jueves, 6 de octubre de 2016

Silbidos desde el ombligo de la Feria del Libro de Caá Catí


Se realizó semanas atrás la tercera Feria del Libro de Caá Catí.  "Nos queda el fuego de las palabras" fue el slogan de estar tercera edición. Hizo frío, hizo mucho frío y sin embargo el público acompañó cada presentación, cada charla, ofrecían esas palabras inmortalizadas en el papel.  En estas líneas atrevidas un pequeño, apretado, resumido, estrecho, abrazador cuadro de algunos momentos de la Feria del Libro.

Paulo Ferreyra

Caá Catí es Cuna de Poetas. Chamamé. Chamamé Tradicional. Corrientes te va ayudar. Corrientes país aparte.  Estas y otras leyendas figuran en la provincia de Corrientes. Ahora nos detenemos en la llamada Cuna de Poetas. Cuentan que a mediados de la década del 90 Alberto Alarcón, desde el grupo literario Pájaro de Tinta se fogoneó esta leyenda amparado en los poetas del pueblo Cancho Gordiola Niella y David Martínez. 

Actualmente en el pueblo un folleto recuerda que el primer antecedente data de 1910. El antólogo Walter Elena rescata 32 nombres de la poesía de aquel momento en Corrientes, uno de ellos había nacido en Caá Catí y lleva por nombre Pedro de Armengol Alegre.  Después, se sumaron los nombres de Gordiola Niella y David Martínez.  Ahora la historia está escrita y desde entonces los poetas se suman, se suman, se suman.

Lejos aun de Caá Catí, en San Ana, ahí donde la siesta es mansa y el cielo limpio, amplio e infinito, en esa porción de paraíso donde almorzamos con Carlos Lezcano y donde compartimos una azuzada sobremesa. El grabador revive aquella charla

— Estábamos charlando con Heraldo, Rodrigo, Fabián, Vicky, Francisco. Hablábamos de muchos temas y de golpe salió el tema. – cuenta Carlos.
— ¿Por qué no tenemos una Feria del Libro?
— ¿Y se puede hacer?
— ¡Claro que podemos!

Esas simples palabras fueron el puntapié inicial para que este año 2016 celebren la tercera edición de la Feria del Libro de Caá Catí. La cita como cabía esperar fue en la Biblioteca Popular doctor Juan Manuel Rivera.
Luis Argañarás
Viernes. Los chicos de los grupos Culturales Nativo y Pájaro de Tinta se mueven de un lugar a otro. Van y vienen con su sonrisa urgente, humor, simpatía, derroche de juventud envidiable. Entre las actividades de la mañana se había presentado el libro La Extranjera de Luis Argañarás, una ficción basada en la vida de Madame Lynch, amante de Francisco Solano López, hijo del entonces presidente del Paraguay Carlos Antonio López.  

“Esta novela surge por un interés por la historia. En Resistencia, Chaco, vivimos en la contradicción donde se condena a la guerra de la Triple Alianza pero por otra parte en una esquina céntrica tenemos una estatua del Mariscal López. Hay muchas versiones de la guerra, en principio pensé en escribir un cuento pero después nació la novela narrada por uno de sus personajes. La historia es compleja, he tratado de rescatar el costado más humano de esta historia. Felizmente la primera edición se agotó y esta reedición me pone feliz”, comentará después el autor a esta revista.   

Cristina Iglesias había adelantado trazos de su próximo libro. Las sensaciones, los temas, la curiosidad que despertó hacen que todos comenten y hablen ahora también de Rodolfo Walsh y Roberto Arlt.

La tarde se hace madura y entre los expositores ahora aparecerá Molfino, “...el haiku es como un rayo, golpea e ilumina”, desliza y hace un silencio para leer algunos haikus de su autoría.   

Mientras siguen corriendo por un lado el mate y por otro el café dulce, muy dulce, todo va acompañado de tortas fritas y el invierno se hace meloso. Ya entrando la noche llegarán a la Sala Jorge Sánchez Aguilar las poetas Irene Pérez y Constanza Pérez Ruíz.  Alguien leerá sus biografías, ellas establecerán algunos tópicos para ordenar su lectura, sus voces se expanden y el silencio conquista el lugar. Una repentina tos nos despierta de la ensoñación.  El silencio se agudiza tanto que las palabras quedan suspendidas como una nubecita mientras escuchamos como una persona arrastras sus pies al caminar.


