Facundo y Nazareno son músicos oriundos de Buenos Aires. Vivieron en el interior del Chaco y hacen música desde siempre. Abrieron en la ciudad de las siete puntas Corrientes Norte, hoy un gran refugio de músicos chamameceros de la región. En esta charla repasamos parte de su recorrido y lo que significa para ellos seguir construyendo, aportando y enriqueciendo al chamamé.
Por Paulo Ferreyra
“Nosotros somos tradicionalistas. Nos gusta lo tradicional. Bebimos de esa raíz y esa es nuestra base”. Así, directo y sin vueltas comenzó esta charla que tuvimos tiempo atrás con Facundo Duarte. Junto a su hermano Nazareno hace tiempo están nutriendo al Litoral con su música.
Facundo en acordeón y Nazareno en guitarra hace quince años que tocan juntos. Hacen chamamé desde siempre. Se han presentado ya en escenarios importantes de la región. En esta etapa los acompañan Franco Almirón y Maxi Vallecillos en voces y Agustin Silvera en guitarrón. Son conocidos como Facundo y Nezareno Duarte o Los Hermanos Duarte.
Es música chamamecera entre hermanos.
Es música chamamecera de raíz tradicional.
Ellos van por un camino que busca la renovación del repertorio desde sus bases. Tienen en cuenta obras que con el paso del tiempo han quedado olvidadas. Hay muchas obras que son poderosas en cuanto a su poesía y a su musicalidad, ellos las están rescatando. Los Hermanos se consideran caminantes.
Son hermanos y siempre han convivido con criterios parecidos. Saben entre ellos sus gustos y conocen dónde está la apertura del otro para incorporar nueva música. Cada uno hace su búsqueda por separado y después cruzan información. Prueban. En ocasiones funciona y en otras no funciona. Es prueba y error. “En el error también hay aprendizaje”, desliza y hace eco de su proceso musical que es silencioso, cuidado y profundamente respetuoso de la tradición.
El criterio para seleccionar su música es el gusto. Ese placer o deleite trasluce cuando están haciendo música. “Si nosotros estamos contentos con lo que hacemos el público lo percibe y lo recibe de una manera diferente. Es por ahí el camino que hacemos con mi hermano”, agregó Facundo.
Amistad
El trabajo en conjunto entre los hermanos muestra su apertura y sus brazos fraternos a la amistad. Son cultores de la amistad. El año pasado los hermanos Marcelo y Hugo Dellamea los invitaron a tocar en La Felipa Verde. En enero de este año - en el cumpleaños de Nazareno - apareció Yamandú Costa para la celebración y tocaron juntos.
Las puertas de la amistad una vez que se abren permanecen abiertas. Hay en su espíritu algo natural, el sol que entra al hogar sin pretensiones y va regando los vínculos que se hacen naturales en la vida. Hay un acuerdo tácito de pasarla bien y compartir cosas buenas.
Cuando los Hermanos Dellamea llegaron a su Corriente Norte Facundo comentó que les explicaron que el lugar era chico. Sin embargo, los Hermanos Dellamea “quieren estar en Corrientes Norte”. Hay arte, respeto y honda responsabilidad detrás de esto que bautizaron Corrientes Norte. Es el lugar que ellos escogieron para darle rienda suelta a un sentimiento común que está cultivado por los vínculos y la música.
La fuentes
La escritora y poeta Clara Obligado en su libro Todo lo que crece, naturaleza y escritura cuenta que los búhos antes de emprender vuelo miran hacia atrás. Antes de lanzarse a hacer música los Hermanos Duartes miraron hacia atrás y ahí está la obra de Rudi y Nini Flores, emblemas del chamamé de nuestro tiempo.
En el presente Rudi Flores comparte y los vio tocar a los Hermanos Duarte. Los ha felicitado públicamente por cómo tocan y por el espacio que han creado para que se reúnan los músicos de Corrientes y la región.
