viernes, 10 de abril de 2026

Yuvia: “Mi vida minimalista está reflejada en mis obras”





Ella es colombiana pero hace tiempo que vive en Argentina. Es artista y trabaja con textiles desde procesos manuales y con una estética minimalista, explorando el tiempo, la repetición y la relación entre fragilidad, estructura, luz, oscuridad y silencio a través de la geometría. Estuvo hace pocos días en la provincia del Chaco para conocer de cerca No¨oxonec - el algodón agroecológico de frontera. “Fui al campo. Llegué justo para el tiempo de cosecha de algodón. Hablé con las familias. Ahora de aquí en adelante deseo que el algodón agroecológico sea mi materialidad”, destacó. Además, en esta charla contó cómo dado un problema de salud creo una técnica para trabajar con las manos y poder bordar. Actualmente expone sus obras en el Palacio Barolo en Buenos Aires.



Por Paulo Ferreyra




La artista es colombiana. Ejerció el oficio de contadora. Sus días allá transcurrían encerrada en una oficina. Para hacer actividad física había probado con yoga, pilates, meditación, cualquier cosa en sus tiempos libres. Nada funcionaba. Así descubrió el tejido, empezó a hacer crochet y se convirtió en su “mindfulness”, según define ella misma. En sus tiempos libres se dedicaba al crochet.


Yuvia desde sus comienzos fue autodidacta. Veía videos en YouTube y seguía las indicaciones. En Colombia están los indios Wayuu en la Sierra Nevada de Santa Marta. Ellos hacen mochilas que son muy conocidas. Esas mochilas Wayuu son artesanías tejidas a mano por mujeres indígenas, renombradas por sus colores vibrantes y diseños geométricos o Kanaas que representan su cosmovisión y naturaleza. Ellas utilizan una técnica llamada tapestry. Todo lo que había en su entorno a Yuvia le sirvía de inspiración. 



Primer quiebre



Desde lejos la vida de Yuvia parecía resuelta. Tenía familia y un trabajo con buena posición social. Sin embargo, en su interior vibraba otra cosa. Algo le faltaba. “Durante varios años ejercí la profesión de contadora. Era muy estresante porque trabajaba en un oficio de hombres en un país machista. El ambiente me abrumaba. En ese contexto decidí darme el tiempo para mi y salir a recorrer Latinoamérica. Tomé mi mochila y salí de Colombia”, así recordó hace unos días sentada en el hall de un hotel en Resistencia. 


Aquel fue el primer gran quiebre en su vida. Argentina era el único país donde no conocía a nadie. En los otros países había algún colombiano o colombiana amiga que la recibía. En nuestro país no conocía a nadie y sin embargo era el país que más quería visitar.


Una vez que salió de Colombia pasó a Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Luego, ya radicada en Argentina pasó por Bolivia, Brasil y Uruguay. En nuestro país estuvo en Capital y durante la pandemia se refugió en El Tigre. 


“Soy colombiana y amo mi país” afirmó Yuvia al tiempo que agregó, “la decisión correcta fue quedarme en Argentina. En mi país no encajaba en nada e incluso en mi propia familia me sentía una extraña. Cuando llegué a la Argentina la primera sensación fue de pertenencia. Personas que no me conocían me ofrecieron cobijo y no me juzgaban por mi aspecto. Aquí cambió completamente la forma en que la gente me hacía sentir y me veía a mi misma, me sentí aceptada así como soy”.



Segundo quiebre



Al comienzo Yuvia vivía en Capital. Justo en la pandemia se fue a vivir a El Tigre. El aislamiento y la cuarentena llevó a que el tejido dejara de ser un hobby para concentrar toda su atención. “Estaba ahí encerrada, sola, no conocía a nadie. En ese contexto el tejido ahí fue el canalizador de mis emociones”, deslizó e hizo una pausa como para repasar en esas palabras. “El tejido fue el canalizador de mis emociones”.


Pasó la pandemia y ocurrieron un par de cosas en el medio. Tuvo un problema de salud donde perdió la movilidad. No tenía fuerzas en las manos así que no podía recurrir al crochet como canalizador de emociones. Al mismo tiempo tenía que estar fuerte desde lo emocional para poder recuperarse.



