En el Centro Cultural Borges de Buenos Aires está abierta la muestra de arte titulada Difícil decir adiós. La misma es curada por Daniel Fischer. Están expuestas más de cincuenta obras conceptuales que permiten dialogar y profundizar las partidas. En esta ocasión charlamos por teléfono con las artistas Paula Senderowicz, Diana Schufer y Alejandro Gabriel. Abordamos desde diferentes perspectivas lo difícil que es decir adiós y cómo lo interpretan ellos. Los tres destacaron el trabajo de Daniel como curador de la muestra, “es un un curador excepcional. Él tiene un ojo y una sensibilidad que permite armar nuevos relatos. Sus propuestas llegan a mucha gente”, destacó uno de los artistas. Además, compartimos aquí el texto curatorial de la muestra.
Por Paulo Ferreyra
La iluminación de saber que en los colores está el verbo de la vida.
El pasado 18 de marzo se inauguró en el Centro Cultural Borges la muestra Difícil decir adiós. Hace unos años Daniel Fischer hizo la curaduría de ¿Cuánto pesa el amor? Esta nueva muestra es la continuidad temática de aquella, Difícil decir adios es antropología de las migraciones, psicología del desarraigo, filosofía de la despedida, ¿Cuántas formas hay de despedirse? ¿Cuántas migraciones, despedidas y desarraigos atraviesan una vida? Sobre estas y otras reflexiones llevaron a conjurar esta exposición.
En esta muestra participan los artistas Marina De Caro, Carlos Herrera, Pablo Lehmann, Matilde Marín, Nicolás Trombeta, Adriana Bustos, Sebastián Gordin, María Casalins, Nan Goldin, Paula Toto Blake, Ana Gallardo, Matías Duville, Alejandro Gabriel, Ignacio Iasparra, Diana Schufer, Hernán Soriano, Francisca Rey, Ernesto Ballesteros, Delia Cancela, Angela Copello, Max Gómez Canle, Christo & Jean Claude, Verónica Gómez, Lucas Di Pascuale, Edgardo Gimenez, Pablo Suárez, Gustavo Piñero, San Poggio, Eduardo Moisset De Espanés, Nicola Costantino, Jesús Rodríguez, Hiroshi Sugimoto, Rosana Schoijet, Alejandra Tavolini, Mariana Telleria, Sofía Durrieu, Cynthia Kampelmacher, Chiachio & Giannone, Eduardo Basualdo, Carolina Arias, José Marchi, Paula Senderowicz, Celeste Martínez, Eugenia Calvo, Cintia de Mareca, Constantino Fischer Fieg
En esa primera entrega, para sumergirnos en un tema tan profundo, hablamos con tres de los artistas que participan de la muestra. Además, compartimos aquí el texto curatorial de la muestra.
Paula Senderowicz “El arte permite otra calidad de vida”
Difícil decir adiós reúne obras muy distintas de artistas de distintas procedencias. Es muy heterogénea la propuesta en cuanto a la resolución de las obras y a la estética que propuso su curador. Paula Senderowicz expresó que se sintió halagada con la convocatoria porque el título de la muestra es muy seductor y cada vez que se muestra una pieza en un contexto distinto la obra se resignifica.
La artista expone en esta muestra la pieza Cordillera para mesa. Es una pieza hecha en hielo, es una cordillera pequeña que está fracturada, fraccionada. Además tiene un tinte rojizo, el agua con la que está hecha es un hielo coloreado y entonces se recrea la imagen de un fragmento de la cordillera. Esta cordillera se va desintegrando, se va descongelando y va perdiendo su forma hasta desaparecer. Así queda contenido el líquido en una batea donde se exhibe la pieza. Paula venía trabajando el paisaje a gran escala. En cambio estas últimas piezas son en formatos más pequeños.
“La obra es como un diorama porque está dentro de una cúpula de acrílico. Es como un diorama o una maqueta en miniatura de un fragmento de la cordillera”, explicó la artista. “La obra nos lleva a un paisaje doméstico y un paisaje interior. Hay algo del título y del tema de la muestra que refuerza la idea de lo íntimo”. Cabe agregar que cada artista tomó el tema de la muestra de distintas y diferentes conceptos.
Paula trabaja el paisaje y sobre la disposición de su obra en relación a la muestra comentó que le es atractivo como Daniel Fischer tiene interés en obras de características tan distintas, de materialidades y de lógicas tan distintas. Cada obra tiene su lógica y él entra en esa lógica.
— Recorriendo tu biografía respiras arte. ¿Por qué es importante el arte para vos?
