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“La hoja es el equivalente a la vida”

Entrevista con Franco Rivero

martes, 22 de octubre de 2019

Libros despiertos en el hospital de día



Charlan, hacen ruido, se estrechan lazos, un lugar diferente a todas donde los libros sólo parte de la  excusa para encontrarse, tomar mate, estrechar la mano. El Hospital de Salud Mental “San Francisco de Asís” cuenta con un dispositivo alternativo denominado “hospital de día”, donde abrieron a comienzo de año una Biblioteca. El psicólogo Juan Terraes y el escritor Martín Alvarenga cuentan cómo surgió este espacio y su actividad sui generis.

Por Paulo Ferreyra     
sapukai.culturas@gmail.com



El germen

A comienzos de este año quedó inaugurada la Biblioteca Martín Alvarenga dentro del Hospital de Salud Mental. Profesionales de salud que realizan sus rotaciones por este nosocomio habían comenzado a trabajar con talleres de escritura. Desde hace algunos años en una sala estaban los libros que poco a poco fueron despertando.

El interés de los usuarios fue creciendo y encendió la iniciativa de crear una biblioteca. Los libros estaban ahí y comenzaron a ser usados para el taller.
“Sin conocimientos técnicos a nivel de la literatura pero sí percibiendo la importancia de la misma dentro un espacio grupal, de expresión, de encuentro, los usuarios comenzaron a trabajar en el taller de escritura. Los usuarios del Hospital de Día podían en ese lugar tomar una postura, una iniciativa, una conciencia de lo que les pasaba o sentían”, cuenta Juan Terraes.

En una sala del Hospital de Día estaban los libros que comenzaron a usarse en el taller. “Martín dice que esos libros estaban dormidos. También nosotros sentíamos eso antes de comenzar a usarlos. Ahora encaramos distintos proyectos porque tenemos la perspectiva de un espacio donde cada uno asuma responsabilidades, que se genere intercambio, que no quede reducido a una sola temática, y donde no  sólo estén los libros que  guardamos”, agrega Juan.

Democracia

Además del taller de escritura se despertaron las necesidades y surgieron otros talleres. Así también nació la necesidad de nombrar ese espacio, ponerle un nombre a ese lugar de encuentro. Los pacientes fueron diciendo los posibles títulos que podía llevar la biblioteca.

La decisión llevó su tiempo. “Toda decisión se busca demorar en tomarla porque entendemos que no es una carrera para ver quién llega más rápido. Aquí buscamos que la gente se sienta bien y que su opinión valga, sea escuchada. En este contexto hay que entender que en un espacio democrático se generan tensiones”, explica.

Surgió así entonces Biblioteca Martín Alvarenga, en reconocimiento a su entrega desinteresada en donar sus libros al Hospital de Salud Mental.


Apertura a la sociedad

Tras la inauguración oficial ocurrida en marzo último las actividades se siguen desarrollando, hay tres talleres mientras la biblioteca se abre paso a la comunidad. La fortaleza de Juan Terreas y Sabrina Blanco busca consolidar este espacio donde los libros no duermen, donde haya asambleas, encuentros, discusiones, apropiación de la palabra, solidaridad, el mate compartido, el ruido —esta biblioteca tiene sus particularidades respecto de esto—. Hay pocos espacios como ese en el día a día del hospital.

Este espacio Juan lo enmarca porque también está contemplado en la Ley de Salud Mental 26657. “El abordaje de la salud mental debe tener como característica la promoción de lazos sociales, más allá de lo patológico es necesaria la apertura y que ellos se vinculen en espacios culturales, artísticos. El espíritu de la ley aspira al desarrollo de acciones al alcance de toda la población desde la mirada comunitaria, buscando el desarrollo de las capacidades de todas las personas, desde la inclusión social y también con la perspectiva de los derechos humanos”, destacó Terraes.

Talleres

Hace ya unos meses se incorporó al equipo una bibliotecaria que trabajará para ordenar los libros, roturarlos, disponer un disposición en cada estante. Este interés antes no existía pero la biblioteca se va afianzando y por ello surgen estas necesidades.

El taller de escritura en el hospital de día se realiza los martes. También se abrió uno de matemática. Dentro del taller de escritura participa Martín Alvarenga, “el no sólo realizó la donación sino que también muestra un compromiso permanente con el hospital”, explican.


En 2013 Martín Alvarenga hizo una donación de casi 1300 libros y revistas que quedaron en el hospital. Desde el comienzo se las usaba informalmente. Fueron el licenciado en psicología Juan Terraes y la licenciada en trabajo social Sabrina Blanco quienes formalizaron trabajos en el hospital. Ellos produjeron una movida importante dando forma así la biblioteca, con el afán de integrarla al barrio y a la ciudad.

Además del taller de escritura y de matemática, ahora se realiza el de asociación de usuarios que se reúnen para debatir sobre salud mental. Martín Alvarenga trabaja junto a Sabrina y Juan en el taller de escritura, los martes tienen dos horas intensas de actividad literaria, reflexión sobre la actualidad, espacio de escritura. “Todo se fue dando con una naturalidad impresionante. Encontré ahí una forma de canalizar una serie de inquietudes, de experiencias que traía por el tiempo transcurrido en lo que me concierne como autor. Se fue dando todo de una forma muy estimulante. Hay una conjunción de lo terapéutico y lo cultural en el hospital de día que es muy valioso”, destacó Alvarenga.  

“En la metodología del taller buscamos conciliar la parte teórica con la parte práctica. Conciliar tiene que ver con una búsqueda para que la espontaneidad no prime sobre la disciplina, pero a la vez que esta no primer sobre la espontaneidad. Tratamos y trabajamos para lograr el equilibro entre las dos cosas. Hay empatía y una energía muy buena entre todos”, subraya.
Martín se veía desbordado por los libros que estaba acumulando en su casa. Décadas de lectura iban apilándose en su hogar. Entonces pensó en desprenderse de algunos títulos y seleccionó para ello literatura regional y universal. “Fue una selección cuidada para que tuviera eco donde fuesen esos libros. No me desprendí de un bulto”, cuenta.

