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viernes, 28 de febrero de 2025

Matias Arriazu: “El lenguaje de la música es el más potente y el más complejo”

 

Matías Arriazu

El músico y compositor habla en esta charla sobre el lugar que ocupa en su vida la música. Hablamos del juego, de la importancia del lenguaje musical y sus búsquedas. También abordamos el valor que le asigna a la amistad.

 

 Por Paulo Ferreyra

 

Sigo creciendo bajo el sol, ahora entre cielos estrechos y edificios altos. Matias Arriazu ya se aquerenció en Buenos Aires. La vida va tirando, me dice como excusándose. Sucede que allá estudió armonía y muchas otras cosas. En el medio vivió unos años en Rio de Janeiro. Ahora ya no solo le gusta Buenos Aires sino que también aprendió a quererla.

 

Matías es guitarrista y compositor, arreglador, ejecuta la guitarra de ocho cuerdas. Se pueden escuchar de él los discos Peteî po, Caçador de infancia y De dos argentinos.

 

Estábamos aún en plena pandemia hace unos años atrás. Matías junto a su hija Aitana viralizaron un par de videos haciendo cosas juntos. En aquel momento la niña tenía siete años. Ahora tiene once y Matías cuenta que siguen haciendo cosas juntos. Recuerdo un tema puntual de las cosas que hicieron juntos, Zamba para no morir. “Aitana tiene una afinación natural. Es como si hubiera estudiado en algún lado pero todo es natural. Hacíamos aquellos videos jugando, creo que a veces perdemos la posibilidad de conectar con el juego pero si lo buscamos el juego está ahí, quizás con los brazos abiertos”, deslizó y ahí surgió el punto exacto para comenzar esta entrevista.

 

 

— Si nos remontamos a tus comienzos vos también empezaste con la guitarra jugando, ¿Cómo es tu relación con la guitarra ahora que hiciste de esto tu profesión?

 

— Ese título, profesión, no lo pienso y no me veo desde ese lugar. No puedo pensar de esa forma mi relación con el instrumento. Me cuesta pensarlo de esa manera. Creo que si tengo una obsesión con la guitarra.


 

Muchos tenemos cierto tipo de neurosis u obsesión. El punto está donde volcamos esas cosas, dónde podemos o donde queremos poner esa neurosis u obsesión. En mi caso está toda pueda en la música. A mí me mueve la música y todo lo vuelco en la música.

 

Después de mucho meditar puedo decir que sigo jugando. Soy un obsesivo del juego con la guitarra y quiero que cada vez me salga mejor. Me gusta tocar, más allá de los escenarios o de que pueda verse como mi profesión, a mí me gusta jugar con la guitarra.

 

Tengo un amigo brasilero, Bebê Kramer, un acordeonista muy bueno. Estábamos juntos un día y él me dice – Olha o brinquedo que eu peguei. Era una escala, un compás o una composición nueva que había encontrado jugando. Fue como si me dijera — mirá el juguete que encontré.

 

— Hay un seducción ahí con el instrumento, una atracción, ¿qué te seduce de la guitarra?

 

— Las guitarras en mi casa están esparcidas por diferentes espacios. Están esparcidas y es bueno porque por donde vas está a mano para que la tomes y puedas tocar. A mí me seducen son los sonidos, la música. A veces tengo un pensamiento o una imaginación y eso me lleva al instrumento. También hay algo del ejercicio, del contacto físico con el instrumento y la necesidad de deslizar mis dedos entre las cuerdas.


 

— En un entorno donde hay tanto ruido tu música nos lleva a un universo donde no hay espacio para las palabras. El viaje es con el sonido, ¿esa es tu búsqueda?

 

— Sucede que el lenguaje musical traduce sentimientos. Creo que la música es más parecida al sentimiento que el propio lenguaje hablado. Quizás la música traduce mejor algunas cosas. A veces alguien te puede decir — Te amo. Este es un sentimiento que ponemos en palabras pero quizás sea la música quien pueda traducir mejor ese sentimiento.

 

Siento esto más allá de mí, hablando de la música, el lugar que ocupa la música en nosotros y nos toca de ciertas formas. Son muy interesante las cosas que suceden. Somos almas sensibles.  El lenguaje de la música es el más potente y el más complejo al mismo tiempo. Trabajamos con el alma.

 

— Vuelvo sobre la pregunta pero de otra manera, ¿tu búsqueda entonces es traducir los sentimientos a través de la música?

 

— Desde muy chico yo escuché de todo, escuché mucha música. Mi viejo era muy eclíptico. Desde los nueve o diez años escuchaba de todo, folclore tradicional, tango, bossa nova, música clásica, era muy divertido eso de escuchar todo el tiempo cosas nuevas. Además en ese escuchar descubrir cosas nuevas fue una cachetada tremenda. Todo eso después de muchos años sale en lo que hago de la forma que se le canta o que quiere. No hay un orden. No puedo decir voy a componer una chacarera, no funciona así. Entiendo que vengo del folclore, esa es raíz que tengo muy fuerte, mi familia es de Tucumán, estas cosas que me acompañan desde chicos y están vivas conmigo. La música me sale sin plantearme en un género y los sentimientos no tienen género.

 

— La música es la madre de todo

 

— Claro, acá estamos hablando entre preguntas y respuestas con palabras. Mi lugar en la vida y lo que me interesa a mí es que hable la música. Cuando compongo me llega una idea y esa idea se hace cuerpo con la música. La cabeza es el lugar más libre que tenemos, más que el instrumento. En la guitarra conozco los lugares por donde ir y algunos espacios los tengo ensayado. Pero cuando trabajo las ideas la cabeza me lleva por lugares impensados, no hay gps y los lugares son amplísimos.


