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| Clara Obligado - Foto Isabel Wagemann |
La escritora Clara Obligado tuvo que exiliarse del país tras la última dictadura. Desde entonces escribe y realiza talleres de escritura en Madrid. En esta charla telefónica hablamos de escritura y de sus libros, el puntapié fue Todo lo que crece. Naturaleza y escritura. Sobre la escritura expresó, “la lengua o la escritura es una manera de pensar. Algunas personas piensan a través de la ciencia. En cambio los que escribimos pensamos a través del idioma”.
En la buhardilla había una pared medianera que daba al edificio vecino y que había sido construida allá por el siglo XVII. Liz adoraba ese muro, lo llamaba «la pared de las caricias», no había colgado nada y le gustaba pasar la mano por las minúsculas grietas del tiempo. Allí buscaba inspiración, allí, uno de los tantos días en los que Fernando estaba de viaje, apoyó la espalda. En el acto sintió que, atravesando ladrillos y tiempo, una mano comenzaba a acariciarla.
Este es un fragmento del libro La biblioteca de agua de Clara Obligado. Comenzamos esta charla telefónica con Clara desde Madrid a un punto del litoral. A diferencia del personaje de su libro ella no tiene ese lugar especial en su casa. “Como escritora funciono como mujer. Quiero decir, estoy en cualquier lugar y ese lugar donde estoy es el lugar donde escribo. Soy una escritora de muy pocos rituales. Soy más nómade a la hora de escribir”.
Ella dejó el país en la última dictadura militar. Vive en Madrid desde el 76 como exiliada política. Fue una de las primeras personas que comenzó a impartir talleres de escritura creativa, tanto de manera independiente como en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, el Círculo de Bellas Artes y la librería Mujeres de Madrid, entre otras muchas instituciones. En 1978 fundó el Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado. Clara es autora de las novelas Si un hombre vivo te hace llorar, No le digas que lo quieres, Salsa, entre otros. Ha recibido numerosas distinciones. Escribió en pandemia el libro Una casa lejos de casa. Este es un libro sobre lo que significa ser extranjera. Pasó la pandemia, pasó el tiempo y escribió Todo lo que crece, un verdadero jardín que tiene un optimismo vital. Ahora, por estos días está en el país presentando lo que sería el cierre de su trilogía con el libro Un árbol de compañía, junto a Raúl de Tapia. De esto y otros temas abordamos en esta charla.
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| Clara Obligado - Foto Isabel Wagemann |
— Hace más de cuarenta años que haces talleres de escritura ¿Se puede enseñar a escribir? ¿Qué se enseña cuando se enseña a escribir?
— Creo que todo se puede enseñar. Al ser humano se le enseña a caminar. Se le enseña a hablar. Todo se enseña. Escribir también se puede enseñar. Lo que no se puede enseñar es a ser escritor. Ser escritor es un defecto personal. La decisión de ser escritor es algo que nadie te lo puede enseñar, esa es una decisión. Recomendaría que no tomaras esa decisión. Fuera de eso, creo que todo se puede enseñar, se puede enseñar a leer, a leer y a leerte. Esas dos cosas sí se pueden enseñar.
— ¿Por qué no recomiendas ser escritor siendo vos escritora?
— Justamente, porque conozco la historia. Kafka me parece que decía, "si puedes dejar de escribir, hazlo". Pero el tema es si puedes dejar de escribir. Hay mucha gente, yo me incluyo, yo no puedo dejar de escribir y es mi manera de relacionarme con el mundo. Pero si una de mis hijas quisiera ser escritora yo le recomendaría que haga cosas saludables, le diría que no sea escritora.
— Vuelvo a lo que mencionabas antes, ¿podemos contarnos tres motivos por los cuales no podes dejar de escribir?
— Un motivo es porque de alguna forma escribir me divierte. No me divierte como si fuera a subirme a una atracción de una feria. Pero hay algo que me divierte, el trabajo con la palabra, con la estructura, me divierte y me interesa. Esto para empezar.
