"Navegamos sin más pretensiones que ver los ríos libres"

Jorge Mazzochi, Sebastián Arena y Hernán Gigena partieron días atrás en kayak desde El Pintado a Buenos Aires.

“La hoja es el equivalente a la vida”

Entrevista con Franco Rivero

jueves, 30 de enero de 2020

La emoción es la posibilidad de ser singular


La muestra colectiva “Poéticas Expandidas” tuvo lugar en el Museo Provincial de Bellas Artes. La producción reunió a artistas del interior y a la Capital correntina. La misma fue el resultado del seminario en artes visuales y escritura encabezado por Maia Navas y Franco Rivero. Con ellos charlamos aquí para conocer en profundidad cómo se gestó y cómo vivieron esta experiencia. “Estamos escribiendo, escribir nos ayuda a pensar, a procesar todo lo que sucedió durante poéticas. Fue una experiencia vital, fuerte, sin dudas algo impactante. La escucha, lo afectivo, le dieron un toque singular”, explicó Maia.

Por paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com

Había voces en una cámara oscura, velas, sonidos, pantallas, sillones, escritorio, libros, silla, plantas, tierra, telas, pinturas, una explosión de formas y colores a lo largo y ancho de la sala José Negro del Museo de Bellas Artes.

Maia y Franco armaron el proyecto, lo presentaron al Instituto de Cultura, fue aceptado y Declarado de Interés Cultural con Resolución N° 0865. Lanzaron una convocatoria y el trabajo se inició en el interior.


La propuesta era descentralizar la capital correntina como el lugar donde suceden experiencias similares. Fueron elegidas dos sedes, una del norte de la provincia y otra del sur; Monte Caseros y Saladas. Los encuentros en la primera localidad fueron de abril a julio, y, lo que inició en Saladas en agosto, por inconvenientes que no vienen al caso, se continuó hasta noviembre en la ciudad de Corrientes. Hubo dos muestras, la primera en la ciudad de Monte Caseros, en el mes de agosto; la segunda fue la Muestra Final, en la capital de la provincia. Expusieron y participaron del seminario más de 20 artistas en una franja hermosa de 16 a 71 años, donde también convivían, por ejemplo, un albañil con una ilustradora científica.

“Fue un proceso de trabajo totalmente gratificante. Aunque, en ocasiones,  salía de Ituzaingó a las 10 de la noche y llegaba  a Corrientes a las 01 y de acá salíamos a las 04 de la mañana a Monte Caseros, terminábamos de manejar y empezaba la clínica pero ni se sentía cansancio. Cerrábamos el encuentro al día siguiente, a la tardecita y de vuelta al auto y viajar. Maia quedaba en Corrientes y  yo llegaba a casa como a las 4 de la mañana pero con la sensación hermosa de que todo lo que encontramos e hicimos fue muy lindo”, explica Franco. 

 “Hemos buscado y no hay experiencias como ésta dentro o fuera del país. Hay relaciones como entre docentes y alumnos en los talleres y en los seminarios, pero en poéticas las dejamos afuera, estábamos todos en la misma línea, en la de la experiencia y la del encuentro con otro. Nos tratamos con el mismo respeto. Desde el más joven hasta la más grande, no hubo diferencias en el trato. Todo fue muy reconfortante, único”.


“Hay vínculos que aquí van a durar más allá de esta experiencia. Otros no, pero la mayoría van a quedar. Es muy difícil llegar a repetir esta experiencia, por un lado por lo que significó en esfuerzo y el no apoyo del gobierno. Igual sería hermoso hacerlo”, deslizó Maia. Junto a Franco son grandes artistas, sensibles y de un apasionamiento intransferible. Hermosos. Nos juntamos por separado para describir esta experiencia, aquí parte de ese juego que iniciamos con preguntas y respuestas.

— ¿Cómo se cruzan sus vidas para hacer este proyecto de Poéticas Expandidas?

Franco — Había empezado a dar Takuru, la clínica de poesía presencial en Corrientes. En ese contexto Maia me contacta para participar. Como sabía lo que ella hacía le dije que en este caso sería al revés, yo quería aprender de ella. Así fue cómo nos empezamos a juntar.

Fuimos a comer la primera vez y a develar lo que estaba por detrás de lo que nosotros hacíamos. La cuestión de la búsqueda, el ritmo, la crítica de la estética, entre otros puntos. En ese momento y hoy estamos en sintonía con los conceptos que para nosotros están en crisis dentro del arte, la categoría de artista, los límites del arte, el sentido, el proceso creativo, crear, arte. Sin saber quizás estábamos tensionando los mismos lugares. En ese momento yo estaba fascinado leyendo Contra el arte y partes de Matar a Platón, ambos de Chantal Maillard; y, a los días, Maia había encontrado una teorización sobre lo que yo estaba haciendo y diciendo. Así que me manda parte de un texto, que después me lo pasa íntegro, era La poética como crítica del sentido, de Henri Meschonnik. Entonces nos cruzamos los textos, ella se puso a leer lo que yo estaba leyendo y a su vez yo empecé a leer lo que ella leía. Ésa fue después la base de poéticas.

Maia — Nuestro cruce se fue haciendo por varios factores como dice Franco. Nos conocimos por nuestras obras y por nuestros amigos en común. Cuando nos conocimos además de la admiración mutua se daba el hecho de compartir un marco teórico, un lugar desde donde pensamos las artes. Recuerdo que le recomendé un libro que se llama La poética como crítica  del sentido. Nos compartíamos las lecturas. Estos autores son los que marcan un antes y un después de leerlos. Con Franco sentimos una gran afinidad, una sintonía muy fina sobre lo que creíamos que era la poética. En un momento pensamos sobre lo que nos estaba pasando, las obras, las devoluciones de nuestras obras y que esas cosas se podían multiplicar.