Cinco pesos. El pueblo inició su formación en 1707 cuando se creó en este lugar un destacamento militar. La falta de delineación de la incipiente y pujante Caá Catí condujo a un enviado de Pedro Ferré quien en 1824 mensuró el pueblo trasladando así el núcleo central del pueblo en función de la nueva plaza denominada hoy 25 de Mayo. La Biblioteca Juan Manuel Rivera se fundó el 8 de julio de 1912.   —El promotor fue don Gervasio Blanco que junto a un grupo de vecinos del pueblo lograron reunir una gran cantidad de libros voluntariamente donados.   —Desde el 2008 el grupo cultural Nativo promueve la recuperación de la Biblioteca gestándose una comisión normalizadora presidida por Julio Monzón Geneyro, Gustavo Luis Cano como secretario y Eduardo Victorio Gómez como tesorero.

Actualmente la Biblioteca Juan Manuel Rivera de Caá Catí cuenta con más de dos mil libros entre antiguos y nuevos. Desde el 7 de junio de 2013 cuenta con un edificio propio. 

En el marco de esta Feria del Libro algunos de los presentes se acercaron a preguntar cuánto era la cuota de la biblioteca y los responsables respondieron con la sonrisa puesta, “la cuota mensual es de cinco pesos”.  Es el mismo precio que también se paga hoy en la biblioteca popular de Chavarría, entre otras localidades del interior correntino.

Sábado por la mañana. Pasada las nueve de la mañana van llegando los poetas y escritores para un taller de poesía. Osvaldo Bossi llega temprano, tiene frío, se ciñe con sus abrigos que no alcanzan a brindarle el calor necesario. Es un día gris y las sonrisas se dispersan cuando Osvaldo desliza “tengo que venir a Corrientes para el verano”. “La última vez que estuviste por acá también hizo frío”, le recuerdan.

Las tortas fritas calentitas son excelentes, con poca sal y con reminiscencia de años dulces y tierna edad. 

— Con estas tortas fritas  vuelvo a ser un niño porque cuando era chico comía estas cosas. Hacía años que no degustaba de estas delicias, comenta Osvaldo. 

Los talleristas están en torno a una mesa redonda, hay chicos y chicas de Caá Catí, San Luis del Palmar y Corrientes.  Después de charlas informales y comentarios vagos comienza el taller con la presentación de cada uno de los participantes.

— Es bueno el contacto con el de afuera. Pero es bueno tener el secreto de la poesía. Guardar ese vínculo de la poesía secreta. La poesía es para acompañarnos y entender las cosas del mundo.

Osvaldo Bossi va agregando algunas palabras entre presentación y presentación.  Los chicos de Pájaro de Tinta y Nativo también están contando sus experiencias.

La presentación se extiende, Osvaldo sigue interviniendo con comentarios y anécdotas. El clima es agradable, dulce, ameno, regado con mate o café.  De repente surgen como un torrente los nombres de los poetas Alejandra Pizarnik, Juan Gelman, Fernando Pessoa, Juan Ramón Giménez, Leonidas Escudero, entre tantos otros. También aparecerá la bella Violeta Parra.

— Muchas veces uno recomienda leer mucha poesía pero también en las canciones hay poesía. Violeta Parra no tiene publicado un libro de poesía y sin embargo en sus canciones cuánto de poesía podemos leer.

— Les agradezco que hayan venido y que quieran compartir algo tan íntimo como un poema.  Es un mundo el que se abre.  De ninguna manera mi mirada es “la mirada”. Trataré de entender hacia dónde van ustedes con la escritura y desde ahí trataré de aportar algo a lo que están haciendo.

Les dice Osvaldo en tono suave mientras los poemas se van desgajando.

Escucho atentamente algunos poemas, me pierdo entre la calidez de algunos y la dulzura de las voces. Surgen personas, la piel del lugar, los árboles, la laguna, las calles, hasta que inevitablemente aparece la desdicha del amor.