Por último, el escritor explicó que la donación de sus libros al Hospital de Salud Mental surgió por entregarlos a una institución no visibilizada. Estos usuarios no son visibilizados socialmente como debieran. Sobre el hecho de que le hayan puesto su nombre a la biblioteca pone de relieve que “algo medianamente útil he hecho en la vida”. Tras una pausa repite, “algo medianamente útil he hecho”.

martes, 1 de octubre de 2019

Diana Bellessi: “La soledad es una puerta de entrada al poema”



Ha recorrido como nadie América Latina, y sus palabras dan cuenta de ese recorrido, de las plantas, las flores y sus lecturas. En esta pequeña charla hablamos de su extensa obra y de Madariaga, “un prodigio que todo correntino debiera conocer, que todo argentino debiera alabar y bailar con él por esos “tembladerales de oro” que nos ha hecho conocer”, afirma Diana Bellessi.


Paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com


“Se sigue escribiendo porque aún se tiene alma. Aun cerca de la emboscada final”, dice justificando esas pulsiones que la llevan a continuar creando. Esta charla nació con motivo de una visita que estaba por hacer Diana Bellessi a tierras correntinas. “Es la tierra de Madariaga, el paisito del subtrópico, casi pegada a Santa Fe, donde nací y aún tengo una casa para pasar los largos veranos cerca del Paraná”, contó sobre esa fascinación que se había despertó en ella. Diana viaja permanentemente, la mejor opción para esta entrevista fue intercambiar correos electrónicos.


Ella ha recorrido gran parte de Sudamérica y su obra poética da cuenta de ese recorrido. Cuenta que echa de menos o volvería a vivir a ciudades como Guayaquil, México o La Paz. Desde hace algunos años vive en Buenos Aires, en una casa donde reinan plantas y flores. “Son importantes porque convivo con las plantas, las flores y convivo con los perros, los gatos, los loros, la lagartija overa en Zavalla, las lechucitas y tantos, tantos más”.  

En las rondas de lectura poética Diana termina de cerrar los poemas. “Me gusta leer los poemas más reciente que he escrito, porque ahí se termina de escribir. Quiero decir que corrijo poemas después de una lectura. El sonido y el silencio terminan de equilibrarse allí, ante la oreja del escucha, tan importante como el ojo del lector”, argumenta.

En esta charla surgen nombres importantes de la poética. Es una gran lectora, sigue comprando libros de poesía y cuenta que los poetas contemporáneos también le regalan muchos libros.

— ¿Qué estás leyendo ahora?

— A un filósofo coreano que se llama Byung-Chul Han y a otro italiano, Emanuele Coccia, que En la vida de las plantas, intenta observar al mundo desde el punto de vista de las plantas milenarias creadoras de la atmósfera y de nosotros mismos. Además estoy releyendo a Maeterlinck también en aquel precioso librito: La inteligencia de las flores.  

 Pasando ahora a tus poemas, ¿sentiste alguna vez el vacío de la creación poética, de pasar un tiempo sin escribir poesía?

— Sí, ahora por ejemplo, aunque ya me siento en la búsqueda de un nuevo libro que se tensará entre África y el delta del Paraná. Lo sé por los primeros poemas que han aparecido, es decir entre el presente y el remoto pasado hay poemas en esa corriente. Cuando era niña quería hacerme monja misionera sólo para ir a África y le decía a una amiga de la infancia: ¡“Yo te llevaré, yo te llevaré a la lejana y hermosa África”!

— ¿Cuáles son tus entradas a la poesía? ¿Cuáles son los recursos que usa para escribir? 

— La soledad es muy importante para llegar a ese estado en que comienzo a escribir un poema. Estar completamente a solas es mi secreto, el misterio para entrar a una zona de la que nada sé o mucho sé.. no sé dónde empieza un poema.

Los recursos son las lecturas de toda una vida, lo que te sorprende del mundo y del seno del lenguaje donde una se ha criado. Ir muy atrás para luego saltar al futuro, siempre lo desconocido, siempre el misterio y renovarlo en cada libro, si no, no se puede continuar escribiendo. Cada libro es una nueva aventura en grandes o pequeñas variaciones en el seno de la lengua y de la imaginería.

— ¿La poesía es un lugar de resistencia? ¿Qué significó en tu vida? 

— ¿Lo que acabo de contarte te parece un lugar de resistencia? A mí sí, como lo es un juego de niños para una niña; el interior de tu vida, ese increíble misterio sólo interrumpido por la maldad del mundo, por su injusticia. O la injusticia de una minoría sobre las vastas mayorías del mundo.  Cuando digo mundo no hablo sólo de otros seres humanos, sino de todo lo viviente que destruimos día a día, hasta la exterminación. Esta exterminación nos vuelve cada día de otra especie, hasta que empecemos a aplicarla a nosotros mismos, creo que estamos cerca ya de esta matrix final.

— ¿Cuánto de los poetas y de su experiencia de vida en Perú sigue vivo en usted?

— Fue como la escuela primaria para mí. Primero Vallejo, luego Arguedas y por último Blanca Varela con toda la indiada atrás, la cosmovisión chamánica del sur que me siguió por Ecuador, Colombia, Guatemala, México y los estados del suroeste de Norteamérica. Los Mamos colombianos con sus cantos y maneras de ver el mundo aún me hacen temblar.

— Entre sus fuentes literarias, en ocasiones nombró a Francisco Madariaga, que incluso en Corrientes es poco conocido. ¿Qué le ha dado o qué encontró en la poesía de Madariaga?

— Madariaga hizo de Corrientes con sus gauchos, mamitas y palmerales de oro su patria poética. Es uno de los grandes maestros universales que tiene todo el continente. El siglo veinte lo atravesó, el rayo del surrealismo interpretado por América. Francisco Madariaga es el poeta al que siempre he amado y siempre amaré, lo recuerdo con su botellita de tinto al lado contándome de las aparecidas en los esteros con su increíble voz de macho del sur. Un prodigio que todo correntino debiera conocer, que todo argentino debiera alabar y bailar con él por esos “tembladerales de oro” que nos ha hecho conocer.

