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viernes, 17 de abril de 2026

“El artista no elige qué es lo que lo perturba o lo emociona"

 



En el Centro Cultural Borges de Buenos Aires continúa abierta la muestra de arte titulada Difícil decir adiós.  La misma es curada por Daniel Fischer. Están expuestas más de cincuenta obras conceptuales que permiten dialogar y profundizar las partidas. En esta segunda entrega para conocer un poco más de cerca esta muestra dialogamos con María Malu Casalins y Adriana Bustos. 

 

Por Paulo Ferreyra

 

María Casalins, desde ahora Malu, nació en Buenos Aires pero siendo muy niña con su familia se trasladó al campo. Cuando terminó el colegio secundario recién volvió a la gran ciudad. Empezó a estudiar en la Universidad Nacional de las Artes y ahí empezó a pintar. Después se abrió de la universidad y empezó a hacer su propio recorrido por talleres artísticos.


 

Mientras charlamos con Malu llueve en la ciudad de Corrientes. De ratos también en Buenos Aires. Una cortina imaginaria se alza entre nosotros al tiempo que tratamos de escucharnos y acercarnos. Hace una pausa. Hago una pausa. La cortina se apaga y su voz llega limpia, clara, lluminosa, en colores del arcoíris.

 

Dos vertientes

 

En la primera parte Malu comenzó a pintar de una manera premeditada. Sus obras estaban más ligadas a una tradición de lo figurativo,  un poco cercano al hiperrealismo. Las imágenes que hacía estaban muy pensadas e incluso hacía bocetos digitales. Trabajaba haciendo bocetos y pruebas que después terminaban siendo un traspaso de aquel trabajo a la tela. 


 

Luego vino una parate. Paso a estudiar geografía y en el medio su vientre se ensancha y comenzó a esperar la llegada de su hija Luna. Una etapa luminosa. En ese contexto, ¿cómo hace un volcán para dormir con tanto fuego adentro? A Malu se le cayeron todas las estructuras habidas y por haber. Brotaron tantas preguntas tales como ¿dejo de pintar?, ¿dejo de ser quién soy?, no sé quién soy, no sé lo que es la vida, no sé lo que es vivir. Como todas las preguntas más profundas, más angustiantes y bellas de la vida le llegaron en ese momento. 

 

Para hacer pie en ese universo que se movía en torno suyo Malu volvió a la pintura. Su pintura ahora era cien por cien intuitiva y espontánea. Quizás desde entones siempre la acompañan las preguntas, como quien es y qué es vivir. 

 

Ahora recuerda aquel momento de quiebre, “un día apoyé el pincel sobre la tela y empezaron a aparecer imágenes que las llamo imágenes mentales. Para mí son imágenes que remiten mucho a ese pasado en el campo”.

 

Su infancia en el campo fue hermosa. Única mujer entre cuatro varones. Pasaba mucho tiempo jugando sola. Observaba mucho la naturaleza. “Miré muchísimo la naturaleza y muchísimo el cielo”, recuerda y su voz se amplía buscando acentuar cómo era aquella infancia. 


 

Las preguntas son semillas fértiles 

 

Sobre su proceso creativo Malu explicó que va de imágenes más abstractas a imágenes más figurativas. Sus procesos no son lineales. Por ejemplo, está obra que está en el Centro Cultural Borges es absolutamente clara y figurativa. Cuando vemos la obra vemos un cielo y una nube pero de repente ese paisaje se deshace. Ahí en el contacto con la obra se abren y expanden las preguntas. 

 

“El proceso o el trabajo de pintar me permite atravesar o sostener algunas preguntas para las cuales no tengo respuestas. Estas preguntas las puedo atravesar o sostener de una manera más liviana gracias a la pintura”, afirmó. Sus palabras se pausaban para seguir reflexionando. Le gusta que algunas preguntas no tengan respuestas. “Una de las cosas más fértiles que podemos tener son preguntas”, sostuvo esa frase en el aire como si fuera una revelación, pues una pregunta fértil es como una semilla siempre traerá nuevas preguntas y eso es un gran estímulo para crear.

 

Del hueso a la piel

 

En la charla volvemos sobre ese proceso creativo de intuición que guía el trabajo de Malu. En la pintura hay muchas capas. “Lo primero que surge en mi obra lo llamo hueso. Después lo que voy haciendo son rastros que van generando una estructura sobre la cual voy a montar la piel de la obra”, describió. El sol que entra por la mañana y que en algún momento de la tarde se irá es el testigo silencioso del tiempo detenido en su taller.

 

Malu es artista visual y además escribe, escribe muy bien. En su proceso creativo cuenta que van apareciendo imágenes, frases, recuerdos, pensamientos y reflexiones que ella va anotando. Simplemente anota todo. Escribe en la pared de su taller o en una hoja.




