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“La hoja es el equivalente a la vida”

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viernes, 10 de julio de 2026

Ángela Copello: “El arte es una forma de detener el tiempo”

 





Está abierta la muestra fotográfica de Ángela Copello bajo el título de En uno o mil años. La muestra está curada por Daniel Fischer quien sostiene que “la obra de Ángela se despliega como una pregunta sobre las potencias de lo visible, configurando una gramática silenciosa, una gramática ingrávida, donde la mirada deja de ser un mero umbral de contemplación para convertirse en una epifanía del suspenso”.


En una entrevista telefónica Ángeles sostuvo, “una de las ideas de la muestra es entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que nos van a sobrevivir. Desde ese lugar me interesa la cualidad espectral que tienen todas las imágenes”. La muestra se podrá visitar hasta el jueves 23 de julio en Oda Oficinas de Arte, Paraná 759 Piso 1, CABA. Los horarios de visita son de lunes a jueves de 15 a 19. La entrada es libre y gratuita.



Por Paulo Ferreyra

Fotografía Pablo Jantus



En esta muestra se presentan un conjunto de fotografías inéditas de Ángela Copello. La artista profundiza y nos sumerge aquí en su mirada más onda de la naturaleza. 

 

Los comienzos


Ángela desde siempre tiene una relación directa con la naturaleza. De hecho, durante esta charla afirmará que como paisaje elige la mesopotamia y que en el verde es feliz. Sus inicios ya se remontan al colegio secundario cuando estudiaba paisajismo, hacía técnica en floricultura. Estaba muy en contacto con la naturaleza. La fotografía ya estaba presente pero como un hobby. Era la fotógrafa de la familia. Hasta que en un momento la fotografía le ganó al paisajismo y se empezó a dedicar a la fotografía por completo.


Entre sus primeros trabajos vino de la mano de Angélica Thays quien le propuso participar del libro Argentina, parques y jardines. Eran los comienzos de los años 90 y el paisajismo no tenía la consideración que tiene hoy donde ya tenemos arquitectos del paisaje. 


El trabajo de Ángela Copello se amplificó en el rubro cuando empezó a trabajar para la revista Jardín. Ahí ya registraba algunas imágenes para su trabajo profesional y otras más íntimas. El refugio y el silencio que iba ensanchando su arte. 



Su primera serie de fotos fue bajo el título de Horizonte infinito. Todavía no llegaba la fotografía digital. Ella recuerda pasarse horas dentro de un laboratorio. Amó esa época. “Disfruté muchísimo esas horas y horas metidas en el silencio del laboratorio para lograr una imagen. Después vino la fotografía digital y también me enamoré de la fotografía digital.

Me adapté rápido porque seguía con el trabajo comercial y si no me adaptaba me quedaba afuera del trabajo. Con la llegada de la fotografía digital ya nadie quería pagar la película, las diapositivas, el escaneado, con la foto digital todo empezó hacer más rápido, más ágil y más económico”, explicó.


Acercamiento al silencio



Sobre esta mirada que tiene Ángela al paisaje agrega que siempre lo hizo de manera silenciosa, fue un “acercamiento hacia donde el alma se aquieta”. En su camino como fotógrafa independiente siempre tuvo esa capacidad para dividir lo que era su trabajo, los encargos y las fotografías que le permitían abrir el horizonte. Por cuestiones laborales ha viajado por casi todo el país. 


“Mi mirada está puesta en el paisaje. Voy fotografiando y fotografiando el paisaje de forma permanente. Después las fotos se muestran por series. Hay una frase que puede decirse que la usé como bastión y es un texto de Walden de Henry David Thoreau donde dice, "tengo que volver al bosque para darme cuenta de lo que he vivido".  Las imágenes me permiten mostrar donde encuentro mi paraíso acá en la tierra”, afirmó.


Sus fotografías van desde una plaza de Palermo en la ciudad de Buenos Aires hasta la selva de la provincia de Misiones. Ahí se pueden tocar la paz y la quietud.



Kudzu 


En su andar buscando imágenes para una serie de fotos bajo el título de Eden Ángela se encontró con una planta llamada Kudzu. Esta es una planta que Japón le regaló a Estados Unidos hace más de 200 años. En Estados Unidos la tomaron como alimento para ganado. Es una planta maravillosa porque crece rápido, el ganado lo come y engorda. Sin embargo, en el sureste de Estados Unidos y en estados como Georgia la misma planta azotó a la población. Se volvió así una planta muy agresiva en su crecimiento. Es una hiedra pero mucho mucho más agresiva. Se trepa y deja sin aire y sin luz a las especies nativas del lugar. Entonces forma paisajes increíbles, porque es como una alfombra verde que va tomando la forma de los árboles de abajo y todo se vuelve verde.