— ¡El silencio!, ¿ha significado siempre lo mismo? ¿Cuánta importancia le atribuye?

— En la medida humana o en la medida de lo viviente, le atribuyo al silencio la misma importancia que al lenguaje, por eso elegí la poesía. Luz y sombra o “mano izquierda de la oscuridad” donde el humano canta y grazna y grita en sus susurros por la santa continuación de la vida, lo que hemos sido y quizás aún seremos en la mutualidad de lo viviente, en diálogo con lo que nos ha hecho.



Termino el correo electrónico agradeciendo su tiempo, su dedicación, sus palabras. Recibo días después las respuestas y el agradecimiento que vuelve. “Gracias a vos, querido Paulo”, escribe y todo se vuelve más amable en un lunes cualquiera.  Solo para abrir otra ventana más de esta gran poeta, a continuación algunos poemas que en varias ocasiones ha compartido en voz alta.




He construido un jardín

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.


El fin del día

Bienvenido silencio amigo mío
en la oscura noche que apacigua
el rumor del viento como un guerrero
cuya furia baila entre los árboles

y sin verlo yo lo veo limpiar
el ruido de la mente cacatúa
ensimismada en su graznido brutal
y monocorde y vos silencio mío

daga trueno del monte que rasga
la mugre acumulada las costras
sobre el instinto fino muriéndose
de pura sed por esa atención

donde yo desaparezco salvo
en la función de tensar el sentido
hacia lo visible y su fortuna
inagotable cercana a dios

silencio traicionado amigo nuestro 
en el vendaval oscuro del día
dispuesto vaya a saberse a qué
donde el alma se pierde como un piojo

en la cabellera turbia del mundo.


Perdida en la mañana

La gente me inquieta tanto, a solas
estoy feliz y calmada, luego todo
se transforma en un rompecabezas
que cuesta resolver como si el mundo
se derrumbara y no sé siquiera
mi nombre o el número de mi casa,
pero pasa, sí, con Wanda y los pajaritos
me siento tranquila y ese gallito
que canta otra vez, lo oí esta mañana
en los patios vecinos, sutura
no es lo mismo que supura, rubia
mía, el mundo se ha dado vuelta
y vos
cada vez sos más chiquita y
necesitás
a tu papá y a tu mamá pero ya
no vuelven más y con su sombra
enfrentás el mundo inmenso
que se te viene encima, sola, solita
como esas gallinas que cloquean
mientras vos escribís tus últimos
poemas y conversamos con Belkis
alambrada de por medio, cómo quiero
a esta mujer, es la única que me habla
como me hablan los malvones, rojito
y naranja y es esta charla
la que me devuelve la paz perdida
y reencontrada siempre, sábados
de mi vida, aquí en Zavalla…



jueves, 19 de septiembre de 2019

El Día Nacional del Chamamé, la memoria de quienes ya no están y los nuevos tiempos


Se cumple hoy una década desde que se sancionó la ley que declara el 19 de septiembre de cada año como el Día Nacional del Chamamé, en homenaje al Taita, don Mario del Tránsito Cocomarola, uno de los patriarcas de nuestra música, forjador de un estilo musical muy propio, que falleció hace 45 años en esta fecha, en 1974.
El chamamé es una manifestación cultural​ que comprende un estilo de música y danza propios de nuestra provincia y del nordeste argentino. Tuvo un papel relevante en la evolución cultural del litoral y según algunas teorías, su origen se remonta al siglo XVI, aunque hay distintas versiones, pero en las que no ahondaremos en esta ocasión.
Lo importante es que está considerado actualmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la provincia de Corrientes y de la Nación Argentina,​ además, el chamamé goza del mismo tratamiento en el sur y centro de Brasil, particularmente en los estados de Rio Grande del Sur y Mato Grosso del Sur, donde la ley estadual Nº 3.837 establece el 19 de septiembre como Día del Chamamé; así que allí también están de festejos hoy.
¿Pero qué se recuerda de esta fecha? Ni más ni menos el fallecimiento de Don Tránsito. Cuentan las crónicas de la época que esa fue una triste noticia cuando se conoció en Corrientes. Pese a que tenía sólo 56 años, el Taita ya era un músico consagrado, con una larga trayectoria. Contaba en su haber con los más grandes clásicos del chamamé (“Kilómetro 11”, “Puente Pexoa”, “Las tres Marías”) y había logrado que la música correntina traspasara los límites del litoral y se extendiera en todo el país. 
Mario del Tránsito Cocomarola había nacido el 15 de agosto de 1918 en un campo de San Cosme llamado “El albardón”, propiedad de su padre. Al lo largo de carrera artística registró en SADAIC más de 200 temas e integró, sin duda, parte de una generación de grandes músicos argentinos.
Y si bien tenía mucho para dar aún, el destino le tenía preparada otra historia. En septiembre de 1974 su salud no estaba bien, lo habían operado de la vesícula, pero una hemorragia estomacal agravó su condición. Fue intervenido en Corrientes, pero ante una desmejora sustancial fue trasladado al hospital Italiano en Buenos Aires. Pese a todos los esfuerzos médicos no pudieron salvarle la vida. En las primeras horas del 19 de septiembre finalmente falleció. En esta provincia, el gobernador Julio Romero decretó duelo provincial y ese día a pedido de la Asociación de Músicos de Corrientes, todos los intérpretes suspendieron sus actuaciones hasta que  el Taita fuera sepultado, hecho que ocurrió el 21 de septiembre.