Cabe aclarar que ambos tenemos un recorrido amplio como docentes, como talleristas, la experiencia previa de cómo manejarnos ante un campo amplio grupo ya lo teníamos. Algo imprescindible aquí es un gesto político y ético de pensar el interior del interior. Pusimos la mirada en el interior y en la falta de capacitaciones que hay para artistas. Pensábamos que el estado podía apoyar este tipo de proyecto.

— ¿El nombre poéticas expandidas de dónde sale?

Franco — Maia me habla de algo que se llama Palabra Expandida, un intento de sacarla de la hoja, del soporte, hacia afuera. Era además algo que ella estaba haciendo. Con eso yo pensé en mi forma de ver a la poética ahora, como ese pulso que está detrás de la búsqueda y que no es privativo del que escribe, sino que es un impulso que subyase a cualquiera que se enfrenta a una materialidad y que con ella intenta hacer algo. Por eso le digo que podría, más bien ser, Poéticas Expandidas. Así nació este camino. Hablamos mucho. Empezamos a escribir lo que íbamos hacer y en un mensaje me dice - que lo que había escrito llegaba a la carne y al hueso. Con eso nos pusimos a pensar qué significaba esto para nosotros. Así terminamos dividiendo los encuentros en partes del cuerpo.

Antes de presentar la propuesta fuimos hablar con el presidente del instituto de Cultura porque queríamos quitar a Corrientes Capital como el centro de todas las experiencias e irnos directamente al interior del interior. Por eso elegimos Monte Caseros y Saladas. La idea era que los artistas que se postularan de Capital vayan al interior. Le gustó el proyecto, por eso lo presentamos.

— Para participar había que postularse, ¿cuál fue la clave de selección? ¿les sorprendió la respuesta de los artistas?

Franco - Una de las claves para la selección era saber qué cosas decían sobre su búsqueda. Pedíamos una muestra de obra y un texto donde se presentaran de la forma que quisieran y que nos hablaran de sus proyectos. Después esos caminos resultaron en sintonía con otros artistas, gente que no se conocía estaba trabajando lo mismo, buscando lo mismo; acá se ve: hay cuatro obras sobre cementerios. Por ejemplo. Además muchos se presentaron a trabajar porque aceptaron la metodología, les parecía seria, novedosa; por ejemplo, Noemí de Monte Caseros tiene 71 años, ella se postuló por eso; nos dijo: no necesito hacer más ningún curso a esta altura del partido pero vi la seriedad de la propuesta y decidí sumarme. Trabajó durante todo el año. A la par se postula Juan Manuel, un chico de 16 años de Curuzú Cuatiá. Trabajar con esa franja fue importante para todos. Además se entrelazaban los oficios, teníamos un montón de rubros: albañil, fotógrafos, narradora oral, actor, plásticos, mosaiquista, poetas, artistas visuales, arquitecta, ilustradora botánica, entre otros.


Maia — Agregaría que la propuesta fue novedosa y nos sorprendió la respuesta a la convocatoria. Había como una exigencia previa para postularse. Para nosotros en la formación de un artista es importante que hable de su producción, es un requisito para compartir con los demás lo que está haciendo. De igual modo hubo gente que nos cayó en el encuentro y a ellos los integramos en el proceso de trabajo.

El acompañamiento desbordó nuestras expectativas. Nos encontramos con una dimensión de lo afectivo importante. Se abrió ese lugar de la generosidad y la escucha que como coordinadores con Franco era una condición básica. La escucha era importante. Esto cuando sale de las figuras de coordinación me parece que se replica en el grupo, aquí pasó mucho. Hubo un trasfondo de amor, de afecto. No había competencia, lo que se quería mostrar era desde un lugar sincero. Acá nadie venía a ser la estrella. Éste fue el espacio para compartir, intercambiar, debatir, aprender.

— ¿El Museo de Bellas Artes sigue siendo el espacio para legitimar el arte?

Franco — Sucedió aquí porque también era como un mimo. En el día de la inauguración, Chacho, el albañil dijo que nunca se pensé exponiendo en el Museo de Bellas Artes.  De 20 artistas 15 no conocían el Museo de Bellas Artes. Además, no olvidemos que hubo una primera muestra en el interior; hay obras que por sus dimensiones no están aquí pero sí estuvieron en la muestra de Monte Caseros.  Queríamos jugar con esta cuestión del centro y la periferia y hacer el recorrido al revés, traer la periferia al centro.


Maia — Pensar la muestra en el Museo Provincial de Bellas Artes es ponerse en contexto, éste no es cualquier lugar. Implica otro carácter porque también lleva otro lenguaje. Hay muchas de las personas que expusieron que cambiaron su lenguaje dentro del arte, por ejemplo Sylvana, Liliana, Marisa, que ellas trabajan desde la palabra y aquí presentaron otra cosa. Además tener una fecha, un lugar, despertó una potencia en el deseo de concretar un proceso que se venía trabajando en poéticas. Quizás no cerrar pero si mostrar en qué y cómo se está trabajando. El Museo sigue siendo un espacio de legitimación por la envergadura que tiene, por el tipo de sala, por lo que significa dentro de la Provincia de Corrientes. Por ejemplo expusimos en el interior y en esos lugares no había salas especializadas. En Monte Caseros hicimos una muestra en una Biblioteca. Es linda la experiencia.

— En la inauguración hubo muchas muestras de afecto, artistas hacia y desde ustedes, ¿todo es afecto?