Es una planta que tiene esa dualidad, de lo bello y lo terrible que mata a lo que tiene abajo. Cubre viviendas, cubre puentes, todo lo que está en su camino. Ángela investigó mucho sobre esto. Se fue a Estados Unidos, allá el ministerio de Agricultura tiene un mapa interactivo donde los vecinos van denunciando los focos para ver cómo combatir esta planta. 


Estando en el lugar, tomando fotografías y hablando con la gente del lugar le decían, “no hay forma de sacarla". El tallo es grueso, como si fuera una birome y es un tanto peludo. Donde el tallo toca el suelo da raíz y eso hace que sea casi imposible detenerla. Durante varios años fotografió ese paisaje verde.


Hasta el presente las obras de Ángela se cuentan entre las series, Eden, Muros del Edén, Aquí no hay sombras, Medir el paisaje, Páramos, Flores de Dios, Impermanencias - Constenera, Impermanencia - Ñandubay, La noche se lleva mis sueños, Horizonte infinito, entre otras. 




En uno o mil años


Esta muestra que está abierta ahora en la galería Oda nace un poco empujada - desliza y sonríe Ángela - empujada y animada por Laura San Martín como galerista y Daniel Fischer como curador. “En esta serie el foco está puesto en la captura de atmósferas. Es un paso más hacia lo intangible”, sostuvo. 


Recorriendo la muestra la humanidad se detiene frente a la naturaleza que lo desborda. Quizás aparezcan escenas que hemos vivido todos. Sin embargo, aquí están captados en el momento justo y preciso. 


“La propuesta es correrse de un tiempo lineal y entrar en un espacio suspendido”.


Ángela Copello nos propone a través de sus fotografías entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que van a sobrevivir.  


En la inauguración de la muestra - ocurrida hace un par de semanas atrás - explicó a los presentes que al momento de tomar una fotografía es un momento de mucho nervio y no es un momento de disfrute. La contemplación viene después. Cuando está tomando la fotografía se concentra en que los parámetros de la cámara estén bien, que la foto salga en foco, que no se vaya lo que quiero captar, entre otros factores.


En el diálogo que se abrió en la inauguración de la muestra una persona le expresó a Ángela que todos esos nervios que tiene al momento de sacar una foto la abstraen de la realidad. Todas sus antenas están puestas en ese único e irrepetible momento. A veces, meditar se piensa que es únicamente cruzarse de piernas y cerrar los ojos, sin embargo, meditar también es poner todo todo todo el pensamiento en un punto.



Arte y poesía

El concepto de arte es muy amplio. Pero una forma de definirlo para la artista es hacer un recorte y poner una foto a consideración para un momento de contemplación. El arte funciona como un refugio para detener el tiempo por un instante. Mi arte es un refugio de silencio donde pausamos el tiempo. Estoy convencida que cuando alguien tiene algo que decir, lo puede decir desde la escritura, la música y una expresión artística. Mi forma de expresarme es la fotografía”, agregó. 


Hace un tiempo en esta misma revista la poeta Diana Bellessi sostuvo que el silencio es la medida de lo viviente. Le atribuye al silencio la misma importancia que al lenguaje y por eso hace poesía. Ángela Capello hace poesía desde las imágenes, construye espacios que nos acercan a la contemplación y al silencio. 


La muestra En uno o mil años de Ángela es una invitación al silencio en su recorrido. El concepto refugio trasciende de forma permanente. “La poesía que me gusta es la poesía que nos mueve, las que nos saca de lo cotidiano o nos mueve de lo que creemos que es seguro. Ese lugar de la poesía me gusta y trabajo en ese sentido”, afirmó.  




viernes, 3 de julio de 2026

Clara Obligado: “La forma de tirar hacia adelante es confiar en una utopía”





Clara Obligado - Foto  Isabel Wagemann




La escritora Clara Obligado tuvo que exiliarse del país tras la última dictadura. Desde entonces escribe y realiza talleres de escritura en Madrid. En esta charla telefónica hablamos de escritura y de sus libros, el puntapié fue Todo lo que crece. Naturaleza y escrituraSobre la escritura expresó, “la lengua o la escritura es una manera de pensar. Algunas personas piensan a través de la ciencia. En cambio los que escribimos pensamos a través del idioma”.



Por Paulo Ferreyra
Foto de Isabel Wagemann


En la buhardilla había una pared medianera que daba al edificio vecino y que había sido construida allá por el siglo XVII. Liz adoraba ese muro, lo llamaba «la pared de las caricias», no había colgado nada y le gustaba pasar la mano por las minúsculas grietas del tiempo. Allí buscaba inspiración, allí, uno de los tantos días en los que Fernando estaba de viaje, apoyó la espalda. En el acto sintió que, atravesando ladrillos y tiempo, una mano comenzaba a acariciarla. 