“El hecho de que a una persona que admiramos le guste lo que hacemos nos provoca un gran regocijo. Ese regocijo nos da más ganas de tocar. En lo personal - desliza Facundo - y creo que también hablo por mi hermano - hacer música es algo que se fue dando de forma natural. Nosotros sentimos hacer chamamé. No buscamos complacer a nadie. La música tiene un efecto importante cuando es hecha de forma natural, eso no debe perderse por el bien de nuestro género”.
Es música chamamecera entre hermanos.
Es música chamamecera de raíz tradicional.
Dos chaqueños con un bar en Corrientes
El chamamé fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO el 16 de diciembre de 2020. Desde antes y hasta al presente no abundan los sitios para escuchar chamamé en la ciudad de Corrientes.
Los Hermanos Duarte nacieron en Buenos Aires. En la adolescencia se fueron a vivir al interior de la provincia del Chaco. Su familia se dedica a la gastronomía y así nació con el tiempo poner un bar gastronómico en la ciudad de las siete puntas: Corrientes Norte.
Ellos cocinan y por ello decidieron abrir un bar donde venden comida. Lo clásico ahí son las empanadas. Los amigos fueron llegando. “Este lugar no fue pensado inicialmente como bar para tocar y hacer presentaciones de artistas. Las cosas se dieron de forma natural porque tenemos las puertas abiertas para los amigos. El hecho es que nos gusta compartir y para nosotros es importante recibir a los amigos”, resaltó Facundo.
Mburucuyá
Este año fue la primera vez que Los Hermanos Duarte llevaron su propuesta a Mburucuyá. Hace mucho que visitan el Festival Nacional del Auténtico Chamamé Tradicional. Es el lugar por excelencia donde se juntan a compartir los músicos de la provincia y del país. “El festival es importante porque trasciende el escenario. Para nosotros siempre ha sido lindo estar presente en todo lo que sucede durante el día en Mburucuyá”, sintetizó Facundo.
El orgullo y la felicidad se debe a ese trabajo silencioso del músico en el día a día. Ellos escudriñan en el tiempo para buscar el repertorio, lo estudian y ensayan en silencio. “Nosotros estudiamos y ensayamos pero no sabemos cuándo se abrirá un escenario para mostrar lo que hacemos. Faltan lugares para tocar y poder hacerlo hecho en la fiesta de Mburucuyá significó mucho para nosotros. Además, llevamos lo que somos. No existe otra cosa y nosotros llevamos lo que somos”, afirmó Facundo.
Chamamé
“El chamamé es algo que siempre sentí. En las palabras populares el chamamé hoy es un modo de vida, creo que es un buen resumen. Una vez hablando con un músico y amigo Emanuel Álvarez, pianista formoseño, en un momento conversando sobre chamamé llegamos a la conclusión de que el chamamecero podría vivir únicamente escuchando chamamé. Eso no sucede con otros géneros. Yo mismo escucho otros géneros pero como chamamecero podría vivir únicamente escuchando chamamé”.
El chamamé genera una forma de transitar la vida. Ya en el tramo final de la charla con Facundo hablamos de Paquito Aranda, Tilo Escobar, Blas Martínez Riera, Mario Tránsito Cocomarola, Rudi y Nini Flores. Músicos que no tuvieron miedo de hacer cosas o incorporar cosas al chamamé. Él músico por momentos se pone fundamentalista, sabe de cuestiones técnicas y pone sobre la mesa lo que está bien hecho y lo que no está bien hecho.
“Nosotros entendemos y sabemos que tocando entre hermanos hay otra cosa, una comunión distinta. Venimos de familia laburante pero no de músicos. Son trabajadores. Estuvieron con muchos patrones y la mayor herramienta que nos han heredado nuestros padres es la voluntad para trabajar y que seamos nosotros nuestros propios patrones. Una libertad que cuesta tener y sostener”, concluyó.
Prepotencia de trabajo. La música no es solo técnica sino que también es emoción. Hay algo que transmiten estas nuevas generaciones de músicos que se distingue en la elección del repertorio y en la presentación. Ellos se lanzan a construir para aportar al chamamé. El género está vivo a pura prepotencia de trabajo.









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