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viernes, 27 de agosto de 2010

Es bueno extrañar


Tilo Escobar estuvo en el mes de agosto por corrientes, fue en el marco del festival chamame de invierno. Hablamos de las bailantas chamameceras, de su gusto por el baile, de sus alumnos y de esa linda sensación de extrañar Palmar Grande, “es lindo extrañar – por que así uno aprende a valorar lo que es”, expresó.



paulo ferreyra
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Viernes por la noche, el frió nos da una tregua y el clima aumenta ahora con la presencia de los músicos sobre el escenario del Teatro Vera. Waly García y Roberto Romero ensayan lo que será su primera presentación tocando a dúo de piano. Nosotros aguardamos por Tilo Escobar. El acordeonista marca su presencia con una silenciosa sonrisa que pareciera una extensión más de su rostro.


El festival de invierno de chamame no altera ni enloquece a los boleteros, que están preocupados por otro espectáculo. Sin embargo este viernes el tránsito de músicos por el coliseo se intensifica a cada instante.

Tilo Escobar nació en un pueblito muy cercano a la capital correntina, Palmar Grande, el menor de siete hermanos no pudo ni quiso esquivar el destino de su familia, comenzó a tocar la guitarra hasta que después probó el acordeón, ya nunca más pudieron separarse.

“Era gurí cuando me fui pa Buenos Aires”, nos cuenta. Allá conoció a Blasito Martínez Riera y durante dieciocho años anduvieron juntos. Recorrieron cada bailanta chamamecera que es “imposible nombrar a todos”, sentencia con una sonrisa.

En la década del 70 participó del film “la colimba no es la guerra”, junto a Blasito, Elio Roca, entre otros. Tilo escobar ya grabó más de diez discos como solista y tiene registrado más de doscientos temas. Le apodan “el maestro”, y su fama se extiende a razón de la innumerable cantidad de alumnos que se acercaron a fundarse en el arte de ejecutar el acordeón. “Enseño a los chicos, como a Santiaguito Ávalos, que ahora está tocando con los Hijos de los Barrios, son alumnos míos que empezaron cuando eran muy pequeños”.

Estilazo correntino, caballito de batalla, no me afloje compañero, yagua correntino, entre otros tantos temas figuran en su repertorio. Si bien este festival se vendió como tal debería haber sido “concierto de invierno”, pues ya en la conferencia de prensa cuando se anunció este espectáculo se manifestó la necesidad de crear espacios para escuchar chamame. “La música va evolucionando constantemente, el chamame puede estar en la bailanta, en el anfiteatro y aquí en pleno teatro, brindado su cadencia y su pureza”, sostuvieron desde la organización.

Estamos ubicados en el balcón interno del teatro, Tilo Escobar llega con un cable en la mano, “es para el micrófono del acordeón”, dispara antes de cualquier pregunta. Su representante lo acompaña por donde quiera que vaya, ambos saludan y tras un breve gesto de caballeros el hombre de traje nos deja sólo. Tilo es de media estatura, su piel oscura y su decir es pausado y cadencioso, casi como si estuviera tocando una melodía chamamecera.

-Tus visitas por corrientes son muy escasas, sentiste algo especial cuando te dijeron para venir a tocar en el teatro vera.

Aquí es la primera vez que voy a tocar. Hay como un cosquilleo cuando pase hoy por el teatro y veo la cartelera – Tilo Escobar. Que lindo. Muy lindo recuerdo me llevo de todo lo que esta pasando. He venido a los festivales grandes de Corrientes, como puede ser el Anfiteatro Cocomarola. Es la primera vez que vengo al teatro y estoy muy contento, agradecido de que se hayan acordado de mí. Ya estamos con ganas de hacer escuchar nuestra música.

-Hoy seguramente habrá un palmareño en la sala.

Ojalá, Dios quiera que sí. Estamos cerca, creo que son como cien kilómetros. Voy a dedicarles mis temas. Los temas que son muy tradicionales de nuestro chamame, “Sapukái pucu”, sé que acá se difundió mucho mi primer disco cuando salí del conjunto de Blasito. Entre otros no van a faltar “estirazo correntino”, “Mby Tata”, “No me afloje compañero”, “El tero”, “Caballito de batalla”. “Medallita milagrosa” un chamame que hicimos para la virgencita de Itatí con Martín barrios. “Jamás te podré olvidar”, entre otros tantos chamame añejos.