 

— En los últimos meses te vimos con trío nuevo. Del disco Peteí Po a la sonoridad de este trío con el que estás tocando ahora hay una continuidad o una sonoridad que puede leerse en una línea de tiempo.

 

— Si, puede ser. Pero acá está la personalidad de cada uno. Este trío nació de una juntada. No es mí trio. Es un trío de los tres. Antes tenía mi trio con Mariano Tiki Cantero y Flavio Romero, un contrabajista extraordinario. Flavio se enfermó. Como tenía un par de fechas para presentarnos el Tiki me presentó a Federico Arreseygor. Probamos, hicimos mi música porque tenía esas fechas pactadas para presentarme. Después de eso empezó a pintar una buena onda entre los tres. Un día Fede trajo un tema y ahí lo trabajamos. En marzo haremos una gira por el sur. Estamos muy contentos con lo que sucede con la música que hacemos. Es un trío de los tres.

 

 

La amistad

 

“La amistad es un lugar para encontrarse”, vamos terminando la charla con Matías Arriazu y surgió hablar de la amistad. Sin dudas algo que dentro del universo de los músicos atraviesa esa forma colectiva de hacer música. Matías sonríe, además de la música creo que la sonrisa es su otra forma de habitar el mundo. Hace un gesto y su rostro es como si encendiera una luz blanca, brillante y de sol.

 

“Creo que la amistad es la mejor forma de vínculo que existe. Es posterior a todo. La amistad es un lugar para encontrarse. Es un lugar para mirarse. Borges decía que a un amigo no podes verlo durante mucho tiempo pero lo encontrás y la amistad está ahí, fresca y viva. En el amor de pareja eso no puede pasar. Para mí la amistad es la superación de todos los vínculos”.


viernes, 21 de febrero de 2025

Flor Bobadilla Oliva: "Viajo en un camalote y tengo raíz de agua"

Flor Bobadilla Oliva - Foto Javier Perez Bassi

Ella es actriz, cantante e instrumentista. Desde hace un tiempo está realizando presentaciones difundiendo su disco
Solita mi alma.
En esta entrevista adelantó que este año comenzará a grabar su segundo material. Aquí nos cuenta cómo es su proceso para escoger canciones, hablamos de música y silencio, entre otros temas.

 

Por Paulo Ferreyra

 

La investigadora brasileña Lucia Santaella Braga hace un tiempo en su visita por Argentina había expresado que “no se le puede dar al artista la responsabilidad de solucionar los problemas del mundo. Eso es una utopía. La función del artista es mucho más delicada. Es la búsqueda de algo diferente que rompa con los hábitos adquiridos: son quiebres de hábito en las formas de representar el mundo. Ese es el poder transformador del artista. Pienso que el artista es la persona que lleva el proyecto humano adelante. El proyecto humano se torna más humano”.

 

Hace unos días charlamos por teléfono con Flor Bobadilla Oliva. Su voz tiene la delicadeza de tocar fibras íntimas. Usando su propio decir, rascar en lugares específicos. Ella es música y actriz. Lleva adelante varios proyectos como el Dúo Bote o el dúo con Nacho Amil, entre otros. En la plataforma de Cine.Ar se puede ver su faceta de actriz.

 

Desde hace un tiempo Flor viene presentándose como solista. Su primer álbum recibió el reconocimiento como 'Mejor álbum de folklore alternativo' en los premios Mercedes Sosa, 2023. Además le ha permitido ya presentarse en distintas ciudades y con el mismo cumplirá su sueño de hacer una gira por Europa. En su disco grabó temas como Milagreiro, Che Kamba resa jajái, Afiches, L´enfant et l´arbre, Lejanía, En qué nos parecemos, Alma de pez, Pa llegar a tu lado, entre otros. En esta charla, decidí comenzar por su proceso a la hora de elegir canciones.

 

— ¿Cómo es la selección de tu repertorio solista? ¿Hay una palabra que defina esa elección?

 

— El origen es el pulso. Hay algo que pide lugar y eso va apareciendo alrededor de un concepto. Ese pulso va englobando otras cosas. Si me preguntas algún término específico me resulta más difícil delimitar ese campo. En mi camino voy juntando canciones o cuestiones que nacen de mis pulsos.

 

De repente hay algo que me acerca mucho a las cosas que quiero decir y eso son los viajes. En los viajes me encuentro con otras músicas, otros musiques, con un montón de informaciones que van construyendo formas de historias nuevas.

 

El repertorio que voy construyendo es diverso y se va amoldando a un concepto. En el disco Solita mi alma la música está ligada a puertos y selvas. El concepto es la apertura, partir desde el puerto. Solita vino de un viaje que hice a Europa cuando me fui a tomar un taller y allá sentí la necesidad de aprender acompañarme.

Flor Bobadilla Oliva - foto Nora Lezano

 

El primer disco vino de un tiempo de estar juntando informaciones, de masticar y rumiar las canciones. Hay mucha música que queda por fuera del repertorio porque son las que justamente hacen a una elección.

 

El segundo disco con el cual ya comencé a trabajar es una continuación de esta historia. Siempre hay algo más fino que no se cuenta. Está en la línea de las heridas y el disparador es el ego, que nos salva en ocasiones, pero en otras también nos complica y nos deja en lugares horrorosos. Es una vuelta a eso, porque estamos vivos y mientras estemos vivos vamos a seguir haciendo esos giros.