 

Volvemos a mirar la obra que está en el Centro Cultural Borges en la muestra Difícil decir adiós. La obra de Malu se titula Deriva continental. El nombre deriva de los años que estudió geografía. Hace 200 o 300 millones de años los cuerpos continentales eran uno solo y se denominaba Pangea. A lo largo de millones de años ese único cuerpo se fue fracturando y se fueron separando en lo que hoy conocemos como Deriva continental. Así llegamos a la ubicación que hoy conocemos de los continentes. “Esta no es una ubicación definitiva porque la tierra se sigue moviendo y porque no hay nada definitivo”, afirmó y fue como la primera gran definición de la entrevista: no hay nada definitivo.

 

“Mientras estaba pintando las nubes y sus contornos me fui dando cuenta de que aparecían ciertas formas que generaban una visión abuelo de pájaro o una visión satelital de los continentes. Incluso algunas formas, algunos de estos bordes coincidían con bordes de nubes que estaban como enfrentadas. Esto acentuó la idea inicial de que todo en un comienzo fue un solo cuerpo. En algún momento hubo una separación, una migración y hubo una transformación. Estas temática existenciales están en mi cabeza. Pienso en el cambio, en la impermanencia y en la migración”, explicó y al volver a ver su obra eso también está reflejado, los cambios, la impermanencia y la migración.

 

 

Adriana Bustos: “De las bibliotecas quedaron cenizas y simbólicamente son cenizas que nunca se pueden apagar”

 

 

Ella es de Bahía Blanca. Es artista visual y psicóloga. En su biografía explica que el carácter investigativo y documental de su obra hacen de la fotografía, el video, el dibujo, la pintura y la performance los soportes más relevantes de su producción. El curador de la muestra Daniel Fischer quedó prendado de alguna forma por su obra y un coleccionista la cedió para la muestra. 

 

La obra de Adriana forma parte de una serie que se titula Biblioteca. Es un proyecto sobre el cual está registrando los libros que fueron quemados en la dictadura militar y en otros episodios históricos. Por ejemplo, la quema de cómics en Estados Unidos en el año 43 y anterior la quema de libros durante el nacismo, explicó. 


 

La artista agregó, “esta obra es una serie que sigo haciendo porque fueron miles de libros los que se quemaron. La empecé en el 2017 y me parece interesante seguir desarrollándola. La obra forma parte de un proyecto mayor que se llamó Quién dice qué a quién. Es un ensayo y reflexión sobre la construcción de la propaganda política y del control de las masas”. Adriana busca con su trabajo demostrar que eso que pasó y que hoy sigue sucediendo con otros formatos.

 

Las bibliotecas de Adriana están muy cuidadas y revelan un trabajo de investigación detrás. Comentó que hay un buen registro a través de los diferentes museos de la memoria tanto en el país como fuera del país. Por ejemplo, en Córdoba hay un catálogo de libros que fueron prohibidos y quemados durante la dictadura. En Buenos Aires también. Hubo quema de libros en Tucumán y en otras provincias. Fue como una operación sistemática en nuestro país. 

 

¿Cuál fue el trasfondo de quemar libros? Para la artista hay una referencia al hecho de la quema de brujas. Es un acto de transformar en cenizas lo que antes eran cuerpos ahora son cuerpos libros vueltos cenizas. La quema de libros fue una operación muy minuciosa. Había un grupo especializado en eso porque se leían los libros. No era algo arbitrario. Había una lectura minuciosa de cada texto y la justificación de por qué ese libro no podía estar más y que debería desaparecer. Lo mismo se hizo con el cine.


 

Restos necesarios

 

Hablamos de la biblioteca y de los libros quemados en la dictadura. Para relacionar estos temas que trae con su obra ella se remite al texto curatorial de Daniel Fischer. En la Nota 3 dice El resto(Agamben) ¿Y si el adiós no fuera un vacío absoluto sino un "resto" necesario? ¿Podría ser esa materia sobrante la base sobre la cual construimos nuestra identidad? ¿Somos, quizás, supervivientes que encuentran en lo que se desvanece la materia prima para un nuevo y luminoso comienzo?

 

“Leyendo el texto - reflexiona Adriana Bustos - identifico o entiendo por qué la elección de la Biblioteca en la muestra. Se habla ahí de un vacío que es absoluto. Habla del resto. Entiendo que hay una coincidencia ahí en el pensamiento de Daniel en relación a mí donde creo que la obra de arte es un resto. Él hace una pregunta y dice, ¿Podría ser esa materia sobrante la base sobre la cual construimos nuestra identidad? Desde ese lugar el adiós no es un vacío absoluto sino un resto necesario”. 

 

Todo lo que toca y lo que profundiza Adriana aquí se hace concepto vivo. En un momento de la charla afirmó, “para mí las obras de arte que hacemos los artistas finalmente son restos. La obra de arte es lo que queda de procesos muy internos. Caben ahí reflexiones, emociones, preguntas, situaciones, cuestionamientos. De pronto se encarna lo vivido en un objeto que no tiene ninguna utilidad en términos funcionales. Nosotros abrimos algo a la contemplación estética. Acuerdo con esa cita de Daniel en términos de lo que es una obra de arte”.