EL NOVENO MES
Septiembre no ha sido solamente el mes en que partió Don Tránsito. También hubo otros fallecimientos de músicos chamameceros. Cómo no hacer una mención a la tragedia de Bella Vista, el 8 de septiembre de 1989, en la que perdieron la vida el cantautor chaqueño Zitto Segovia y el percusionista de su grupo, Jhonny Behr; el presentador y recitador del espectáculo que estaba ofreciendo la delegación de artistas, Daniel "Yacaré" Aguirre; dos de los hermanos Sheridan: Miguel Ángel ("Michel") y Joaquín ("Gringo"), y "Chango" Paniagua, que era integrante del grupo Trío Corrientes. Toda una generación de talentos que se perdió en ese accidente.
Pero más recientemente hubo otros acontecimientos desafortunados para nuestra música. El 23 de septiembre de 2008 falleció el cantante, guitarrista, contrabajista, autor y compositor, Eleuterio Galarza, artísticamente Roberto Galarza y conocido como El Zorzal de Corrientes, que si bien había nacido en Santa Fe, él se sentía correntino en el corazón. 
En 2017 este mes registró dos partidas significativas. El 6 de septiembre nos dejó Pablo Ramón “Toto” Semhan, que fuera poeta, glosista, autor y compositor mercedeño; y también falleció otro de los grandes: el cantante, guitarrista, autor y compositor itateño, Gonzalo del Corazón de Jesús “Pocho” Roch, el 26 de septiembre. *

CONSTRUCTORES
Pero no todo es malo y agorero. No puede ser visto así y si bien esta fecha resulta oportuna no sólo para evocar a Don Tránsito, o a otros grandes que ya no están, también debe ser positiva para rescatar, contar, entrevistar, destacar y sobre todo escuchar a quienes también hacen y construyen el chamamé en estos tiempos, son los que al igual que miles de otros artistas hacen los nuevos aportes.
Es así que para esta ocasión buscamos voces distintas a las conocidas, voces que si bien hace años que están, viven del, por y para el chamamé, para llevarlo hacia el futuro. Para ello entrevistamos a una voz femenina: María Meana Colodrero, que reconoce que el chamamé se gesta y crece en las guitarreadas. Patricio Hermosilla un guitarrista y compositor chaqueño que toca en forma estable con Los de Imaguaré y que para él el humor y  las redes sociales también contribuyen a la difusión de la música que ama.
Leandro Galarza, músico, compositor y productor musical que asumió el compromiso de aportar nuevas composiciones chamameceras y que está convencido que el chamamé será Patrimonio de la Humanidad. Y junto con él, entrevistamos a Giuseppe Badaracco

Patricio Hermosilla: Chamamé crudo



Patricio Hermosilla es de Resistencia, joven guitarrista y compositor. Actualmente forma parte del conjunto estable de Los de Imaguaré y también compone. El músico y compositor Lucas Monzón grabó uno de sus temas, “Chamamé oscuro”. Además entre los amigos y conocidos ya se lo considera un “influencer” en las redes sociales debido a sus posteos muy ocurrentes y que suman muchos seguidores. Este y otros temas surgieron durante la entrevista a propósito sobre el Día Nacional del Chamamé.


El músico tiene la sonrisa lista para salir al encuentro, amable, cálida, un tanto oculta tras esa barba de unos días y los lentes. Los ojos brillan antes de lanzar la primera palabra. Cuenta que se formó como músico, tocó con diferentes artistas y este andar en la música hizo que hace unos años atrás fuera invitado a sumarse a Los de Imaguaré. 
En paralelo a su carrera musical, un costado de su vida arroja bocados de humor y felicidad. Durante la entrevista relata que tiene una cuenta de Facebook desde 2010. Si bien al principio no sabía cómo usarlo y la cerró por un tiempo, un día volvió a activarla lanzando un chiste, que tuvo un recibimiento inmediato en los seguidores. A partir de ese momento, no paró hasta el día de hoy.
“Imaguaré es un grupo profesional dentro de la música chamamecera y regional. Sobre la apreciación del grupo coincidimos con Juan Mora, pianista que se incorporó al grupo antes que yo. Para nosotros Imaguaré estaba en nosotros desde nuestra infancia”, cuenta y agrega que el humor es un factor muy importante en su vida profesional también, “ahora está presente en la convivencia grupal; sirve para descomprimir el viaje, para limar o suavizar cualquier aspereza”.
En su reciente producción discográfica Lucas Monzón incluyó un tema de Patricio titulado “Chamamé oscuro”, un tema con alto vuelo jazzístico. “En la interpretación en vivo aparecen cosas buenas. A Lucas le gusta el lenguaje del jazz, improvisación, solos, cuestiones que aportan una sonoridad al tema que es única en cada presentación. Porque después nunca se repite la improvisación. En algunas ocasiones hemos tocado juntos. La primera versión del tema la grabé en una tablet y esa versión le gustó a Lucas”.
“El tema nació simplemente como una necesidad personal. Lo hice para mí nada más y después se lo mostré a Lucas. Quienes hacemos música instrumental tenemos una cuestión con poner título o nombre a la melodía. La melodía que uno crea siempre viene desde un lugar abstracto y es difícil bajar eso a un nombre. Que él haya adaptado este tema y lo haya incluido en su disco es una alegría enorme”, desliza mientras sonríe con todo su rostro, sus ojos vuelven a brillar mientras sus labios hacen una mueca feliz.
Respecto del chamamé Patricio Hermosilla explica que tocar y formar parte de Los de Imaguaré le cambió la vida. “Hace dos años y medio toco con ellos. Antes ya me relacionaba con el género pero no de forma completa. Tocar con Imaguaré  es como si te llamara el Barcelona para jugar en primera. Ellos me abrieron sus puertas, Nico, Fede, Julio Cáceres, la idea era formar un grupo que fuera más allá de la musica, nosotros somos un grupo humano muy sólido. Ahora uso camisa y corbata, uso ropa planchada”, desliza y suelta una sonrisa. “Mi mamá está casi orgullosa”, dice y se sonroja por un momento.

Miguel Ángel Romero; “La tarea del difusor es fundamental"




“El chamamé en lo conceptual es un género musical tradicional de la provincia de Corrientes. Más allá de eso creo que esta música es un sentimiento, una pasión, algo que se respira en varios ambientes familiares”. “Como mi gente” es el nombre del programa radial de Miguel Romero que se emite todos los sábados y domingos por La Red Corrientes. Hace unos días nos juntamos en la emisora para hablar de este día tan especial, como es el Día Nacional del Chamamé.