 

— Entonces el segundo disco que se viene seguirá respirando el aroma del puerto.

 

— En realidad no se corre del puerto porque estoy arriba de un camalote. Pero el disco traerá otros decires. La música es de todos lados, no hay un país o una región definida. En mi música hay agua y otras formas de raíces.

 

— Me gustaría acercarme un poco más a la intimidad de esta construcción del repertorio. En los dúos tenés un par con quien hacer la elección. Cuando estás sola hay un espejo imagino con quien negociar qué hacer y qué no hacer, ¿Cómo es tu espejo?

 

— El espejo nace con la terapia. Hay una búsqueda en el devenir que va más allá de mí. Sucede que hay una instancia que va más allá de mí cuando estoy tocando y cantando. Ese es mi lugar y ese lugar es donde no soy, a la vez estoy siendo. Es un espacio honesto con lo que se dice y se cuenta. Se embarca en un viaje con lo tímbrico donde me siento cómoda en algunos lugares.

 

Mi trabajo está en la honestidad, en la desnudez del contar y ahí está el espejo. La música tiene que sostener el movimiento. Es ese movimiento que hace el bote cuando está atado a la costa. Pruebo mucho también cómo decir las cosas para dialogar con el entorno. Todos estamos acá y todos podemos estar escuchando esto, es un espacio de no juzgar.

Flor - foto Pili Álvarez

 

— No juzgar e incluso vos vas al terreno de no identificarte con algunas canciones, ¿cómo haces eso?

 

— Exacto. Ese es el juego. Está de moda decir identificarse con algo. Pero el que se identifica no se ve sino que refleja nada más. Hablamos de un lugar donde una, uno o une es mejor persona. En mi caso hago el intento desde la música, no juzgar, no identificarme con cosas o permitirme jugar a la identificación de un personaje. Me permito jugar también.

 

 

***

 

Su voz se impone desde el escenario. Me corrijo. Su voz atrae porque es un cuerpo magnético. Su tono es dulce, áspero y tierno a la vez. Es consciente de que toca la sensibilidad del público, “la gente se acerca y me dice cosas. Recibo esas cosas. A veces va más allá de lo que se dice. Cuando empiezo a ver que eso sucede entiendo que esa es la tarea, la responsabilidad, digo esta palabra con todo el amor del mundo”, lo dice y hace una pausa. Vuelve, “ser un lugar. Es hacerse lugar y ser el lugar”.

 

***

 

Flor - Foto Nora Lezano

— Si me acerco más a tu lugar, a tu puerto, ¿qué música voy a escuchar?

 

— En mi entorno hay mucha música y muy diversa. Hay muchas compositoras, compositores, canciones y mucha gente buscando lugar con la canción. Hay ruido. Hay bastante ruido que viene de la mano de la industria. Hay mucha música y mucha gente creando, viendo también el libro de la historia eso que ya pasó y que está sucediendo de nuevo.

 

Flor lleva en paralelo su vida de intérprete y actriz - foto Pili Álvarez

Hay además una búsqueda para encontrar la manera de poner luz a ciertos lugares. Entiendo que la música está sucediendo todo el tiempo y que es un lugar importante. Hay muchas opciones. Estoy volviendo a la música instrumental y también a algunos clásicos, estoy escuchando mucha música.

 

En la música hay que aflojar con las oxidaciones que traemos. Nosotros somos de un folclore muy elitista con mucha poesía, de plumas muy afiladas y de una musicalidad compleja. Aflojar a las presiones de donde venimos porque lo importante aquí es que la música sea accesible. Aunque estés cantando en guaraní, griego, portugués, en el idioma o en la variante del lenguaje que estés eligiendo que haya algo del lenguaje de la música, que vaya más allá de la palabra.

 

— Ahí aparece también el silencio, ¿cuánto te importante o qué espacio le das?

 

— Entiendo que más allá del tiempo y de lo concisa que pueda ser una canción, que dure lo que dure - dos, cinco o diez minutos - para estar más cerca de la canción tiene que ser una conversación.

 

Aquí nos detenemos un poco, cualquier conversación tiene una pausa. Por más ansioso que estemos en un encuentro hay algo real que sucede y eso es el silencio. Hay que pensar las canciones como cuando te juntas con un grupo de amigos, amigas y amigues. Por momentos hay mucha intensidad y por momentos alguien dice - ¿qué piensas dé?

 

Hay algo que la música atraviesa y que no deja de ser una conversación. Toda conversación precisa de las pausas, las intensidades, las dinámicas, hacer de cada canción una conversación y ahí el silencio es importante, sobre todo en este tiempo donde la estrategia es el ruido. En la música el silencio es construcción de sentido.

 

— Estamos en febrero, planificando cosas para este año y deslizaste que se viene el segundo disco, ¿Empezaste a transitar ese camino?

 

— Empecé el camino en principio para nombrar ciertas cosas. La espiritualidad se elige, las causas se ejercen y se viven. Hay un lugar donde rascar. Tomar distancia y cambiar el foco de la perspectiva de la herida. Este año voy a cumplir un sueño que es hacer giras internacionales.

 

Mi primer viaje a Europa fue en el 2017. Ahí me encontré sintiendo la música de allá y nuestra música. Sentí allá la necesidad de aprender a acompañarme. Ahí surgió el pulso de aprender acompañar, luego vino el disco y ahora para mí cerrar el ciclo del disco Solita mi alma es en Europa, porque ahí pulso extremadamente fuerte la necesidad de hacerlo sala.