 

De las bibliotecas quedaron cenizas y simbólicamente son cenizas que nunca se pueden apagar. Siempre hay un resto. En Difícil decir adiós en el nombre de la muestra se lee también que es difícil que algo desaparezca completamente. Es difícil decir adiós.

 

Me quedo prendado de esas palabras, “es difícil decir adiós” porque de alguna manera somos restos. “Daniel también habla de la memoria - agrega Adriana - Es como un hasta luego o hasta pronto. Aquí juega algo importante que es la palabra difícil. Constantino pregunta, "¿A dónde van las cosas cuando nos vamos? Es decir, a algún lugar van ¿No?”.

 

El artista no elige 

 

Adriana realizó trece bibliotecas. Probablemente habrá más porque tiene aún mucho material de archivo para trabajar. La primera Biblioteca la adquirió el Museo Nacional Reina Sofía y desde entonces cada obra que hizo por alguna razón pasó a manos privadas. No tiene ninguna de esas bibliotecas. 

 

 “Hay algo en determinadas piezas que requieren ciertos eventos en número - es decir la serie. Cuando aparece la serie para mí se justifica el número. Si quiero decir que esto sucede, ha sucedido o seguirá sucediendo puedo hablar de cantidad y de serie. En mi caso necesito hablar de que fue algo sistemático y que sigue sucediendo en diferentes culturas”.

 

La artista aborda hace tiempo el tema de la memoria y la tierra. Son temas que le preocupan y la ocupan. Al respecto en tono amable, lúcido también, advirtió que “el artista no elige mucho qué es lo que lo perturba o lo emociona o lo mueve hacer determinadas obras o determinados proyectos. En mi caso, por alguna razón estoy atravesada por el impulso de indagar sobre las identidades. Dentro de ese campo hablo de las identidades latinoamericanas y de mi propia identidad”.

 

El amor

 

En el texto curatorial de la muestra Daniel Fischer dice, “esta muestra, Difícil decir adiós, es nuestra bitácora sobre la transformación. Porque decir adiós no es desaparecer; es reconfigurarse”. Movido en parte por estas palabras y en parte por las obras de las artistas, hablamos del amor.

 

— La muestra se titula Difícil decir adiós, ¿la obra tiene alguna relación con el amor o la relacionas con otra cosa?

 

María Malu Casalins — En mi caso no lo relacioné al amor directamente. Mientras te escuchaba formular la pregunta pensaba en eso. No relaciono la obra hacia el amor. Lo pensé de manera más abstracta. Lo pensé y lo siento más cercano a las transformaciones y a las migraciones. Sin embargo, al hablar de transformaciones, las mutaciones, los cambios y migraciones son todas cosas que también le suceden al amor. Pero aquí no lo puse solo o exclusivamente en el amor.

 

Cada átomo de nuestro ser, ya sea desde lo matérico en nuestro cuerpo o desde nuestros procesos psíquicos y emocionales hay algo que abarca absolutamente toda nuestra realidad. Entonces hablo de la idea del cambio, como estadio definitivo, concreto y real. Lo siento más a ese horizonte de movimiento permanente.

 

Adriana Bustos — El curador Daniel Fischer está hablando del amor. Creo que el arte al final siempre habla del amor. Tengamos presente que hay una búsqueda de lo imaginario. Tanto el amor como el arte son dos apuntalamientos del imaginario. Es en el registro del imaginario donde se inscribe el amor, donde se inscribe la fe, el milagro, la esperanza, el misterio, el arte.

 

Esta muestra es importante en estos tiempos muy crudos donde la metáfora parece estar siempre en peligro. Lo ves en las redes, en los discursos políticos de la derecha que carecen de metáfora y se manifiestan con toda una brutalidad de tiempos de guerra. Pareciera que peligra el registro del imaginario. Tanto el amor como el arte se inscriben en ese registro y hablan en un punto como hermanas.

 

Cuando se aniquila el imaginario y se aniquila el amor también se aniquila el deseo de vida. En la otra punta está Tánatos, ¿me entiendes? La pulsión de muerte. El arte habla del amor y está bien que la muestra haga alusión a eso, a un llamado al amor. 

 

 

 

“Lo bello, lo posible y lo incierto”

 

Daniel Fischer es un gran director de orquesta. Malu describe, “nos metió en un universo muy amplio, de miradas y matices distintos, de tonos muy disímiles y entre todos formamos una especie de red sonora que arma una pregunta. Lo que más me interesa o una de las cosas que me parecen más fértiles es el hecho de poder preguntarse, de poder hacerse preguntas, traer lo que inquieta y abrirlo a los demás”.

 

Con Malu hablamos de arte y de su escritura, ella plasma en la escritura sus proceso creativos y su experiencias de vida. Además, hace ficción. En la muestra se ven imágenes de sus cielos y sus nubes, pero ¿qué es el cielo para ella?

 

 

 

Las nubes, para mí, están muy ligadas a la experiencia de lo puramente contemplativo.