Llegado el medio día termina el taller. El clima fue agradable, divertido, hubo sonrisas, felicitaciones, pases de contacto, redes sociales, fotos.  Mientras Osvado Bossi camina al hotel destaca que

— “siempre son lindos los talleres de poesía. Aquí uno vuelve a poner en el tapete algunos temas y se parten las ideas más simples de “por qué escribir”, “para qué”, “cómo hacerlo”; en el taller recuperamos esa idea. La intención es que los que participan se conecten con la poesía sin tantos rollos, sin dificultades, escribir es un hecho y una experiencia personal y no un hecho literario. Ojalá les haya servido”.


Un mita`i recorre los stands de libro. 
—Tomá lo que quieras. Podes levantarlo. Mira si querés.  Preguntá lo que quieras. ¿Sabés leer? ¿Querés que te lea un cuento?.
Dispara una entusiasta amante - no vendedora, amante – de los libros.


Sábado por la tarde.  El día pintado de gris sigue afuera y por momentos la visibilidad baja con una tenue llovizna.  Hay chicos por diferentes lugares. Hay jóvenes poetas leyendo y hay jóvenes poetas escuchando.  La sala se colma en un momento de alumnos del segundo año de la escuela normal secundaria, la profesora y los chicos visten informal aunque se muevan disciplinadamente.

Mauro Gil lee poemas, lee poemas propios y de otros autores. Después hace silencio y deja la puerta abierta para que el público comience a preguntar y a interrogar sobre poesía. La charla es amena, jovial, plagada de sus picardías e ironías. 

La tarde noche llega con el momento más esperado de toda la feria. Sobre la mesa descansan los dos tomos del libro de Francisco Madariaga, Obra Reunida. María Elena Lothringer, directora de la editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos manosea unas hojas, a su lado Cristina Iglesias hojea con fruición el libro de Madariaga, con pequeños trozos de papel va señalando distintas páginas. Hojea la obra reunida y sus propios libros de hojas sepias y lomos raídos.  Le acercan un café caliente, aquí ya se sabe que el café es caliente y dulce.
 

La presentación del libro de Francisco Madariaga constará de tres partes, la primera comienza con la reproducción del audio donde se escucha a Madariaga leer algunos de sus poemas. El silencio es absoluto, se hace a cada instante más agudo, hasta las ranas han detenido el tiempo. Sapukái.  La voz de Madariaga se apagó y quedó un silencio. Un silencio que sólo se cortó con un sapukái que fue el estallido de emoción más fuerte de la noche. "Ni las tarariras de la laguna tiran tanta tensión como este momento", susurra alguien a mi lado.

Luego de la voz de Madariaga se suceden las fotos, la tensión se refleja en la piel hecha, como decimos aquí, piel de gallina.  La sala está desbordada, rebosante, afuera la llovizna suave golpea en do sostenido menor, diría en algún momento de su vida Oscar Sánchez.

El silencio se hace largo y el café caliente va quemando primero la lengua, después la garganta y luego vuelve a la lengua.  María Elena Lothringer de EDUNER leerá unas palabras, desliza algunas y otras subraya. “Hemos logrado este trabajo donde contamos con la invalorable colaboración de Roxana Páez, del coordinador exquisito como Guillermo Mondejer quienes junto a todo el equipo de EDUNER hicieron posible esta maravillosa cajita de cielo estrellado de la obra reunida de Francisco Madariaga”, cuenta. 

Después en los pasillos, entre los libros, entre los lectores que ojean con entusiasmo los dos tomos de Madariaga María Elena expresará que "estas cosas son posibles porque se trabaja en plural como un coro, un teatro, un equipo, aquí todo se conjuga en plural. 

—“Ahora estoy leyendo a Madariaga”, subrayó,
—“te repito. Estoy leyendo a Madariaga y estoy feliz de presentarlo en la autenticidad de la Feria del Libro de Caá Catí”.


A Cristina Iglesias le brillan los ojos, por momentos ojos rojos, lleva un pañuelo a su nariz y lo suena, hace el gesto. Ahora ante el auditorio colmado lee algunos poemas, repite algunos versos como subrayando cada palabra. Alza la vista, nos mira a todos ahí atentos a sus gestos, miradas, palabras, cuerpos ebrios de emoción. 

Un hombre mientras tanto se levanta, al rato vuelve con la bolsa amarilla de la editorial EDUNER y el libro de Francisco Madariaga, le entrega con una sonrisa a su pareja y se miran. Se miran mucho. Los miro. La emoción parece que se sale, se besan, se abrazan, como en sueños Cristina Iglesia sigue leyendo poemas de Francisco Madariaga.