 

— Usando tus palabras, fue allá donde te rascaste fuerte.

 

— Claro, allá comenzó. A fines de marzo viajo a Europa y voy a estar hasta mediados de junio. Voy con dos proyectos. En principio con Nacho Amil vamos con nuestro segundo disco, He de morir de cosas así. La segunda parte de la gira será con el disco Solita mi alma. Será una oportunidad para encontrarme con otras músicas. A la vuelta haremos la gira de los diez años del primer disco de Dúo Bote, Ysyry. En el medio voy armando mi segundo disco. No sé si estará listo este año el disco, pero ya hay parte del repertorio resuelto y voy transitando ese camino. También a mi mitad de año se viene un proyecto como actriz, es un libro interesante, otro viaje.

 

 

***

 

“Un suero gigante de vida”

 

Flor Bobadilla Oliva rompe varias cuestiones, siendo intérprete no se identifica con ciertas canciones y con algunas juega a identificarse. Hace varios años dejó Misiones, vivió en Córdoba y después recayó en Buenos Aires. Tiene una apertura inmensa, a muchas cosas le puede decir que no, pero al mismo tiempo cuenta que no le niega la posibilidad de que pulse, que pique y que pueda rascarse en determinados lugares. Sobre su provincia natal afirmó, “volver al lugar donde hemos vivido la primera infancia es como encontrarse con ese suero gigante de vida. Es la nutrición. Cada vez que vuelvo pienso en los colores, en la luz y en el paisaje desde las orejas, en el cielo desde las orejas. En los colores, en la tierra y el agua. Misiones es un suero gigante”. Sin dudas, está arriba de un camalote y trae otros decires. En ese tránsito ojalá el agua la traiga al litoral este año.

 

 

Flor - foto Pili Álvarez


 

 

 

 

viernes, 14 de febrero de 2025

“Tenemos un montón de chamamé distinto y muy diverso”

 


En el mes de enero se realizó la 4° Edición del Festival Che amoa meme. Este año el motivo central del mismo fue homenajear a la mujer chamamecera. Fueron dos días intensos que se vivieron en el Espacio Mariño de Corrientes. Una parte, tan solo una pequeña parte de lo que sucedió en esos días están aquí pintados en distintos caracteres. En este contexto uno de los músicos que participó afirmó, “tenemos un montón de chamamé distinto y muy diverso”.

 

Por Paulo Ferreyra


 

El festival se realizó a fines del mes de enero. Fueron jornadas que contó con una grilla que incluyó a los artistas Flor Sandoval, Pablo Delvalle, Billy Fernández, Homero Chiavarino, Luli Fernández, José Mazzanti, Mel, Coqui Ortiz, Las Guaynas Pora, Amandayé, Laureano Ortiz, Gicela Méndez Ribeiro, Vanesa Obregón, Felipe Moreyra, además hubo feria de autor y artesanías.  El año pasado habían realizado un homenaje a Ramón Ayala y este año la mirada estuvo centrada en la mujer chamamecera.

 

Hubo aquí un amplio espacio para artistas jóvenes, nóveles y también para los consagrados. Artistas de Corrientes y de otras provincias amplificaron un repertorio que trajo composiciones de autoras y autores jóvenes que están circulando en el ambiente musical del litoral. Emociones, sonrisas, bailes, abrazos y brindes en las distintas rondas de amigos o familias que llegaron a este Festival. El silencio se hizo sentir en distintos momentos cuando un fuelle hacía estirar una nota o en el rasguear de algunas guitarras. 

Luli Fernández no solo formó parte de la grilla sino que
también ofició de presentadora durante los dos días del Festival

 

“Ahora me gustaría que no exista la ley de cupo”

 

Esta edición del Festival rindió homenaje a las mujeres chamameceras, las que a fuerza de trabajo y sacrificio fueron abriéndose camino en esta escena, a las que dejaron su voz y sus canciones y que forman parte nuestro cancionero popular. Las actividades se abrieron con la presencia de la cantante y compositora Gicela Méndez Ribeiro. Ella fue la encargada de abrir un conversatorio sobre “El chamamé y sus mujeres”, en esta oportunidad dialogó con Luli Fernández.

 

Mientas se  realizó el conversatorio en la pantalla gigante se proyectaba fragmentos de “El chamamé y sus mujeres”. Esta es una serie documental de once capítulos ideado y conducido por Gicela Méndez Ribeiro y que contó con la dirección y producción de Marcel Czombos.

 

En este contexto Gicela comentó como había trabajado junto a otras artistas mujeres hace unos años atrás para que se apruebe la ley de cupo femenino en eventos musicales, Ley N° N°27.539. Hizo un repaso de su lucha, de cómo enfrentó a los patrones tanto de varones como de mujeres, pues muchas mujeres tenían miedo de pedir que se sancione esta ley.

 

Durante su exposición y diálogo con Luli, en un momento Gicela reflexionó. “Ahora me gustaría que no exista la ley de cupo”, lo dijo y su tono se puso serio, “ahora me gustaría que no exista la ley de cupo”. Lo volvió a decir mientras con su mirada recorría al público presente. “Quiero que me contraten por hacer música, por ser cantante y compositora, no quiere ser el cupo de ningún festival”, afirmó y el público acompañó su apreciación. Ya en el cierre sostuvo que en los festivales es necesario que haya una curaduría, donde pueden estar presentes sociólogos, musicólogos, etnomusicólogos, entre otros especialista que trabajan y conocen del tema.

