sábado, 8 de abril de 2017

"No vivimos de esto pero vivimos en esto"

Días atrás se presentó Juan Pablo Barberán en Cantalicio Bar, "el refugio de los músicos chamameceros", así habían definidos sus mentores Néstor Rojas y Araceli Aponte. Juan Pablo regó de poesía una noche mágica, pletórica de música y palabras. "Siempre estamos renovándonos porque no vivimos de esto pero vivimos en esto así que permanentemente tenemos la cabeza y el corazón en estas cosas", aseguró Juan Pablo Barberan.

por paulo ferreyra
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Foto Juan Pablo Lecinas


Cerca de las 22 horas el público ya había colmado las instalaciones de Cantalicio Bar. Al igual que en otras oportunidades las únicas mesas que quedaban vacías estaban reservadas y esperaban a sus ocupantes. En la recepción hay sonrisas, buen trato, mientras dos mozos vestidos de negro caminan a pasos ligeros llevando bebidas o algunos platos a las mesas que ya están ocupadas.


Pasada las 23 comenzó Juan Pablo Barberan con su decir poético chamamecero. Interpretando también algunos clásicos del género y otros poemas de Luis Landrisina. En el repertorio hubo tiempo para una pausa, para vender sus discos y saludar a los amigos que habían llegado. Mientras nos estrechamos la mano le pregunto por unos versos que había expresado en la noche, hace un silencio y desgrana.

"Esta semana me agarró la lluvia caminando por el centro de la ciudad de Corrientes. De repente comencé a tener mucho frió y entonces entré al café literario, a una reconocida librería donde pude sentarme a tomar un café y rodearme de libros. De repente me vi ahí rodeado de libros de poesía, de historia, de cosas magníficas pero no me llenaban. Entonces comencé a escribir: "de qué me sirve Borges, Becquer, si tu corazón palpita lejos y el mío al verte. De qué me sirve Borges, de qué me sirve Becquer sin son tus ojos el poema para habitarlo siempre". Estos versos sirven para hacer de introducción a una canción o también el día de mañana para ponerle música y crear cosas nuevas. Siempre estamos renovándonos porque no vivimos de esto pero vivimos en esto. Por ello es que permanentemente tenemos la cabeza y el corazón en estas cosas", desliza.

La noche se escurre entre sapukái, vasos de vino o cerveza que riegan las gargantas sedientas de los presentes. Hay entusiasmos y las empanadas, las pizas, las picadas ya quedan atrás, la mesas sólo se visten de botellas en un abanico de colores.

Juan Pablo Barberan no improvisa, no hace improvisación. "La poesía esta preparada y masticada de antemano", advierte. "Hoy hicimos cosas que escribí esta semana pero llegué esta noche ya con algo armado y con las ganas de compartir esas palabras con el público presente. Hay gente que hace improvisaciones poéticas que lo hacen muy bien pero no es mi caso", destaca.

Este poeta y decidor mercedeño viene de una familia de recitadores, Chacho y Toto Semhan son sus tíos, hermanos de su mamá. Desde la cuna, desde el ceno familia pasando por la escuela y en los festivales siempre estuvo rodeado y en contacto con la música chamamecera. "Todo empezamos en la escuela. Recuerdo también desde mis inicios la figura y la presencia de Julián Zini, sus palabras, su impronta, todo eso se funde con el decir de Chacho y Toto Semhan", expresa Juan Pablo como intentando dibujar sus comienzos poéticos.

En menos de un año, Cantalicio Bar se inauguró a fines del 2016, se ha convertido en un lugar de referencia para los chamameceros de la ciudad de Corrientes. "Este lugar es un refugio para los músicos chamameceros. Al mismo tiempo es más que eso porque el chamame es nuestra manera de ser, de vivir, de disfrutar y de compartir la vida. Este proyecto de Declarar al Chamame Patrimonio Inmaterial de la Humanidad creo que pone un marco importante al gran tesoro que tenemos en esta tierra. Recuerdo que cuando me fui a Buenos Aires pensaba en el destierro que iba a tener sobre esta música chamamecera y sin embargo me encontré con todo un mundo musical abierto y rebosante de vida. Hoy el chamamé tiene presencia nacional", desliza mientras va mitigando la sequedad de la garganta con un vaso de vino.

En esta ocasión Juan Pablo Barberán estuvo acompañado por Marcelo Gauto en guitarra y voz junto a Gabriel Torres en bandoneón. La noche se hacía madura en emociones fuertes. "Estamos emocionados. El repertorio está cargado de emociones y aunque haya cosas que las repita durante cien veces la emoción vuelve como la primera vez. Me sigo emocionando como la primera vez con algunos temas entonces disfruto poder hacerlo y compartir con la gente que hoy nos vino acompañar. Esta noche está repleta de amigos y con un marco especial. Cantalicio es un refugio de soñadores", volvió a sentenciar. Ya sobre el final de la velada se sumaron amigos invitados del poeta como Ramiro Ojeda y Alfredo Monzón.

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