Este es un fragmento del libro La biblioteca de agua de Clara Obligado. Comenzamos esta charla telefónica con Clara desde Madrid a un punto del litoral. A diferencia del personaje de su libro ella no tiene ese lugar especial en su casa. “Como escritora funciono como mujer. Quiero decir, estoy en cualquier lugar y ese lugar donde estoy es el lugar donde escribo. Soy una escritora de muy pocos rituales. Soy más nómade a la hora de escribir”.


Ella dejó el país en la última dictadura militar. Vive en Madrid desde el 76 como exiliada política. Fue una de las primeras personas que comenzó a impartir talleres de escritura creativa, tanto de manera independiente como en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, el Círculo de Bellas Artes y la librería Mujeres de Madrid, entre otras muchas instituciones. En 1978 fundó el Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado. Clara es autora de las novelas Si un hombre vivo te hace llorar, No le digas que lo quieres, Salsa, entre otros. Ha recibido numerosas distinciones. Escribió en pandemia el libro Una casa lejos de casa. Este es un libro sobre lo que significa ser extranjera. Pasó la pandemia, pasó el tiempo y escribió Todo lo que crece, un verdadero jardín que tiene un  optimismo vital. Ahora, por estos días está en el país presentando lo que sería el cierre de su trilogía con el libro Un árbol de compañía, junto a Raúl de Tapia. De esto y otros temas abordamos en esta charla. 

Clara Obligado - Foto  Isabel Wagemann


— Hace más de cuarenta años que haces talleres de escritura ¿Se puede enseñar a escribir? ¿Qué se enseña cuando se enseña a escribir?


— Creo que todo se puede enseñar. Al ser humano se le enseña a caminar. Se le enseña a hablar. Todo se enseña. Escribir también se puede enseñar. Lo que no se puede enseñar es a ser escritor. Ser escritor es un defecto personal. La decisión de ser escritor es algo que nadie te lo puede enseñar, esa es una decisión. Recomendaría que no tomaras esa decisión. Fuera de eso, creo que todo se puede enseñar, se puede enseñar a leer, a leer y a leerte. Esas dos cosas sí se pueden enseñar.


— ¿Por qué no recomiendas ser escritor siendo vos escritora?


— Justamente, porque conozco la historia. Kafka me parece que decía, "si puedes dejar de escribir, hazlo". Pero el tema es si puedes dejar de escribir. Hay mucha gente, yo me incluyo, yo no puedo dejar de escribir y es mi manera de relacionarme con el mundo. Pero si una de mis hijas quisiera ser escritora yo le recomendaría que haga cosas saludables, le diría que no sea escritora.


— Vuelvo a lo que mencionabas antes, ¿podemos contarnos tres motivos por los cuales no podes dejar de escribir?


— Un motivo es porque de alguna forma escribir me divierte. No me divierte como si fuera a subirme a una atracción de una feria. Pero hay algo que me divierte, el trabajo con la palabra, con la estructura, me divierte y me interesa. Esto para empezar.


Además, me interesa muchísimo la estructura del idioma, la estructura de los textos, es decir estas cosas me interesan muchísimo. Creo que es una manera de pensar. Otras personas piensan a través de la ciencia y en cambio los que escribimos pensamos a través del idioma, de la estructura, de las palabras. Entonces, es muy difícil soltar algo que es tu manera de pensar.


Por otro lado, me parece una forma de vida en algún punto superior. Sin querer ser pedante con esto, eh. Pero hay algo en la escritura que no está en otro lado. Entonces, eso me parece bastante fascinante.



Trilogía


Para Clara el idioma es música. Hace unos años publicó el libro Todo lo que crece. Es parte de un invento triple. En general sus libros se rebalsan. Es decir, escribe un libro y no es suficiente, tiene que escribir otro para seguir. Sus libros se encadenan unos con otros. En su mayoría son cortos pero son encadenados.

Escribió justo con la pandemia Una casa lejos de casa. Este es un libro sobre lo que significa ser extranjera. Pasó la pandemia, pasó el tiempo y escribió Todo lo que crece, un libro que tiene optimismo vital. El tercero salió esta semana en Argentina y lleva por título Un árbol de compañía. Este libro lo escribió con el biólogo Raúl de Tapia. “Estoy muy contenta con este libro. Es un proyecto distinto. Me hacía falta la ciencia para pensar ciertas cosas. Entonces, escribimos los dos juntos y es una aventura bastante particular la que llevamos adelante con Raúl de Tapia”, agregó.



Naturaleza y escritura


— En Todo lo que crece dialogas con varios autores,  ¿cuál fue el criterio para seleccionar esos autores y autoras?