Flor Sandoval, Pablo Delvalle y Billy Fernández

 

Los lunares de la luna tienen sus colores

 

Suena el piano, el fuelle estira una melodía mientras un rasguear de guitarra en finos y delicados dedos, destellan música del litoral. La presentación de Flor Sandoval, Pablo Delvalle y Billy Fernández tiño el espacio de colores intensos. Los aplausos y los gritos del público se hicieron escuchar con fuerza al término de cada tema. Antes de comenzar su presentación charlé con parte de este trío que fue toda una sorpresa en el festival.

 

— ¿Cuál es la propuesta que prepararon?

 

Billy — Siguiendo la línea temática del festival preparamos un homenaje a las mujeres vinculadas al chamamé, ya sea intérpretes y compositoras. Compartir el escenario con Flor es muy especial porque es una artista que compone sus canciones. Este es un punto en común que nos une con ella. Ya habíamos tenido el placer de estar con ella el año pasado y la verdad es que desde entonces quedó una relación musical importante. Estamos contentos de poder disfrutar de esta propuesta.

 

Pablo - Nosotros con Flor nos encontramos durante el año. A veces le pido que me grabe tal tema porque su voz es muy especial. Hace un tiempo atrás vinimos a grabar un video al Espacio Mariño y ahí Ine, una de las organizadoras de este festival, nos propuso hacer esta presentación juntos. Para nosotros es muy lindo. Además la estamos pasando muy bien porque Flor es una gran guitarrista. El año pasado en la presentación estaba Víctor y Flor cantó nomas. Este año le dijimos que además de cantar queríamos que también toque la guitarra. Es la primera vez que ella se pone a tocar chamamé en guitarra y lo hace muy bien.

 

En la previa ya se los vio entusiasmados. El repertorio fue un vaivén entre temas cantados por Flor y otros temas instrumentales. El silencio del público se respiraba y se acompasaba por esas sonrisas que pintaban diferentes rostros. Hubo un momento especial donde Flor realizó un tema solo en guitarra, un tema de Javier Larrossa, quien estuvo presente de pie escuchando con suma atención.

 

Cuando terminaron de tocar el público pidió más música e hicieron un bis. Se los notaba exultantes. Ya detrás del escenario me acerqué a Flor quien dejaba ver su felicidad traducida en una voz exultante, alborozada y jubilosa.

 

— ¿Cómo viviste esta presentación?

 

— La viví con mucha adrenalina. Me siento muy contenta por haber compartido con Pablo y con Billy. Si bien antes de hacer esto me sentía foránea del chamamé. Si bien crecí en Corrientes y siempre estuve rodea si se quiere de chamamé, nunca había hecho un repertorio tan extenso de chamamé. Estoy muy contenta de haberme animado. Además estoy muy agradecida de que me hayan invitado. Nos divertimos en el escenario y eso también llena todas las expectativas.

 

— Cantaste y también tocaste la guitarra, ¿cómo fue eso?

 

— Cuando me invitaron para cantar y tocar la guitarra fue un desafío muy grande. Cuando recibí la invitación de Ine lo acepté sin dudar porque es el Espacio Mariño, porque es un homenaje a las mujeres y porque es volver a tocar con Pablo y con Billy. Además era una invitación hacer algo nuevo. Entonces dije sí a todo lo nuevo. Si a lo nuevo, totalmente, me siento contenta de haber dicho que sí.

 

El hecho de que el festival haga un homenaje a las mujeres también nos ayudó mucho. Partimos desde ese lugar, Pablo me pasó nombres como María Elena a quien no conocía, después llegamos a Marta Quiles y luego vino Teresa Parodi. También dentro del armado del repertorio surgió la idea de hacer una pieza instrumental donde hice un tema de Javier Larrosa. Todo fue hermoso y desafiante.

 

El río ya corre. La empatía que había entre ellos en el escenario se respiraba en el público. Sus sonrisas blancas contagiaban. En este marco fue inevitable preguntarle a Flor si este proyecto de trío vino para quedarse, "ahora recién que me encontrás bajada del escenario te digo que ojalá toquemos más veces. Nos sentimos muy bien. Ojalá que sí. No hay ningún plan pero ojalá que sí". En este tiempo que ya pasó casi un mes del evento quienes la escuchamos deseamos lo mismo, "ojalá que sí".

 

Mel


“Me gusta que mis obras habiten nuevos espacios”

 

La artista Mel fue invitada en esta ocasión especialmente para pintar en vivo durante los dos días que duró el festival. Se la vio concentrada. Por momentos muy serie en la pintura o haciendo recortes. Aún en ese aparente rigor había una sonrisa que salía al encuentro de cada espectador que se acercaba para hablar sobre sus trabajos.

 

“Estoy muy agradecida a la organización por la invitación. Me trataron muy bien y estuve muy cómoda trabajando. Además esta propuesta temática del festival al celebrar a la mujer chamamecera es excelente. Muchas mujeres aportan al arte y es importante detener la mirada ahí, en mi caso me siento honrada en que piensen en mí para retratar las sensaciones de este festival”, así comenzó nuestra charla.

 

— En tu obra justamente conviven el territorio, la naturaleza y la mujer.

