Está abierta la muestra fotográfica de Ángela Copello bajo el título de En uno o mil años. La muestra está curada por Daniel Fischer quien sostiene que “la obra de Ángela se despliega como una pregunta sobre las potencias de lo visible, configurando una gramática silenciosa, una gramática ingrávida, donde la mirada deja de ser un mero umbral de contemplación para convertirse en una epifanía del suspenso”.
En una entrevista telefónica Ángeles sostuvo, “una de las ideas de la muestra es entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que nos van a sobrevivir. Desde ese lugar me interesa la cualidad espectral que tienen todas las imágenes”. La muestra se podrá visitar hasta el jueves 23 de julio en Oda Oficinas de Arte, Paraná 759 Piso 1, CABA. Los horarios de visita son de lunes a jueves de 15 a 19. La entrada es libre y gratuita.
Por Paulo Ferreyra
Fotografía Pablo Jantus
En esta muestra se presentan un conjunto de fotografías inéditas de Ángela Copello. La artista profundiza y nos sumerge aquí en su mirada más onda de la naturaleza.
Los comienzos
Ángela desde siempre tiene una relación directa con la naturaleza. De hecho, durante esta charla afirmará que como paisaje elige la mesopotamia y que en el verde es feliz. Sus inicios ya se remontan al colegio secundario cuando estudiaba paisajismo, hacía técnica en floricultura. Estaba muy en contacto con la naturaleza. La fotografía ya estaba presente pero como un hobby. Era la fotógrafa de la familia. Hasta que en un momento la fotografía le ganó al paisajismo y se empezó a dedicar a la fotografía por completo.
Entre sus primeros trabajos vino de la mano de Angélica Thays quien le propuso participar del libro Argentina, parques y jardines. Eran los comienzos de los años 90 y el paisajismo no tenía la consideración que tiene hoy donde ya tenemos arquitectos del paisaje.
El trabajo de Ángela Copello se amplificó en el rubro cuando empezó a trabajar para la revista Jardín. Ahí ya registraba algunas imágenes para su trabajo profesional y otras más íntimas. El refugio y el silencio que iba ensanchando su arte.
Su primera serie de fotos fue bajo el título de Horizonte infinito. Todavía no llegaba la fotografía digital. Ella recuerda pasarse horas dentro de un laboratorio. Amó esa época. “Disfruté muchísimo esas horas y horas metidas en el silencio del laboratorio para lograr una imagen. Después vino la fotografía digital y también me enamoré de la fotografía digital.
Me adapté rápido porque seguía con el trabajo comercial y si no me adaptaba me quedaba afuera del trabajo. Con la llegada de la fotografía digital ya nadie quería pagar la película, las diapositivas, el escaneado, con la foto digital todo empezó hacer más rápido, más ágil y más económico”, explicó.
Acercamiento al silencio
Sobre esta mirada que tiene Ángela al paisaje agrega que siempre lo hizo de manera silenciosa, fue un “acercamiento hacia donde el alma se aquieta”. En su camino como fotógrafa independiente siempre tuvo esa capacidad para dividir lo que era su trabajo, los encargos y las fotografías que le permitían abrir el horizonte. Por cuestiones laborales ha viajado por casi todo el país.
“Mi mirada está puesta en el paisaje. Voy fotografiando y fotografiando el paisaje de forma permanente. Después las fotos se muestran por series. Hay una frase que puede decirse que la usé como bastión y es un texto de Walden de Henry David Thoreau donde dice, "tengo que volver al bosque para darme cuenta de lo que he vivido". Las imágenes me permiten mostrar donde encuentro mi paraíso acá en la tierra”, afirmó.
Sus fotografías van desde una plaza de Palermo en la ciudad de Buenos Aires hasta la selva de la provincia de Misiones. Ahí se pueden tocar la paz y la quietud.
