"Navegamos sin más pretensiones que ver los ríos libres"

Jorge Mazzochi, Sebastián Arena y Hernán Gigena partieron días atrás en kayak desde El Pintado a Buenos Aires.

“La hoja es el equivalente a la vida”

Entrevista con Franco Rivero

Ciclo Conversaciones de Novela en el Fogón

Entrevista con Luis Argañarás

domingo, 21 de julio de 2019

Betina González: "Soy en el lenguaje"


 La escritora Betina González iba a estar en la Feria  del Libro realizando una charla bajo el título Relato de Experiencia.  “Para mí la escritura es una forma de ser en el sentido más filosófico de la vida. En el sentido de atar el yo al ser. Sentirse vivo, sentir que el día no ha sido en vano si escribo; soy en el lenguaje”, expresó en una charla previa a la visita que no puedo ser. Por cuestiones de salud debió cancelar su llegada a Corrientes. La Feria Provincial del Libro 2019 en diez días recibió más de 50 mil visitas y se vendieron en promedio 30 mil libros. 



Paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com


Lleva publicado los libros Arte menor, América alucinada, El amor es una catástrofe natural, Las poseídas, Juego de playa, entre otros.

En una entrevista telefónica en pleno desarrollo de la Feria del Libro contó, “en estos momentos estoy escribiendo un libro de ensayos”, cuenta abriendo la jugada. “Uno de ellos aborda sobre la escritura, sobre ser mujer y escritora. En este momento vivimos un presente fuerte del feminismo pero ciertos lugares y ciertas formas de ser escritora que parecen ya conquistadas por la mujer aún no lo son”.
— ¿Por ejemplo?
— Sigue predominado en las escuelas y en las universidades un canon preferiblemente masculino.  En el ensayo plasmo cómo empecé a escribir y cómo me sentía en este lugar de escritora. En la vida de cualquier escritora, por lo menos en los de mi generación, lo primero que encontrabas cuando declarabas tu deseo de escribir era la negación. Eso tiene muchas formas, hay muchas versiones de ese rechazo, quienes te dicen que no podrás vivir de eso y hablan de la inutilidad de la escritura. En el ensayo afirmo esto: escribir es un hecho inútil y hay que defender esa inutilidad. En mi caso no hubo una búsqueda de una profesión rentable y eso lo comparto con cualquiera que escriba.

— Se ha instalado también que las mujeres que escriben solo se suscriben a un ámbito literario, ¿viviste esa situación?
—Las mujeres de mi generación corríamos con desventajas. Siento que aquellas que llegan a estar reconocidas dentro del canon siempre son vistas como anomalías, no es que no hay, sino que son casos aislados. Eso se sigue repitiendo. El ensayo también está basado en un texto de Joanna Russ, una feminista norteamericana. Su libro Cómo acabar con la escritura de las mujeres fue editado en los años 80 pero recién el año pasado fue traducido.  Aquí se ven distintos mecanismos que tiene el sistema cultural, y que le funcionan, para silenciar e invisibilizar el lugar de las escritoras.
Dos de los mecanismos que siguen vigentes uno de ellos es el doble estándar. Es decir, juzgar de manera distinta el libro de una mujer y el de un hombre. Esto lo observo como lectora de medios. Se tiende a etiquetar a los libros de mujeres como esferas particulares, libros sobre lo íntimo, sobre lo sensible, sobre la feminista, lo sexual. En cambio, los libros de los hombres reciben una etiqueta con una condición general.
— La poeta española Elvira Sastre sostuvo que la mujer carga con el peso de revalidar todo el tiempo su escritura. Coincidís, ¿por qué?
— En parte ese es el eje del ensayo. Siento que la mujer todo el tiempo tiene que dar el examen, no solo tiene que dar el examen sino que además debe probar que es extraordinario lo que escribe. De hecho, mi ensayo se llama “la obligación de ser genial”. Las mujeres tenemos la obligación de ser geniales y es como si fuera el único permiso para escribir. La única disculpa por el acto subversivo de tomar la palabra. En cambio el hombre se puede dar el lujo de ser mediocre, porque el lugar ya lo tiene ganado. Les basta con ser varones.
En este contexto hice el trabajo de rastrear algunas escritoras en sus diarios y ahí se ve la auto exigencia. Una auto exigencia sideral, por ejemplo, Alejandra Pizarnik. Se sabe muy poco de ella, se ha leído de forma sesgada su obra, y sus diarios completos recién salieron hace unos años. Pero si se los lee en detalle, desde que era muy joven hasta el momento de su muerte, todo el tiempo está esa obligación de ser genial. Tener que dar un montón de exámenes cuando la obra de ella es absolutamente genial.
Menciono a escritoras que para mí son excepcionales en su escritura, por ejemplo, María Negroni. Ella tomó posesión de ese lugar de desplazada e hizo de ese lugar una fortaleza, no una debilidad. Trabajar desde afuera y quedarse fuera del canon, fuera del sistema, también puede ser una toma de posición que podes hacer jugar a tu favor.
— Volvamos a la inutilidad de la escritura, ¿qué significa para vos ser escritora?
—Para mí la escritura es una forma de ser en el sentido más filosófico. En el sentido de atar el yo al ser. Sentirse vivo, sentir que el día no ha sido en vano si escribo, soy en el lenguaje.  No diferenciar la escritura de la vida, la vida es la escritura. En ese sentido es inútil para toda otra cosa que no sea eso, que no sea una manifestación del ser y una realización del ser.
Pienso que hay que defender la inutilidad en cualquier contexto, familiar, laboral, mercado, el que sea. Lo peor que me pasó cuando gané el premio Clarín y Tusquets eran las preguntas de los periodistas que suponían que yo quería vivir de mis libros. Como si mi objetivo fuese escribir para vivir y es al revés, una vive para escribir. Si después coincide en algo con el mundo, es decir, si hay un editor, un lector, está buenísimo. Pero no es el objetivo. Cuando era muy chica, cuando trabajaba diez horas por día y enterraba el corazón, ahí hacía cosas para sostener la escritura. Si tenía que entrar a las 8 de la mañana me levantaba a las 6 para escribir, para sentir que no había perdido el día, que las horas del día no se habían ido en que alguien se enriqueciera con mis horas de trabajo.