 

— Lo que sucede es que celebro el quehacer de cada mujer y lo que construye en la comunidad, en el territorio. En mi trabajo tengo presente siempre la naturaleza que nos rodea, así que el territorio está muy presente.

 

— ¿Cómo pensaste o diseñaste la obra para trabajarla durante los días del festival?

 

— En una charla con una amiga surgió la idea de trasladar la naturaleza del territorio con materiales que ya tenía como el lapacho. Desde ahí fui seleccionando otros materiales. Me gustó la idea hacer un recorte natural de la provincia y de cómo tratamos de agarrar eso para nosotros. Creo que a veces queriendo o sin querer siempre estamos buscando inspiración en la naturaleza. Los artistas plásticos y los músicos tienen mucho de ese color en sus obras.

 

— En tu caso en particular, ¿Misiones sigue estando presente?

 

— Sigue. Siempre está presente. Por este festival pasaron mucha gente misionera. Además desde el escenario se escucharon varios temas de Ramón Ayala. Todo eso me atravesó y sobre todo el himno de Misiones que es Misionerita. En una parte de la letra dice "bajo un hermoso y dulce cielo guaraní", eso creo que no solo atraviesa a Misiones sino a todo el litoral. Así que la obra llevará ese nombre y una persona se la llevará a su casa.

 

Habitar. Terminamos la entrevista. Me quedo observando mientras ella hace algunos recortes. Tiene algunas páginas de revistas en color sepia. Seguimos charlando, cuenta el origen del bastidor que utilizó para este trabajo. El cual se iba a sortear con el bono colaboración que se ofrecía al público que asistió al Festival. Ahí deslizamos nuestra charla sobre temas como el viaje y sobre sus obras que ya están habitando algunos hogares de la región. “A veces pienso en este trabajo y en su destino. No sé hacia dónde partirá pero me gusta que mis obras habiten nuevos espacios”, sentenció.

 

Juan Mora, Paloma Ortiz y Coqui Ortiz

 

Cadencia en flor

 

El día se presentó Coqui Ortiz arremetió de lleno con su clásico Chamamé que se eleva. Despertó rápido la emoción y la empatía con el público. "Rasgueando en la memoria del río / invocaré el sonido de quien me enseñara el trazo / quien con el don de su canto pintó el paisaje más bello / rindiendo homenaje aquellos que dan su vida en la costa / cantamos en tu memoria / querido Lino Mancuello", así recitó antes de interpretar - en lo que a mi concierne, uno de los himnos de la música del litoral, El Sauce y el río. Poesía en estado puro.

 

Los artistas por momentos parece que ven las cosas como un niño, como si fuera la primera vez. El asombro está en cada pliegue de una conversación. "Todas las compositoras y compositores del litoral nos han dado canciones bellísimas para cada momento de la vida. Cuando vamos viendo crecer a nuestros hijos díganme si algunas vez no los acompañó esta canción de la enorme Teresa Parodi", así rezó Coquí antes de interpretar Canción para Verónica.

 

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En el patio del Espacio Mariño había un señor sentado solo en una mesa amplia, rodeada de bancos largos de madera. Me acerco y le pregunto si podía ocupar un extremo de los bancos porque ya no había sillas disponibles. Me responde que no porque estaba esperando a su familia. La música seguía. Continúo de pie a un costado. Un instante después llega su familia, riegan la mesa con algo de comida y bebida. Se amuchan para ponerse de cara al escenario. "Flaco vení. Te hicimos un lugar", me dicen y me dejan formar parte de su mesa. Elevamos nuestras copas y brindamos. Así es el Patio del Espacio Mariño.

 

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En el escenario Coqui Ortiz cantaba junto a Juan Mora, además se había sumado Paloma Ortiz. Ella interpretó canciones con alma y cuerpo vivo, su voz se alzaba tanto que era un ave que sabe que tiene todo el ancho cielo para expandirse, vuela sin límites. Agradeció al Espacio Mariño por propiciar estos encuentros, "que nos sigamos encontrando sobre todo en estos momentos donde la situación, la vida y el hecho de encontrarse con el otro está siendo un poco más difícil. Pero ya sabemos que nadie se salva solo. Así que ahí vamos", deslizó muy segura y convencida. Coqui y Juan hicieron sonar los acordes de Ricarda Raíz. Parte del público tarareaba esos versos que dicen "Ricarda raíz de viento / Llévame a jugar con vos / un juego que no termine / escóndeme del dolor". Marta Quiles sabía lo que escribía. Después el repertorio siguió creciendo con varias canciones y un repaso por autores jóvenes como el gran poeta Seba Ibarra, entre tantos otros.

José Mazzanti recibió varias visitas en su muestra,
entre ellas llegó para estrechar su mano Rudi Flores

 

“Julián Zini es ya un santo popular”

 

Aquellos días del festival se había inaugurado la muestra Sobremesa de José Mazzanti. La muestra continúa y seguirá abierta hasta el 23 de marzo en el Espacio Mariño. La entrada es libre y gratuita. La muestra tiene obras de José y además de dos artistas invitados como Lucas Vera y Blas Aparecido.

 

José es artista visual formado en Artes, Ciencias de la Educación, Filosofía, Religión y Ciencias Biológicas. En el Instituto Superior Josefina Contte cursó la Capacitación en Dibujo y Pintura y años más tarde la Tecnicatura de Dibujo, Grabado, Escultura y Pintura. En su andar forma varios proyectos artísticos como los colectivos Yagua Rincón, Masa Crítica, La Usina Cultural, Galería Rancho (apadrinada por el artista plástico argentino Noé, de la fundación León Ferrari) y Guaranípolis. Ha participado también de la Feria de Arte Comporánea –ArteCo- en Corrientes.