Franco — Entre nosotros es así, totalmente. Estoy convencido de que la emoción es la base. La emoción es la base. La emoción es la posibilidad de ser singular. Todos nosotros lloramos, hay registros. Me acuerdo de Matías, el escultor, estaban trabajando y yo entro en un momento para hacer una foto. Él estaba sentado en el piso contra la pared con una libreta y sus ojos estaban ahogados. Hice una sola foto en ese momento y me fui porque también la emoción me había desbordado. Hubo en este tiempo una cuestión con el abrazo. 

Fue un camino donde juntamos soledades, cada uno caminaba en soledad y aquí juntamos nuestras soledades, nuestra desnudez, y desde ese lugar surgieron las obras. Las obras nacieron en el seminario, como consecuencia no como un requerimiento; la única consigna clave que teníamos era que el cuerpo sea atravesado por la emoción. El hecho de dejar que la emoción nos atraviese para nosotros fue un equilibrio que se consiguió dejando ese factor de desequilibro que tenemos todos que es el narcisismo.

— Había un grito, una convicción de que este grupo vino para quedarse. ¿Cómo lo vivieron?

Maia — lo importante de este proceso, de este camino de trabajo es que de aquí salieron amistades. Hay vínculos que aquí van a durar más allá de esta experiencia. Otros no, pero la mayoría van a quedar. Es muy difícil llegar a repetirlo porque lo que ha significado en esfuerzo y lo que encarnó el no apoyo del gobierno. Igual sería hermoso hacerlo.

Franco — Siendo sinceros sufrimos bastante. Si fuera por nosotros vamos a seguir. De hecho nos gustaría seguir. Pero para esa continuidad deben estar generadas las condiciones para que podamos seguir. Esto no tiene por qué ser un apostolado y que toda la plata de la provincia vaya al chamamé o al carnaval, únicamente. Por otro lado nosotros a comienzo de año presentamos un proyecto que cubría toda la provincia. En el 2019 trabajábamos norte y sur y en este 2020 con la misma modalidad trabajábamos este y oeste, así cubríamos toda la provincia. Hoy las condiciones no están dadas. No podemos ir así a esos otros puntos. Estamos buscando alternativas. Tenemos toda la energía para continuar pero necesitamos un gesto político de compromiso para poder desarrollar este trabajo.

— ¿Que temas atravesaron todas las obras trabajadas durante el año?

Maia — Creo que en el trabajo mostrado en el Museo de Bellas Artes quedó plasmada como la correntinidad atravesando las obras. Hubo mucho territorio y paisaje explícito. Hay otro tema con recurrencia que es el trabajo con la femineidad, cuestiones de género. Un tercero sería la religiosidad.

Franco — Uno más, el lugar del corazón. El otro como espacio para el abrazo. Me parece que esas cosas están. Verlas, sentirlas, revivirlas, emociona mucho.

— En lo personal, ¿qué les sucedió a cada uno con su obra?

Franco — Me expandí. El 2019 fue el año en que más escribí. El 80 por ciento de lo que escribí salió durante este proceso.
También he registrado todo lo que dijo cada uno en todos los encuentros que tuvimos. Tengo alrededor de mil páginas crudas. Hay cosas hermosísimas. Muchos de los nombres de las obras salieron de estos encuentros, por ejemplo, "Una silla atraviesa la silla y si la toco suena", salió de una anotación, de algo que Adrián dice mientras piensa su obra.

Maia — Volviendo al comienzo, nosotros pensábamos en lo que atraviesa todo los lenguajes del arte. Para nosotros lo que atraviesa todo es la poética más que la materialidad del arte. Nosotros trabajamos desde la propia experiencia de vida. Para mí fue mucho enriquecimiento. La variedad, la diversidad en todos los aspectos nos hizo crecer. Desde ese lugar volver a pensar, junto a cada artista, el lugar desde donde estamos trabajando nos enriquece mucho.

Nosotros hacíamos devoluciones a los artistas durante cada trabajo. En varias ocasiones las preguntas que hacíamos volvían a nosotros, nos hacía repensar nuestra obra, el modo de hacer.  Hay algo que nos queda y es muy importante - los gestos. La obra no es solo saber hacer algo bien sino que hay algo que está más allá, eso tiene que ver con un aspecto vital, con los vínculos, con una forma de estar. Ver las realidades tan diferentes también nos enriqueció. Estar en el interior del interior me pareció interesante, porque nosotros también a veces nos pensamos en el interior. Además vi mucha pasión.


En danza con narcisos

Probablemente William Wordsworth no conoció el interior del interior de Corrientes. Sin embargo describió cómo andaban algunos artistas, “Iba solitario como una nube /que flota sobre valles y colinas,/ cuando de pronto vi una muchedumbre/de dorados narcisos: que se extendían/ junto al lago, a la sombra de los árboles,/ en danza con la brisa de la tarde”. Poéticas expandidas los acercó, hizo que se conocieran, juntos ahora brillan como las estrellas en un lechoso cielo de verano. Las expectativas por un lado están puestas en que este grupo llegó para quedarse, y del otro lado, el deseo de que algo se arme para que el proyecto siga, que pueda replicarse. Parece que dar es irse pero Poéticas Expandidas aún no ha dado todo.







miércoles, 18 de diciembre de 2019

Licha Bernal expone en el museo de Bellas Artes de Corrientes


Hoy a las 20 quedará inaugurada la muestra "Huellas", de la artista plástica Licha Bernal. La apertura está prevista en la sala "Justa Díaz de Vivar" del Museo de Bellas Artes de Corrientes, San Juan 634.   En sus obras la autora retorna a sus fuentes: el grabado. Con técnica mixta y materiales no convencionales, explora renovados caminos que se enlazan con su obra previa.