— Escribiste novelas, volviste al cuento en tu más recientes libro y ahora estás haciendo ensayos, ¿la idea es despojarse de los géneros?
— Los escritores y las escritoras en general hacemos el camino de escribir con mayor libertad. Entonces siento que mis primeros libros no fueron muy libres, porque estaba aprendiendo desde adentro cómo funcionan las formas y los géneros. Hoy me siento cómoda escribiendo textos que no pertenecen a ninguna categoría. Escribo. Me gusta jugar con los géneros y de alguna manera termina rompiéndose ese marco en lo que hago desde Las Poseídas hasta ahora. Ese fue un libro liberador porque me di cuenta de que podía escribir una novela gótica, una novela de terror y sobre la pos-dictadura todo en el mismo libro.
— Libre de géneros pero con la búsqueda eterna del lenguaje.
— El lenguaje es parte de la búsqueda de los escritores y de las escritoras. Ningún escritor serio puede olvidar que está haciendo cosas con palabras, hacer cosas con palabras tiene que ver con tomar al lenguaje como una materia. No usar la lengua que usás para comunicar todos los días sin cuestionarla. Con esto no quiero decir que se deba adornar la escritura. El desafío es usar las palabras de siempre pero hacer que signifiquen otra cosa. No el lenguaje ampuloso y raro. Hay que hacer que el lenguaje que está gastado, trillado, destruido por nuestra comunicación diaria vuelva a decir algo.
Este trabajo con la lengua es difícil de encontrarlo en los medios y en la literatura. Por un lado, hay una especie de lugar común de que cuanto más despojado un texto es mejor. Hay términos de la economía usados para la literatura, escritor solvente, economía del lenguaje, eso está mal entendido.  La idea no es escribir sin adjetivo o sin riesgos, escribir sin imágenes, eso es escribir sin arriesgar nada. Creo que está lleno de libros que se clasifican de bien escritos pero están bien sin riesgos. Hay que escribir con imágenes y tomar riesgos.

jueves, 11 de julio de 2019

Laura Yasan: "Si no escribo me ahogo"

“El hecho de que se siga escribiendo y leyendo poesía en este mundo que se cae a pedazos es casi milagroso. Ver que la poesía sigue sucediendo es hermoso. Pienso que el arte salva”, expresa la poeta Laura Yasan quien estará este viernes y sábado leyendo sus poemas junto a Estefanía Ceballos y la música de Flor Sandoval.


por Paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com

Este viernes se reanuda el ciclo Tenemos Visita organizado por los escritores Estefanía Ceballos y Tony Zalazar. La cita es este viernes a  las 21 en Miranda Club Social, Catamarca 1128 de Corrientes. El ciclo se replicará el sábado a las 21 en el bar Macedonio, López y Planes 571 de Resistencia. 

 Yasan nació en Buenos Aires y lleva editaa una docena de poemarios entre los que se destacan Ripio Premio Municipal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2005, La llave marylin premio Casa de las Américas 2009 y Animas de presa Ani Premio Carmen Conde 2011.


Antes de su llegada al litoral charlamos por teléfono, para abordar la creación poética. Comentó que su misión en el mundo es que la gente lea poesía. “La poesía es mi lugar en el mundo. Regalo poesía pero no he regalado mucho de un solo libro, sino muchos de diferentes autores porque también esta acción tiene que ver con cada persona. Cuando pensás en alguien, pensás qué clase de poesía le gustaría leer”, explica. 

