En el Centro Cultural Borges de Buenos Aires continúa abierta la muestra de arte titulada Difícil decir adiós. La misma es curada por Daniel Fischer. Están expuestas más de cincuenta obras conceptuales que permiten dialogar y profundizar las partidas. En esta segunda entrega para conocer un poco más de cerca esta muestra dialogamos con María Malu Casalins y Adriana Bustos.
Por Paulo Ferreyra
María Casalins, desde ahora Malu, nació en Buenos Aires pero siendo muy niña con su familia se trasladó al campo. Cuando terminó el colegio secundario recién volvió a la gran ciudad. Empezó a estudiar en la Universidad Nacional de las Artes y ahí empezó a pintar. Después se abrió de la universidad y empezó a hacer su propio recorrido por talleres artísticos.
Mientras charlamos con Malu llueve en
la ciudad de Corrientes. De ratos también en Buenos Aires. Una cortina
imaginaria se alza entre nosotros al tiempo que tratamos de escucharnos y
acercarnos. Hace una pausa. Hago una pausa. La cortina se apaga y su voz llega
limpia, clara, lluminosa, en colores del arcoíris.
Dos vertientes
En la primera parte Malu comenzó a pintar de una manera premeditada. Sus obras estaban más ligadas a una tradición de lo figurativo, un poco cercano al hiperrealismo. Las imágenes que hacía estaban muy pensadas e incluso hacía bocetos digitales. Trabajaba haciendo bocetos y pruebas que después terminaban siendo un traspaso de aquel trabajo a la tela.
Luego vino una parate. Paso a
estudiar geografía y en el medio su vientre se ensancha y comenzó a esperar la
llegada de su hija Luna. Una etapa luminosa. En ese contexto, ¿cómo hace un
volcán para dormir con tanto fuego adentro? A Malu se le cayeron todas las
estructuras habidas y por haber. Brotaron tantas preguntas tales como ¿dejo de
pintar?, ¿dejo de ser quién soy?, no sé quién soy, no sé lo que es la vida, no
sé lo que es vivir. Como todas las preguntas más profundas, más angustiantes y
bellas de la vida le llegaron en ese momento.
Para hacer pie en ese universo que se
movía en torno suyo Malu volvió a la pintura. Su pintura ahora era cien por cien intuitiva y espontánea. Quizás
desde entones siempre la acompañan las preguntas, como quien es y qué es
vivir.
Ahora recuerda aquel momento de
quiebre, “un día apoyé el pincel sobre la tela y empezaron a aparecer
imágenes que las llamo imágenes mentales. Para mí son imágenes que remiten
mucho a ese pasado en el campo”.
Su infancia en el campo fue hermosa. Única mujer entre cuatro varones. Pasaba mucho tiempo jugando sola. Observaba mucho la naturaleza. “Miré muchísimo la naturaleza y muchísimo el cielo”, recuerda y su voz se amplía buscando acentuar cómo era aquella infancia.
Las preguntas son semillas
fértiles
Sobre su proceso creativo Malu
explicó que va de imágenes más abstractas a imágenes más figurativas. Sus procesos
no son lineales. Por ejemplo, está obra que está en el Centro Cultural Borges
es absolutamente clara y figurativa. Cuando vemos la obra vemos un cielo y una
nube pero de repente ese paisaje se deshace. Ahí en el contacto con la obra se
abren y expanden las preguntas.
“El proceso o el trabajo de pintar me
permite atravesar o sostener algunas preguntas para las cuales no tengo respuestas.
Estas preguntas las puedo atravesar o sostener de una manera más liviana
gracias a la pintura”, afirmó. Sus palabras se pausaban para seguir
reflexionando. Le gusta que algunas preguntas no tengan respuestas. “Una de las
cosas más fértiles que podemos tener son preguntas”, sostuvo esa frase en el
aire como si fuera una revelación, pues una pregunta fértil es como una semilla
siempre traerá nuevas preguntas y eso es un gran estímulo para crear.