— Para mí es un modo de pensamiento y de comunicación fundamental. Es el que sé manejar cuando en otros modos u otros lenguajes no sé manejarme o no me manejo bien. Me parece que el arte en general - en cualquiera de sus presentaciones o disciplinas - permite abrir canales de comunicación o de pensamiento que no son tan directos como otros canales. El arte permite dar un bienestar o un modo de estar y de relacionarse con el entorno que es distinto, que se enriquece. Me parece que el arte permite otra calidad de vida.
El arte nos puede transportar a atmósferas muy distintas, nos enriquece y nos permite resignificar o repensar los modos de estar, de ser, de conectarse.
— Acabas de recibir un premio, ¿cómo estás viviendo este reconocimiento?
— Lo tomo como un reconocimiento como son todos los premios. Pero la diferencia de este premio es que está organizado por la Academia Nacional de Bellas Artes. Hay ahí una cantidad de académicos que estudian las distintas disciplinas y hacen un seguimiento de los artistas. Entonces lo tomo como un reconocimiento no solo de la obra que presenté sino justamente al recorrido y al trabajo que vengo haciendo a lo largo de los años.
Sostener la actividad para el artista no es tan sencillo. Se puede hacer una obra, después otra, pero la actividad sostenida en el tiempo no es tan sencillo. No es fácil. Por ejemplo, no es tan común la cuestión de la financiación para realizar las obras, de la inserción de las obras en el mercado, todo estas cuestiones son muy complejas. Entonces, para los artistas que muchas veces hacemos varias otras tareas para sostener la actividad, para comprar material o incluso para tener un tiempo libre para poder producir. Para nosotras sostener la actividad del arte en el tiempo es un mérito.
— Expresaste ahí algo que es fundamental, lo más difícil es ser perseverante y sostenerse en el tiempo, si tuvieras que nombrar dos o tres cosas que siempre te sostuvieron acá como artista.
— Creo que el placer mismo por observar las obras y por tener la posibilidad de acercarme a las obras de los distintos artistas. Hay algo del medio y del lenguaje que es muy provocativo para mí. Por ahí una ve la obra de un colega y se siente provocado por esa obra o por esa resolución técnica. En mi caso me siento provocada a generar otra o por ahí hay algo como una película, un libro que moviliza mucho y necesito darle forma en su propio lenguaje. Eso es algo que me ayuda a sostener la actividad.
También la docencia es algo muy provocativo y estimulante. Porque a medida que vas transmitiendo lo que aprendiste y la experiencia se va como recargando al ver el resultado en los otros. Quizás no el resultado directo sino como los otros se apropian de eso que pudiste transmitir. Entonces eso alimenta el trabajo artístico.
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| Diana Schufer |
Diana Schufer: “Sin amor no hay vida”
Ella es artista visual y licenciada en psicología. Había participado en la muestra ¿Cuánto pesa el amor? también creada por el artista y curador Daniel Fischer. Esta nueva invitación para ser parte de la muestra Difícil decir adiós le pareció una oportunidad excelente para seguir profundizando el tema del amor.
Viajando un poco más atrás en el tiempo, Diana había hecho una obra titulada "Hoy me desperté muerta" en el 2021. Es una obra que cuenta con cuatro diarios íntimos inaccesibles porque están cosidos. Tienen distintas frases cosidas como: Estoy rota, Hoy me desperté muerta, No me vas a callar, No me toques. Siguiendo esa línea diario íntimo cosidos ahora Diana expone la obra Todavía me duele.
“Hice una relación y me pareció que Todavía me duele iba perfecto tanto para el tema del abuso como para la despedida. También es una forma de decir que las despedidas duelen”, reflexiona Diana. La artista expone que hay situaciones tanto del amor como del desamor que a uno le duele. No todo siempre es de despedida.
“A veces la aceptación de las diferencias, la aceptación de los límites, de los bordes, de la construcción de una relación puede llegar a ser dolorosa. El concepto de la muestra lo tomé como un dolor que tiene que ver con las crisis, con el cambio y no como un dolor terrorífico”.
Diana trabaja hace tiempo sobre los vínculos, tiene distintas series de videos como por ejemplo Yo te creo / Yo te destruyo, donde con las obras recorre todas la temáticas de las relaciones, de los vínculos familiares, amorosos, de pareja que a veces desgraciadamente son dolorosos o tienen situaciones de abuso. Siendo que el abuso sexual específicamente sucede en la familia o con personas cercanas. Esta obra titula Yo te creo / Yo te destruyo tiene relación con el abuso del incesto. En la misma línea está la obra con la que empezamos la charla, Hoy me desperté muerta. Diana es aguda y muy atenta ante estas pequeñas preguntas.