 

Sobre su muestra el artista comentó que en el marco de la Fiesta le propusieron hacer una muestra en el Vivero. Así que presentó la propuesta de mostrar una sobremesa de un encuentro chamamecero. Algo que se extiende en el patio o en la sala de una familia, que viene después de un cumpleaños o un aniversario, donde el compartir se extiende en la escucha de música chamamecera. Así que busqué resaltar el hecho de compartir y que esté presente el chamamé, la raíz cultural.

 

Para llevar adelante su muestra realizó una encuesta con los chicos y las chicas del Espacio Mariño. De su resultado más otros que agregó por desde su subjetividad realizó doce retratos de músicos chamameceros.

 

“La figura central es Julián Zini aquí porque nos remonta a todas las fiestas chamamecera tanto acá en corrientes como en otros lugares. Julián está presente siempre. Donde haya un chamamé está ahí de una u otra forma. Siempre está su poesía, su música. Cuando uno piensa en el vino no importa la marca si el vino es para compartir. También le hice con un halo porque ya no vive con nosotros pero es nuestro santo popular”, afirmó José. “La poética chamamecera abarca muchas cosas como la fe popular, el trabajo, el amor, la miseria, la alegría, entre tantas otras cosas. Una parte de esa profundidad pueden observar aquí en el Vivero del Espacio Mariño”.

 

Homero Chiavarino


“El chamamé está más vivo que nunca”

 

Hubo muchos momentos importantes durante este festival. La presencia de Las Guaynas Porá y Luli Fernández, entre tantos otros, estuvieron cargados de un repertorio muy cuidado y exquisito. Uno de los artistas que casi únicamente se lo ve por la ciudad en enero es Homero Chiavarino. “Siempre vivo como una fiesta y un gran agradecimiento venir a Corrientes a tocar chamamé. Esta música me acompaña desde que soy muy chico y formo parte de esta cultura en la que me críe y de la cual sigo formando parte”, comentó momentos después de bajar del escenario.

 

Homero hace más de veinte años que vive en la provincia de Santa Fe. Sin embargo sigue respirando esta cultural. Las provincias son hermanas por el río Paraná.  El color de la música y el sabor del chamamé es en esencia el mismo, así que de esa forma está cerca de Corrientes.

 

— Si tuvieras que marca una o dos características de la forma de hacer chamamé en Santa Fe y en Corrientes, ¿cuál sería?

 

— Me parece que el punto está en la cuestión rítmica. El chamamé santafesino tiene un aire más picado, más bailable, brioso, porque quizás viene de la mano de Tarragó Ros. Él estuvo sus últimos treinta años de vida viendo en rosario y mesclando su música con la música del sur de Santa Fe que es una música particular. La diferencia está ahí, en el tempo, en el pulso. El chamamé correntino es más largo, más estirado y más lento, por eso mismo es más profundo. Lo más importante es que tenemos un montón de chamamé distinto y muy diverso, de acuerdo a la provincia y dentro de la misma depende de la región, eso es muy saludable para la música.

 

— ¿Cómo viviste la semana recorriendo cada espacio chamamecero?

 

— Lo que pasa es que en enero Corrientes es sinónimo de chamamé. Es el momento donde todos los correntinos y las correntinas regresan a su tierra para encontrarse con su cultura chamamecera. Tenemos grandes festivales acá y en la región. Hay muchos festivales chamameceros en la región. Enero es el mes del chamamé.

 

Por suerte este año en paralelo a la Fiesta Nacional del Chamamé se armó este corredor que armaron los chicos y las chicas del Espacio Mariño y de la Felipa Verde. A este corredor le dieron en llamar Ecos del Festival, porque de alguna manera es lo que está sucediendo alrededor de la Fiesta Grande.  Estos dos espacios hermosos para el chamamé le hacen mucho bien a la música. Creo que esto llegó para quedarse porque fue un éxito y hemos visto noches con mucho público, el chamamé está más vivo que nunca ya que la gente se reúne en torno a esta música y sus artistas. Siempre que sea posible nosotros estaremos participando.

 

— Para que el chamamé siga creciendo no solo hace falta espacios, sino también creadores y músicos creativos, ¿en tu caso cuál es la clave para seguir creciendo?

 

— Hay un gran nivel de músicos en todo el litoral. En mi caso tuve la suerte y soy muy agradecido de poder compartir la música con grandes músicos que siempre han aportado mucho a mi música. En este caso estoy como solista en el que interpreto canciones mías. Compartir esto con grandes músicos es bueno para el chamamé. La música se hace andando y compartiendo.

 

Por ejemplo, con el acordeonista que toqué hoy en el escenario te diría que hace treinta años que tocamos juntos. Teníamos diez años cuando armamos el primer grupo, Juventud chamamecera en Paso de los Libres. Cada vez que podemos nos volvemos a juntar con Roque, a veces él va a Rosario y sino yo voy a Paso de los Libres. Hay muchos músicos que están tejiendo la trama cultural chamamecera en silencio todos los días, todos los fines de semana a ellos también hay que agradecerles porque así el chamamé sigue creciendo.