Del hueso a la piel
En la charla volvemos sobre ese proceso
creativo de intuición que guía el trabajo de Malu. En la pintura hay muchas
capas. “Lo primero que surge en mi obra lo llamo hueso. Después lo que voy
haciendo son rastros que van generando una estructura sobre la cual voy a
montar la piel de la obra”, describió. El sol que entra por la mañana y que en
algún momento de la tarde se irá es el testigo silencioso del tiempo detenido
en su taller.
Malu es artista visual y además escribe, escribe muy bien. En su proceso creativo cuenta que van apareciendo imágenes, frases, recuerdos, pensamientos y reflexiones que ella va anotando. Simplemente anota todo. Escribe en la pared de su taller o en una hoja.
Volvemos a mirar la obra que está en el
Centro Cultural Borges en la muestra Difícil
decir adiós. La obra de Malu se titula Deriva
continental. El nombre deriva de los años que estudió geografía. Hace 200 o
300 millones de años los cuerpos continentales eran uno solo y se denominaba Pangea.
A lo largo de millones de años ese único cuerpo se fue fracturando y se fueron
separando en lo que hoy conocemos como Deriva continental. Así llegamos a la
ubicación que hoy conocemos de los continentes. “Esta no es una ubicación
definitiva porque la tierra se sigue moviendo y porque no hay nada definitivo”,
afirmó y fue como la primera gran definición de la entrevista: no hay nada
definitivo.
“Mientras estaba pintando las nubes y
sus contornos me fui dando cuenta de que aparecían ciertas formas que generaban
una visión abuelo de pájaro o una visión satelital de los continentes. Incluso
algunas formas, algunos de estos bordes coincidían con bordes de nubes que
estaban como enfrentadas. Esto acentuó la idea inicial de que todo en un
comienzo fue un solo cuerpo. En algún momento hubo una separación, una
migración y hubo una transformación. Estas temática existenciales están en mi
cabeza. Pienso en el cambio, en la impermanencia y en la migración”, explicó y
al volver a ver su obra eso también está reflejado, los cambios, la
impermanencia y la migración.
Adriana Bustos: “De las bibliotecas quedaron cenizas y simbólicamente son cenizas que
nunca se pueden apagar”
Ella es de Bahía Blanca. Es artista
visual y psicóloga. En su biografía explica que el carácter investigativo y
documental de su obra hacen de la fotografía, el video, el dibujo, la pintura y
la performance los soportes más relevantes de su producción. El curador de la muestra
Daniel Fischer quedó prendado de alguna forma por su obra y un coleccionista la
cedió para la muestra.
La obra de Adriana forma parte de una serie que se titula Biblioteca. Es un proyecto sobre el cual está registrando los libros que fueron quemados en la dictadura militar y en otros episodios históricos. Por ejemplo, la quema de cómics en Estados Unidos en el año 43 y anterior la quema de libros durante el nacismo, explicó.
La artista agregó, “esta obra es una
serie que sigo haciendo porque fueron miles de libros los que se quemaron. La
empecé en el 2017 y me parece interesante seguir desarrollándola. La obra forma
parte de un proyecto mayor que se llamó Quién dice qué a quién. Es un
ensayo y reflexión sobre la construcción de la propaganda política y del
control de las masas”. Adriana busca con su trabajo demostrar que eso que pasó
y que hoy sigue sucediendo con otros formatos.
Las bibliotecas de Adriana están muy
cuidadas y revelan un trabajo de investigación detrás. Comentó que hay un buen
registro a través de los diferentes museos de la memoria tanto en el país como
fuera del país. Por ejemplo, en Córdoba hay un catálogo de libros que fueron
prohibidos y quemados durante la dictadura. En Buenos Aires también. Hubo quema
de libros en Tucumán y en otras provincias. Fue como una operación sistemática
en nuestro país.