 

Viene de mi infancia, de haber crecido viendo todos los días aparecer y desaparecer estos cuerpos en el espacio. 

 

Cuerpos casi fantásticos, sacros, o cercanos al universo de las mancias. Haciendo muchas veces de superficie especular, donde se ampliaba lo bello, lo posible y lo incierto. Los ojos abiertos, la mirada disponible. Un ida y vuelta entre lo que aparecía y lo que yo proyectaba; lo propio en lo ajeno, o en lo lejano.

 

Aunque todo cambia -la materia afuera y dentro de nosotros, incluso la forma en que sentimos, y entendemos las cosas- hay algo en esa manera de mirar que se mantiene. 

 

En medio de la impermanencia, eso sí permanece.

Tal vez, es la posibilidad -o el deseo- de que exista aun una forma de sostener algo. 

 

Un punto de continuidad que haga de reparo. 

El reparo no es lo que vemos, sino cómo miramos.





 

 


lunes, 13 de abril de 2026

Visita a la canción profunda de estos tiempos

 



 

Paloma Ortiz, Juan Mora y Coqui Ortiz realizaron el concierto Piano y Canciones en el escenario del Complejo Cultural Guido Miranda. Este año volvió el ciclo Preludios en el Bösendorfer. El repertorio giró en torno a temas propios y obras de Teresa Parodi, Bosquín Ortega, Jorge Fandermole, Kany García, entre otros. Fue un concierto único, poético y luminoso. Una oda a la vida y a celebrar que podemos estar juntos y encontrarnos.

 

Por Paulo Ferreyra

 

En una entrevista previa a este concierto Juan Mora había adelantado que “hay mucho autores que soñaron un país para nosotros. Desde ese lugar abordaremos las canciones”. Así lo hicieron y la línea del tiempo fue de ese país que soñaron y sueñan los artistas pasando por el fundamento de todo quehacer artístico, el amor.

 

Al ingresar a la sala sonaba el piano. Juan Mora movía sus manos con suavidad sobre el Bösendorfert. "No todos los días tenemos la oportunidad de estar tan cerca de un piano de estas características. Hay pocos pianos como este en el país", afirmó Coqui mientras Juan seguía tocando. Las sillas dispuestas tan cerca nos hacía sentir las pulsaciones del instrumento, la voz de la cantante y del cantante subían al alma.

 


El repertorio comenzó con dos creaciones de Juan, Efímero y La huida de la tarde. El año pasado esta formación hizo dos conciertos con esta modalidad. Entre el público ahora hubo caras nuevas y caras conocidas, muchos buscamos realzar aquella experiencia vivida por el piano y las canciones. La propuesta musical trascendió la búsqueda, fue pura comunión y abrazos.

 

Hace ya casi un mes Joan Manuel Serrat fue distinguido con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo. En su alusión dejó un mensaje final: "Canten, canten, porque cantando espantan los males. Porque cantando los demonios se enfrentan. Canten, porque hace falta que los músicos toquen, que los poetas alcen la voz, que no nos vuelvan sordos los gritos de angustia y que las injusticias cotidianas que nos tocan vivir, no se conviertan nunca en una normalidad capaz de volvernos el corazón de piedra”.

 

Cuando en la velada Coqui Ortiz tomó el micrófono expresó que iba a tomar la posta dejada por Joan Manuel Serrat. "Acá también pensamos cantar a Aledo Meloni. Él decía que se inspiró en el poeta Antonio Machado. Entonces los unimos y entonamos Cantares", deslizó y su voz se afirmó en la noche. 


Había silencio en el escenario. Tras cada canción el público sentía nuevos impulsos para aplaudir. Por momentos daba la sensación que también esa eran pulsaciones vibratorias que tenía el público para acompañar el abrazo de cada canción. 

 

En el momento de tomar el micrófono Paloma Ortiz sostuvo su forma de expresión para cuidar y atender cada palabra que salía de sus labios. Comenzó por agradecer al público su presencia. "Gracias a todos y a todas por venir. Es lindo estar tan cerca uno de otros. Es lindo encontrarnos. En el repertorio que preparamos hay algo de incertidumbre, qué pasará o que no pasará en el futuro. La incertidumbre es buena para poner en juego la creatividad y el encuentro desde el arte". Así, con ese buen decir que tiene regó a los presente con una canción de Jorge Fandermole. 

 


La noche fue creciendo entre canción y melodías del piano profundo. El gran poeta y músico Ramón Ayala decía que la única red que puede atrapar un pájaro sin quitarle la vida y la libertad es el arte. Algo de eso había en las canciones que se movían entre la incertidumbre, la esperanza y la memoria. Así se construyó la primera parte del concierto. Hubo más obras Juan Mora, Bosquín Ortega,  Teresa Parodi, entre otros. Un mensaje contundente: no a la guerra.

 

Los aplausos se sucedían. Alguien en ocasiones distintas abría el juego de sostener la emoción de una canción con un aplauso largo, sostenido y emotivo. Los aplausos se apoyan en expresiones como qué lindo, muy bueno, bravo.