— La escritura no es un acto solitario, no es una cosa narcisista para mí. Una escribe acompañada de un montón de lecturas y de personajes que te han dicho cosas y de textos que has leído. La literatura es como un corpus de conocimiento importante. Entonces, a mí me gustaba pensar estos temas con la gente que piensa estos temas y no solo yo. Es decir, si tengo un texto de Emily Dickinson que me lleva a pensar una cosa entonces la cito. Porque en mi imaginario, cuando estoy escribiendo para mí ella es importante, entonces ¿por qué no la voy a citar? Eso por un lado. 


Por otro lado, me gusta que los lectores tengan acceso a esas lecturas, es como decir - "Bueno, mira, están estos escritores, los voy a leer - . Me gustan mucho las citas en ese sentido. Como disparador y compañía, son buenos compañeros. Son disparadores para seguir profundizando o para profundizar en un tema. Los veo como disparadores y compañía, son buenos compañeros. Cuando escribo voy conversando con distintos autores, es como si hablara de un tío, de un primo, de un amigo, a mí me funciona igual. Estas personas me acompañan y me hacen pensar. Entonces, ¿por qué no lo voy a nombrar?


— Tenés una mirada profunda con la naturaleza, ¿qué ves ahí?


— Esto empezó con la pandemia, cuando estábamos encerrados y nos estábamos muriendo. En aquel momento no sabíamos qué destino teníamos, sobre todo al principio. En ese momento veía la naturaleza florecer. Tengo una casa con terraza en Madrid y estaba llena de mariposas y de pájaros. Vivo en la Puerta del sol como quien vive en el Obelisco en Buenos Aires. De pronto paramos y en tres semanas la naturaleza ha vuelto con un ímpetu donde todo florecía. Veía ahí a los árboles que con su indiferencia nos van a sobrevivir. Ellos tienen una estrategia de vida mucho más interesante que la nuestra. Entonces, me pareció importante pensarlo.


Además, en Todo lo que crece digo "no somos los hombres y la naturaleza, nosotros somos la naturaleza, igual que una planta e igual que una lagartija". Somos naturaleza. Lo que pasa es que nos ha gustado separarnos y considerarnos en otro lugar, pero eso es un error. Somos lo mismo. Seremos destruidos por las mismas fuerzas. Pero tenemos que aprender a pensarnos como parte de la naturaleza. Para profundizar en este tema estoy estudiando sobre el periodo de la Ilustración.

Clara Obligado - Foto  Isabel Wagemann


— Es un tema que da para mucho, ¿vas a seguir profundizando el tema?


— Con Un árbol de compañía no sé si cerré el proyecto. No lo sé. Aunque lo que estoy trabajando sobre la era de la Ilustración está relacionado con las mujeres botánicas. En el fondo, vuelvo a trabajar en lo mismo. Es decir, me vuelvo a hacer la misma pregunta, ¿qué somos los humanos? ¿Cómo podemos sobrevivir con lo que estamos haciendo? Tengo algo en la cabeza y gira, me da vueltas.


Todo lo que veo se filtra en la escritura. Leemos leo en tu libro, ¿es así? ¿Todo va para la escritura?


— Sí. Últimamente siempre estoy escribiendo. Estoy hace unos años en estado de escritura permanente. Entonces, todo lo que voy viviendo e incluso cuando hago la comida se filtra la escritura. Hay una especie de búsqueda de armonía y una búsqueda de decir que está siempre latente.


Además, entre la estructura de la vida, las lecturas y las clases estoy hablando de literatura sin parar todo el día. Hago literatura todo el día y sin parar, no sabría contar la vida de otra manera.



“Pensarnos como mestizos”


Los libros de Clara - y uno de los motivos por el cual charlamos - es que hace narrativa poética. Todo eso que llamamos novela, ensayo, poesía, aquí son un torrente de agua viva en un solo cauce. A ella no le interesan los géneros tradicionales canónicos. “Me parece que estamos en una época muy mestiza. Me siento una persona sin patria. Difícilmente respondería a una tradición o a un género literario. Me parece que la forma de pensarnos hoy por hoy es pensarnos como mestizos”, sostiene.


Esta postura de vida de Clara la lleva a la escritura. Cuando escribe los géneros literarios se mestizan. Entonces puede haber cosas que se leen como poesía, otras como microficción, otras como ensayo y otras como crítica. Está todo mezclado.