“El delicado y punzante dibujo de temas eróticos y femeninos deja paso a otros modos de recorrer los surcos, de saborear las huellas. La indagación de la interioridad, la sensualidad, el descubrimiento del cuerpo y sus placeres, se combinan con la riqueza vegetal del monte, trasladándonos a una dimensión misteriosa”, describe la invitación. 

La curaduría es de Alejandra Muñoz, que en un breve texto presenta el conjunto: “Huellas da cuenta de una colección de signos que empiezan a emerger en la obra de Licha Bernal. Formas ya conocidas, como las espinas de palo borracho y la figura femenina, se entrelazan con nuevos temas: plumas, hojas, ojos, vegetación selvática, retratos. Estos elementos que podrían parecer tan disímiles, logran unidad y organicidad a través de la delicadeza del trazo, de la sutileza de las formas.

El bien conocido preciosismo de su dibujo se combina aquí con la vuelta al grabado, técnica que domina de tal modo que, sin temor, despliega sobre materiales no convencionales.

Flores y hojas que penden del cielo, que se derraman hacia nosotrxs; espinas talladas que en un ejercicio de tremenda ambigüedad combinan el peligro de sus puntas filosas con la tentación de rozar las líneas; ojos que no por coloridos dejan de interrogarnos desde la pared; delicadísimos gofrados de puro blanco, retratos femeninos que nos inquietan y seducen.

En esta expansión simbólica de la obra de la artista chaqueña adivinamos un renacer, un río subterráneo de placer que se filtra por los surcos del grabado, el brote desmesurado de los estímulos. Descubrir adónde nos conducen estas huellas es un precioso desafío”.


jueves, 28 de noviembre de 2019

Germina música en las calles de la ciudad


Este viernes 29 el músico y compositor Cacho Núñez presentará Canciones con eco. La cita es a las 23 en el Café El Mariscal.


por paulo ferreyra
sapukai.culturas@gamil.com

“Me gusta fundar cada presentación bajo un concepto, una idea. Además en esta ocasión presentaré temas nuevos”, explicó. Cacho además ha musicalizado producciones importantes de los realizadores de la provincia como Marcel Czombos, Pablo Almirón, música que interpretará en esta velada.

Será una noche de música íntima. Cacho tocará la guitarra y compartirá su música con varios temas nuevos. “Por ejemplo –cuenta— hay una obra que está compuesta para guitarra clásica. En mi formación me gustó mucho Sebastian Bach, desde antes de la formación académica. Cuando conocí la música barroca con sus propiedades, sus cualidades, sus reglas, me atreví a componer una melodía con los elementos. Para mi Bach es increíble. Esto es una especie de reconocimiento a las cosas que aprendí de él, mínimas y elementales”.
Estaba ensayando en su casa. Tocaba y un amigo de su hija le dice “tú música tiene mucho eco”. Eso quedó resonando y así se fue fundando un concepto para elegir canciones para este repertorio. “Los ecos te remontan hacia muchas cosas. Te pueden llevar a algo que pasó hace poco o hace mucho tiempo atrás. Música con eco. A medida que presento mis melodías me gusta que estén sustentadas en una idea, en esta ocasión están sustentadas en la idea del eco”, sostiene.

Música en la ciudad

Consultado sobre cuánto incide el medio para su música afirma que mucho, “es innegable porque todo lo que me rodea es música. Mi última composición está inspirada en trayecto de Santa Ana a Corrientes. En ese ir y venir fluye el contacto con la naturaleza, con los pájaros, por eso siempre mis composiciones tiene resabios del lugar porque justamente es el reflejo, la percepción de lo que me rodea. Mucha gente toma lo que escuchamos en la ciudad como ruidos pero para nosotros es música. Así como escuchamos el canto de los pájaros en la ciudad también hay una musicalidad increíble dentro de la ciudad”, afirma.

En distintos tonos

Para sostener esa musicalidad Cacho Núñez advierte que todo se ramifica en los distintos tonos que hay en la ciudad. “Nadie habla en el mismo tiempo que el otro, nadie camina igual, los autos no circulan a la misma velocidad, la gente tiene tiempos distintos. Entonces eso es la riqueza musical del entorno y puede ser volcada a una melodía, a un composición nueva”, desliza quien no descarta también trabajar cada melodía desde las emociones.

La búsqueda de Cacho está más allá de la aprobación. No busca masividad, triunfos, aplausos. Como hace un año atrás cuando se presentó en este mismo escenario —Café El Mariscal— “habrá personas a las que esta música puede producirles algo, en cambio a otros no les produce nada. Eso está bien también, mi búsqueda personal por la música está por encima de todo. Además, no todos tenemos el celular en el mismo tempo”, desliza y suelta una sonrisa de labio, muda, que queda grabada un su rostro moreno.

Ecos
“Los ecos son como sonidos que muy lejos de perderse vuelven como remotos y ancianos viajeros de un tiempo lejano. Inmersos en una mezcla de desconstrucción sonora y de aparente desorden que cualquiera podría apreciarlos. A través de esto busco el camino adecuado para acercarme a este experimento sin recelos, prolongando las notas para realizar discos que podrían escucharse como una continuación sin pausa, enlazada, predecible o intencionada”.