 

La segunda parte del concierto la abrió Paloma Ortiz con un tema de Kany García. Tema que dedicó a sus amigas y a las mujeres presentes. El repertorio se ensanchó con obras de Fito Páez, más obras de Juan Mora y de Teresa Parodi.

 

Por amarte busco el cielo

aunque seas como un muro

abrazándome a tus piedras

Por amarte busco el cielo

cada día que me quieras

en tu cuerpo habrás de hallarme

soy como la hiedra.

 

Las luces menguaron y dieron ese tono especial a la velada. Ya llevamos casi una hora de canciones y el amor se instaló entre las flores que destilaba Juan con el piano y las voces de Paloma y Coqui. La poesía abrazaba las emociones. Los aplausos crecían. Un grupo en la segunda fila hacía pequeños fotos y entre sonrisa alentaban – bravo, muuuy bueno.

 

Coqui y Juan interpretaron un tema que les pertenece. "Un día de tantos Juan fue a casa a ensayar y me dejó esta canción – recordó Coqui - A mí me gustó tanto la música que terminé escribiendo Don Chula y Don José. La hice pensando en unos amigos que hacen un trabajo fabuloso que se llama Ambulantes, ellos dedican su repertorio a vendedores ambulantes. Pero más aún lo hice pensando en el barrio”.



“Soy - dijo Coqui e hizo un pequeña pausa para acentuar sus palabras - soy un militante convencido de que cuando volvamos a recuperar la calle, las silletas a la vereda y los vecinos estando en la calle, vamos a limpiar de malezas este mundo. Lo más revolucionario que podemos hacer es tomar la calle. Me parece que esas cosas nos van a salvar". El autor y compositor dedicó el tema a Dany, un trabajador histórico del Complejo Cultural Guido Miranda quien celebraba su cumpleaños trabajando aquel miércoles 8 de abril.

 

Un ave en nuestra ventana

 

Hace unos años - allá por el 2017 falleció Antonio García, el padre de la cantante puertorriqueña Kany García. Un tiempo después ella compuso la canción Confieso. Con su sensibilidad y su buen decir Paloma trajo para los presentes esta historia. "La muerte es un tema tabú a la hora de hablar entre amigos, amigos o familiares. Sin embargo es natural o debería ser natural hablar de la muerte. Nacemos, crecemos y nos vamos a morir. Eso es lo natural. Ahora, entender esta naturalidad no quita que sintamos dolor ante la muerte". Mientras ella hablaba Juan iba introdución el tema de Kany. La potencia de la canción tenía su fortaleza en mantener viva memoria - algo de lo que también trascendió desde la primera hasta la última canción del concierto.

 

La propuesta de Coqui, Juan y Paloma es arte en estado puro. ¿Cómo comprender el canto de los pájaros? El público había llegado al escenario del Guido Miranda con expectativas a este concierto. Algunos en silencios y otros henchidos de charlas felices entre amigos y familiares. Desde la canción abordaron temas sociales y temas de amor. Más allá de esos temas expandieron las emociones, los sentimientos y la sensación de que podemos mirarnos desde la canción. En el decir de John Berger son profundamente humanistas, "creen que el bien más alto es la felicidad de la humanidad"



viernes, 10 de abril de 2026

Yuvia: “Mi vida minimalista está reflejada en mis obras”





Ella es colombiana pero hace tiempo que vive en Argentina. Es artista y trabaja con textiles desde procesos manuales y con una estética minimalista, explorando el tiempo, la repetición y la relación entre fragilidad, estructura, luz, oscuridad y silencio a través de la geometría. Estuvo hace pocos días en la provincia del Chaco para conocer de cerca No¨oxonec - el algodón agroecológico de frontera. “Fui al campo. Llegué justo para el tiempo de cosecha de algodón. Hablé con las familias. Ahora de aquí en adelante deseo que el algodón agroecológico sea mi materialidad”, destacó. Además, en esta charla contó cómo dado un problema de salud creo una técnica para trabajar con las manos y poder bordar. Actualmente expone sus obras en el Palacio Barolo en Buenos Aires.



Por Paulo Ferreyra




La artista es colombiana. Ejerció el oficio de contadora. Sus días allá transcurrían encerrada en una oficina. Para hacer actividad física había probado con yoga, pilates, meditación, cualquier cosa en sus tiempos libres. Nada funcionaba. Así descubrió el tejido, empezó a hacer crochet y se convirtió en su “mindfulness”, según define ella misma. En sus tiempos libres se dedicaba al crochet.


Yuvia desde sus comienzos fue autodidacta. Veía videos en YouTube y seguía las indicaciones. En Colombia están los indios Wayuu en la Sierra Nevada de Santa Marta. Ellos hacen mochilas que son muy conocidas. Esas mochilas Wayuu son artesanías tejidas a mano por mujeres indígenas, renombradas por sus colores vibrantes y diseños geométricos o Kanaas que representan su cosmovisión y naturaleza. Ellas utilizan una técnica llamada tapestry. Todo lo que había en su entorno a Yuvia le sirvía de inspiración. 



