El biólogo y botánico junto a la escritora Clara Obligado escribieron el libro Un árbol de compañía . El libro nos sumerge de manera única y entrañable al mundo de los árboles, pero además aborda temas como la amistad, la escritura, la infancia, la soledad, la compañía, la ternura, entre otros temas. Raúl y Clara hicieron varias presentaciones del libro en Argentina, en el medio hablamos con Raúl por teléfono. Entre otras palabras expresó, “creo que la ternura y la generosidad es lo que nos va a salvar como especie. Si hemos llegado hasta aquí es por la cooperación y no por el enfrentamiento. Sin embargo, cada vez nos cuesta más ser tiernos y ser generosos”.
Por Paulo Ferreyra
— Quiero empezar esta charla por una frase tuya, "la naturaleza me salvó", ¿Cómo? ¿Por qué?
— La naturaleza en una época de mi infancia pues era casi la compañera más atenta hacia mí que tenía. Creo que dedicarme a contemplar sobre todo las plantas y el misterio de la botánica siendo niño me ayudó a no sentirme tan solo. Quería conocer que era todo aquello que estaba viendo, tantas hojas distintas y tanta floración diferente. Recuerdo que me apetecía ponerle nombre. Quería saber cómo se llamaba cada una de ellas y así comenzó esta pasión botánica que con la edad terminó haciéndome biólogo.
— Ahora visitaste Argentina y viste nuestra naturaleza. Emulando aquella niñez, ¿Pensás que los argentinos estamos salvados con tanta diversidad y riqueza natural?
Deberían estarlo. Desde luego.
Entre los lugares que visitamos fuimos a la provincia de Misiones. El primer día fuimos a la reserva del Teyú Cuaré en San Ignacio. En ese lugar pudimos contemplar desde un alto la selva del río Paraná.
Estar ahí, mirar la selva y no ver finitud, es decir, no ver el fin para mí fue muy emotivo. Esa selva convoca al asombro. Al estar ahí tuve una reacción de agradecimiento. El hecho de poder decir - "Estoy viendo esto. Estoy aquí".
Hay un libro de un pensador y filósofo español, Ortega y Gasset que escribió Las meditaciones del Quijote. Creo que lo citamos en Un árbol de compañía. Ortega y Gasset hace una reflexión en la que se pregunta -¿cuántos árboles forman una selva? y se responde a sí mismo diciendo que la selva la forman los árboles que no vemos. Es decir, cuando tú no eres capaz de ver el último árbol de una selva es que esa selva tiene unas extensiones desproporcionadas en el buen sentido.
A pesar de los cortes y de las talas que ha sufrido la selva al día de hoy creo que Argentina debería estar muy agradecida con su patrimonio natural. Debería conservarlo, recuperar lo perdido y salir mucho a disfrutarlo.
“Los árboles no nos necesitan para nada”
Clara Obligado compartió hace poco tiempo partes de las preguntas que la guían, ¿Qué somos los humanos? ¿Cómo podemos sobrevivir con lo que estamos haciendo? Algunas respuestas tiene y las expresa en su libro Todo lo que crece. En nuestra charla afirmó "nosotros somos la naturaleza, igual que una planta e igual que una lagartija. Somos naturaleza. Lo que pasa es que nos ha gustado separarnos y considerarnos en otro lugar. Sin embargo, somos lo mismo. Seremos destruidos por las mismas fuerzas. Tenemos que aprender a pensarnos como parte de la naturaleza”.
La escritora Clara Obligado y el biólogo Raúl de Tapia escribieron junto el libro Un árbol de compañía. El libro ya está disponible en librerías por el sello Páginas de Espuma. Su belleza mueve a los lectores en diferentes horizontes.
Hace unas semanas charlamos con Raúl sobre algunos tópicos que aborda este libro. Antes de continuar con estas líneas de preguntas y respuestas hablamos con Raúl sobre esta compañía que tenemos con los árboles. Nosotros los necesitamos. Ellos no nos necesitan.
“Los árboles llevan existiendo miles de años antes que nosotros y no nos necesitan absolutamente para nada”, sostiene y sus conceptos son claros, precisos, entrenados para ir directo a la raíz. Para dar un ejemplo, todo el ciclo vital de un árbol lo desarrolla con todo lo que lleva puesto porque los vegetales y los árboles no se pueden mover. Entonces, todo su ciclo de vida lo tiene que hacer real con lo que viene dentro de una semilla.
Entonces, nosotros somos ajenos a toda esa información, a todas esas estrategias y destrezas que tiene el árbol. Lo que ocurre es que nosotros necesitamos los árboles de una manera diaria.
Raúl se dedica a restaurar paisajes porque es necesario para cubrir las carencias de oxígeno, de paisaje y de las cosas más naturales de la vida. Ahora bien, tanto no nos necesita la naturaleza que si la humanidad no la recupera ella lo hace sola.
