Hoy es el Día Internacional del Libro y coincide con la
inauguración de la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Este año
en lugar de un discurso de apertura están invitadas a dialogar Gabriela Cabezón
Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, también participará María O'Donnell
como moderadora. “Esta feria logró que la sintamos nuestra aunque ocurra en
Buenos Aires. Se fue convirtiendo con el paso del tiempo en un evento que
seguimos también desde las provincias”, expresó Selva Almada. En esta charla con la escritora entrerriana
hablamos sobre su relación con la feria y que tema ineludible debe abordar hoy
en la apertura. Además, en este día tan especial escogió dos libros importantes
para celebrar el Día del Libro.
Por Paulo Ferreyra
Foto Helena Margarit Cortadellas
Bajo el lema La Feria
de siempre, como nunca la viste es el gran evento que comienza hoy y se
extenderá hasta el 11 de mayo en el predio de La Rural en Buenos Aires. Habrá
venta y exposición de libros, encuentros literarios y espectáculos en vivo. En
esta ocasión para este día en torno al libro charlamos con una de las
protagonistas de la apertura- Selva Almada.
Cada 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro.
Selva Almada nació en un pueblo de Entre Ríos, publicó los libros de El viento que arrasa, Chicas muertas y No es
un río, entre otros textos. El más reciente es Una casa sola. En esta charla comentó que celebra el día del libro.
Recordó que empezó siendo lectora desde chica y después fue derivando a la
escritura.
“Que haya un día para celebrar el libro me parece
buenísimo”, afirmó Selva. “Siempre será una excusa para que las librerías
celebren. En mi caso en Salvaje Federal vamos hacer una movida especial, sobre
todo en este contexto donde es difícil y complicado sostener una librería
independiente. Hoy el poder adquisitivo bajó muchísimo y los libros se
encarecieron otro tanto. Cualquier oportunidad para volver a hablar del libro
es buena y hay que celebrarla”.
Apropiación
La Feria Internacional del Libro celebra su 50 edición. El
paso del tiempo hizo que lectores, lectoras, escritores y escritoras la sientan
propia. Selva Almada es de Entre Ríos. Tiene un recuerdo vago de haber ido con
el colegio secundario a Buenos Aires a la Feria del Libro. Recordó que siempre
se habla del tema. A fines de los años 90 o principios de los años 2000 se mudó
a Buenos Aires. Desde entonces va de forma asidua, antes como lectora y ahora
como escritora y lectora.
Más allá de algunas polémicas que se generan en torno a la feria ella considera que logró instalarse como un evento que se tiene en cuenta en el resto del país. La primera vez que fue como autora a presentar un libro fue entre en el 2005 o 2006. Después la invitaron a los diálogos de las provincias. Ahí compartimos espacio con la poeta y escritora Liliana Bodoc. Liliana ya era una escritora muy conocida en aquel momento. Una persona muy amorosa y muy amable. Selva evocó aquel encuentro, “estaba muy nerviosa por esa charla y recuerdo que Liliana fue muy tranquilizadora antes de empezar. Después salió todo bien”.
— Hoy vas a estar inaugurando la 50 Feria Internacional del
Libro junto a Gabriela Cabezón Cámara y Leila Guerriero, ¿Cómo te sentís? ¿cómo
estás viviendo esta presentación?
— La verdad es que a mí me gustó y me alivió bastante que me
invitaran en un formato compartido. Creo que si me hubiesen convocado a
escribir el discurso inaugural hubiese sentido bastante vértigo. Es un lugar
importante y en los últimos años siempre los discursos inaugurales tuvieron
repercusión: El de Claudia Piñeiro cuando dío su discurso y era la época donde
estábamos peleando por la legalización del aborto. Después hubo grandes
discursos de Rita Segato u otro año cuando estuvo Guillermo Sacomano, quien
había instalado el tema del trabajo del escritor como un trabajo que debe ser
remunerado. En los últimos ocho o diez años los discursos concentran mucha
atención.
Ahora decidieron hacer algo distinto con la excusa de los 50
años de la Feria. Este año cambiaron la modalidad, en lugar de que haya un
discurso habrá una conversación entre las tres, con Gabriela y Leila, además
contará con la moderación de María O'Donnell.
