domingo, 11 de marzo de 2012

“Aún me siento capaz de componer”


 El cemento de la ciudad estaba realmente caliente, las agujas del reloj se besaban y en Corrientes todos iban de prisa, hasta los ciclistas no podían esperar el semáforo en verde.  En la casa de Roque González el sonido de la calle se apaga, se oye lejano, él está peinado correctamente y los bandoneones y acordeones de la sala son testigos de la charla.  “Hay mucha destreza pero poca creatividad”, advierte el acordeonista cuando hablamos de música, pues en la charla sobrevolaron la economía, la política y la ciudad.  Además Roque nos contó anécdotas de uno de sus ex-alumnos, César Frette.

Por paulo ferreyra especial para corrienteschamame.com      


“Así es mi chamame”, “Campo mojón”, “Cañada guasu”, “Karaicho Isaco”, “Cheroga Kue”, “Don Pelito”, “El gaucho García”, “La apuesta”, “La carrera”, “Musiqueando”, “Paso Ñaro”, “Puesto Batel”, “Siete árboles”, “Valseado de mi tierra”, son tantos los chamame registros por Roque González que sería tema para otra nota.  Estos son algunos y dejo el espacio para nombrar otro gran tema que es “Acordeón de una hilera”, compuesto junto a Manuel Zbinder.

 En la sala hay muchos acordeones y bandoneones que le traen a Roque para reparar o afinar.  Hay pocas sillas, “nos ponemos cómodos”, dice en tono de complicidad.  El grabador no lo incomoda, él esta de camisa como siempre y un peinado perfecto, sonríe y se recuesta – “y bueno, aquí estamos”, dispara.

- ¿El año pasado volvió a tocar sobre un escenario?

El año pasado en la única parte donde toqué fue en el Regatas.  Creo que fue en el mes de septiembre, un pequeño homenaje que me hicieron.  Después me vinieron a buscar para ir a la Fiesta Nacional del Chamame pero no participe, porque estuve con mucho trabajo. 

Tengo muchos compromisos que debe cumplir.  Para tocar en la Fiesta había que ensayar, vinieron unos señores músicos de Buenos Aires de mi edad y de otros más también, había que juntarse y ensayar, esas cosas lleva tiempo.  Yo no estoy en eso.  En realidad me falta tiempo.

Además una vez dije – “murió mi compañero (Tránsito Cocomarola) y en homenaje a él tiro la toalla y no toco más”.  Siempre respete eso.  Pero la gente también se olvida y yo soy como la gente de antes, la palabra vale mucho para mí. 

Claro que por ahí una excepción se puede hacer, lo que no quiere decir que uno esta entrando de nuevo en el campo musical.  Creo que a pesar de los años que tengo aún me siento capaz de componer.  De vez en cuando hago algo porque me piden los muchachos.  Vienen y me dicen “haceme algo así o asa”, entonces yo les hago.

Los muchachos me tienen en cuenta y eso agradezco mucho.  A pesar de los años que dejé ellos siempre me buscan.  Ese es el regalo que me hacen los colegas.

- ¿Sigue enseñando?

La enseñanza deje porque no me alcanza el tiempo para todo. 

Roque González -Club de Regatas 2011

Roque se recuesta, respira, hay un juego de miradas con los acordeones y  parece que están hablando entre ellos, hay silencio.  “Vienen acordeones de todos los colores aquí, viene gente del norte, Salta, Santiago y vienen de Formosa, de todo el litoral, algunos del Brasil y del Paraguay.  Del Paraguay me dicen “sentimos mucho porque aquí el cambio nos mata un poco”, por no decir que les cuesta un poco mas el trabajo. 

Después la gente de acá también me trae su acordeón, este acordeón llegó de Mburucuya, - me dice y se para para tocarlos - después tenemos este acordeón de cinco hileras, tienen 14 registros en quinta.  Pero esto no es el taller – advierte -  el taller lo tengo en otro lugar.  Hay diferentes colores”.