Raúl trae otro ejemplo, la ciudad de Prípiat. Es la ciudad que estaba cerca de Cherrmobyl donde explotó el reactor nº4. Esto ocurrió a mediados de los años 80. “Los únicos que no podemos vivir allí somos nosotros - dice Raúl - Ahí murieron un montón de especies, tanto de flora como de fauna. Luego se han ido adaptando, tienen un montón de problemas genéticos pero allí siguen viviendo. La naturaleza no tiene prisa y no tiene esa urgencia que tenemos nosotros”.
Me quedo rumiando en el hecho de la compañía. Nosotros necesitamos a los árboles, pero ellos no nos necesitan para nada. Hay un tema titulado Life is Golden de la banda Suede. Su letra es desgarradora. El videoclip oficial de este tema nos muestra justamente imágenes de Prípiat. El video es tan doloroso como hermoso. La muerte y la vida en un mismo plano.
“El árbol es indiferente a nuestras necesidades”
— Me quedo en esto de la compañía con una cosa más. Algo propio de la compañía es el abrazo, ¿es necesario abrazar al árbol?
— El árbol es bastante indiferente a nuestras necesidades. No es que sean seres apáticos o maleducados. Pero ellos tienen sus necesidades cubiertas por otro lado.
En mi caso - la humanidad - si necesito de la compañía de los árboles. Ahora mientras hablamos por teléfono estoy en Buenos Aires, en estas veredas hay jacarandás y el verde se expande. Este verde. Yo nunca vi una ciudad con tantos árboles ni de estos tamaños.
Buenos Aires tiene un diseño gracias a Carlos Thays que es excepcional. He estado en 14 o 15 países y nunca vi una ciudad con ese nivel de desarrollo de los árboles. Las calles son bóvedas arboladas. Nosotros necesitamos ese día a día y esa realidad arbórea.
La compañía que generan es tremenda. Pero sin irnos a una gran superficie, el hecho de que tengamos cada uno de nosotros un árbol de compañía, un lugar donde sentarnos a leer, donde nos sentirnos acompañados, el disfrutar de su sombra los días de calor. Esa es la provocación que buscamos con el libro. Que la gente busque un lugar, mucha gente que viene a las presentaciones o que está leyendo el libro nos dice que ellos tienen ya su árbol de compañía desde hace tiempo porque era el árbol de su abuelo, de su abuela, de su padre, de su madre o un árbol que plantaron para su hijo o su hija. Es decir, hay parte de su biografía que ya está asociada a un árbol. Para los que no tienen todavía ese placer los invitamos a que lo tengan.
— ¿Cómo es tu trabajo con los árboles siendo un científico?
— Al final para mí se me disocia el cerebro científico y el cerebro humanista. Es decir, tengo esa parte como biólogo y científico en la que soy capaz de tener ese gozo intelectual que decía un autor, Jorge Wagnersberg, en el que el conocimiento te hace disfrutar de una manera tremenda de lo que descubres. Hablo de las cosas que son capaces de hacer los árboles.
Luego está toda la parte humanística, el arte, la poesía, la música y lo que han creado los pintores sobre los árboles. Veo un olivo y veo a Van Gogh, por ejemplo. Creo que esa es una realidad absoluta. No puedo pensar en la solidaridad entre los árboles, entre ellos y su conectividad sin pensar en Benedetti, en su poema acaso serán los árboles solidarios entre ellos. Es decir, creo que hay que acercarse a los árboles bajo esa y permíteme la expresión, bajo esa visión borgeana del aleph. Es decir, los árboles son todo a la vez.
Los árboles son ciencias, son poéticas, son pinturas, son música, son escultura y eso es lo que nos permite ser humanos. El hecho de que no lo vemos solo como un recurso natural para utilizar sino que también un recurso cultural. Ahora mismo estoy justo detrás del cementerio de la Recoleta. Si yo te digo ciprés, no vas a pensar en una conífera de porte columnar y hojas imbricadas. Sino que vas a pensar en el símbolo del ciprés dentro de un paseo en un cementerio. El árbol tiene esa carga religiosa o espiritual muy grande.
Entonces, como humanos tenemos esa virtud y tenemos ese privilegio de poder disfrutar los árboles en la medida que nosotros queramos.
— ¿Qué son las aves para los árboles? ¿Es imposible concebir uno sin el otro?
— Son aliados. Primero porque muchas aves distribuyen las semillas de los árboles. Es decir, es la manera que tiene el árbol de desplazarse, solo se desplaza cuando la semilla va en el pico o en el aparato digestivo de un ave. A la vez son protectoras porque les libran a los árboles de muchas plagas y de muchos insectos que se dedican a alimentarse de sus hojas.
Entonces, las aves por un lado son esa mirada cómplice del árbol, pero también las aves son uno de los mejores frutos del árbol, hablando ya desde un punto de vista lírico. Hay una expresión de un poeta que dice que donde hay sabia hay canto.