¿Cuál fue el trasfondo de quemar libros? Para la artista hay una referencia al hecho de la quema de brujas. Es un acto de transformar en cenizas lo que antes eran cuerpos ahora son cuerpos libros vueltos cenizas. La quema de libros fue una operación muy minuciosa. Había un grupo especializado en eso porque se leían los libros. No era algo arbitrario. Había una lectura minuciosa de cada texto y la justificación de por qué ese libro no podía estar más y que debería desaparecer. Lo mismo se hizo con el cine.
Restos necesarios
Hablamos de la biblioteca y de los
libros quemados en la dictadura. Para relacionar estos temas que trae con su
obra ella se remite al texto curatorial de Daniel Fischer. En la Nota 3 dice El resto(Agamben) ¿Y si el adiós no
fuera un vacío absoluto sino un "resto" necesario? ¿Podría ser
esa materia sobrante la base sobre la cual construimos nuestra identidad?
¿Somos, quizás, supervivientes que encuentran en lo que se desvanece la materia
prima para un nuevo y luminoso comienzo?
“Leyendo el texto - reflexiona
Adriana Bustos - identifico o entiendo por qué la elección de la Biblioteca en
la muestra. Se habla ahí de un vacío que es absoluto. Habla del resto. Entiendo
que hay una coincidencia ahí en el pensamiento de Daniel en relación a mí donde
creo que la obra de arte es un resto. Él hace una pregunta y dice, ¿Podría ser
esa materia sobrante la base sobre la cual construimos nuestra identidad? Desde
ese lugar el adiós no es un vacío absoluto sino un resto necesario”.
Todo lo que toca y lo que profundiza Adriana aquí se hace concepto vivo. En un momento de la charla afirmó, “para mí las obras de arte que hacemos los artistas finalmente son restos. La obra de arte es lo que queda de procesos muy internos. Caben ahí reflexiones, emociones, preguntas, situaciones, cuestionamientos. De pronto se encarna lo vivido en un objeto que no tiene ninguna utilidad en términos funcionales. Nosotros abrimos algo a la contemplación estética. Acuerdo con esa cita de Daniel en términos de lo que es una obra de arte”.
De las bibliotecas quedaron cenizas y
simbólicamente son cenizas que nunca se pueden apagar. Siempre hay un resto. En
Difícil decir adiós en el nombre de
la muestra se lee también que es difícil que algo desaparezca completamente. Es
difícil decir adiós.
Me quedo prendado de esas palabras,
“es difícil decir adiós” porque de alguna manera somos restos. “Daniel también
habla de la memoria - agrega Adriana - Es como un hasta luego o hasta pronto.
Aquí juega algo importante que es la palabra difícil. Constantino pregunta,
"¿A dónde van las cosas cuando nos vamos? Es decir, a algún lugar van
¿No?”.
El artista no elige
Adriana realizó trece bibliotecas. Probablemente habrá más porque tiene aún mucho material de archivo para
trabajar. La primera Biblioteca la adquirió el Museo Nacional Reina Sofía y
desde entonces cada obra que hizo por alguna razón pasó a manos privadas. No
tiene ninguna de esas bibliotecas.
“Hay algo en
determinadas piezas que requieren ciertos eventos en número - es decir la
serie. Cuando aparece la serie para mí se justifica el número. Si quiero decir
que esto sucede, ha sucedido o seguirá sucediendo puedo hablar de cantidad y de
serie. En mi caso necesito hablar de que fue algo sistemático y que sigue
sucediendo en diferentes culturas”.
La artista aborda hace tiempo el tema
de la memoria y la tierra. Son temas que le preocupan y la ocupan. Al respecto
en tono amable, lúcido también, advirtió que “el artista no elige mucho qué es
lo que lo perturba o lo emociona o lo mueve hacer determinadas obras o
determinados proyectos. En mi caso, por alguna razón estoy atravesada por el
impulso de indagar sobre las identidades. Dentro de ese campo hablo de las
identidades latinoamericanas y de mi propia identidad”.