-Aquí siempre se habla de que tocas en Buenos Aires en las bailantas chamameceras.

Permanentemente estoy en los bailes, donde están todos nuestros hermanos compoblamos de toda la provincia, también gente querida de Santiago, Chaco, Misiones. De muchas provincias de Argentina. También me dedico a enseñar la música, enseñar a los chicos como a Santiaguito avalos, que esta ahora con Los Hijos de los barrios, son alumnos que empezaron siendo muy chicos.

-Te gusta más que la gente baile o que te escuche.

A mi me gusta que la gente baile, o que me escuche también, no?. A veces es lindo ver a los bailarines entonces el músico se concentra. Cuando la gente baila uno se une y va buscando la melodía que le gusta al público, hay melodías que son muy bailables. Me gusta que la gente baile. Mi música es para bailar.

-Tuviste la oportunidad de tocar con muchos maestros del chamame, ¿te parece que la música tiene ese algo de guaraní que dicen?

El chamame tiene ancestros guaraní, esta región esta poblada por el espíritu guaraní, hoy eso trasciende a los aborígenes. Anduve dieciocho años con Blasito, conocí a Isaco, a don Transito y Cocomarola. Fui mirando y aprendiendo mucho de esa gente que tenía algo especial.

-En ellos la alegría también parecía un sello.

Es que cada músico transmite sus sentimientos. El músico tiene que transmite algo al público, a la gente que lo está escuchando. Por simple que esto parece a veces no se puede dar. El público escucha, mi acordeón tiene que sonar para que la gente escuche, tiene que gustar y si no gusta el músico queda mal. Es como nuestro Messi, aunque sea el mejor jugador del mundo y haya jugado bien el mundial pero no metió ningún gol, entonces para nosotros fue casi un fracaso.

-¿Conociste a Isaco, pudiste tocar con él?

Quizás hubiera sido lindo tocar con él, no lo se. Tuve la oportunidad de cebarle unos mates en Posadas. Así como estamos nosotros, sentadito los dos, yo curioso y humilmente le preguntaba cómo era que sacaba esos sonidos tan espaciales del bandoneón, el me miró y me dijo - “mi hijo, yo co aprendí de ustedes los acordeonistas”. Era un tipazo, muy lindos recuerdos tengo de él. Ellos son nuestros ñande jara, uno siempre se remonta a los músicos buenos.

-¿Cómo es tu relación con el acordeón?

El instrumento es un compañero, me acompaña cuando estoy sólo. Continuamente les digo a los alumnos que tenemos que hablar con el instrumento. Con el mismo entusiasmo del músico a veces uno lo trata mal al instrumento. Entonces después hay que hablar con el instrumento, hacer las pases, es un misterio todo. Siempre admire a Ernesto Montiel, Roque Luís González, qué sentimientos, qué relación tienen con el instrumento, uno va aprendiendo de esa gente.

-Cuando empezaste los jóvenes tomaron la posta del chamame, sentís que hoy sigue pasando lo mismo.

Últimamente el chamame es el folclore que esta gustando. Éramos medio marginados antes, ahora estamos al frente y hay que seguir luchando, más con los músicos jóvenes. Tenemos muy buenos músicos jóvenes. Los grandes vamos dejando para que ellos ocupen este lugar. Me gusta lo que tocan los jóvenes, la cuestión es que transmitan lo que sienten, eso esta en la sangre y hay que dejar que fluya.

-Hablaste de dedicarle canciones a los palmareños, ¿extrañas?

Es lindo extrañar – por que así uno aprende a valorar lo que es. Porque a veces el correntino se va de acá y allá busca donde hay baile de chamame. Cuando estaba acá no buscaba nada de eso. Pero va allá y busca donde esta la paisanada. En varias oportunidades he visto gente así. Después vienen de Buenos Aires hechos unos chamameceros. Se contagian de nuestra alegría. Tengo ganas de ver a esa gente linda palmareña. Hay que aprovechar el momento que uno esta acá. Sin dudas que se extraña.