— Hace más de 30 años que trabajas sobre el amor, ¿por qué?
Porque soy psicóloga y la verdad es que es un tema central en el consultorio. No hay otro. Sea el amor con la familia, con la pareja, con los hijos, con el trabajo, con la vida. El amor es todo lo que conlleva una relación. Hasta con las cosas, es decir todo es un vínculo amoroso. Lo tengas como lo tengas, bueno, malo, desquiciado, lo que sea, pero somos vínculos, somos seres en vínculo.
En un momento se me apareció la imagen de ese formato de las camas y las almohadas, primero con proyección de cartas, después con voz hablada, paredes que hablan, sillones que hablan, siempre todo es referido a las relaciones de todo tipo pero básicamente del amor de parejas.
El amor siempre está presente. No hay modo de no vivir en el amor. Sin amor no hay vida. El amor tendrá manifestaciones diferentes ya que hoy está cambiando mucho los formatos, pero básicamente el amor es el amor y es humano, no hay modo de no vivirlo. Aunque haya resistencia, aunque haya miedo, somos seres buscadores de amor.
— ¿Y el desamor es otra forma de amor?
— No. El desamor es cuando ya la relación no mueve lo mismo que antes. Entonces, cuando ya no mueve eso que movía antes uno o una toma distancia. Pero hubo amor antes y por ello tiene lo suyo, es valioso.
Te quedaste callado, ¿Qué piensas? Decime
— Estoy viviendo un desamor y siempre que toco estos temas me quedo ahí, empantanado.
— Creo que no tenemos muchas respuestas para el desamor. ¿Por qué entra una persona en tu vida y por qué se va? Mi idea es que estos son momentos de mucho crecimiento. A veces las personas entran para hacer este proceso y después una vez que se termina ese proceso empieza el otro que tiene que ver con el adiós. También hay que decir que uno queda transformado después de esa relación y eso es muy valioso, aunque no esté más.
— Claro, pensaba también en los conceptos de Daniel Fischer, esta idea que trae de que somos seres que nos narramos a través de las pérdidas.
— Si, nos narramos a través de las pérdidas pero también desde los encuentros. Depende dónde pongas la mirada. Nos narramos desde lo que hacemos, desde lo que creamos, desde lo que amamos, también eso nos define.
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| Alejandro Gabriel |
Alejandro Gabriel "Transformar esa ausencia en algo que nos permita seguir construyendo.
Alejandro Gabriel es de Buenos Aires, es artista visual y arquitecto. Trabaja como director creativo haciendo videojuegos. Ha recibido importantes distinciones. Participa de la muestra Difícil decir adiós con varias obras. En el inicio de la charla comentó que fue muy conmovedor poder trabajar en la muestra porque en el momento que Daniel Fischer lo llama él había tenido una pérdida reciente.
"Daniel eligió una obra mía. Él no tenía idea del contexto personal y sin embargo sentí que había llegado en un momento adecuado", recordó ahora Alejandro y su voz se volvió más pausada, lenta, un susurro como si fuera a revivir ese momento justo.
Sobre la muestra en general Alejandró comentó que hay obras más conceptuales y obras más abstractas. Las obras hacen relación a distintas despedidas. "En mi caso - aclara - siento que las obras tienen que ver con el trabajo de la memoria emotiva". Una de las obras que expone Alejandro se titula «Talle Medium» proyección. El artista explica que la obra muestra la pintura de un vestido. Ese vestido era de su madre. Sobre esa misma pintura hay una proyección del vestido que está en movimiento perpetuo, en un movimiento constante, casi como si fuera una vela llameante.
"Para mí eso tiene que ver con poder entender lo que ya no está, con intentar asir o ver eso que todo el tiempo se nos escapa. De alguna manera también es una forma de elaborar lo que ya no está. Creo que es el sentido de la pérdida, cómo darle sentido a lo que se va y cómo volver a construir a partir de lo que nos queda", explicó el artista.
Alejandro tiene página web y también usa sus redes sociales para ir subiendo a la nubes sus trabajos. Tiene una serie muy grande de vestidos, de prendas que eran de su abuela, de su mamá y de su hermana. La única que tenía además de la pintura una proyección era la que está en la muestra Difícil decir adiós.
El artista también participa con esculturas en pequeñas escala. Son las obras más recientes y también abordan heridas. Son piezas de esculturas negras que adentro tienen algunas partes que van saliendo de esas esculturas y esas partes que van saliendo son perlas. "Para mí estas perlas tienen relación con las pérdidas, con las cosas que duelen, con la idea de la perla que se va formando a través del paso del tiempo y de este objeto extraño que se metió ahí. La perla para poder protegerse lo va recubriendo un cuerpo y lo recubre hasta armar algo algo precioso, como un tesoro".