Kudzu
En su andar buscando imágenes para una serie de fotos bajo el título de Eden Ángela se encontró con una planta llamada Kudzu. Esta es una planta que Japón le regaló a Estados Unidos hace más de 200 años. En Estados Unidos la tomaron como alimento para ganado. Es una planta maravillosa porque crece rápido, el ganado lo come y engorda. Sin embargo, en el sureste de Estados Unidos y en estados como Georgia la misma planta azotó a la población. Se volvió así una planta muy agresiva en su crecimiento. Es una hiedra pero mucho mucho más agresiva. Se trepa y deja sin aire y sin luz a las especies nativas del lugar. Entonces forma paisajes increíbles, porque es como una alfombra verde que va tomando la forma de los árboles de abajo y todo se vuelve verde.
Es una planta que tiene esa dualidad, de lo bello y lo terrible que mata a lo que tiene abajo. Cubre viviendas, cubre puentes, todo lo que está en su camino. Ángela investigó mucho sobre esto. Se fue a Estados Unidos, allá el ministerio de Agricultura tiene un mapa interactivo donde los vecinos van denunciando los focos para ver cómo combatir esta planta.
Estando en el lugar, tomando fotografías y hablando con la gente del lugar le decían, “no hay forma de sacarla". El tallo es grueso, como si fuera una birome y es un tanto peludo. Donde el tallo toca el suelo da raíz y eso hace que sea casi imposible detenerla. Durante varios años fotografió ese paisaje verde.
Hasta el presente las obras de Ángela se cuentan entre las series, Eden, Muros del Edén, Aquí no hay sombras, Medir el paisaje, Páramos, Flores de Dios, Impermanencias - Constenera, Impermanencia - Ñandubay, La noche se lleva mis sueños, Horizonte infinito, entre otras.
En uno o mil años
Esta muestra que está abierta ahora en la galería Oda nace un poco empujada - desliza y sonríe Ángela - empujada y animada por Laura San Martín como galerista y Daniel Fischer como curador. “En esta serie el foco está puesto en la captura de atmósferas. Es un paso más hacia lo intangible”, sostuvo.
Recorriendo la muestra la humanidad se detiene frente a la naturaleza que lo desborda. Quizás aparezcan escenas que hemos vivido todos. Sin embargo, aquí están captados en el momento justo y preciso.
“La propuesta es correrse de un tiempo lineal y entrar en un espacio suspendido”.
Ángela Copello nos propone a través de sus fotografías entender que nosotros vivimos en un tiempo lineal muy pequeño, nosotros pasamos y hay un montón de cosas que van a sobrevivir.
En la inauguración de la muestra - ocurrida hace un par de semanas atrás - explicó a los presentes que al momento de tomar una fotografía es un momento de mucho nervio y no es un momento de disfrute. La contemplación viene después. Cuando está tomando la fotografía se concentra en que los parámetros de la cámara estén bien, que la foto salga en foco, que no se vaya lo que quiero captar, entre otros factores.
En el diálogo que se abrió en la inauguración de la muestra una persona le expresó a Ángela que todos esos nervios que tiene al momento de sacar una foto la abstraen de la realidad. Todas sus antenas están puestas en ese único e irrepetible momento. A veces, meditar se piensa que es únicamente cruzarse de piernas y cerrar los ojos, sin embargo, meditar también es poner todo todo todo el pensamiento en un punto.
Arte y poesía
El concepto de arte es muy amplio. Pero una forma de definirlo para la artista es hacer un recorte y poner una foto a consideración para un momento de contemplación. “El arte funciona como un refugio para detener el tiempo por un instante. Mi arte es un refugio de silencio donde pausamos el tiempo. Estoy convencida que cuando alguien tiene algo que decir, lo puede decir desde la escritura, la música y una expresión artística. Mi forma de expresarme es la fotografía”, agregó.
Hace un tiempo en esta misma revista la poeta Diana Bellessi sostuvo que el silencio es la medida de lo viviente. Le atribuye al silencio la misma importancia que al lenguaje y por eso hace poesía. Ángela Capello hace poesía desde las imágenes, construye espacios que nos acercan a la contemplación y al silencio.
La muestra En uno o mil años de Ángela es una invitación al silencio en su recorrido. El concepto refugio trasciende de forma permanente. “La poesía que me gusta es la poesía que nos mueve, las que nos saca de lo cotidiano o nos mueve de lo que creemos que es seguro. Ese lugar de la poesía me gusta y trabajo en ese sentido”, afirmó.




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