Primer quiebre



Desde lejos la vida de Yuvia parecía resuelta. Tenía familia y un trabajo con buena posición social. Sin embargo, en su interior vibraba otra cosa. Algo le faltaba. “Durante varios años ejercí la profesión de contadora. Era muy estresante porque trabajaba en un oficio de hombres en un país machista. El ambiente me abrumaba. En ese contexto decidí darme el tiempo para mi y salir a recorrer Latinoamérica. Tomé mi mochila y salí de Colombia”, así recordó hace unos días sentada en el hall de un hotel en Resistencia. 


Aquel fue el primer gran quiebre en su vida. Argentina era el único país donde no conocía a nadie. En los otros países había algún colombiano o colombiana amiga que la recibía. En nuestro país no conocía a nadie y sin embargo era el país que más quería visitar.


Una vez que salió de Colombia pasó a Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Luego, ya radicada en Argentina pasó por Bolivia, Brasil y Uruguay. En nuestro país estuvo en Capital y durante la pandemia se refugió en El Tigre. 


“Soy colombiana y amo mi país” afirmó Yuvia al tiempo que agregó, “la decisión correcta fue quedarme en Argentina. En mi país no encajaba en nada e incluso en mi propia familia me sentía una extraña. Cuando llegué a la Argentina la primera sensación fue de pertenencia. Personas que no me conocían me ofrecieron cobijo y no me juzgaban por mi aspecto. Aquí cambió completamente la forma en que la gente me hacía sentir y me veía a mi misma, me sentí aceptada así como soy”.



Segundo quiebre



Al comienzo Yuvia vivía en Capital. Justo en la pandemia se fue a vivir a El Tigre. El aislamiento y la cuarentena llevó a que el tejido dejara de ser un hobby para concentrar toda su atención. “Estaba ahí encerrada, sola, no conocía a nadie. En ese contexto el tejido ahí fue el canalizador de mis emociones”, deslizó e hizo una pausa como para repasar en esas palabras. “El tejido fue el canalizador de mis emociones”.


Pasó la pandemia y ocurrieron un par de cosas en el medio. Tuvo un problema de salud donde perdió la movilidad. No tenía fuerzas en las manos así que no podía recurrir al crochet como canalizador de emociones. Al mismo tiempo tenía que estar fuerte desde lo emocional para poder recuperarse.



Tercer quiebre



El problema de salud que sufrió Yuvia significó el tercer y gran quiebre - paso - en su vida. No tenía fuerzas para tomar la aguja de crochet. Entonces empezó a tomar los hilos y hacer tejido con sus manos. Sin aguja empezó a trabajar y crear una técnica propia. 


“Lo que pude crear es una técnica con hilo tensado. ¿Qué diferencia hay con otras técnicas? Esta se basa en tener un punto de anclaje al comenzar y uno al finalizar. Todo el resto se hace sobre tensión pero si se suelta un poco el trabajo se desbarata todo”, explicó Yuvia. Esta forma de trabajar le permitió ir probando hasta donde podía trabajar las fuerzas de sus manos. Este fue el recorrido que la llevó a una transformación profunda, expansiva y con perspectiva de artista. 


Minimalismo y anclaje social


Desde hace poco Yuvia pisa fuerte en el terreno de las artes. La principal característica de sus obras es el minimalismo. “Mi vida minimalista está reflejada en mis obras Mis obras son minimalistas. Es mi forma de vivir, en mi casa hay pocos colores, pocos tonos y escasa materialidad. Para las obras uso hilados de algodón”, explicó.



Otra gran característica de las obras de Yuvia es el hilo de algodón. Cuente que el hilo resiste la tensión con la que trabaja. Como todo lo que emprende Yuvia decidió darle un marco académico y empezó a estudiar en la Universidad Nacional de las Artes. Este año se gradúa. A mitad de año presentará su trabajo de grado. 


En El Tigre había conocido hilados de algodón natural. Ella siguió profundizando y así conoció No¨oxonec - Agroecología de frontera del Chaco. “Con todo lo que hago siempre busco que tenga un anclaje social”, aclara Yuvia. Mientras hacía sus obras de arte pensaba en eso y así fue que buscó contactar a la Fundación de Red de Salud Popular Carrillo. 


Hace un par de semanas la artista estuvo en la provincia del Chaco y viajó a Pampa del Indio. Visitó algunas familias.  Justo llegó en tiempos de cosecha así que pudo ver de cerca la cosecha de algodón agroecológico. Conversó con algunas familias.  “Sentí una conexión total con lo que busco transmitir en mis obras”, subrayó. “Mi trabajo final de la universidad quiero hacerlo con este hilo de algodón chaqueño”.



Silencio 


En las obras de arte de Yuvia se puede percibir la fragilidad y al mismo tiempo la fuerza que representa el hilo tensado. Pero más allá o más acá frente a la obra está presente el silencio. Ella pasó de esa primera aprobación de su arte en el círculo de amigos y familiares a exponer para el público en general en el Palacio Barolo de Buenos Aires. En los próximos meses vienen más muestras e incluso ya habrá una exposición en Europa.