Sólo intentan que no dejemos de pensar en lo mágico que resultará encontrar en cada noche el lugar donde se establece la línea directa  hacia el infinito o donde laten estas canciones. También puede ser el lugar donde arde la locura consentida de una idea maravillosa y de difícil repetición, de sonidos tal vez ancestrales o hasta quizás perdidos.  Déjense llevar al paisaje descripto anteriormente, el cual parece regirse por la misma cadencia, poco a poco la canción buscará sumergirlos en lo más profundo de los sonidos con ecos”, así cierra un manuscrito de Cacho Núñez.

jueves, 21 de noviembre de 2019

César Bisso: “La poesía es reparación”

Este viernes en el Centro Cultural Siete Corrientes se realizará un encuentro interdisciplinario de artistas. Habrá música, presentación de libros, lecturas, y a las 21 comenzará el ciclo Tenemos Visita, con la presencia de César Bisso de Buenos Aires, Juan Páez de Formosa y Alicia Rossi del Chaco.  César presentará un poemario nuevo titulado Andares, editado por Ananga Ranga. Antes de su arribo a la ciudad charlamos sobre su actividad como poeta y periodista.

por paulo ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com 

“Ojalá la palabra pueda transformar el mundo. Ojalá la palabra pueda hacer llover. Ojalá las palabras puedan hacer florecer la rosa”, así pinta por un momento un mundo posible César Bisso recordando a otros poetas como Vicente Huidobro, César Vallejos, Alfredo Veiravé.  “Escribir poesía es un camino de ida, lo importante es vivir con la duda; la certeza nos destruye”, desliza mientras llueve largamente en su memoria.

— ¿Cómo surge esta visita a Corrientes?
—Esto nace por iniciativa de Tony Salazar, junto a su editorial Ananga Ranga, ahora se publicará un poemario inédito bajo el título de Andares. A él se le ocurrió hacer una movida literaria para la cual convocó a otros poetas a compartir una fiesta de la palabra, desde la poesía. Es también una fiesta de la amistad, de la confraternidad, esa es la idea de Tony y la comparto plenamente. Así llegaré a la ciudad a mostrar el nuevo libro, a leer mis poemas y a escuchar a otros poetas.
— Sos poeta y periodista, ¿qué surgió primero?
—La poesía siempre estuvo, surgió primero y estoy escribiendo desde los primeros años de la juventud. Empecé a los 13 o 14 años a escribir. A esa edad empecé a observar el mundo a través de las palabras, del lenguaje poético, de la lectura de grandes poetas argentinos y extranjeros.
Después el periodismo surgió porque buscaba trabajo de forma azarosa. Era libretista de la radio de la Universidad Nacional del Litoral y un amigo me llevó a trabajar en periodismo deportivo. Comencé a mediados de los años 70. Después me fui integrando a otras ramas de este oficio, me fui a Buenos Aires y entré al mundo académico.
— Leyendo tus poemas hay un camino, los poemas se van reduciendo hasta llegar a la síntesis máxima del haiku. ¿Cómo es ese proceso?
—A ver, en la literatura uno busca todos los caminos. El lenguaje en este sentido es amplio y cualquier camino te puede llevar al cosmos de la palabra. Lo importante es saber lo que uno intenta decir, en definitiva uno a las palabras, al poema, lo caza al vuelo. A mí me consideran —hay dos críticos historiadores que así lo describen— un minimalista. Un minimalista como aquel que logra sintetizar los grandes temas universales en pequeñas acciones cotidianas. Creo que ahí trabajo en la síntesis de la poesía. La contemplación me lleva a mí a convertir lo mucho que veo en pequeñas acotaciones poéticas. Ese es el trabajo que hago, el mecanismo que hago para escribir. El noventa por ciento de mis poemas son breves, no debe superar los 15 o 20 versos, pero tengo poemas de uno, dos o tres versos. Estos últimos son pequeños fogonazos, pequeñas epifanías o revelaciones de la naturaleza. En un haiku se refleja un instante. Es una búsqueda que uno hace para acercarse a la poesía. Después la poesía va por otro lado porque siempre nos sobrepasa, por eso es universal y existe desde siempre. Desde la edad de las cavernas y superará la edad atómica.
— La poesía abrió y cerrará el mundo.
—Totalmente. Así es.
— Entre los poemas que leí antes de esta entrevista me detuve en uno que lleva por título Salvación, ahí decís "recoger la poesía y el amor entre los escombros de la vida". ¿La poesía y el amor están en un mismo plano?
—Para mí la poesía es reparación. Creo que el amor también termina siendo reparación. Es una búsqueda del otro a través del deseo. La poesía lo que trata más allá de los temas está detrás de lo inasible. El amor también parece algo inasible. Nosotros solo lo podemos develar cuando recibimos el reconocimiento del otro. En la poesía uno busca reconocerse en el otro. O que el otro lo reconozca a través de la palabra. Por eso creo que la verdad siempre está alojada en el fondo del lenguaje. No interesa la verdad que proviene de lo absoluto, de lo instituido por el sistema, ni siquiera la verdad de la arrogancia de los dogmas. En algún punto la poesía también se separa del poeta.
— Claro, pero volviendo a ese reconocimiento del otro es curioso lo que sucede cuando incluso no se escribe poesía para otro, ¿o sí?
—Ese es un tema muy largo. Hay poemas que uno escribe para otro pero para ese otro significa otra cosa, tiene otro significante, tiene otra revelación. A nosotros como poetas nos queda la posibilidad de quedarnos al borde del camino a esperar una nueva epifanía para poder seguir escribiendo. Esto es lo que creo como poeta. Todo lo demás escapa a una lógica o formato establecido. César Vallejo hablaba de escribir sobre lo que sucede a nuestro alrededor, pero sin perder nunca el objetivo y el lugar de la poesía. Son caminos deferentes.
Este poema lo rescata Raúl Gustavo Aguirre quien fue un gran poeta argentino, prácticamente fue mi padrino literario. El me impulsó a seguir escribiendo poesía, el empezó a pulir mis mamarrachos literarios. Ese fue uno de los primeros poemas que Gustavo incluyó en una antología argentina que hizo con la edición Fausto en la década del 70. En esa antología era el poeta más joven.
— Sos más poeta que periodista, en las dos ponés todo el cuerpo y la firma. ¿Te mostrás más en la poesía?
—En la poesía uno llega a mostrarse tal cual cree que es, uno va trabajando en eso. Lo que fluye al escribir es porque uno tiene su manera de pensar y mirar el entorno. Uno siempre está buscando y trabajando mientras se mira en el espejo tal cual como es, la palabra ayuda a ese mirarse internamente. Todos vivimos dentro de una investidura, no nos engañemos, no estamos preparados para decir determinadas cosas. A veces porque no lo necesitamos y otras porque se prefiere ir por otros caminos. La poesía, en cambio, más que narrar tiene que decir las cosas directamente. Escribo algo desde la poesía, pero todo se completa con el lector que recrea esas palabras y las resignificaráa su manera. Mostrarse es un camino que hacemos y que quizás nos lleve toda la vida, no lo sabés… mientras tanto vamos caminando. Hay dudas sobre el camino pero están dentro del mundo de incertidumbre, de las dudas, sin embargo nos aferramos a lo que nos gusta. 
— En ese contexto, ¿los reconocimientos importan?
—El éxito, la gloria, son palabras "convencionales", son azarosas. Cuántos poetas se han ido a la tumba sin haber ellos mismos reconocido su camino o sin el reconocimiento del otro. Sin embargo, a nosotros nos queda la obra que sigue reivindicando al poeta. La obra pone todo en un sitial de eternidad donde incluso uno jamás trabajó para eso. Andar dentro de uno o andar por fuera de uno en lo que reconoce del otro.