Además, me interesa muchísimo la estructura del idioma, la estructura de los textos, es decir estas cosas me interesan muchísimo. Creo que es una manera de pensar. Otras personas piensan a través de la ciencia y en cambio los que escribimos pensamos a través del idioma, de la estructura, de las palabras. Entonces, es muy difícil soltar algo que es tu manera de pensar.
Por otro lado, me parece una forma de vida en algún punto superior. Sin querer ser pedante con esto, eh. Pero hay algo en la escritura que no está en otro lado. Entonces, eso me parece bastante fascinante.
Trilogía
Para Clara el idioma es música. Hace unos años publicó el libro Todo lo que crece. Es parte de un invento triple. En general sus libros se rebalsan. Es decir, escribe un libro y no es suficiente, tiene que escribir otro para seguir. Sus libros se encadenan unos con otros. En su mayoría son cortos pero son encadenados.
Escribió justo con la pandemia Una casa lejos de casa. Este es un libro sobre lo que significa ser extranjera. Pasó la pandemia, pasó el tiempo y escribió Todo lo que crece, un libro que tiene optimismo vital. El tercero salió esta semana en Argentina y lleva por título Un árbol de compañía. Este libro lo escribió con el biólogo Raúl de Tapia. “Estoy muy contenta con este libro. Es un proyecto distinto. Me hacía falta la ciencia para pensar ciertas cosas. Entonces, escribimos los dos juntos y es una aventura bastante particular la que llevamos adelante con Raúl de Tapia”, agregó.
Naturaleza y escritura
— En Todo lo que crece dialogas con varios autores, ¿cuál fue el criterio para seleccionar esos autores y autoras?
— La escritura no es un acto solitario, no es una cosa narcisista para mí. Una escribe acompañada de un montón de lecturas y de personajes que te han dicho cosas y de textos que has leído. La literatura es como un corpus de conocimiento importante. Entonces, a mí me gustaba pensar estos temas con la gente que piensa estos temas y no solo yo. Es decir, si tengo un texto de Emily Dickinson que me lleva a pensar una cosa entonces la cito. Porque en mi imaginario, cuando estoy escribiendo para mí ella es importante, entonces ¿por qué no la voy a citar? Eso por un lado.
Por otro lado, me gusta que los lectores tengan acceso a esas lecturas, es como decir - "Bueno, mira, están estos escritores, los voy a leer - . Me gustan mucho las citas en ese sentido. Como disparador y compañía, son buenos compañeros. Son disparadores para seguir profundizando o para profundizar en un tema. Los veo como disparadores y compañía, son buenos compañeros. Cuando escribo voy conversando con distintos autores, es como si hablara de un tío, de un primo, de un amigo, a mí me funciona igual. Estas personas me acompañan y me hacen pensar. Entonces, ¿por qué no lo voy a nombrar?
— Tenés una mirada profunda con la naturaleza, ¿qué ves ahí?
— Esto empezó con la pandemia, cuando estábamos encerrados y nos estábamos muriendo. En aquel momento no sabíamos qué destino teníamos, sobre todo al principio. En ese momento veía la naturaleza florecer. Tengo una casa con terraza en Madrid y estaba llena de mariposas y de pájaros. Vivo en la Puerta del sol como quien vive en el Obelisco en Buenos Aires. De pronto paramos y en tres semanas la naturaleza ha vuelto con un ímpetu donde todo florecía. Veía ahí a los árboles que con su indiferencia nos van a sobrevivir. Ellos tienen una estrategia de vida mucho más interesante que la nuestra. Entonces, me pareció importante pensarlo.
Además, en Todo lo que crece digo "no somos los hombres y la naturaleza, nosotros somos la naturaleza, igual que una planta e igual que una lagartija". Somos naturaleza. Lo que pasa es que nos ha gustado separarnos y considerarnos en otro lugar, pero eso es un error. Somos lo mismo. Seremos destruidos por las mismas fuerzas. Pero tenemos que aprender a pensarnos como parte de la naturaleza. Para profundizar en este tema estoy estudiando sobre el periodo de la Ilustración.