— Hablamos de discursos importantes que hubo en esta feria.
Teniendo en cuenta que estarán en un conversatorio, ¿si tuvieras que elegir un
tema que te preocupa y que deben hablar o abordar cuál sería?
— Un tema ineludible te diría que es el enfrentamiento que
tiene el gobierno de Milei con la cultura, con los escritores, con las
escritoras, con músicos y con artistas en general. Hay una especie de inquina
con el sector de la cultura desde el gobierno. Sumado a eso la cantidad de
planes que se recortaron, por ejemplo el programa Sur, que en los últimos dos
años se habló mucho de la quita tremenda de recursos que pasó a tener solo el
3% de su presupuesto.
El programa Sur en los últimos quince años había sido súper
exitoso. Entre sus logros está el hecho de que se conozca la literatura
argentina en el resto del mundo. Era realmente un programa muy importante.
Además, de otros programas que se recortaron y se siguen apagando. Por ejemplo,
el premio de poesía Alfonsina Storni no existe más. El premio de novela Sara
Gallardo no existe más. Es necesario hablar de la crisis tremenda en la que
estamos arrastrados por este gobierno que toca a la cultura y a quienes
trabajamos la cultura.
— Habría que agregar el vaciamiento al Fondo Nacional de las
Artes
— También, que está pero no está. Está sin espíritu. El
instituto de teatro y el Incaa. Hay muchísimos artistas que han sufrido
recortes y vaciamientos. Quienes trabajamos en la cultura, quienes somos
trabajadores de la cultura seguimos generando cosas porque lo peor que podemos
hacer en este marco es dejar de trabajar.
El modelo económico responde a una ideología que creo que quienes estamos en el sector cultural no adherimos de ninguna manera. En ese contexto hay que ver también que el avance de las nuevas derechas no solo atañe a la Argentina sino que es una situación a nivel mundial.
— En ese avance de la derecha hay un discurso violento. El
vaciamiento en espacios culturales es violencia, ¿La contracara de este
contexto es la lectura?
— Creo que sí, por lo menos es mi experiencia como lectora.
Siempre me ha pasado que los libros y la lectura han hecho de mí una persona
mucho más abierta, mucho más receptiva y de mundos expandidos. Acá lo que se
trata es de cercenar toda cosa que se oponga o que sea distinta o que piense
diferente a quienes nos gobiernan.
Siempre en las dictaduras y en las tiranías lo primero que
se ataca es al libro. La quema de libros, la prohibición de libros, la censura
y lo hacen porque saben que ahí hay siempre un material muy poderoso para que
las personas pensemos mucho más abiertamente. Los libros nos hacen pensar de
forma abierta.
— Volviendo a la feria, ¿cuál es el aporte que hace en pos
de los lectores?
— La feria es un espacio abierto, visitado en general por
mucha gente que de repente no son lectores de tiempo completo, pero van a la
feria del libro. Quizás es la excusa para pasear y mirar libros, pero siempre
algo se terminan llevando. En la feria hay muchas charlas con escritores y
escritoras interesantes para ir a escuchar. Esas cosas ayudan a la lectura.
Además, está el hecho de que durante tres semanas se habla
de un evento de libros me parece que algo queda en el aire. Esa sensación de
que ahí hay algo que es interesante y que promete cosas.
Después, hay que tener en cuenta que no le vamos a pedir a
un evento que sucede una vez al año que haga todo el trabajo. En otros momentos
el Estado Nacional estimuló muchísimo la lectura y ahora todo está vaciado.
Aunque hay que reconocer que todavía quedan experiencias de lectura en las
escuelas. Las docentes y los docentes siguen haciendo es trabajo de mediación y
promoción de lectura.
Además, hay que tener en cuenta que estamos en un mundo complicado donde cada vez se hace más difícil encontrar el tiempo para la lectura. Es algo en lo que debemos seguir trabajando tanto quienes escribimos como quienes enseñamos y también las familias. A veces escucho gente que dice, "mi hijo no lee nada". Entonces una pregunta, ¿pero vos lees?. - no, te responden. No tienen tiempo. Entonces, si el chico no te vea vos con un libro y no sabe que es un libro qué le estamos pidiendo.
— ¿Cómo era eso en tu entorno familiar?
