciosa al mismo tiempo que abrazó y cobijo las palabras de su amigo y compadre en el corazón. 


"Este Ciclo de Ciudad Piano más allá de contar historias - expresó Coqui - es bueno porque se va metiendo por recovecos de nuestra ciudad. En esos recovecos nos permite estar muy cerca del instrumento y escucharlo de otra manera. Además, esto que mencionaba Sandra Siste al comienzo, cuando venimos acá Juan toca entre cuatro o cinco horas porque muy pocos pianistas pueden tocar este piano. Hay que celebrar este ciclo y hay que seguir la iniciativa del Cecual y del Guido".


"Quiero contarles al público que todos los temas instrumentales que escucharon - entre canción y canción - son creaciones de Juan Mora. El está incorporando hermosas obras. Las obras de Juan nos conmueven. Sus creaciones están aportando obras al cancionero argentino". Hubo elogios de ida y vuelta que se abrazaron con miradas cómplices. Coqui interpretó un chamamé.  


Historia


Después Juan reveló información sobre el piano. Contó que hay cuatro pianos en el país con estas características. Repasó la lista interminable de pianistas que tocaron en el Complejo Cultural Guido Miranda. Se sumó Darío Tedenghi quien es técnico de piano y se dedica al instrumento 24/7. Explicó varias características e historias del instrumento. Buscaron el número de serie para determinar el año de fabricación. Habló además de la afinación y otros detalles, como que cuando el piano está afinado su estructura soporta 20 toneladas. 


Juan volvió a matizar la charla con un tema instrumental. Después regresó Mauro Siri. Interpretaron un tema de Fito Paez de una exquisitez única. Su voz todavía hiende la memoria del recuerdo, “y será y será un fuego, un pantallazo, un rayo de luz, conmovedor, una tormenta, una música infinita. Y será y será un fuego, un pantallazo, un rayo de luz, conmovedor, una tormenta, una música infinita”. 

Coqui Ortiz y Seba Flores



El suquipuquero 


Sobre el final volvieron Coqui Ortiz y Seba Flores. El tiempo se licuaba. Iban a interpretar El suquipuquero. Es una canción que nació de esa palabra y se fue desarmando y se fue transformando en algo que al principio no era, era solamente una palabra. Así terminó siendo algo que en realidad no es, pero a la vez es. 


Coqui contó que “a veces la canto en algunos lugares y me dicen "Che, eso es como el cachapecero, el cosechero o el jangadero. No, no es nada de eso, pero se terminó transformando para nosotros en un duende protector. Dedicado a todos los amigos, a los que crearon este ciclo maravilloso, a los que abren las puertas para que nos encontremos todos los que trabajan aquí, a los que cuidan los instrumentos como Darío y a lo que imaginan que a este mundo le hacen falta canciones y le hace falta gente tocando el piano.


Esta semana - además de celebrarse este gran encuentro con la música - se reveló el premio nobel de literatura. El premio fue para la poeta Anne Carson. Alguna vez ella escribió, esconderé tu nombre en cada palabra. Algo de eso también hace Juan Mora con su música, enciende Las Palmas y la palma en cada acorde.