El amor
En el texto curatorial de la muestra
Daniel Fischer dice, “esta muestra, Difícil decir adiós, es nuestra
bitácora sobre la transformación. Porque decir adiós no es desaparecer; es
reconfigurarse”. Movido en parte por estas palabras y en parte por las obras de
las artistas, hablamos del amor.
— La muestra se titula Difícil decir adiós, ¿la obra tiene
alguna relación con el amor o la relacionas con otra cosa?
María Malu Casalins — En mi caso no lo relacioné al amor directamente. Mientras te escuchaba
formular la pregunta pensaba en eso. No relaciono la obra hacia el amor. Lo
pensé de manera más abstracta. Lo pensé y lo siento más cercano a las
transformaciones y a las migraciones. Sin embargo, al hablar de
transformaciones, las mutaciones, los cambios y migraciones son todas cosas que
también le suceden al amor. Pero aquí no lo puse solo o exclusivamente en el
amor.
Cada átomo de nuestro ser, ya sea desde
lo matérico en nuestro cuerpo o desde nuestros procesos psíquicos y emocionales
hay algo que abarca absolutamente toda nuestra realidad. Entonces hablo de la
idea del cambio, como estadio definitivo, concreto y real. Lo siento más a ese
horizonte de movimiento permanente.
Adriana Bustos — El curador Daniel Fischer está hablando del
amor. Creo que el arte al final siempre habla del amor. Tengamos presente que
hay una búsqueda de lo imaginario. Tanto el amor como el arte son dos
apuntalamientos del imaginario. Es en el registro del imaginario donde se
inscribe el amor, donde se inscribe la fe, el milagro, la esperanza, el
misterio, el arte.
Esta muestra es importante en estos
tiempos muy crudos donde la metáfora parece estar siempre en peligro. Lo ves en
las redes, en los discursos políticos de la derecha que carecen de metáfora y
se manifiestan con toda una brutalidad de tiempos de guerra. Pareciera que
peligra el registro del imaginario. Tanto el amor como el arte se inscriben
en ese registro y hablan en un punto como hermanas.
Cuando se aniquila el imaginario y se
aniquila el amor también se aniquila el deseo de vida. En la otra punta está
Tánatos, ¿me entiendes? La pulsión de muerte. El arte habla del amor y está
bien que la muestra haga alusión a eso, a un llamado al amor.
“Lo bello, lo posible y lo incierto”
Daniel Fischer es un gran director de
orquesta. Malu describe, “nos metió en un universo muy amplio, de miradas y
matices distintos, de tonos muy disímiles y entre todos formamos una especie de
red sonora que arma una pregunta. Lo que más me interesa o una de las cosas que
me parecen más fértiles es el hecho de poder preguntarse, de poder hacerse
preguntas, traer lo que inquieta y abrirlo a los demás”.
Con Malu hablamos de arte y de su
escritura, ella plasma en la escritura sus proceso creativos y su experiencias
de vida. Además, hace ficción. En la muestra se ven imágenes de sus cielos y
sus nubes, pero ¿qué es el cielo para ella?
Las nubes, para mí, están muy ligadas a
la experiencia de lo puramente contemplativo.
Viene de mi infancia, de haber crecido
viendo todos los días aparecer y desaparecer estos cuerpos en el espacio.
Cuerpos casi fantásticos, sacros, o
cercanos al universo de las mancias. Haciendo muchas veces de superficie
especular, donde se ampliaba lo bello, lo posible y lo incierto. Los ojos
abiertos, la mirada disponible. Un ida y vuelta entre lo que aparecía y lo que
yo proyectaba; lo propio en lo ajeno, o en lo lejano.
Aunque todo cambia -la materia afuera y
dentro de nosotros, incluso la forma en que sentimos, y entendemos las cosas-
hay algo en esa manera de mirar que se mantiene.
En medio de la impermanencia, eso sí
permanece.
Tal vez, es la posibilidad -o el deseo-
de que exista aun una forma de sostener algo.
Un punto de continuidad que haga de
reparo.
El reparo no es lo que vemos, sino cómo miramos.
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