Su mirada vuelve a perderse entre acordeones.  “Comencé en el año 52 con todo esto”, – creo que ya te comente pero no viene mal refrescar a veces la memoria, dispara.  “Yo tenía un acordeón de dos hileras y le hice una hilerita mas y ahí comenzó todo”.   Nos reímos, su sonrisa es contagiosa.  “Ahí quedó y así comenzó el modelo González.  A  ese enorme acordeón me pidieron que le ponga el sistema González y es un acordeón nueva; ahora lo tengo que modificar, afinarle, darle el tono para chamame, porque allá los gringo tienen otro tono.  Pero acá nuestros colegas son exigentes, pero me parece bien.  El que paga tiene razón”, advierte y volvemos a la risa.

- ¿A qué altura afina los instrumentos?

La altura que uno quiere, algunos quieren un tono que se usa acá en Argentina que es el tono 443 más o menos, después la afinación universal es 440.  Este acordeón de cinco hileras vino con la afinación de Europa.  En Argentina tenemos otra afinación, porque un día cuando el tango estaba surgiendo a todo trapo, que fue por los años 50, y quizás un poco antes, para darle más realce y brillo al tango se le ocurre a uno – no me acuerdo ahora el nombre – se le ocurre darle dos puntos más de afinación, porque era 440 nomás, como venían los bandoneones de Alemania.  Entonces todos le siguieron después.  Y quedo así nomás, algunos después ya le dieron 444 o 445, no – dice Roque estirando la o -  eso ya es mucho.

Vuelven las sonrisas, entonces recuerda que gracias a eso comenzó a tener mucho trabajo.  “Teníamos trabajo, meta lima nomás, lima, lima y la piedra esmeril para levantar un poquito la afinación”. 


“Cosas importantes de la vida y del oficio”

Muchos alumnos de Roque González lo recuerdan siempre.  “Roque me marcó profundamente”, sostiene por ejemplo César Frete, quien siempre recuerda al maestro.  Cuando le consultamos a Roque por Cesar se le dibuja una sonrisa, hace un silencio y recuerda, “siempre fue buen alumno.  El venía llueva o no llueva, vino durante cuatro años, el era más chico tenía cuando comenzó 16 o 17 años.  Un día – recuerdo bien - perdió el colectivo. 

Che me acuerdo bien de esa tarde, llego a la terminal y un rato después me llama por teléfono y me dice - “don González, usted sabe que me gano el colectivo”.   No te hagas problema – le dije - voy a buscarte.  Me fui a buscarle.   Comimos algo aquella noche y tomamos un vinito.  Acá había lugar para dormir así que se quedó esa noche.  Me agradeció tanto aquello”.

“Después cuando el tuvo mucha base práctica, le digo bueno César creo que tenes bastante base,  tenía conocimiento sobre las distintas tonalidades, de modo que sólo falta lo teórico le dije.  Después se fue a la escuela de música, creo que ya se recibió, ejerce en dos escuelas de San Roque y es  músico de la Orquesta Folclórica.  ¿Qué te parece? 

Cualquiera tiene que conocer los distintos colores y después uno elige el que más le gusta.  Si es posible tener su propio gusto, porque el músico debe tener creatividad. Si es posible. 

-¿No deberían copiar entonces?

Exactamente.

Pero para eso hay que conocer como tocan los músicos que tenemos en el chamame, porque cada uno tiene su manera de tocar, hay que conocer todo.   Después que el saque su propio caminito como todo en la vida, porque el sol sale para todos.  De estas cosas hablábamos, no solo practicábamos, sino que conversábamos.  También conversábamos cosas importantes de la vida y del oficio. 

Roque siente mucho orgullo por sus alumnos.  “Ellos siempre me tienen en cuenta.  Yo dejé un tiempo para ellos, me gusta estar con los muchachos y mostrar lo poco que yo se.  Me falta tiempo para eso, porque uno también quiere descansar y mirar un poco de televisión”, vuelve la sonrisa en su rostro.

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