El hecho de tener árboles te genera un paisaje sonoro y una acústica determinada de tus días. Entonces, si no tuviéramos árboles y aves la cantidad de poemas que no habrían existido, o la cantidad de libros que quedarían en el limbo, la cantidad de piezas musicales y así tantas otras cosas. Sin árboles y sin aves habría partituras vacías.
Entonces, el árbol necesita las aves, las aves necesitan de los árboles y nosotros necesitamos ambos.
— Tuviste que abrir las puertas de tu intimidad para hacer este libro. ¿Cómo viviste y cómo vivís eso todavía?
— Para mi fue un ejercicio de desnudea, sinceramente. Lo que ocurre es que Clara y yo llevamos desde que comenzamos a escribir dialogamos de manera constante, es decir, a día de hoy lo seguimos haciendo cuando ya publicamos el libro.
Sé que vamos a seguir dialogando.
Desde un comienzo se generó confianza para que la escritura fuera más orgánica y fuera más sencilla. Con mucho diálogo fuimos ganando confianza entre los dos. Fueron surgiendo pues preguntas porque Clara es muy buena preguntando. Ella supo tirar de un hilo que yo creía que me iba a venir bien soltar parte del lastre, es decir dejar ahí escritas unas cuantas cosas que seguramente ha sido bueno expresarlas. Sanar algunas heridas, dejar algunas cicatrices al aire para que se curen. Pero los primeros días lo recuerdo de forma dura e incluso a veces trágica. Había recuerdos que no quería volver a tocar porque no tenía ninguna necesidad.
— Ya que estamos en este terreno del diálogo, otro tema que abordan en el libro, ¿feliz navidad o feliz solsticio?
— Creo que es de las pocas veces que nos tironeamos con Clara. Ella insistiendo, "Por favor, escribe esto” y yo diciéndole: "Que no, que no quiero escribir sobre la Navidad”. En todos nuestros diálogos siempre primó el respeto y por ello terminé cediendo.
La Navidad es un solsticio. Ahora se cuelgan bolas de adornos en los árboles, en los pinos, en los abetos, en el árbol que utilicen. En cambio, antes se colocaban manzanas para celebrar el fruto en las cosechas. Es decir, se está celebrando un cambio de ciclo en las navidades.
¿Cuál es el problema? Que en estos tiempos en las navidades se ha convertido en un objeto de consumo. Ahora las Navidades se trata de comprar y vender. Parece que lo importante es comprar, gastar y olvidarse de lo que realmente significaba ese solsticio.
Tenemos que ser conscientes de que hemos hecho un viaje tremendo alrededor del sol. Tenemos que volver la mirada sobre los cambios que se han producido y que seguimos vivos. A bailar bajo los árboles y celebrar el solsticio.
“La ternura y la generosidad nos van a salvar”
El libro nos trae mucha información de los árboles, sobre qué significa la amistad e incluso reflexiones sobre la escritura. Muchas otras cosas más. Además, nos recuerda lo importante que es la ternura. En estos tiempos que corren donde la ternura parece un valor en baja.
“Creo que la ternura y la generosidad nos va a salvar como especie. Si hemos llegado hasta aquí es por la cooperación y no por el enfrentamiento”, agrega Raúl. Hablando de este tema, él recuerda que escribió una vez un texto que no salió en ningún sitio. “Había sufrido un daño en los en los ojos porque me saltó un líquido. Fui a urgencias del hospital en mi ciudad. En la sala de espera había un abuelo y una abuela de pueblo que se les veía en el aspecto con más de ochenta años. El abuelo estaba tumbado en una camilla. La abuela lo estaba sujetando las manos porque le había dado un ataque al corazón. En un momento dado la mujer le acarició el pelo, un pelo grasoso y espinado. Apoyaba la mano y lo miraba. Ahí vi la ternura original.
“Creo que es el gesto más tierno que he visto en mi vida. Me emocioné y me saltaron las lágrimas. El hecho de que el lacrimal se me soltara me ayudaba a limpiar mis ojos. No se me va a olvidar nunca esa imagen de esa ternura tremenda y creo que tenemos que fijarnos mucho en la ternura del día a día. Hay mucha ternura en las calles, muchísima, muchísima, muchísima”.
La voz de Raúl se apaga en el grabador.
Fui a una plaza a terminar estas líneas. De repente se cubre el cielo y comienza a llover. Me resguardo. Se desdibujan los límites del cielo, la plaza y la tierra. Las palabras de Raúl crecen como la lluvia. Ya no sé si estoy soñando o en mis ojos se ensancha en una vertiente. Hay ternura en las calles y en la literatura de Raúl y Clara. El eco de las palabras de Raúl vuelve, “hay mucha ternura, muchísima, muchísima, muchísima”.




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