Tercer quiebre



El problema de salud que sufrió Yuvia significó el tercer y gran quiebre - paso - en su vida. No tenía fuerzas para tomar la aguja de crochet. Entonces empezó a tomar los hilos y hacer tejido con sus manos. Sin aguja empezó a trabajar y crear una técnica propia. 


“Lo que pude crear es una técnica con hilo tensado. ¿Qué diferencia hay con otras técnicas? Esta se basa en tener un punto de anclaje al comenzar y uno al finalizar. Todo el resto se hace sobre tensión pero si se suelta un poco el trabajo se desbarata todo”, explicó Yuvia. Esta forma de trabajar le permitió ir probando hasta donde podía trabajar las fuerzas de sus manos. Este fue el recorrido que la llevó a una transformación profunda, expansiva y con perspectiva de artista. 


Minimalismo y anclaje social


Desde hace poco Yuvia pisa fuerte en el terreno de las artes. La principal característica de sus obras es el minimalismo. “Mi vida minimalista está reflejada en mis obras Mis obras son minimalistas. Es mi forma de vivir, en mi casa hay pocos colores, pocos tonos y escasa materialidad. Para las obras uso hilados de algodón”, explicó.



Otra gran característica de las obras de Yuvia es el hilo de algodón. Cuente que el hilo resiste la tensión con la que trabaja. Como todo lo que emprende Yuvia decidió darle un marco académico y empezó a estudiar en la Universidad Nacional de las Artes. Este año se gradúa. A mitad de año presentará su trabajo de grado. 


En El Tigre había conocido hilados de algodón natural. Ella siguió profundizando y así conoció No¨oxonec - Agroecología de frontera del Chaco. “Con todo lo que hago siempre busco que tenga un anclaje social”, aclara Yuvia. Mientras hacía sus obras de arte pensaba en eso y así fue que buscó contactar a la Fundación de Red de Salud Popular Carrillo. 


Hace un par de semanas la artista estuvo en la provincia del Chaco y viajó a Pampa del Indio. Visitó algunas familias.  Justo llegó en tiempos de cosecha así que pudo ver de cerca la cosecha de algodón agroecológico. Conversó con algunas familias.  “Sentí una conexión total con lo que busco transmitir en mis obras”, subrayó. “Mi trabajo final de la universidad quiero hacerlo con este hilo de algodón chaqueño”.



Silencio 


En las obras de arte de Yuvia se puede percibir la fragilidad y al mismo tiempo la fuerza que representa el hilo tensado. Pero más allá o más acá frente a la obra está presente el silencio. Ella pasó de esa primera aprobación de su arte en el círculo de amigos y familiares a exponer para el público en general en el Palacio Barolo de Buenos Aires. En los próximos meses vienen más muestras e incluso ya habrá una exposición en Europa.


“Cuando estoy haciendo las obras puedo quedarme durante horas y mi cabeza detiene el ruido que sea. Todo el estrés o un mal día o pensamientos se apagan completamente cuando estoy creando. A todo esto ahora le sumo un trasfondo social porque mis hilos hablarán de las familias chaqueñas”, destacó. Después de su visita a la provincia del Chaco Yuvia sostuvo que ya no tiene dudas de que el algodón agroecológico será su materialidad. 


“Desde que estoy en Argentina no deja de sorprenderme la unión que hay en determinados sectores de la sociedad. Hablando con Alejandra Gómez le decía que aquí en el Chaco hay una entrega muy importante. Esa entrega va más allá del hecho de las familias trabajando juntas, más allá del trabajo del algodón agroecológico, hablo de esa unión que hay de todas estas personas por un bien común. Ha sido una experiencia muy profunda conocerlas de cerca”, dijo Yuvia y sus palabras reflejan alguien quien fue tocada en su corazón.


La poeta chaqueña por adopción, Ana María Donato escribió alguna vez: el tejido de las horas va diseñando el señorío de tu ser. Casi literalmente fue así en el caso de la artista, las horas y el tejido son una sola cosa. Yuli Viviana Arenas es Yuvia. “El arte - el hilo en particular - me permitió volver a vivir con todo lo que eso significa. Llegó el arte y encontré luz en mi vida. Recuperé mi vida gracias al vínculo que tengo con el arte y eso es lo que trato de mostrar en cada obra”. 


 




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