“Esta música tiene vida y será la música del futuro. Tiene mucha vida. En muchos lugares recién lo están descubriendo. Me gusta mucho los jóvenes, Tajy, Temporal, Pablo Delvalle, entre otros”, explica. Los primeros recuerdos del chamamé y de la radio se remontan a Las Lomitas (Formosa). A fines de los `80 y comienzos de los `90 Miguel Ángel Romero se radicó en la Capital formoseña, época en la que comenzaba el auge de las emisoras de frecuencia modulada (FM). “En Formosa había dos o tres radios como máximo. Las primeras FM eran escuelas, antes lo que decía la radio se respetaba mucho. Era palabra mayor”, recuerda.
Así aprendió a leer en radio y conocer el lenguaje del medio. Su trajín lo llevó por Buenos Aires, Paso de los Libres, Formosa y Corrientes. Como amante de la radio cumplió su sueño, tuvo su propia emisora que después por distintas circunstancias la vendió.  Cuando llegó a Corrientes hace un par de años comenzó a trabajar en FM Dorado. Hacía radio y también oficiaba de presentador de músicos en la Peña Cantalicio. Su labor lo llevó también como animador a la Fiesta Nacional del Chamamé, hace un año atrás estuvo dos noches y en la edición pasada estuvo las diez noches.
Miguel define al chamamé como una pasión. “Siempre buscaré la forma de sostenerme como difusor. En mi programa es un compromiso decir el título, el o la autora e intérpretes”, lo cual deja a las claras su responsabilidad profesional; y no puede evitar ser crítico del medio: “pasar publicidad y música sin saber qué se pasa es una falta de respeto a los intérpretes, a los autores y a los oyentes. Como dice un logo de SADAIC: “alguien lo hizo, alguien lo creó”. Hay que conocer más al artista y contarle a la gente quién es, era o qué hacían esos músicos”.
“Sin el difusor quizás la música llega igual a la gente pero sería más difícil. Además porque está en nosotros elegir a quien difundir. Hay un refrán que dice que uno tararea las peores canciones. Eso lo hacen los difusores. La tarea del difusor es muy importante y es poca reconocida tanto por músicos como por la gente”, explica.
“Hay muchos difusores que sacan plata de su bolsillo para pagar el espacio en la radio. A veces te vas a buscar publicidad y te dicen: -Tanto me vas cobrar por difundir chamamé!?”, cuenta y pone sus manos en la mesa. Hace silencio y remarca la expresión que se ve que recibe muy seguido: “Así te dicen: Tanto me vas a cobrar por difundir chamamé!?”.

AUDIENCIA PARA TODOS LOS HORARIOS
Miguel hacía su programa a la noche y recibía la visita de varios músicos. Con el tiempo por distintas circunstancias pasó a la mañana y la vida cambió. Los músicos ya no pueden visitar el estudio pero su audiencia no decae, sigue creciendo con personas que le hacen llegar sus saludos desde distintos puntos del país. "Hay audiencia para todo horario", reconoce.
Desde pequeño escucha chamamé y cuenta que “uno llega amar tanto esta música que se hace una pasión, es parte de mi vida, me siento identificado y lo llevo conmigo todo el día”. Al ser consultado acerca de qué chamamé volvería a escuchar una y otra, y otra vez, cuenta que cuando era chico y vivía en el campo en Formosa tocaba la guitarra y acompañaba a su padre. “Tocaba y cantaba "Mi última flor", un clásico de Salvador Miqueri. “Es un tema muy lindo y me trae todo lo vivido en el campo. Es muy difícil elegir un tema”, lo dice y remarca la u de muy; la vocal queda sostenida hasta que cierra e insiste: “es muy difícil elegir un solo tema. Si te preguntan y… el himno del chamamé ya es “Kilómetro 11”, muchos ahora dicen “La Calandria”, “Chamamecero”, y ahí empiezan a ensancharse los títulos”.
Vale destacar que en el Día Nacional del Chamamé, Miguel Ángel Romero estará celebrando este día como hace más de 30 años, cuando empezó este andar de difusor. Días después retomará la radio de 6 a 9 como conductor y operador. Cuando nos despedimos saluda con un “abrazo chamamecero”, encerrando en esas palabras su pasión por la música y un estilo de vida cantando a la amistad, al amor, a la familia, a la tierra.

Paulo Ferreyra 

Leandro Galarza: “El chamamé es mi raíz como artista”



Músico, compositor y productor musical, Leandro Galarza es otra de las figuras jóvenes que trabaja por el chamamé. Remarca que vive del y para la música, que es la esencia de su vida. Junto con Giuseppe Badaracco son los responsables de la Embajada Cultural. 


