sábado, 1 de octubre de 2016

"La música es una extensión del amor"

"Para mí no hay diferencias a la hora de tocar en un escenario. Trato de simplificar las cosas. Yo toco para personas, todas las personas sabemos querer. Sabemos amar. Tenemos necesidades y deseos. Tenemos hijos. Entre todas las comunidades, hombres y mujeres del mundo hacen los hijos de la misma manera, entonces el sentimiento de amar y no amar es el mismo en los hombres". Esto cuenta Raúl Barboza en un tono amable, apacible, cansino, sonriente mientras comenta que estará el 6 de octubre en la Peña Nativa Martín Fierro de Resistencia, Chaco. El encuentro es organizado por Walter Bordón y su productora Sin Etiquetas Producciones.

paulo ferreyra
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Días atrás estuvo Raúl Barboza por Corrientes en el marco de un concierto organizado por el Instituto de Música local. En la antesala de su masterclass le robamos unos minutos para hablar sobre su presentación en la Peña Nativa Martín Fierro el próximo jueves 6 de octubre a las 21.30 horas. "Voy al Chaco porque tengo muchos amigos en esa provincia. Estaré con la inestimable colaboración de Roy Valenzuela que toca el bajo, Nardo González que toca la guitarrista y también vendrá Cacho Bernal quien ejecuta la percusionista.



"Yo decido ir al Chaco porque tengo mucho amigos en esa provinca. Estoy leyendo ahora un libro de un poeta chaqueño - la esposa del poeta me obsequio el libro. Estoy muy agradecido, a veces estoy saltando de un continente a otro y en el medio voy leyendo a un poeta chaqueño. Siempre agradezco esos gestos que tiene para con mi persona"

"Cada vez que viajo a un lugar de repente aparecen recuerdos muy hermosos, muy lindos. Recuerdos que he compartido desde mi juventud, desde mis 20 años, es decir desde la primera vez que llegué al Chaco. Estoy hablando en estos días y ya son casi 60 años de camino musical. Tengo recuerdos muy lindos, de los otros no me acuerdo, pero me acuerdo mucho de las cosas que me hacen bien", cuenta.

Raúl Barboza está charlando con Oscar Mambrín. Barboza le ha obsequiado su reciente material discográfico y después se dispone estampar el recuerdo con una dedicatoria especial. En la sala ingresan algunos chicos y le piden una foto - "pero como no", responde suave, voz baja, sonrisa puesta. Las palabras corren como el río, en silencio, turbias por momentos pero corren sin pausa.

"Todo esto que me sucede lo vuelco a la música. Intento que sea comprensible al oído de todas las personas, de un niño, de un joven, de una persona adulta y de una persona madura. Que sea como la palabra, comprensible y sin necesidad de ir al diccionario a buscar el significado de una palabra. Lo cual no significa que haga cosas facilistas, sino que no hago complicaciones cuando la belleza esta en una nota bien puesta, una respiración, una momento de quietud dentro de una obra, los matices, los silencios, los pianísimos, los mesoforte, los forte. Todo eso lo voy creando mientras vamos tocando con mis compañeros, ellos también son creadores y nos entendemos muy bien. Cada una de nuestras presentaciones son diferentes a la anterior y serán diferentes a las de hoy.

Para mí ya no hay diferencias entre los distintos escenarios donde voy a tocar. Trato de simplificar las cosas. Yo toco para personas, todas las personas sabemos querer, sabemos amar, tenemos necesidades y deseos. Tenemos hijos, entre todas las comunidades, entre hombres y mujeres del mundo los hijos se hacen de la misma manera, entonces el sentimiento de amar y no amar es el mismo entre los hombres. Pueden haber diferencias de creencias pero el amar y el no amar existe, para mí la música es una extensión del amor", expresa y vuelve al mate para dejar ese silencio que se cubre que el rugido de la última gota de agua dentro del porongo.

"Mí acordeón se transformo en un traductor de mis emociones, por lo tanto si yo hablo con emoción a un chino, japonés, ruso, aborigen, a la gente del guarán, en Brasil o Argentina, yo siento que la gente se pone de pie y siento que no es a mí persona a la que aplauden sino que aplauden al arte de la música que indirectamente yo ofrezco. Entonces cuando ese aplauso se produce de esa manera siento que aplauden a todos los maestros de los cuales yo he aprendido, aplauden a Isaco, Montiel, a mi papá, Austaquio Miño, Tarrago, Cocomarola, Ramón Estigarribia, Pedro De Ciervi, Lujan, a todos ellos. Yo siento que me acompañan en el espíritu".

Cada tanto vuelve el mate, vuelven los chicos a pedir más fotos, vuelve el silencio. Luego firmará sus discos que alumnos del Instituto de Música de Corrientes están vendiendo en el salón de Actos del mismo Instituto. Ya sobre la hora está poblado el Salón, cerca de cien chicos y algunos profesores esperan el marterclass de Raúl Barboza. La pausa se hace larga.

Barboza ya cumplió más 70 años con la música y asegura que seguirá hasta tanto dios disponga de otra cosa. "Estoy cumpliendo 71 años tocando este instrumento. Vos imagínate que normalmente una persona trabaja 40 años y se jubila. Yo tengo casi el doble y no pienso en jubilarme salvo que dios disponga otra cosa. Sigo tocando con el mismo entusiasmo que lo hacía cuando tenía 20, 30, 40, 50, 60, 70 y ahora que tengo casi 80. El entusiasmo es el mismo. El respeto es el mismo. No tengo ninguna otra pretensión que no sea la de ofrecer lo mejor que tengo de mi, aún con mis errores sobre el escenarios al hacer mal una nota. En estos momentos no me molestaría errar una nota, si me molestaría si estuviera mintiendo".

"Sera que aquí yo podré mostrar a los jóvenes - no para que aprendan de mi - sino mostrarles diferentes perfumes para que puedan dar otro sabor a lo cotidiano. Yo soy autodidacta y lo seré siempre. Todo lo que aprendí lo hice bajo un árbol, al lado de las gallinas, de un río, escuchando un pájaro, escuchando una radio y tratando de escuchar lo que hacia Isaco, Montiel, Coco, Mambrín, Grela, Oscar Aleman, Gardel, yo escucho música y quién puede negarse a oír el rumor del viento", sostiene y su voz queda suspendida entre voces que se multiplican y una guitarra rasgueada con timidez.



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