Ella es una buscadora. Sigue buscando y su búsqueda es una búsqueda activa y plena de libertad. “A mí me importaba siempre un pito fracasar o no fracasar. A mí lo que me interesa es buscar. Ese es mi camino. Esta libertad se consigue así, se consigue fracasando. Está bueno el fracaso. Vaya teoría”, deslizó y soltó una sonrisa blanca, sincera, libre. Sus palabras cobran fuerza cuando ella misma revela algunos de sus fracasos: Tener que irse de Argentina en la dictadura, el hecho de ser mujer, el hecho de tener que defender su espacio porque sino no funciona, el hecho de ser emigrante, entre muchas otras cosas. 




La Esperanza


Volvemos al libro Todo lo que crece. En un fragmento dice me permito habitar ese gran error que es la esperanza. Para ella es muy atrevido tener esperanza. Tal y como está el mundo, tener esperanza es atrevido. “Me parece que si no apostamos por la esperanza, sea lo que sea la esperanza, si no apostamos por una utopía positiva o algo que nos saque del lugar donde estamos, nos va a costar salir en serio. La única forma de tirar hacia adelante es confiar en una utopía positiva. Aunque a veces nos desanimamos y digamos "Uy, Dios mío”. “Qué difícil”. Pero si nos dejamos y pensamos que es imposible, ahí estamos perdidos en serio”, reflexiona.


— Creo que hay que trabajar en el punto de vista de la esperanza y la creación de un pensamiento utópico a partir de la esperanza. Ese es mi punto de vista.


— Si tuvieras que nombrar una cosa que te ayude a alimentar esa esperanza, ¿cuáles serían?


— Millones. Millones. Esta charla o pasear o ayer hice una cena en mi casa porque terminamos un curso y las conversaciones que fuimos creando me cargaron de esperanza. La naturaleza en sí misma y lo bonita que es. La lectura. Hay millones de cosas que son razones para la esperanza, estar viva. Me fijo en esas cosas. Prefiero fijarme en las cosas que me ayudan a construir un pensamiento utópico.






viernes, 26 de junio de 2026

Paula Hacker: “Abordar la fragilidad y la potencialidad del cuerpo”



Días atrás se habilitó la exposición Lo bello y lo ausente de tu respiración, fotografías de Paula Hacker. La muestra está curada por Daniel Fischer. Ella es artista visual y licenciada en psicología, con una especialización en el desarrollo de talleres artísticos que vinculan la creación con el ámbito social. En esta charla destacó, "siempre me interesa en el arte su parte velada. Estar frente a una obra y que se encienda un misterio, que haya cosas a las que pueda acceder y a las que no pueda acceder de forma directa”.


Por Paulo Ferreyra



Paula Hacker es artista visual y licenciada en psicología. Son dos vertientes de aguas vivas que siempre van de la mano en su vida. Si fuéramos más atrás en el tiempo, la veríamos crecer en el taller de grabado que tenía su madre. El arte era una forma de respirar.


Ella se recibió e hizo un posgrado en psicología pero su vida siempre estuvo ligada al arte. De hecho, mientras estudiaba iba a los talleres del artista Carlos Gorriarena, quien ha sido una personalidad en el ámbito de la pintura muy importante. "Honestamente siempre primó lo artístico en mi vida", destacó. Trabajó en distintos talleres e hizo talleres para que las personas pudieran expresarse a través de la materialidad del arte.


Experimentar


Entre las múltiples ramas del arte visual Paula Hacker experimentó en algún momento con la fotografía. Era algo que estaba presente en su vida. Había probado incluso con la monocopia, que es una técnica tradicional que en su momento la convocó y le dio mucha libertad para crear.


"Pienso que todas las diferentes disciplinas del arte de alguna manera pueden darse la mano en función de lo que un artista quiere crear. Por eso no me quedo en un solo lugar", explicó Paula sobre su proceso creativo que lleva tiempo de experimentación.


En la charla telefónica hace pequeñas pausas. Algunos silencios para acentuar o buscar las palabras adecuadas en determinados momentos. Es ahí en esa calma donde emergen los sentimientos más profundos. Después de esos silencios breves cuando vuelven puede subrayar o acentuar su punto de vista. 


"La idea o el concepto de lo que se quiere transmitir en el arte está por encima de la técnica que se utiliza".



En la exposición de Paula Hacker hay fotografías y palabras. Todo está fragmentado. Ella hace que el cuerpo sea el protagonista. Entonces aparecen gestos y palabras. Las palabras atraviesan el cuerpo y el cuerpo a su vez atraviesa las palabras. Hay cosas que se pueden decir y hay cosas que no se pueden decir. Lo fragmentario es puesto por la artista donde algunas palabras podemos leer y otras se nos escapan. Ahí Paula hace su gran intervención como artista: crea misterio. Nos moviliza frente a la obra y frente a nosotros mismos.