martes, 22 de octubre de 2019

Libros despiertos en el hospital de día



Charlan, hacen ruido, se estrechan lazos, un lugar diferente a todas donde los libros sólo parte de la  excusa para encontrarse, tomar mate, estrechar la mano. El Hospital de Salud Mental “San Francisco de Asís” cuenta con un dispositivo alternativo denominado “hospital de día”, donde abrieron a comienzo de año una Biblioteca. El psicólogo Juan Terraes y el escritor Martín Alvarenga cuentan cómo surgió este espacio y su actividad sui generis.

Por Paulo Ferreyra     
sapukai.culturas@gmail.com



El germen

A comienzos de este año quedó inaugurada la Biblioteca Martín Alvarenga dentro del Hospital de Salud Mental. Profesionales de salud que realizan sus rotaciones por este nosocomio habían comenzado a trabajar con talleres de escritura. Desde hace algunos años en una sala estaban los libros que poco a poco fueron despertando.

El interés de los usuarios fue creciendo y encendió la iniciativa de crear una biblioteca. Los libros estaban ahí y comenzaron a ser usados para el taller.
“Sin conocimientos técnicos a nivel de la literatura pero sí percibiendo la importancia de la misma dentro un espacio grupal, de expresión, de encuentro, los usuarios comenzaron a trabajar en el taller de escritura. Los usuarios del Hospital de Día podían en ese lugar tomar una postura, una iniciativa, una conciencia de lo que les pasaba o sentían”, cuenta Juan Terraes.

En una sala del Hospital de Día estaban los libros que comenzaron a usarse en el taller. “Martín dice que esos libros estaban dormidos. También nosotros sentíamos eso antes de comenzar a usarlos. Ahora encaramos distintos proyectos porque tenemos la perspectiva de un espacio donde cada uno asuma responsabilidades, que se genere intercambio, que no quede reducido a una sola temática, y donde no  sólo estén los libros que  guardamos”, agrega Juan.

Democracia

Además del taller de escritura se despertaron las necesidades y surgieron otros talleres. Así también nació la necesidad de nombrar ese espacio, ponerle un nombre a ese lugar de encuentro. Los pacientes fueron diciendo los posibles títulos que podía llevar la biblioteca.

La decisión llevó su tiempo. “Toda decisión se busca demorar en tomarla porque entendemos que no es una carrera para ver quién llega más rápido. Aquí buscamos que la gente se sienta bien y que su opinión valga, sea escuchada. En este contexto hay que entender que en un espacio democrático se generan tensiones”, explica.

Surgió así entonces Biblioteca Martín Alvarenga, en reconocimiento a su entrega desinteresada en donar sus libros al Hospital de Salud Mental.


Apertura a la sociedad

Tras la inauguración oficial ocurrida en marzo último las actividades se siguen desarrollando, hay tres talleres mientras la biblioteca se abre paso a la comunidad. La fortaleza de Juan Terreas y Sabrina Blanco busca consolidar este espacio donde los libros no duermen, donde haya asambleas, encuentros, discusiones, apropiación de la palabra, solidaridad, el mate compartido, el ruido —esta biblioteca tiene sus particularidades respecto de esto—. Hay pocos espacios como ese en el día a día del hospital.

Este espacio Juan lo enmarca porque también está contemplado en la Ley de Salud Mental 26657. “El abordaje de la salud mental debe tener como característica la promoción de lazos sociales, más allá de lo patológico es necesaria la apertura y que ellos se vinculen en espacios culturales, artísticos. El espíritu de la ley aspira al desarrollo de acciones al alcance de toda la población desde la mirada comunitaria, buscando el desarrollo de las capacidades de todas las personas, desde la inclusión social y también con la perspectiva de los derechos humanos”, destacó Terraes.