 

 

Una tercera oreja

 

La primera noche cuando comenzó el festival una lluvia inesperada obligó a los organizadores hacer algunos cambios. El escenario del patio pasó a la sala en pleno concierto de unos artistas. El público siguió ahí expectante. Quizás algunos o algunas se fueron para no mojarse. El resto nos quedemos. La escena me remontó a un poema de Fabio Morábito, quien dice que había una tercera oreja pero no cabía en la cara / la ocultamos en el pecho y comenzó a latir / está rodeada de oscuridad / es la única oreja que el aire no engaña


domingo, 9 de febrero de 2025

Franco Greve: "El juego es una herramienta fundamental en todas las artes"


Los días miércoles y jueves se realizará en el Centro Cultural Galatea de Resistencia un Taller Intensivo de Improvisación Teatral. La actividad se realizará de 9 a 13. En esta charla con Franco hablamos en profundidad sobre la improvisación y el arte del juego.


Por Paulo Ferreyra

 

A través de juegos, ejercicios y conceptos, iremos entrenando y descubriendo nuestro potencial y nuestra particularidad expresiva a la hora de improvisar. Priorizando el cuerpo y el impulso por sobre las ideas, y la creatividad individual al servicio de lo grupal.

 

Jopara Teatro propone un nuevo taller intensivo de improvisación teatral los días miércoles 12 y jueves 13. La actividad será de 9 a 13 en el centro cultural Galatea, Echeverría y Mendoza de Resistencia. A través de juegos, ejercicios y conceptos, irán entrenando y descubriendo el potencial y la particularidad expresiva a la hora de improvisar. Se prioriza el cuerpo y el impulso por sobre las ideas, y la creatividad individual al servicio de lo grupal, así explican en la información que llega sobre este taller. Para conocer más sobre esta actividad dialogué con Franco Greve.

 

— ¿Cuál es la propuesta que hacen en este taller?

 

— Nosotros hacemos taller de improvisación teatral. Esto es entrenar herramientas para poder crear escenas en el momento. Para eso, como todo arte de la improvisación se trabaja mucho la parte lúdica. Es decir, se juega mucho porque a través del juego se busca desbloquear ciertas trabas que tenemos a la hora de crear e improvisar. Hay muchas cosas que llevamos impuestas por el contexto socio cultural. Cómo por ejemplo, juzgarnos, juzgar a los demás, poner mucha mente, intentar ser original, buscar aceptación, entre tantas otras cosas.

 

Hay muchas cosas que hay que desbloquear para poder entrar en un flujo lúdico, para arrancar a improvisar.

 

También damos muchas herramientas técnicas sobre la improvisación y sobre el teatro. Por ejemplo, cómo son las estructuras para crear historias improvisadas, cómo generar y cómo arrancar las escenas, la creación de personajes, cómo propongo situaciones en la escena, qué me conviene hacer en determinados contextos, por ahí van las cosas que trabajamos en el taller.


 

— ¿A quién está dirigido este taller?

 

— Trabajamos con grupos muy heterogéneos, de diferentes edades, gente con experiencias y sin experiencia. Estamos habituaos a estos talleres que son de clowm e improvisación, donde se puede trabajar con grupos heterogéneos. Si bien esta actividad es grupal también es muy personal, el recorrido que hacer cada persona es muy importante.

 

Nosotros estamos dando taller de improvisación desde el 2018. Lo hacemos de forma intensiva los fines de semana o dos días como este miércoles y jueves. El año pasado también hicimos un taller de forma anual, que tiene otra dinámica y con la cual quedamos muy felices. Se trabajan otros procesos.

 

— Al ser tan amplio este horizonte, ¿qué es lo que más te impacta o te impactó en el proceso de realizar estos talleres?

 

— A mí lo que me impacta es mi propio proceso haciendo talleres. No quisiera ser tan autorreferencial para ésta es la verdad. No sé si conoces esa frase que dice que uno enseña lo que necesita aprender. Realmente se aprende muchísimo en estos talleres. También es un ejercicio para poner en palabras y en práctica los saberes que tengo. Es enriquecedor y hay una sinergia por creciendo y cada vez puedo brindarme más a los talleristas.


 

Es un proceso muy bueno. El potencial que desarrolla cada uno y cada una es muy sorprendente. La mayoría de las personas cuando comienzan dicen que no van a poder y cuando terminan salen sorprendidos de lo que han logrado. Todos tenemos potencial para el arte y debemos trabajar, nosotros trabajamos en los talleres para desbloquear las trabas que tenemos para poder arrancar. La creatividad es natural en nosotros y hay que trabajar para que fluya libremente.

 

— Pensando un poco en lo que constas y desde tu experiencia, ¿crees que nos cuesta jugar?

 

— Nos cuesta permitirnos jugar. Después cuando estamos jugando nos soltamos. Es hermoso jugar. Si nos cuesta permitirnos jugar en la vida cotidiana, de pronto vamos a un taller donde es un espacio específico para jugar y ahí algo sucede. Esto lo remarcamos mucho en el taller, que es un espacio donde no se los va a juzgar, que estamos para jugar y así la gente se suelta.

 

En el teatro es fundamental jugar. En todas las artes es fundamental el juego, porque cuando uno juega pierde la cabeza, se van todas las trabas sociales, uno se sumerge en un imaginario que no existe y que no tiene consecuencias reales, se sumerge con toda su capacidad y también se divierte, la diversión genera en el cuerpo y en la mente algo a lo que no llegamos de otra manera que no sea jugando. Creo que cuesta jugar en la vida diaria. Uno no se permite jugar. Cada vez hay menos tiempo temporales para dedicarle al juego, al descanso o al ocio, eso es un problema.