Ella estudia enfermería. Gracias a una convocatoria publicó su primer libro de poesía, La memoria de las manos con la editorial Macumba. “El libro habla del acompañamiento a una persona que padece una enfermedad y habla de la soledad. Quisiera encontrar lectores que se sientan acompañados. El libro es una forma de compañía”, sostuvo.
En el prólogo del mismo, la gran poeta Ariana Cabezas dice, “la autora pausa la mirada sobre aquello que normalmente pasaría invisible. Y en esa pausa el lenguaje devuelve experiencia a todo aquello que el mundo contemporáneo empuja hacia lo efímero. Lo íntimo deja de ser privado y se vuelve territorio colectivo”.
Por Paulo Ferreyra
Edición Facundo Binda
Hay canto de pájaros en la siesta correntina. Los autos y las motos pasan de forma espaciada. Los pájaros insisten. Se pasean entre los árboles mientras tiñen melodías de un extremo al otro. Nos escribimos mensajes con Brenda. Me pasa sus coordenadas y hacia allá voy. Un banco de la plaza. El sonido se diversifica ahora con perros que pasean, algunos libremente y otros con correa. El siseo de las ramas me advierte del tono que tendrá la conversación.
“Mi mamá tenía cáncer. La cuidaba. Estaba atenta y la asistía en todo. En el proceso de esa experiencia fui escribiendo algunos poemas sueltos. Es algo que tengo desde muy chica, un deseo por escribir y lo fui haciendo a lo largo del cuidado”, cuenta Brenda Fernandez y las palabras se hacen nudo, silencio y expansión.
Como buena poeta - porque ya es una poeta - su deseo de escribir convive con el deseo de ser leída, de que alguien se acerque a sus textos. “Este libro - La memoria de las manos - nació con la urgencia de explicar o poner en palabras algunas cosas que viví. Sentía que nadie comprendía o que nadie veía de la misma forma que había visto todo el proceso de la enfermedad de mi madre. Pasé todo ese proceso sola. No tenía a quien decirle, "¿Te acordás cuando pasó esto?" Porque nadie estaba”.
Lo que se nombra, ¿existe?
En Corrientes nació la editorial Macumba. Está dirigida por la poeta chaqueña Marina “Marva” Coronel y el cineasta y escritor correntino Carlos Kbal. Su objetivo es editar y difundir la literatura del Litoral argentino. Su nombre recupera el sentido original de la palabra "Macumba", proveniente de lenguas bantúes de África central, que significa “el encantador de las palabras”. “Hacer Macumba es, para nosotros, hacer cosas bellas, reunir personas alrededor de los libros, imaginar y confiar en que la literatura también puede transformar la realidad”, explicaron.
Hace varios meses atrás lanzaron una convocatoria. Fueron tres seleccionadas. La apuesta es a la poesía como forma de explorar la memoria, el territorio y la experiencia humana. Las obras seleccionadas fueron La memoria de las manos, de la correntina Brenda Jacqueline Fernández; Temporada de eclipses, del chaqueño Leonardo Guardianelli; y La cabeza de Sylvia, de la también chaqueña Eugenia Landriel.
“Compañía”
“El hecho de acompañar a una persona en su dolor es solitario y muy incomprendido”, reflexiona Brenda Férnandez. Escribió varios poemas mientras acompañaba a su mamá en su afección. Cuando vio la convocatoria de Macumba encontró el marco para reunir sus textos y presentarlos. “Armé el poemario con dificultad porque no soy escritora. Nunca había hecho un libro. Reuní textos que hablan sobre el cuidado y sobre las experiencias que viví estando cerca de mi mamá. Fui la única encargada de cuidarla y estar con ella hasta su deceso. Así que los poemas giran en torno al cuidado y a su partida”.
Brenda estudia enfermería. Desde niña lee todo lo que tiene a mano. En su casa no había biblioteca pero ella se fue haciendo de lecturas. Leía en la biblioteca de la escuela. Leyó y lee a Julio Cortázar, Pizarnik, Borges, entre muchos otros poetas. “Considero que me falta mucha formación literaria. Cuando me presenté a esta convocatoria tenía el deseo de que Marina Marva Coronel me leyera. Quería eso, que ella me leyera y pudiera hacerme un comentario. Todo lo que está sucediendo de ahí en más es un regalo”.
Mientras charlamos con Brenda las aves siguen cantando entre los árboles. “El libro es una forma de compañía”, desliza y ella misma abre un silencio. “El libro es una forma de compañía”. Se sonroja y cuenta sobre algunas devoluciones que le hacen sus lectores.
La emoción
Este año apareció el libro Por qué miramos a los animales, de John Berger. Es bueno saber que aún quedan cosas por leer de Berger. La traducción del mismo nos llega por Pilar Vázquez y Abraham Gragera. En este libro se puede leer, “dice Rousseau que el propio lenguaje empezó con la metáfora. Dado que la emoción fue el primer motivo que indujo al hombre a hablar, las primeras palabras que este pronunciaría hubieran de ser tropos (metáforas). Primero nació el lenguaje figurativo, los significados propiamente dichos fueron los que más tardarán en encontrarse”.
La gran poeta Ariana Cabezas escribió el prólogo del libro de Brenda. Ahí destaca varios aspectos de la poética. Así vamos de Berger a Rousseau y de Cabezas a Fernandez. “Los poemas de Brenda no recurren a grandes metáforas ni a lo ficcional para enunciar lo real. Por el contrario, es lo real mismo lo que lentamente se transforma en potencia metafórica. La metáfora no aparece como desvío de la realidad, sino que la encarna. La ausencia ocupa espacio. El silencio tiene peso. La fragilidad se vuelve lengua”.
Estanque
Brenda Fernández
Antes de escribir
todo en mí es agua estancada.
Un estanque espeso
donde las palabras
amenazan con pudrirse.
Si no abro un cauce
la presión aumenta.
El cuerpo se vuelve
territorio húmedo,
pesado.
Escribir
es apenas un rendija,
un desagüe mínimo
por donde algo
logra salir.
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