Talleres

Hace ya unos meses se incorporó al equipo una bibliotecaria que trabajará para ordenar los libros, roturarlos, disponer un disposición en cada estante. Este interés antes no existía pero la biblioteca se va afianzando y por ello surgen estas necesidades.

El taller de escritura en el hospital de día se realiza los martes. También se abrió uno de matemática. Dentro del taller de escritura participa Martín Alvarenga, “el no sólo realizó la donación sino que también muestra un compromiso permanente con el hospital”, explican.


En 2013 Martín Alvarenga hizo una donación de casi 1300 libros y revistas que quedaron en el hospital. Desde el comienzo se las usaba informalmente. Fueron el licenciado en psicología Juan Terraes y la licenciada en trabajo social Sabrina Blanco quienes formalizaron trabajos en el hospital. Ellos produjeron una movida importante dando forma así la biblioteca, con el afán de integrarla al barrio y a la ciudad.

Además del taller de escritura y de matemática, ahora se realiza el de asociación de usuarios que se reúnen para debatir sobre salud mental. Martín Alvarenga trabaja junto a Sabrina y Juan en el taller de escritura, los martes tienen dos horas intensas de actividad literaria, reflexión sobre la actualidad, espacio de escritura. “Todo se fue dando con una naturalidad impresionante. Encontré ahí una forma de canalizar una serie de inquietudes, de experiencias que traía por el tiempo transcurrido en lo que me concierne como autor. Se fue dando todo de una forma muy estimulante. Hay una conjunción de lo terapéutico y lo cultural en el hospital de día que es muy valioso”, destacó Alvarenga.  

“En la metodología del taller buscamos conciliar la parte teórica con la parte práctica. Conciliar tiene que ver con una búsqueda para que la espontaneidad no prime sobre la disciplina, pero a la vez que esta no primer sobre la espontaneidad. Tratamos y trabajamos para lograr el equilibro entre las dos cosas. Hay empatía y una energía muy buena entre todos”, subraya.
Martín se veía desbordado por los libros que estaba acumulando en su casa. Décadas de lectura iban apilándose en su hogar. Entonces pensó en desprenderse de algunos títulos y seleccionó para ello literatura regional y universal. “Fue una selección cuidada para que tuviera eco donde fuesen esos libros. No me desprendí de un bulto”, cuenta.

Por último, el escritor explicó que la donación de sus libros al Hospital de Salud Mental surgió por entregarlos a una institución no visibilizada. Estos usuarios no son visibilizados socialmente como debieran. Sobre el hecho de que le hayan puesto su nombre a la biblioteca pone de relieve que “algo medianamente útil he hecho en la vida”. Tras una pausa repite, “algo medianamente útil he hecho”.

martes, 1 de octubre de 2019

Diana Bellessi: “La soledad es una puerta de entrada al poema”



Ha recorrido como nadie América Latina, y sus palabras dan cuenta de ese recorrido, de las plantas, las flores y sus lecturas. En esta pequeña charla hablamos de su extensa obra y de Madariaga, “un prodigio que todo correntino debiera conocer, que todo argentino debiera alabar y bailar con él por esos “tembladerales de oro” que nos ha hecho conocer”, afirma Diana Bellessi.


Paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com


“Se sigue escribiendo porque aún se tiene alma. Aun cerca de la emboscada final”, dice justificando esas pulsiones que la llevan a continuar creando. Esta charla nació con motivo de una visita que estaba por hacer Diana Bellessi a tierras correntinas. “Es la tierra de Madariaga, el paisito del subtrópico, casi pegada a Santa Fe, donde nací y aún tengo una casa para pasar los largos veranos cerca del Paraná”, contó sobre esa fascinación que se había despertó en ella. Diana viaja permanentemente, la mejor opción para esta entrevista fue intercambiar correos electrónicos.


Ella ha recorrido gran parte de Sudamérica y su obra poética da cuenta de ese recorrido. Cuenta que echa de menos o volvería a vivir a ciudades como Guayaquil, México o La Paz. Desde hace algunos años vive en Buenos Aires, en una casa donde reinan plantas y flores. “Son importantes porque convivo con las plantas, las flores y convivo con los perros, los gatos, los loros, la lagartija overa en Zavalla, las lechucitas y tantos, tantos más”.  

En las rondas de lectura poética Diana termina de cerrar los poemas. “Me gusta leer los poemas más reciente que he escrito, porque ahí se termina de escribir. Quiero decir que corrijo poemas después de una lectura. El sonido y el silencio terminan de equilibrarse allí, ante la oreja del escucha, tan importante como el ojo del lector”, argumenta.

En esta charla surgen nombres importantes de la poética. Es una gran lectora, sigue comprando libros de poesía y cuenta que los poetas contemporáneos también le regalan muchos libros.

— ¿Qué estás leyendo ahora?

— A un filósofo coreano que se llama Byung-Chul Han y a otro italiano, Emanuele Coccia, que En la vida de las plantas, intenta observar al mundo desde el punto de vista de las plantas milenarias creadoras de la atmósfera y de nosotros mismos. Además estoy releyendo a Maeterlinck también en aquel precioso librito: La inteligencia de las flores.  

 Pasando ahora a tus poemas, ¿sentiste alguna vez el vacío de la creación poética, de pasar un tiempo sin escribir poesía?

— Sí, ahora por ejemplo, aunque ya me siento en la búsqueda de un nuevo libro que se tensará entre África y el delta del Paraná. Lo sé por los primeros poemas que han aparecido, es decir entre el presente y el remoto pasado hay poemas en esa corriente. Cuando era niña quería hacerme monja misionera sólo para ir a África y le decía a una amiga de la infancia: ¡“Yo te llevaré, yo te llevaré a la lejana y hermosa África”!