Arbolito del querer. Tras esta presentación hay poco recambio en el auditorio, ingresará Rolando Cánepa para hablar de poesía. Primero hablará de los poetas de la región y del país. Luego se sumarán Juan Mora y Coqui Ortiz para hablar y centrar la noche en Aledo Luis Meloni.

—Aledo nos dejó el 11 de enero de 2016. Tenía 103 años.

Cuentan. Ahora a la poesía se suma la música, todo transcurre entre los audios con la voz de Aledo, comentarios jugosos de Coqui Ortiz y la música que aflora otros sentimientos.

—La poesía le sugiere algo o le dice alguna cosa.  La poesía emociona. No he sido un poeta en el cabal sentido de la palabra.  Únicamente fui recogiendo lo que en su momento el alma sensible me dictaba.

Me expresó en alguna oportunidad Aledo Meloni.  La palabra echa a volar en el canto es el más reciente material discográfico de Coqui Ortiz, el cual contiene poesías y coplas de Aledo Luis Meloni.  Ahí se puede escuchar la voz de poeta recitando y la música de Carlos Negro Aguirre y el canto de Coqui. 

“En la última conversación que tuvo Aledo con Carlos le dijo que todo el disco está bueno. 
—Pero con “Arbolito del querer” te pasaste”.
Cuenta Coqui y dibuja sonrisas en los rostros de los presentes. 

Ahora es Juan Mora quien toca el piano y el poema se alza, sublime entre palabras, y en la música late el corazón de Aledo Luis Meloni.


Pedro Zubieta y las anécdotas del chamamé.  Heraldo Vallejos presenta el nuevo libro de Pedro Topo Zubieta.  “Este trabajo es muy importante. Desde su título se anuncia un anecdotario de chamamé pero en realidad aquí se percibe mucha investigación, tenemos mucha información y biografías muy ricas fundamentales del chamame”.

El Topo, así lo conocen todos por estas tierras, ha logrado en los últimos años transferir la poesía, el humor y las vivencias de las enchamigadas chamameceras en un discurso amable de ser leído.
— Tanto el editor como yo hemos salido de viaje. Esto retrasó nuestro trabajo, pero no queríamos perder la oportunidad de presentar el libro en la Feria del libro de Caá Catí.
Se excusa.

Oscar Sánchez. La noche se ciñe con afectos, abrazos, emociones, familiares, amigos, músicos que vienen a homenajear a Oscar Sánchez.  Héctor Oscar Sánchez era del paraje El Pasito, creció rodeado de sus siete hermanos y desde su más tierna edad comenzó a ejecutar el acordeón. A lo largo de su vida musiquera formará distintas agrupaciones empero la más recordada es -“La Yunta Correntina”-, aquel dúo que conformara junto al guitarrista Antonio Niz.  En esta velada muchos músicos resaltarán estos datos y lo recordarán con temas como "Santa Librada", "Polquita Correntina", "Pago San Miguel", entre otros temas de autoría de Oscar Sánchez. 

Del primer homenaje participan Martín Cena, José Álvarez, Gabriel Cocomarola, Julio Ramírez y Agustín Monzón.

Mi primera entrevista. “Siempre estuve desde atrás. Siempre acompañaba a papá. Siempre veía cómo hacían las entrevistas. Pero con mucho gusto vamos hacer esta entrevista”,  comenta en el inicio de la charla Luis Alberto Sánchez.  Es la hora de la cena y el quincho está colmado. Aún hay muchos músicos, escritores, lectores, editores, vendedores, bebedores.

Llega un vino a la mesa, junto a Luis Alberto nos retiramos un poco para poder escucharnos. La laguna se agita, las carpas que hacen de paredes en el quincho flamean y por debajo dejan pasar el viento. Hace tanto frío que hiende cualquier abrigo, los labios aún así mantienen su color. Cruzamos los brazos y charlamos, nos reímos, nos escuchamos, nos divertimos un rato.

“Después del segundo y tercer tema comencé a disfrutar esta noche de homenaje. Todavía estoy digiriendo este momento. En la familia nunca ignorábamos al artista que teníamos. Sin embargo ahora todo se dimensionan con los homenajes que se suceden en distintos escenarios”, cuenta Luis Alberto. Las palabras salen de su boca desgranadas, entrecortadas, una a una caen sobre esa fría noche de Caá Catí.