"Siempre me interesa en el arte su parte velada. Estar frente a una obra y que se encienda el misterio, que haya cosas a las que pueda acceder y a las que no pueda acceder de forma directa. Me gustan las obras que me exijan algo y con lo cuál pueda dialogar. Eso también busco en las obras que estoy creando", explicó Paula.


"En esta muestra hay palabras que se pierden, hay diferentes tonos en las imágenes, esos fragmentos crean un misterio y eso me interesa".



El cuerpo


Paula en su taller trabaja y escribe. En esta muestra de Lo bello y lo ausente de tu respiración, le gustó puntualmente la idea de mezclar la escritura con la imagen. Es una forma que en general incluye en lo que hace, "me interesa que la escritura también funcione como un un gesto. No sólo como escritura - mensaje - sino que tenga movimiento o que jueguen con cosas que no solo son letras, sino que son sentimientos y sensibilidades", agregó.


El arquitecto y curador Daniel Fischer fue quien le puso el título a esta muestra. Paula sostuvo que tiene relación con la respiración y el cuerpo que llevamos, un cuerpo que está con nosotros aunque en ocasiones no lo veamos. Esa respiración del cuerpo también es compañía.


"A veces uno se olvida de la memoria que tiene el cuerpo y de todo el lenguaje que ese cuerpo tiene. Es un tema que me parece muy muy muy especial, la transitoriedad del cuerpo, su fragilidad y al mismo tiempo tiene su fortaleza. En la muestra hay distintas partes, por ejemplo hay una parte que tiene más relación con la identidad, la relación con el lenguaje y la relación con los otros. Hay una serie de relaciones y de cosas que hacemos que define quiénes somos. Uno es todo lo que hizo. Soy artista visual pero la psicología está presente en mi obra porque también está vivo en mi forma de ser, de pensar y estar en el mundo".



La mirada presente


Esta muestra fue curada por Daniel Fischer. Paula lo describe como una persona con una enorme capacidad y compromiso con el trabajo. “Es un gran ser humano y le pone mucho corazón a lo que hace. Eso no siempre se da todo junto”. Además, Paula agradeció a Daniela Zattara, curadora y directora del Centro Cultural Rojas. También afirmó su alegría por esta muestra que de alguna manera corona el trabajo que viene haciendo silenciosamente hace tiempo. 


“Si miro mis trabajos desde hace muchos años atrás siento que de alguna forma todo lo que estoy haciendo hoy ya estaba presente. Con el tiempo fui afinando determinados temas, los mensajes y la forma. Puede verse ese hilo conductor”, reflexiona la artista. En la vida a medida que vamos trabajando tenemos la posibilidad de ajustar los elementos que nos lleven al hueso de nuestro interés. En el caso de la artista Paula Hacker hay una pregunta transversal y es sobre la condición humana. Aquí en Lo bello y lo ausente de tu respiración podemos encontrar algunas respuestas y también algunas preguntas, porque lo importante es seguir tirando del hilo de nuestra propia existencia. 



sábado, 20 de junio de 2026

"La música y la radio no te van a fallar; somos buenos amigos"



El músico, locutor y presentador de tantas fiestas importantes de la provincia y la región repasaba así, en charla con el suplemento Chaqueña de Norte (29-05-22), parte de su historia. - 


Entrevista de Paulo Ferreyra especial para Diario NORTE

Fotos de Miguel Romero


Afuera el clima está inestable, de a ratos llueve y en otros momentos solo queda la superficie de la ciudad oscura, gris, triste. El panorama cambia cuando el dueño de casa tiende la mano y sonríe afable. Enseña su casa, que se ha convertido en un museo viviente, y recuerdos y anécdotas se encienden en cada objeto que dispara este hogar.

Alfredo Humberto Norniella trabaja en el primer horario de la mañana en Radio Provincia. Lo acompañan Félix Barro y Jorge Antonio Pibernos, en la técnica Rolando Castillo. "Somos tres locutores para un programa que comienza a las cinco de la mañana de lunes a viernes", desliza con orgullo incontenible.

La sonrisa se fija en su rostro marcado por el paso de los años, hace silencio y piensa que es difícil creer que en estos tiempos haya un programa como "Madrugando bien temprano". "Creo que no existe otro programa igual. Somos un programa de servicio, un programa a esa hora es un programa de servicios. Siempre me tocó hacer programas de radio de apertura, y bien temprano".


—¿Cuál es la clave para sostenerte en un horario que en principio parece muy difícil? 

—Es importante brindar información. Es esencial la información a la mañana temprano. Contar si hay servicios de banco, hay colectivos circulando, hay clases, si va a llover o no, las actividades de las autoridades del momento que interesan a la comunidad. Además hay que pasar música. La radio es servicio, la radio y los medios como ustedes, diario NORTE, también brindan servicios. Brindamos servicios del momento, información para quien tiene que salir para ir a trabajar y que tenga idea de lo que pasa en la calle. En la radio hay que ser breve, tirar los títulos, y después si a los oyentes les interesa determinada información podrán ampliarla con diferentes medios.