— ¿Cuáles son tus entradas a la poesía? ¿Cuáles son los recursos que usa para escribir? 

— La soledad es muy importante para llegar a ese estado en que comienzo a escribir un poema. Estar completamente a solas es mi secreto, el misterio para entrar a una zona de la que nada sé o mucho sé.. no sé dónde empieza un poema.

Los recursos son las lecturas de toda una vida, lo que te sorprende del mundo y del seno del lenguaje donde una se ha criado. Ir muy atrás para luego saltar al futuro, siempre lo desconocido, siempre el misterio y renovarlo en cada libro, si no, no se puede continuar escribiendo. Cada libro es una nueva aventura en grandes o pequeñas variaciones en el seno de la lengua y de la imaginería.

— ¿La poesía es un lugar de resistencia? ¿Qué significó en tu vida? 

— ¿Lo que acabo de contarte te parece un lugar de resistencia? A mí sí, como lo es un juego de niños para una niña; el interior de tu vida, ese increíble misterio sólo interrumpido por la maldad del mundo, por su injusticia. O la injusticia de una minoría sobre las vastas mayorías del mundo.  Cuando digo mundo no hablo sólo de otros seres humanos, sino de todo lo viviente que destruimos día a día, hasta la exterminación. Esta exterminación nos vuelve cada día de otra especie, hasta que empecemos a aplicarla a nosotros mismos, creo que estamos cerca ya de esta matrix final.

— ¿Cuánto de los poetas y de su experiencia de vida en Perú sigue vivo en usted?

— Fue como la escuela primaria para mí. Primero Vallejo, luego Arguedas y por último Blanca Varela con toda la indiada atrás, la cosmovisión chamánica del sur que me siguió por Ecuador, Colombia, Guatemala, México y los estados del suroeste de Norteamérica. Los Mamos colombianos con sus cantos y maneras de ver el mundo aún me hacen temblar.

— Entre sus fuentes literarias, en ocasiones nombró a Francisco Madariaga, que incluso en Corrientes es poco conocido. ¿Qué le ha dado o qué encontró en la poesía de Madariaga?

— Madariaga hizo de Corrientes con sus gauchos, mamitas y palmerales de oro su patria poética. Es uno de los grandes maestros universales que tiene todo el continente. El siglo veinte lo atravesó, el rayo del surrealismo interpretado por América. Francisco Madariaga es el poeta al que siempre he amado y siempre amaré, lo recuerdo con su botellita de tinto al lado contándome de las aparecidas en los esteros con su increíble voz de macho del sur. Un prodigio que todo correntino debiera conocer, que todo argentino debiera alabar y bailar con él por esos “tembladerales de oro” que nos ha hecho conocer.

— ¡El silencio!, ¿ha significado siempre lo mismo? ¿Cuánta importancia le atribuye?

— En la medida humana o en la medida de lo viviente, le atribuyo al silencio la misma importancia que al lenguaje, por eso elegí la poesía. Luz y sombra o “mano izquierda de la oscuridad” donde el humano canta y grazna y grita en sus susurros por la santa continuación de la vida, lo que hemos sido y quizás aún seremos en la mutualidad de lo viviente, en diálogo con lo que nos ha hecho.



Termino el correo electrónico agradeciendo su tiempo, su dedicación, sus palabras. Recibo días después las respuestas y el agradecimiento que vuelve. “Gracias a vos, querido Paulo”, escribe y todo se vuelve más amable en un lunes cualquiera.  Solo para abrir otra ventana más de esta gran poeta, a continuación algunos poemas que en varias ocasiones ha compartido en voz alta.




He construido un jardín

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.


El fin del día

Bienvenido silencio amigo mío
en la oscura noche que apacigua
el rumor del viento como un guerrero
cuya furia baila entre los árboles

y sin verlo yo lo veo limpiar
el ruido de la mente cacatúa
ensimismada en su graznido brutal
y monocorde y vos silencio mío

daga trueno del monte que rasga
la mugre acumulada las costras
sobre el instinto fino muriéndose
de pura sed por esa atención

donde yo desaparezco salvo
en la función de tensar el sentido
hacia lo visible y su fortuna
inagotable cercana a dios

silencio traicionado amigo nuestro 
en el vendaval oscuro del día
dispuesto vaya a saberse a qué
donde el alma se pierde como un piojo

en la cabellera turbia del mundo.


Perdida en la mañana

La gente me inquieta tanto, a solas
estoy feliz y calmada, luego todo
se transforma en un rompecabezas
que cuesta resolver como si el mundo
se derrumbara y no sé siquiera
mi nombre o el número de mi casa,
pero pasa, sí, con Wanda y los pajaritos
me siento tranquila y ese gallito
que canta otra vez, lo oí esta mañana
en los patios vecinos, sutura
no es lo mismo que supura, rubia
mía, el mundo se ha dado vuelta
y vos
cada vez sos más chiquita y
necesitás
a tu papá y a tu mamá pero ya
no vuelven más y con su sombra
enfrentás el mundo inmenso
que se te viene encima, sola, solita
como esas gallinas que cloquean
mientras vos escribís tus últimos
poemas y conversamos con Belkis
alambrada de por medio, cómo quiero
a esta mujer, es la única que me habla
como me hablan los malvones, rojito
y naranja y es esta charla
la que me devuelve la paz perdida
y reencontrada siempre, sábados
de mi vida, aquí en Zavalla…