Sin duda la música es su lenguaje y se expresa a través de ella. Leandro Galarza  empezó desde muy chico a vivir el chamamé. “Comencé cuando tenía ocho años y mi viejo me compró mi primera guitarra y me llevó a tomar clases con Juan Saccú”, explica. De hecho hace unos meses el guitarrista, Galarza organizó un homenaje a su primer maestro en el Teatro Vera, en el marco del ciclo Nuevas Voces del  Guarán, cuando se presentó el primer espectáculo musical de lo que luego sería la Embajada Cultural La Cruz de Urunday.
Consultado acerca de cómo vive el Día Nacional del Chamamé y qué significa esta música, expresa: “El chamamé es mi raíz como artista. Es lo que me identifica en cada escenario que piso. Son mis sentimientos y los de mis ancestros. Son las cosas que vivo a diario sobre todo en esta ciudad y es también mi sangre y mi familia, ellos también me influyen e influye en ellos porque mis hijos se están criando en un ambiente de música chamamecera”.
Y agrega: “el folclore y el chamamé son mi pasión dese siempre, son la raíz de nuestro pueblo, nuestra identidad y me pone orgulloso que cada vez  cobre mayor trascendencia mundial a través de la Fiesta Nacional del Chamamé”.
Aun en medio de su orgullo, Leandro Galarza no puede evitar ser crítico respecto del cancionero. “Hay cosas que están cambiando en el chamamé actualmente pero también es cierto que hay otras que continúan repitiéndose una y otra vez, sobre todo los temas clásicos que sigue sonando una y otra vez en cada peña, en cada festival. Yo entiendo que al público le gusta, que es lo que siempre se pide, que son hermosas composiciones, pero me parece que también hay que ir dando lugar a nuevos temas, a la posibilidad de crear nuevos clásicos, si se quiere”.
“Somos muy pocos aun los que componemos y estamos agregando y grabando otras canciones y ritmos a los repertorios de chamamé. Esta es una idea que tengo y eso es a lo que estamos apostando desde La Embajada Cultural. Junto con Giuseppe Badaracco y los artistas que nos acompañan tenemos un repertorio de temas nuevos. Yo no repito canciones, comparto con el público temas nuevos, 100% mías o de Giuseppe”.
“Estoy convencido que en Corrientes tenemos muchísima capacidad de creación, no sólo musical sino también de autores. Por ejemplo escritores de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de Corrientes me brindan sus poemas, me piden que los musicalice, eso es un halago para mí y demuestra que aquí están surgiendo nuevas composiciones”.
Para Leandro Galarza no se trata de dar vida sólo a temas chamameceros, sino también apostar a otros ritmos, que también son propios o que están en la esencia misma de la cultura correntina. “El candombe, el valseado, la chamarrita… Estamos escuchando el candombe `Para el negro José” hace 40 años y cada vez que vamos a un festival escuchamos el mismo candombe; no lo niego es hermoso, pero es hora de renovar, de sumar obras, sumar melodías nuevas, letras inéditas y aprovechar también para llegar a públicos de diferentes edades, de distintas regiones, de otras ciudades”.
A la vez insiste en que el chamamé “sin duda, tarde o temprano, va camino a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Va hacia Europa, como ya lo hizo hace décadas, pero ahora debería serlo con nuevos aportes. Me parece que es un género folklórico que tiene muchísimo potencial de exportación. Le falta obras nuevas, que den el punto justo, pero no pierdo la esperanza, que esto se revertirá”.

Mariela Mioni

María Meana Colodrero: "Le canto al amor en todas sus inflexiones”



Una de las letristas de este tiempo en el chamamé es María Meana Colodrero. Sus composiciones han sido musicalizadas por Raúl Noguera, Mario Prieto Linares, Ricardo Tito Gómez, Waly García, entre otros. Reivindica el espacio de la guitarreada para compartir con amigos y hacer escuchar canciones nuevas. Además está preparando un disco y un libro con sus obras a presentar antes de fin de año.

“Las guitarreadas son el ámbito donde mejor me muevo. Soy veterinaria y en realidad estoy ausente de la ciudad muchas veces. Una vez canté en la Fiesta Nacional del Chamamé invitada por Paquito Úbeda, cantor extraordinario de Caá Catí, a quien le hice una letra. Con él cantaba. Durante las guitarreadas además de escucharse los clásicos, aparecen y echan a rodar las composiciones nuevas”. 
María es veterinaria y por cuestiones profesionales  viaja constantemente pero se hace tiempo para todo y durante una pausa, accede a la entrevista. Respecto de este Día del Chamamé cuenta que no hay ritual más bello que encontrarse con los amigos y celebrar la música. “El chamamé es una cosa maravillosa. Me gusta que se haya jerarquizado y ver también la cantidad de gente joven con conocimientos musicales muy altos ejecutando esta música. Estoy muy contenta por este presente”. 
Desde hace unos años el 19 de septiembre, día del chamamé,  la celebración se trasladó a escenarios como el Teatro Vera y a distintos espacios de la ciudad. Sin embargo “hubo una época donde el chamamé era popular pero no llegaba a todos los jóvenes. Ahora se ha generalizado la aceptación del chamamé desde el público y los músicos. Este movimiento hace que la música crezca en estilo y calidad sin techo. Creadores e intérpretes se expanden por diferentes regiones”, subraya.
“Quisiera que el tiempo quede donde está / en el letargo del amor donde te encuentro”, es una frase que se puede escuchar en el tema “Quiero estar con vos”, cuya letra le pertenece y la música es de Raúl Noguera. 
María estudió en la escuela Normal e hizo el bachillerato con la especialidad en Literatura. Escribe desde los 14 años. Al principio lo hacía sólo para ella pero poco a poco fue mostrando sus obras. El primer músico que le puso melodías a sus poemas fue Ricardo Tito Gómez. “A él le estaré eternamente agradecida. Después de aquel primer lazo todo se fue ensanchando y me crucé con otros músicos que fueron poniendo música a mis letras. Así nos enchamigamos con Waly García, Mario Prieto Linares, Raúl Noguera, entre tantos otros”. 

AMOR
María escribe sobre el amor. Disfruta de ese camino que va de la soledad cuando se compone, a lo público donde se disfruta el andar de la canción. “Uno escribe sobre lo que conoce y siente, así es la vida”, dice ella. Luego agrega: “La música que hacemos en soledad no tiene ninguna pretensión. Luego saber que eso le gusta a la gente es un placer indescriptible. La primera canción fue hice con Tito Gómez fue “Adiós a San Miguel”, la grabó en un disco y eso comenzó a circular. Después me pidieron amigos y yo también fui ofreciendo a otros músicos”, cuenta.
“La temática de las letras es el amor. Canto sobre lo que surge en el momento. Le he cantado por sobre todas las cosas al amor, es lo que uno siente y cuantifica. Me parece que la solución a muchas cosas de la vida es el amor. No solo el amor de pareja sino el amor en general. Después le escribí a los lugares, a San Miguel, General Paz, Caá Catí, son los lugares que me llegan al alma. No puedo escribir sobre cosas que no pasan por el corazón. Pero siempre le escribo al amor en todas sus inflexiones”.

GUITARREADAS
Una de las tantas miradas nuevas que aporta María Meana es poner atención a las guitarreadas. Las destaca por su valor de encuentro con amigos y también como espacios donde se visibilizan las canciones nuevas. De ese ámbito surgió mostrar sus composiciones y ahora se proyecta todo en un libro y un disco.  “Estoy haciendo una recopilación con mis poesías. Además ese libro vendrá con un disco donde también estarán musicalizadas mis poesías y cantadas por mí y los amigos”, cuenta. “Hay gente que vio algo en mí que yo pensé que estaba dormido. Expresarme me abrió muchas puertas y me llevó a conocer lugares y personas nuevas. Es maravilloso. Las letras se conectan con dejar echar a volar el espíritu. Nada me da tanta satisfacción como comunicarme desde el nivel emocional con los otros. Para mí es un regalo de la vida”, desliza y hace silencio. “¿Estás ahí?”, me pregunta y sonríe. “Sí, -respondo- sólo sostengo en el eco tus palabras, comunicarse con los demás desde el nivel emocional”. 