—El programa se llama "Madrugando, bien temprano", pero también fusionaste otro que venís haciendo hace muchos años, ¿por qué? 

—Es algo inédito, el programa alberga otro programa: "A bombo y Fuelle", el de mayor vigencia en la provincia, con más de medio siglo en la radio. Es el más antiguo, no conozco otro en el Chaco y en la región que tenga la suerte de seguir en el aire. Sigue vigente porque estoy vivo y tengo la suerte -la bendición de Dios- de poder hacer este programa que me da tantos placeres.

—Haces un combo entonces, entre información y música. 

—La intención es distraer a la gente. Es muy difícil informar ahora, todas las noticias son pálidas. Recién te levantas y te vas a trabajar con malas noticias. Vas a ir a trabajar pensando que querés llegar a fin de mes y resulta que no podés, las noticias de que suben tal o cual cosa se todos los días. Entonces una pequeña distracción de los problemas puede ser escuchar una buena música que te acompañe en la mañana.


—Hiciste muchas cosas y ya te han hecho homenajes en vida. En ocasiones dijiste que te has portado bien, ¿qué significa eso? 

—En principio hay que ser honesto con uno mismo. Hay que ser honesto y preciso con la información. Hay que orientar a la gente y no confundirla. Hay que ejercer la libertad de expresión en el medio de comunicación, aunque muchas veces hay que resignarla por las presiones laborales para mantener la fuente de trabajo. A veces, si no obedecés te echan o te expulsan de un grupo de trabajo periodístico. Hay que tener mucho cuidado ejerciendo esto hermoso que hacemos.

—¿Sufriste de alguna manera ese tipo de presiones en los medios en los que trabajaste? 

—Felizmente, nunca. Cuando me tocó hacer una crítica traté de ser ecuánime, lo hago con mucho respeto y lo hago desde mi punto de vista. Cada persona tendrá su razón para actuar de una u otra manera. Tuvimos con los compañeros de trabajo las presiones lógicas y naturales que se desprenden de cada circunstancia. En la época de los militares había normas para decir muchas cosas, pero se encontraban espacios para poder expresar determinadas cuestiones.

—Hiciste tv, oficiaste de presentador en festivales y hacés radio, ¿dónde te sentís más cómodo? 

—En muchos lugares me sentí cómodo. Hice muchas cosas y también escribía para el diario. Fui alumno de Edison Manuel Rodríguez, quien me dio la oportunidad de trabajar en el diario. Nadie sabía nada de las reglas del rugby, recién comenzaba a practicarse ese deporte, y entonces yo escribía sobre rugby. Miguel Ángel Fernández también me enseñó a ver de distintas maneras una información, un hecho, o una circunstancia, que tiene diferentes caras. En diario NORTE trabajé como colaborador.



Un vínculo de hierro con el chamamé


Además de presentador y locutor, Norniella es músico. Se jubiló primero como músico, después como locutor. Tocó el clarinete desde los 11 años, fue parte de la banda municipal. El chamamé le vino desde la cuna: "Mis abuelos maternos eran del primer ingenio correntino, María Quirós de Alonso y Víctor Pastor Pinto", ellos lo introdujeron en el chamamé.

"El chamamé era música nueva, una música recién creada. Nació de influencias de distintos géneros. Fui aprendiendo y conociendo cada vez más este género musical. Fui fundador, locutor y animador, junto a otros compañeros y amigos, de la Fiesta Nacional del Chamamé de Corrientes. La primera y la segunda edición se hicieron en el Club Juventus. La tercera se hizo en el Regatas. Después, la cuarta fue en el Anfiteatro, que es desde entonces su casa", recuerda, y sus ojos se cargan de emoción, de brillos que vienen de escenarios recorridos. Su memoria se remonta a cientos de músicos que hoy le siguen profesando amistad, más allá de aquel lugar emblemático que supo ocupar.

"Ser animador de esa fiesta me llevó a conocer mucha gente y a recorrer muchos lugares. Me enseñó a conocer la historia de la música y a los personajes de los pueblos de la región. Después también fui locutor-animador de la Fiesta del Auténtico Chamamé, en Mburucuyá.

—Estuviste en muchos escenarios, ¿cuál fue el primero? 

—He estado en grandes escenarios, mi primero fue el de Piti Canteros en Villa San Martín. Luego vino el de la Peña Nativa Martín Fierro. Ahí aprendí a conocer a la gente, la alegría de vivir a través del chamamé.