“El acordeón en algún momento fue un juego, después lo dejé, la mochila de ser hijo de Oscar Sánchez siempre estuvo. Pero siempre toqué con libertad.  Papi Miño tenía un acordeón verdulera en su casa que había acondicionado para ver si alguno de sus hijos se animaba a tocar. Como nunca sucedió un día le dijo a papá  
—si querés llevá este acordeón. Mis hijos ya no van a tocar. Quizás tus hijos se animen. El acordeón tiene que estar nomás en la casa. Lo demás sucederá o no.
Así fue como tuvimos un acordeón verdulera y así fue como comencé a jugar con el instrumento”, comentó.

La charla se hizo larga, nos olvidamos del frío, del televisor prendido en la programación de TyC Sports, del vino, de la comida, del viento, de las risas. Luis Alberto Sánchez es joven, muy joven, la sonrisa con dientes de marfil, los ojos muy vivos y el pelo negro carbón apenas acariciándole los lóbulos de la oreja. “Hay mucha gente que me agradece que siga tocando los temas de papá, que toque el acordeón de papá, son conscientes de mis limitaciones y mis capacidades, sé donde estoy y por qué hago lo que hago con la música”, desliza al final mientras vuelve al silencio, volvemos al silencio de palabras acompañado por el viento que enfría nuestros rostros.



"Antonio Gil. El Heroico siervo de Dios".  Este es el título la más reciente publicación de Juanchi Vallejos, mercedeño de alma, corazón, vida, quien rebalsa en las palabras y en los gestos hacia su tierra.
—Como mercedeño he crecido con lo que originalmente se denominó la Cruz Gil. Posteriormente los correntinos del conurbano impusieron el nombre del Gauchito.  Hoy esto trasciende las fronteras de la provincia, del país y llega hasta diferentes puntos del mundo. He abordado este libro que tiene que ver con nuestra identidad, con la fe y la idiosincrasia de los correntinos. Aquí no está el médico sino alguien quien escribe una historia basado en sus herramienta literarias.
Comenta.

—Para mí Julián Zini es quien nos hace conocer la Cruz Gil. Hay mucho relatos orales. Este libro trata de una posible beatificación o santificación del gaucho.  Con distintos herramientas armé esta novela, me siento cómo en este género.  He comenzado a transitar estos caminos literarios con muchas ganas, con mucha pasión, con mucho ímpetu.  Mi primera publicación fue un libro de poesía, después algunos ensayos pero siempre estaba la idea y la inquietud de contar algo. Ahora salió esta novela corta, algo más que un cuento pero sin la extensión de una novela. Ahí encontré mi lugar. Presentar el libro acá es hacerlo en este santuario de la literatura donde nosotros los feligreses venimos a compartir la celebración del encuentro de escritores", resalta en tono poético Juanchi Vallejos sobre el final de una apretada charla.


Mita`i.   Camino a la Feria a las diez y media de la mañana. Es domingo, día de cierre y otro abanico con presentaciones y lecturas. El sol apenas se asoma.  A esta hora de la mañana el cielo es ceniza, está muy bajo, una suave brisa delata las hojas que se mecen perezosamente en el pueblo.  En ocho o diez cuadras me cruzo con pocos peatones que llevan sus manos encerradas en los bolsillos de la campera, el cuello cubierto con bufanda y las cabezas van protegidas por gorros de lana. Es un cuadro atípico en Corrientes. Hace mucho frío.

Entre los transeúntes un niño, un mita`i – que en guaraní significa “ternurita” – como lo llaman aquí.  El mita`i debe tener entre siete u ocho años, camina solo por la calle, lleva la sonrisa amplia, tan amplia que no cabe en su rostro ancho, regordete, feliz.  Una de sus manos esta descubierta, acaba de salir de la Feria, en una bolsita blanca lleva un libro. Su juguete nuevo es un libro. Lo lleva con soltura, el libro se zarandea, está feliz y transmite esa felicidad.
— Hola.
— Hola.
Me dice y me recuerda que en el pueblo la gente se saluda al pasar.  La sonrisa dibujada en el rostro viene de un tiempo imaguaré.

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