— En mi familia, más allá de que no eran grandes lectores,
pero mis padres siempre andaban con sus libros. Mi viejo leía mucho la revista
con historias como D´artagnan o El Tony. Mi mamá se iba con una novelita a
dormir la siesta o a la noche antes de dormir leía algo. Libros había. Veía
gente leyendo y entonces si ves a las personas que viven con vos en tu casa,
las personas más grandes que vos, a tus padres, a tus tíos, no sé, a tus
abuelos, gente que tiene algún tipo de influencia en vos cuando sos chico o
chica haciendo algo muy entretenido querés hacer lo mismo. Así fue el contexto
de mi infancia, veía gente muy entretenida con esos manojos de papel en la
mano.
— Hablamos de Salvaje Federal, ¿cómo está la librería?
— En la librería estamos con las mismas dificultades que la
mayoría de las librerías en el país. Se venden muchísimo menos cantidad de
libros que hace tres, cuatro o cinco años cuando abrimos. Estamos todo el
tiempo buscándole la vuelta para atraer más gente a la librería. Por ejemplo,
hoy hacemos un evento con algunos libros que recomendamos y algunas
promociones. Convidamos un vino, proponemos alguna lectura, invitamos autores a
leer o hacemos presentaciones de libros. En el espacio hay talleres de
escritura y de lectura. Tenemos un club del libro que funciona por suscripción.
Estamos todo el tiempo haciendo cosas para vender libros y para seguir
promocionando una literatura que por ahí no se conoce tanto.
Muchas de las cosas que ocurren fuera de Buenos Aires se
conocen poco porque son editoriales pequeñas e independientes. Editoriales que
no tienen una gran estructura publicitaria ni logística.
Trabajamos para acercar a editoriales que están en distintos
lugares del país a un público de todo el país, no solo de Buenos Aires. Por
ejemplo, hay libros que no llegan a Buenos Aires pero tampoco llegan a la
Patagonia o al norte. Sin ir más lejos tenemos dos editoriales de Resistencia,
de Chaco, una es Literatura Tropical y la otra es editorial Contexto. Ahora
estoy muy fascinada con la obra Alfredo Veiravé, la edición que tenemos del poeta
es de Contexto. Creo que no hay otra edición dando vueltas. Además, contexto
publicó la poesía reunida de Claudia Masín, un libro que vendemos un montón. En
Salvaje Federal tenemos un catálogo muy amplio. Hacer conocer esos sellos,
hacer que se conozcan por fuera de la zona donde se publica o de la región
donde se publica es un poco nuestro trabajo.
La zona
litoral
La obra de Selva Almada siempre transcurre en el interior de
la argentina. Ella afirma que se siente parte de una tradición que es la
tradición de la literatura litoral. “Esta región tiene autores enormes que yo
admiro muchísimo como Juan L Ortiz, Madariaga, Veiravé, Emma Barrandeguy,
autores que han hecho de la zona, a mí me gusta llamarle la zona litoral, algo
muy importante a nivel nacional”, afirmó.
Son muchos los autores y las autoras de la región que han
escrito antes que ella. Autores y autoras que ella cuenta que admira, respeta y
lee. Ahora para muchos de nosotros que somos lectores ella también forma parte
de esa vertiente de agua viva que admiramos, respetamos y leemos.
Hay una imagen de un poema – de una poeta de la región – que dice que en el hueco de su pecho puso un puñado de tierra. Ahí mismo hundió la raíz de una enredadera. Pasó a ser un árbol. A ese árbol hoy lo riega el sol y la lluvia. En el día del libro le pedí a Selva Almada que escoja dos libros para celebrar este día, uno suyo y otro de uno escritor o escritora. Eligió el libro que acaba de publicar, Una casa sola. “Una casa sola es la última novela que publiqué. Salió hace un mes. Creo que celebraría con ese libro porque me gustó mucho escribir y porque trabajé mucho para encontrarle la vuelta durante muchos años”, afirmó. El segundo libro que eligió fue La piel de caballo de Ricardo Zelarayán. Vuelvo a la poesía de Estela Figueroa. Los libros y la lectura son una enredadera infinita donde un libro nos llevará siempre a otros libros y a otras lecturas. ¿y si somos también árboles regados por el sol y la lluvia?












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