“Cuando estoy haciendo las obras puedo quedarme durante horas y mi cabeza detiene el ruido que sea. Todo el estrés o un mal día o pensamientos se apagan completamente cuando estoy creando. A todo esto ahora le sumo un trasfondo social porque mis hilos hablarán de las familias chaqueñas”, destacó. Después de su visita a la provincia del Chaco Yuvia sostuvo que ya no tiene dudas de que el algodón agroecológico será su materialidad. 


“Desde que estoy en Argentina no deja de sorprenderme la unión que hay en determinados sectores de la sociedad. Hablando con Alejandra Gómez le decía que aquí en el Chaco hay una entrega muy importante. Esa entrega va más allá del hecho de las familias trabajando juntas, más allá del trabajo del algodón agroecológico, hablo de esa unión que hay de todas estas personas por un bien común. Ha sido una experiencia muy profunda conocerlas de cerca”, dijo Yuvia y sus palabras reflejan alguien quien fue tocada en su corazón.


La poeta chaqueña por adopción, Ana María Donato escribió alguna vez: el tejido de las horas va diseñando el señorío de tu ser. Casi literalmente fue así en el caso de la artista, las horas y el tejido son una sola cosa. Yuli Viviana Arenas es Yuvia. “El arte - el hilo en particular - me permitió volver a vivir con todo lo que eso significa. Llegó el arte y encontré luz en mi vida. Recuperé mi vida gracias al vínculo que tengo con el arte y eso es lo que trato de mostrar en cada obra”. 


 




viernes, 3 de abril de 2026

Juan Mora: “Al piano lo elegí o me eligió como destino de vida”

 


El miércoles 8 de abril, a las 21.30, Juan junto a Coqui Ortiz y Paloma Ortiz presentará Piano y Canciones en el escenario del Complejo Cultural Guido Miranda. Este año vuelve el ciclo “Preludios en el Bösendorfer”. En esta charla el pianista y compositor habla de su relación con el instrumento. Además, adelantó por dónde girará la propuesta musical que están preparando y aseguró que interpretará temas suyos como Volviendo en flor, Guirnaldas y La huida de la tarde, entre otros.


Por Paulo Ferreyra



“Vos sabés que sin querer aprendí desde adentro de la canción cómo es la música. En la escuela primaria en Las Palmas había un piano vertical. La maestra de música, la profesora Graciela, tocaba y las clases de música se daban con las canciones que nos iba enseñando. Era un ambiente lleno de música”, así recordó en una oportunidad Juan Mora cuando hablamos de sus primeros años.


Hace ya bastante tiempo que dejó su pueblo para vivir en Resistencia, donde estudió el profesorado de matemática y después pasó a estudiar música. Esta semana nos comunicamos por teléfono, cuenta que cuando tiene un tiempo libre vuelve a Las Palmas, donde los cielos o la vista se ensancha por doquier y la familia viste el paisaje. 


“El piano en una definición muy literal es el instrumento de mi vida”, desliza y hace una pausa. Busca en algún lugar palabras para amplificar su posición y lentamente va abriendo ese camino que lo hizo el eximio músico que hoy conocemos. Viene de una generación que respiraba y respira música. Su mamá tocaba el piano. Sus abuelos eran grandes melómanos quienes escuchaban música clásica y folclore argentino. Su padre es de Luque, Paraguay, también amante de la música y abrió el abanico sonoro de Juan desde muy pequeño.




“La música se metió en mi vida. Al piano lo elegí o me eligió como destino de vida. El piano está en vida desde siempre y no puedo dejar de tocar. Es un vínculo hermoso en la vida”, afirma y sonríe, feliz, casi como si alzara las manos y  sus dedos hicieran pasajes de hormiga entre las teclas blancas y negras.


Preludios en el Bösendorfer


Durante la charla Juan hace memoria y recuerda que por el ciclo Preludios en el Bösendorfer pasaron artistas y compañeros suyos muy queridos. Los nombres llueven con Mauro Siri, Diego Cubilla, Seba Ibarra, entre otros. Para Juan la propuesta es hermosa, “aquí la sorpresa es la ronda. La propuesta es tocar en el escenario rodeado por el público, donde se puede escuchar de cerca los armónicos, las cuerdas y la madera del piano. Suena distinto el piano cuando está microfoneado a tocarlo limpio y estando tan cerca”, afirmó. 


Juan tiene alas en las manos.


En el último año la propuesta de Coqui Ortiz, Paloma Ortiz y Juan Mora tuvo dos noches pletóricas de canciones y emociones. Ahora volver para Juan representa una alegría enorme. Sentarse frente al Bösendorfer es algo casi codiciado en el país, ya que es un piano muy valorado tanto dentro como fuera de la Argentina.