Paulo Ferreyra




Giuseppe Badaracco: "No pretendo otra cosa más que hacer un aporte la chamamé"

Autor de poemas, novelas y de canciones, Giuseppe Badaracco(audio) viene apostando por el proyecto de la Embajada Cultural “La Cruz de Urunday”, la Nueva Canción de Corrientes. Un colectivo de artistas jóvenes que apuntan a una renovación de la cultura musical chamamecera.



- Se conmemorar hoy el Día Nacional de nuestra música. ¿Qué significa para vos el chamamé?
- Desde hace un tiempo es una manera de vivir. Siento que es una parte de mí que estuvo medio dormida por unos momentos de mi vida y que siempre estuvo presente pero que ahora aflora con más fuerza. 

- Qué está cambiando en el chamamé? ¿Es el mismo chamamé, el de antes -cuando digo antes es en referencia a los patriarcas del chamamé, a quienes le dieron vida- y el de  ahora?
- Siento que está cambiando. Yo miro al chamamé desde una mirada social, antropológica, musical están permanente cambio. No es el mismo chamamé el de las décadas del 30 o de los 40 con los grandes primeros precursores, no es el mismo chamamé de los 70 o los 80 que el chamamé de ahora evidentemente. Hubo mucha gente que dio su vida por el chamamé y pienso que si siguiera viva hubiera evolucionado con la misma vida, porque nadie escapa a su tiempo. Esta es una frase de Enrique Pichón Riviere, que me gusta mucho recordar. Nadie escapa a su tiempo. Si los grandes patriarcas del chamamé estuvieran vivos creo que vivirían este momento de redes sociales, de whatsapp y entenderían este momento como lo entendieron en aquel momento cuando escribieron sus canciones. 

- Sos escritor, ¿Qué te llevó a volcarte a escribir letras para chamamé?
- Comencé desde muy chico escribiendo letras para chamamé. En mi temprana adolescencia escribí mi primera canción en ritmo de chamamé que se llama “En la distancia”. Canción que nunca se había grabado por un motivo u otro; pero que en esta oportunidad va a ser grabada en el segundo EP de “La Cruz de Urunday”. A los 17, 18, 19 años tuve una etapa de gran composición en el chamamé, así fue que gané algunas menciones especiales y primeros premios incluso.  De esa etapa surge “Antonio Gil Paiubrero” que fue la canción ganadora de la edición Bodas de Plata del Festival de Santo Tomé, surge “Gurisito de piel morena”, que es una canción que le gustaba mucho a Pocho Roch, y entre ellas también surgió “Melodía triste”, que fue el primer premio que yo tuve en el cancionero folclórico nuestro. Lo que pasa es que luego yo no encontré un compositor, un músico que me siguiera, que me comprendiera. Viajé a estudiar a Buenos Aires y fui tomando distancia de la música de mi lugar de origen. Y si bien encontraba en Buenos Aires con grandes chamameceros correntinos, no encontré una dupla, un compositor que me acompañara, que me siguiera. A mí me nacían canciones con estribillo, con ritmo, pero necesitaba que alguien compusiera el resto de la música. Entonces eso me fue haciendo incursionar en otros espacios, seguí con la poesía, el cuento, me hice un poco más conocido por la novela y es justamente eso lo que sorprende a algunas personas que creen que soy novelista y de repente escribo chamamé. No. Estoy siempre retornando al chamamé porque uno nunca se va de las cosas que ama. 

- Escribís chamamé, pero también otros estilos musicales que también hacen a la esencia de la música correntina. ¿Por qué lo hacés? ¿A dónde apuntas? ¿Qué querés lograr?
- Además de chamamé escribo rasguido doble, valseado, chamarritas, el candombe y también la charanda, estoy muy ocupado en este momento en el candombe con una preocupación y ocupación importante. Porque me preocupa que este ritmo nuestro, maravilloso, no tenga la suficiente difusión que debería tener y no tenga la gran cantidad de letristas que creería yo que debería tener. Entonces estoy ocupándome de escribir letras, de tratar de estudiarlo bastante ir al encuentro de este ritmo, que de alguna forma nos pertenece fusionado con esa África ancestral de dónde viene. También me interesa mucho un ritmo que es nacido en Corrientes, en la ciudad de Lavalle, que es el Gato Correntino. Nosotros hemos perdido esta danza, se baila muy poco en Corrientes, y estoy muy interesado en el rescate de este ritmo u esta danza, para traerlo a nosotros y el litoral en sí.
¡A dónde apunto? Con mucha humildad quiero hacer mi aporte a la renovación del cancionero, para que siga estando en vigencia. Hay muy buenos letristas hay muy buenos músicos actualmente y hay hermosas composiciones. Trato de alguna manera de aprovechar este buen presente que tengo como autor y que se me conoce en muchos países del mundo, como para que a través de ello muchos estilos musicales también lleguen. Fíjate que a través delas redes sociales de Spotify nuestras composiciones se están escuchando en Suecia, en Italia en México, en Estados Unidos, en lugares donde aparentemente no era fácil oír esta música. Gente que me conoce como novelista ahora quiere ver qué hago en este camino nuevo musical.

- ¿Qué descubriste en el chamamé, en la cultura musical correntina, qué te atrajo tanto, lo suficiente como para hacer tu aporte?
- Quiero dejar un recuerdo. Dejar un puñado de canciones que si los otros intérpretes pueden recoger y cantar, si los niños algún día quieren cantar en la escuela, sería el sueño cumplido. No pretendo otra cosa más que hacer un pequeño aporte y que de repente, así como me encantan los clásicos. Voy muchas veces al festival y escucho muchas veces la misma canción, y no porque no haya muy buenas canciones nuevas, sino porque repentinamente siempre estamos retornando a nuestras raíces, a nuestras canciones; por eso estoy intentando que las letras que componemos con amigos compositores entren dentro de una línea con un fuerte corte clásico pero que también puedan tener mucho de actualidad en su letra.