— Usando varias de los conceptos que traes y de la metáfora de la naturaleza presente en tu obra, podemos decir que es Difícil decir adiós pero aún así me quedo con lo bueno, ¿es asì? ¿por qué?
— Está presente el deseo de retener lo que sí valió, lo que forma parte de mí y me constituye. Busco retener lo bueno. Creo que en todas las piezas de la muestra hay algo de eso, hay algo de lo que se escapa y lo que puede quedar. El trabajo del artistas está ahí para transformar esa ausencia en algo que también nos permita seguir construyendo.
Siento que poder elaborar y repensar las cosas que nos sucedes a través del arte es algo que definitivamente me ayuda y nos ayuda a todos. Tanto ver una obra que a uno le conmueve como poder producirla son instancias en donde uno se siente transformado, acompañado. Esos son los puentes para poder elaborar y pensar en cosas que son muy difíciles. Es difícil trabajar sobre lo indecible, sobre las angustias, sobre los miedos.
— El arte ahí permite pensar e incluso habitar eso que nos duele.
— Totalmente. El arte permite muchas cosas como pensar, habitar, reflexionar, curar. Para mí pensar la obra como un homenaje también es algo interesante, es poder pensar la obra que de alguna manera rinda tributo a determinadas memorias y determinados momentos.
— ¿Cómo dialogan tus obras con el resto de las obras en la muestra?
El trabajo de Daniel es interesantísimo porque potencia las obras armando un hilo conductor entre las diferentes piezas. Por ejemplo, al lado de mi obra hay trabajos de Chiachio & Giannone donde ellos también trabajan con telas bordadas entonces hay una conexión desde lo visual y desde lo simbólico, las telas son memoria. Creo que en toda la muestra se ve como si fuera un fractal, como si fuera un diamante de diferentes partes de lo difícil que es decir adios.
Algunas veces son despedidas que tienen que ver con personas, con lugares, con nuevos nacimientos, con despedidas violentas y suaves. Hay algo de todas esas partes que van apareciendo durante toda la muestra y eso es lo que la hace que la muestra sea tan rica.
“Una muestra con muchas lecturas posibles”
La iluminación de saber que en los colores está el verbo de la vida. Para cerrar esta primera entrega sobre la muestra Difícil decir adiós hablamos con los artistas sobre el trabajo del curador de la muestra.
“Trabajar con Daniel Fischer es muy agradable”, expresó Diana Schufer. “Me gustan sus propuestas que lanza a través de las preguntas de sus hijos y que él les da una consistencia muy poderosa. Con su trabajo de curaduría estoy encantada, mis obras están muy bien acompañadas. Me parece que todas tienen un tempo precioso, hay una comunicación muy fluida y para meterse en cada obra te lleva un tiempo bello”.
Por su parte, Paula Senderowicz agregó que las muestras de Daniel “siempre tienen muchas lecturas posibles, pero además tienen inserción en gente muy distinta. Esto se debe a que tiene un costado más complejo, intelectual, que es la parte conceptual de cada obra y la idea del título y cómo se entrelazan los conceptos. Por otro lado, su trabajo se destaca en la puesta de las obras que seducen y apelan a la percepción directa de la obra. Hay algo muy atractivo a la vista que se expande y seduce a los niños, a los estudiantes, a todo el público le gusta la propuesta”.
Para Alejandro Gabriel fue un placer absoluto trabajar con Daniel. “Es un un curador excepcional. Ya había visto sus muestras en el Recoleta. El tiene un ojo y una sensibilidad que permite armar nuevos relatos. Sus propuestas llegan a mucha gente, él arma muestras que puedan ser aprovechadas y ser entendidas y disfrutadas por mucha gente. Lo que hace es imprescindible porque llevar el arte a todos. Para mí es un privilegio total estar al lado de tantos artistas increíbles”. Claro, Alejandro no lo dice pero ese privilegio de estar ahí con artistas increíbles es porque él también es un artista increible.
Difícil decir adiós
Por Daniel Fischer, curador
Dedicado a mi apasionado e inquieto hijo, que se pregunta: "¿A dónde va lo que dejamos atrás?"
La Geografía del Adiós: De la Memoria al Rastro 1.
Hace unos años, mi hija bajó las escaleras y me preguntó si el amor pesaba, si el amor dolía. Esa pregunta dio vida a una exposición entera. Pero el tiempo pasa, los hijos crecen y las preguntas cambian de piel. Hace poco, fue Constantino, mi hijo, quien lanzó una pregunta al aire que me dejó sin suelo: "¿A dónde van las cosas cuando uno ya no está?".