Juan estudió en un piano vertical alemán que su abuelo le regaló a su mamá. Tocó además muchos otros pianos, como por ejemplo el Yamaha que está en el Teatro Vera, en Corrientes, tocó el piano Stenway en Café Vinilo en Buenos Aires, entre otros pianos de otras provincias. Pero el piano del Guido Miranda tiene una sonoridad muy particular. “Las teclas tienen peso, pero a la vez son livianas, uno se desliza con mucha fluidez y la caja sonora tira unos armónicos que hacen un sonido único. Este piano es muy particular y tiene un sonido casi perfecto”, explicó Juan. 



Coqui Ortiz en uno de los conciertos lo había contado como si fuera un chiste, pero era cierto que Juan iba temprano a ensayar. Cuando terminaba el ensayo Juan seguía tocando, recibía al público y después tocaba el concierto completo. Queda claro que le fascina tocar este piano en particular.



Tiempo de mostrar las obras


“Coqui Ortiz es un artista único por la calidad de sus letras y la calidad de sus melodías. Además, es un agitador cultural y así como hicieron sus mayores él también nos invita a crear nuestras propias canciones”, así explica Juan cómo se abrió paso a la composición. Coqui Ortiz siempre lo anima a componer y hace tiempo lo viene haciendo.


Las composiciones de Juan Mora salen a la luz en las rondas de mates, en los ensayos, pero siempre para la intimidad de los amigos. De hecho ya tienen composiciones juntos con Coqui. Ahora en este ciclo de Preludios en el Bösendorfer Juan Mora tentrá espacio para mostrar sus composiciones.


El miércoles 8 de abril Juan interpretará temas suyos como Volviendo en flor, Guirnaldas, La huida de la tarde, entre otros. “Hay canciones que toqué el año pasado y que me acompañan hace un par de años. Estas canciones han hecho un recorrido íntimo y ahora gracias a la generosidad de Coqui salen al escenario”. 


Al hablar de sus influencias en la composición Juan dice que todo está cerca. Los amigos que fue haciendo a lo largo de su trayectoria han influenciado notablemente en sus creaciones. Hace una pausa y la danza de nombres comienza por el propio Coqui y se ensancha por artistas como Carlos Negro Aguirre, que es su gran referente en el piano junto a otros músicos creadores como Fandermole, Juan Quintero, Matías Arriazu, Patricio Hermosilla, todos ellos dueños de un estilo donde se respira una identidad sonora muy fuerte. Claro, en estos artistas los géneros musicales no son estructuras rígidas sino que están permeados por un horizonte común: la búsqueda de la propia voz.




Coqui y Paloma


Es inevitable hablar de Coqui y Paloma. La noche del miércoles estará florecida por las interpretaciones de dos voces importantes de la música.


Hace algunos años Juan y Coqui se encontraron en una cancha de fútbol. Había muchos músicos en aquel partido. Después se volvieron a encontrar en un estudio de grabación donde grababan para otro artista. En ese vaivén de encuentro Coqui lo invitó a su casa y así nació su amistad. 


“Recuerdo que tenía un poco de vergüenza porque para mi Coqui estaba en un mundo inalcanzable. Le tengo el mayor de los respetos como amigo y como músico. Ya llevamos casi veinte años juntos y lo considero un compadre, toda su familia es mi familia. Tenemos canciones juntos y eso habla de su generosidad. Él escribe muy bien y es un gran melodista. Él puede hacer todo solo y sin embargo decide compartir y permite hacer algo colectivo”. 


Al hablar de Paloma Juan también tiene solo certezas, “es un gran artista. Uno puede ser cantante, técnicamente andar bien, pero después tiene que tener lo otro, ¿cómo digo este texto en una canción? ¿cómo hago sentir y vivir al público el espíritu de esta canción? Ese decir, esa manera de interpretar las canciones Paloma las tiene y sabe como conectar la canción con el público". A las apreciaciones de Juan habría que agregar la relación que establece Paloma con las canciones que elige interpretar, alguna vez en una entrevista expresó que las canciones trasluz sus ideales.


Juan lleva desde hace más de seis o siete años un proyecto musical con Paloma Ortiz. Manifestó que este año tiene muchas ganas de materializar este proyecto con la grabación de un disco. “Hace tiempo que venimos amasando las canciones. Ojalá lo podemos grabar este año”.


Entre el amor y los temas sociales


El miércoles 8 de abril, a las 21.30, Juan Mora junto Coqui Ortiz y Paloma Ortiz presentarán Piano y Canciones en el escenario del Complejo Cultural Guido Miranda. El ciclo “Preludios en el Bösendorfer” tendrá por tercera vez la presencia de este trío que en esta ocasión ofrecerá un repertorio que irá de las canciones de amor a las canciones de contenido social.


Hay muchos autores que soñaron un país para nosotros. Desde ese lugar abordaremos las canciones”, sintetizó Juan al tiempo que no quiso adelantar ningún título. Lo cierto es que estarán ahí las voces de Coqui y Paloma, la música del piano de la mano de Juan. Será la ocasión para ponernos frente al espejo de agua que es la canción, entre el amor y los temas sociales.