- ¿Quiénes te inspiran? ¿Qué músicos y autores chamameceros son tus referentes?
- Los clásicos siempre me van a inspirar. Inclusive soy de la familia de Ramón Ayala. Es un gustazo tener un montón de recuerdos almacenados en mi memoria como el de don Ramón cantando con su guitarra al costado de mi cama cuando era muy chico y estaba con varicela. Yo amaba “El Mensú”, “Posadeña linda”, “El Moncho”. Recuerdo a Don Ramón cantándome al lad, sacándome una sonrisa. Me inspira Salvador Miqueri, ha sido un referente. También los que no conocí, porque era muy niño cuando murieron, o los que conocí muy poco como Isaco Abitbol a quien lo vi en muchas ocasiones, todos van a seguir siendo fuente de inspiración. Pero también me inspiran mucho mis compañeros, los chicos que tocan conmigo, los músicos de hoy que le ponen mucha garra. Cuando yo lo veo a Chingoli Bofill, a Nicolás Cáceres, a Ernestito Montiel, a Federico Maceri, cuando escucho a Bruno Sosa Trotti a Franco Perroni o al mismo Leandro Galarza -que es mi coautor- siento que ahí está mi inspiración actual, lo escucho a Pablo Delvalle y siento que se pueden hacer un montón de cosas con nuestro ritmo. Ellos me siguen inspirando como me inspiran los clásicos. Aunque también me inspira mucho la necesidad de la gente. Mi poesía es más bien social, me inspira mucho el paisaje, la realidad en la que vivimos, caminar por los barrios, encontrarme con una abuela, con un niño y en todo ello está la presencia de nuestra manera de ser que es el chamamé.

- ¿Crees que hay un estilo particular o varios estilos propios en el chamamé de Corrientes, tal como lo tenía antes, o está cambiando?
- En Corrientes siempre estuvieron muy marcados los estilos. No es lo mismo el chamamé de Cocomarola que el chamamé de Montiel, el chamamé de don Isaco se acercó un poco a Montiel pero adquirió un matiz propio, no es lo mismo el chamamé de Mario Millán Medina; siempre dentro del chamamé hubo varios estilos. Los Hermanos Barrios tienen su estilo propio y maravilloso por supuesto y yo creo que Corrientes es una amalgama de voces, sonidos y estilos pero hay algo que es irreemplazable: cuando suena el fuelle, cuando arranca el acordeón con sus primeras notas y surge ese sapucay, ahí nosotros no pensamos si es Cocomarola, si es Montiel, si es Millán Medina, es el chamamé que está haciendo su presencia en ese escenario. 

- ¿Hacia dónde va el chamamé? ¿Qué le falta? ¿Cuál crees que es la proyección que tendrá? 
- Yo lo veo como un movimiento social  y como tal es imparable, es imposible de describir, ni el mejor de los científicos puede hacer una previsión sobre esto. Yo espero que nos acompañe siempre como identidad a nuestra provincia. Creo que siempre va a ser nuestro seguro soporte. Y va a ir hacia donde vayamos nosotros como personas, como sociedad. Creo que ya es un patrimonio, que no es solo de los correntinos, hace un montón de tiempo que es de los argentinos, y hace también un montón de tiempo que es de otros países que nos rodean y estamos queriendo exportarlo a la humanidad, estamos queriendo hacerlo de todos. Desde La Cruz de Urunday queremos hacerlo también de las personas que no pueden escuchar, por eso cantamos el chamamé en lengua de señas, porque sentimos que esta idiosincrasia nuestra le pertenece incluso a quienes no pueden oírla. Creo que va a ir hacia donde vayamos nosotros como humanidad. Porque me parece que tenemos que verlo como la compañía de todos nuestros días, cuando prendemos la radio al amanecer de empezar la jornada, cuando vamos silbando por la calle a nuestro trabajo. El chamamé va a estar siempre con sus distintos matices, voces, coloraturas, estilos, maneras de bailar, maneras de recitarlos, maneras de cantarlo. El chamamé incluso fomenta hasta una cultura, una gastronomía propia, nos dan ganas de comer una empanada, un mbaipy, un asadito, de pensar en el chipa cuerito, cuando escuchamos chamamé´. 
Le faltan un montón de cosas y le sobran un montón de cosas, creo que le falta aún un poco más de apoyo y no hablo del apoyo oficial, que se nota el trabajo del Instituto de Cultura, de algunas organizaciones y fundaciones como Memoria del Chamamé que tienen un semillero de cosas hechas, pro le falta poder llegar a otros espacios donde ha costado introducirse como el festival de Cosquín; le falta un poco más de relaciones institucionales, para introducirlo en otros ambientes. En cada lugar de este país hay un correntino. Te vas al Sur, a Tierra del Fuego hay correntinos que se fueron buscando trabajo y siguen escuchando chamamé, faltaría tejer algunas redes para que nuestros músicos pudieran llegar hacia esos confines donde llega poco, o solo llegan algunos pero pocas veces. Nos falta de ese trabajo en red, que nos falta en sí como argentinos para un montón de cosas. Por ahí estamos siendo pocos solidarios en algunos aspectos de la vida y el chamamé no va ajeno a nuestra realidad. Nos olvidamos muchas veces del de al lado, del hermano, del sufriente y nos olvidamos de llevarle ese chamamé que también está necesitando.  Por eso creo que estamos en un permanente trabajo, que lo estamos trabajando diariamente, lo estamos descubriendo pero como seres humanos que somos, somos incompletos y estamos terminando nuestro camino en la vida y ahí el chamamé nos va acompañando. Siempre le va a faltar algo porque siempre va a estar en permanente evolución y eso es lo lindo. No es un ritmo apagado, no es un estilo que nace, muere y se termina. Siempre tiene la posibilidad de ser una compañía, un movimiento social va a estar siendo interpretado por las personas que lo llevan adelante.

Por Mariela Mioni