—En la Fiesta Nacional del Chamamé en Corrientes, por cuestiones políticas te dejaron de convocar. ¿Cómo recordás hoy ese episodio? 

—Son ingratitudes que no tuve más remedio que aceptar. La resignación, no encuentro otra palabra en este momento, la resignación vino porque es un hecho que perdura en el tiempo. Me tengo que acostumbrar a vivir con esa desilusión, yo entregué parte de mi vida a la Fiesta del Chamamé.

Aquel hecho fue doloroso. Creo que no merecía que me dejaran afuera, creo que los que nos gobiernan deben actuar de otra manera. Hace ya casi diez años yo presentaba noticias en Canal 9, no hacía comentarios sobre los hechos noticiosos, presentaba noticias que no les gustaban a los dirigentes de turno del gobierno de Corrientes. La manera de "castigar" al canal fue borrarme a mí de la Fiesta del Chamamé. Pero la gente me recuerda, tengo muchos amigos y tengo amigos que esos dirigentes no tienen. Tengo una riqueza espiritual que ellos no tienen. Por eso actuaron de esa manera.



Más 3.600 discos de vinilo de todos los géneros donados a la Peña


Nos recibe en el living, una pared pintada de cuadros y distinciones que Alfredo ha logrado en más de 50 años de trabajo. Hay esculturas. Su nombre grabado en distintas tipografías da cuenta del paso por diversos lugares de la provincia y la región. Tiene una especie de estudio donde guarda micrófonos y cientos de cassettes donde las voces que guarda son tesoros de la cultura popular. Hay una imagen de Luis Landriscina y de tantas figuras que sería imposible nombrar en esta nota. Junto a Miguel Romero, fotógrafo de NORTE, vemos su clarinete, un saxo y tantas otras joyas que constituyen su historia musical y profesional.

A pesar del volumen de esta casa-museo, Norniella cuenta que ya empezó a desprenderse de algunas cosas: por ejemplo, "una colección de vinilos de los últimos 50 años los he donado a la Peña Martín Fierro. Les he entregado 3.600 larga duración. Les dejé a ellos para que se constituyan en la primera discoteca especializada en folclore. Hay música de todos los géneros y de todas las latitudes del país. Todo el movimiento folclórico del norte y del litoral están enlazados ahí", subraya

"Desde lo más hondo me brotan emociones que a veces no sé contener"

Cuando vamos remontando recuerdos en la charla salen a la luz episodios que marcaron el rumbo del locutor, presentador y animador en que se convirtió Alfredo Humberto Norniella. Un hecho trascendental fue cuando, estando en el colegio secundario, sus compañeros organizaron el viaje de quinto año. El lugar más accesible para ir por cuestiones económicas era Villa Carlos Paz, Córdoba. Muchos empezaron a trabajar vendiendo pastelitos y empanadas.

"Yo tenía claro otro objetivo", recuerda. Alfredo comenzó a prepararse y a trabajar a la par de sus compañeros, aunque no iba a viajar con el grupo a Carlos Paz: él quería ir a Cosquín.

"Algo me empujó a hacer algo distinto. En octubre del ´63 viajaron mis compañeros. Meses después, en enero del ´64 yo viajé a Cosquín, y ese año ganaron Luis Landriscina y Jovita, estando yo ahí. Esa fue la primera de 50 veces consecutivas que viajé a esa provincia". El entusiasmo le desborda en una sonrisa sin fin, se pone contento. Había por aquella época en Cosquín unos tejidos romboidales separando distintos sectores; prendido de esos tejidos mientas caía una lluvia mansa, Alfredo admiraba el hecho histórico: referentes de la provincia del Chaco se consagraban en el festival más importante del país.

"Todos estos recuerdos viven conmigo. Todo lo tengo presente y me cuido, porque las emociones hoy me hacen mal. Me desequilibran la presión arterial. Me pongo a mirar cosas, y detrás de cada fotografía y de cada disco hay tantas historias encerradas… Me remonto lejos y todo me llega profundamente, siento cómo desde lo más hondo brotan emociones que a veces no sé contener".

—¿Qué es la música? 

—La música es una gran compañera, es como la radio que está todo el día conmigo. La música y la radio van juntas, de la mano, y están en los momentos importantes, especiales de la vida. Son compañeras también para quienes la ejercen. La música no te va a fallar. Creo que la radio tampoco, somos buenos amigos. Vos sabés que me debo mucho a la gente, es fácil ser mi amigo, la gente reconoce y se da cuenta cuando hay alguien que es bueno. Siento que en estas décadas he acompañado a mucha gente. Antes me escuchaban los padres y ahora me escuchan los hijos. Yo le di a la radio un carácter solidario. El oyente de chamamé y de folclore es solidario, se anota enseguida si tiene que ayudar a alguien.