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| Clara Obligado - Foto Isabel Wagemann |
— Es un tema que da para mucho, ¿vas a seguir profundizando el tema?
— Con Un árbol de compañía no sé si cerré el proyecto. No lo sé. Aunque lo que estoy trabajando sobre la era de la Ilustración está relacionado con las mujeres botánicas. En el fondo, vuelvo a trabajar en lo mismo. Es decir, me vuelvo a hacer la misma pregunta, ¿qué somos los humanos? ¿Cómo podemos sobrevivir con lo que estamos haciendo? Tengo algo en la cabeza y gira, me da vueltas.
— Todo lo que veo se filtra en la escritura. Leemos leo en tu libro, ¿es así? ¿Todo va para la escritura?
— Sí. Últimamente siempre estoy escribiendo. Estoy hace unos años en estado de escritura permanente. Entonces, todo lo que voy viviendo e incluso cuando hago la comida se filtra la escritura. Hay una especie de búsqueda de armonía y una búsqueda de decir que está siempre latente.
Además, entre la estructura de la vida, las lecturas y las clases estoy hablando de literatura sin parar todo el día. Hago literatura todo el día y sin parar, no sabría contar la vida de otra manera.
“Pensarnos como mestizos”
Los libros de Clara - y uno de los motivos por el cual charlamos - es que hace narrativa poética. Todo eso que llamamos novela, ensayo, poesía, aquí son un torrente de agua viva en un solo cauce. A ella no le interesan los géneros tradicionales canónicos. “Me parece que estamos en una época muy mestiza. Me siento una persona sin patria. Difícilmente respondería a una tradición o a un género literario. Me parece que la forma de pensarnos hoy por hoy es pensarnos como mestizos”, sostiene.
Esta postura de vida de Clara la lleva a la escritura. Cuando escribe los géneros literarios se mestizan. Entonces puede haber cosas que se leen como poesía, otras como microficción, otras como ensayo y otras como crítica. Está todo mezclado.
Ella es una buscadora. Sigue buscando y su búsqueda es una búsqueda activa y plena de libertad. “A mí me importaba siempre un pito fracasar o no fracasar. A mí lo que me interesa es buscar. Ese es mi camino. Esta libertad se consigue así, se consigue fracasando. Está bueno el fracaso. Vaya teoría”, deslizó y soltó una sonrisa blanca, sincera, libre. Sus palabras cobran fuerza cuando ella misma revela algunos de sus fracasos: Tener que irse de Argentina en la dictadura, el hecho de ser mujer, el hecho de tener que defender su espacio porque sino no funciona, el hecho de ser emigrante, entre muchas otras cosas.
La Esperanza
Volvemos al libro Todo lo que crece. En un fragmento dice me permito habitar ese gran error que es la esperanza. Para ella es muy atrevido tener esperanza. Tal y como está el mundo, tener esperanza es atrevido. “Me parece que si no apostamos por la esperanza, sea lo que sea la esperanza, si no apostamos por una utopía positiva o algo que nos saque del lugar donde estamos, nos va a costar salir en serio. La única forma de tirar hacia adelante es confiar en una utopía positiva. Aunque a veces nos desanimamos y digamos "Uy, Dios mío”. “Qué difícil”. Pero si nos dejamos y pensamos que es imposible, ahí estamos perdidos en serio”, reflexiona.
— Creo que hay que trabajar en el punto de vista de la esperanza y la creación de un pensamiento utópico a partir de la esperanza. Ese es mi punto de vista.
— Si tuvieras que nombrar una cosa que te ayude a alimentar esa esperanza, ¿cuáles serían?
— Millones. Millones. Esta charla o pasear o ayer hice una cena en mi casa porque terminamos un curso y las conversaciones que fuimos creando me cargaron de esperanza. La naturaleza en sí misma y lo bonita que es. La lectura. Hay millones de cosas que son razones para la esperanza, estar viva. Me fijo en esas cosas. Prefiero fijarme en las cosas que me ayudan a construir un pensamiento utópico.




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