Para un niño que ha transitado el camino de la adopción, el "adiós" no es una palabra ligera. Es una frontera. El adiós al hogar de tránsito fue la bienvenida a nuestra familia, pero también fue el fin de un mundo conocido. Constantino no solo preguntaba por los objetos; preguntaba por la permanencia. Preguntaba si, en este nuevo mundo de afectos, algo de nosotros se queda cuando nos retiramos. Como papá curador, mi trabajo ha sido, en estas últimas exposiciones, responder a mis hijos a través del arte. Si Breve historia de la eternidad fue el mapa de su llegada, y Cuánto pesa el amor fue el peso de nuestra unión, esta muestra, Difícil decir adiós, es nuestra bitácora sobre la transformación. Porque decir adiós no es desaparecer; es reconfigurarse.
Aprendí con Constantino que no decimos adiós para olvidar, sino para dar espacio a lo que viene. El adiós es la arquitectura de la memoria. Las cosas no se van a ningún lado; se quedan en la forma en que nosotros elegimos recordarlas. Los invito a recorrer esta muestra no como un final, sino como esa pregunta de Constantino: como una búsqueda de los rastros que dejamos en los demás. Porque, al final del día, lo único difícil de decir adiós es aceptar que, aunque nos vayamos, el amor que construimos ya es parte de la eternidad.
2.
Si esta historia de la sensibilidad nos permite interrogar la arquitectura de lo eterno, Difícil decir adiós propone indagar en la ontología del "resto" como un desplazamiento hacia lo liminal: ese espacio crítico donde la presencia se retira para dar lugar a lo inexplicable. El adiós —lejos de ser un acto de clausura— se revela como síntoma y sustancia; una suerte de antídoto ante la existencia inacabada. No se presenta como una elegía de la pérdida, sino como una investigación sobre la supervivencia de las imágenes que dan contorno a la vida en condiciones de fragilidad.
Bajo la premisa de Georges Didi-Huberman, las piezas operan aquí como "luciérnagas": destellos fugaces bajo un manto cargado de oscuridad luminosa. Lo que dejamos atrás no habita la geografía del olvido; persiste como un rastro que interpela nuestra propia finitud. Desde la perspectiva de Heidegger, las despedidas son esenciales en la experiencia del "ser-para-la-muerte". Somos seres que se narran a través de sus partidas, construyendo identidad en el intervalo entre lo que se abandona y lo que sobrevive.
Esta curaduría se estructura, finalmente, como un montaje de afectos y materialidades que tensionan la relación entre el sujeto y el desarraigo. La muestra reconoce en el movimiento continuo factores inherentes a la condición humana, invocando una antropología de las migraciones —en sintonía con Lévi-Strauss— como motor de desplazamientos físicos y simbólicos. Las piezas seleccionadas operan como "huellas" freudianas: registros de un duelo que no busca la parálisis, sino la reactivación de un comienzo a través de la representación artística.
Nota 1:
Mi adorado constantino
"¿A dónde va lo que dejamos atrás?". Esta inquietud de mi hijo no fue una simple duda metafísica, sino el eco de su propia historia. En el universo de la adopción, el acto de migrar excede lo geográfico; es un tránsito simbólico, un puente tendido entre una realidad previa y la fundación de nuestra familia. Al indagar en lo que se abandona, él activa —quizás sin saberlo—una antropología del desarraigo: la intuición de que, para habitar plenamente nuestro presente, necesitamos integrar los rastros de aquello que fuimos antes de encontrarnos.
Nota 2: La Supervivencia (Warburg) ¿Cuál es la verdadera densidad de lo que ya no está? Al observar la curiosidad de mi hijo ante lo que se desvanece, surge la duda: ¿Cómo podemos representar el vacío sin anular su potencia transformadora? ¿Es la ausencia una forma de persistencia que aún no sabemos nombrar?
Nota 3: El Resto (Agamben) ¿Y si el adiós no fuera un vacío absoluto sino un "resto" necesario? ¿Podría ser esa materia sobrante la base sobre la cual construimos nuestra identidad? ¿Somos, quizás, supervivientes que encuentran en lo que se desvanece la materia prima para un nuevo y luminoso comienzo?
Nota 4: Lo Abyecto (Kristeva) ¿Es el acto de decir adiós el gesto más radical de quien se sabe el habitante del tiempo? ¿Podemos deconstruir el desgarro para devolverlo convertido en símbolo? ¿Qué sucede con aquello que dejamos atrás y que, sin embargo, se niega a desaparecer del todo?




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