— ¿Qué poema estás escribiendo o cuál fue el poema más reciente que escribiste?

El más reciente lo estoy escribiendo en realidad, no lo terminé. Tengo el poema en proceso. Se está escribiendo todavía. Últimamente entre que empiezo uno y lo termino pasa bastante tiempo. No sé por qué pasa esto ahora, antes no era así.  Ahora lo dejo, lo transformo, lo vuelvo a corregir, lo vuelvo a -ver o empiezo de nuevo.

En este caso estoy escribiendo un poema sobre la gente que está en situación de calle. Hay una cantidad impresionante de gente que está en la calle, que está en la vereda todo el día, pidiendo, durmiendo, gente que está pidiendo una monedita, dos moneditas. ¿Para qué te van a servir unas moneditas? 

 Me tiene muy conmovida - toda esta situación que están viviendo muchas personas. Estoy participando  activamente en entregar ropa, dar un mate caliente, lo que fuera. El último poema que estoy escribiendo se trata de esto y me resulta difícil abordarlo sin caer en lugares comunes. Trato de buscar el punto de vista de la persona que vive esta situación, que desde ese lugar ve piernas, zapatos, perros, bastones. No miran al cielo. No están mirando al cielo, no miran los rostros, solo ve piernas que pasan. Eso es lo que quiero lograr en este poema en el caso de que me salga.


— En tu anterior visita dijiste que hacer un poema es sacar un cisne de un ladrillo, ¿en qué etapa está este poema? ¿Se ven las alas? 

Hacer el poema es sacar un cisne de un ladrillo. Siempre digo esto porque es lo que a mí me sucede. Sigo sosteniendo eso, porque lo primero que saco y lo primero que tengo es un ladrillo, es algo que no tiene forma, no tiene belleza, no tiene nada. Desde ahí tengo que  sacar un cisne que es el poema. Ese es el laburo, como un escultor que tienen una piedra gigante y saca el David o El Beso, algo así. El poema que estoy escribiendo va teniendo forma. Estoy intentando llegar al cisne.

—En relación con el título, ¿cuánta importancia le das al nombre del poema?

Para mí es un recurso importantísimo. Veo que muchos poetas y poetas consagrados y consagradas no le dan bolilla. Le ponen el primer verso o le ponen un número, otros no le ponen nada. Para mí el título es el trabajo que viene después de terminarlo. Hasta que no está el título no está terminado. Puedo agregar un plus tremendo, si el poema es muy hermético le puedo poner la claridad en el título, si el poema es muy obvio puedo poner en el título algo que no entró en el poema, puedo poner ironía, es un desafío poner el título. Creo que es la parte más gozosa para mí, cuando termino de pulir, de escribir, ya está listo el poema y viene el desafío mayor.

—Así se cumple esa leyenda o frase de que en el arte hay un diez por ciento de inspiración y después hay un 90 por ciento de trabajo.

Totalmente. El arte es eso, poder plasmar tu visión en lo que estés haciendo. Ya sea una película, una danza, un cuadro, vos estás poniendo tu mirada de artista en la obra. Eso da trabajo, no sale por arte de magia. La gente espera la inspiración, no es algo que viene de afuera sino que es algo que vos permitís que se abra en vos. Cuando eso se abre sale, sale eso que otros llaman inspiración. Esta es mi forma de verlo, no hay una barita mágica que me toca desde afuera. Hay una fibra mía que se movió, que se conmovió y necesito sacarla fuera. 

Esto que estoy manifestando es el resultado de muchos años de estar en este oficio, de preguntarme y reflexionar sobre el material de la poesía. Cómo llega el acto creativo, eso es una incógnita.  Cómo se produce el acto creativo es la pregunta eterna, nunca la puedo terminar de contestar. Coordino muchos talleres y lo que más trato es que la gente pueda reflexionar sobre la actividad que está haciendo. No es solo agarrar birome y escribo, no es mecánico, hay muchos pasos antes que pasan en el cuerpo, en la mente y en la sensibilidad que se van aunando para llegar al poema.

—¿Por qué se escribe?

Mirá. Pienso que el arte salva. Uno puedo tener una mirada indiferente de las cosas, no solo de la gente que tiene hambre sino de la gente que tiene demasiado dinero, de cualquier situación social. Uno puede pasar indiferente, o si vos necesitás decir algo, ahí es cuando el arte te salva. Cualquier rama del arte te salva. En mi caso elegí la poesía o la poesía me eligió a mí, probé muchas ramas del arte en mi juventud. Hice bellas artes, teatro, pintura, escultura, música, todo lo que se te ocurra; pero me quedé con la poesía que es el lugar donde me puedo expresar, siento que tengo herramientas para expresarme. Cuando necesitas expresar algo está el arte, o llamás  a un amigo y le contás lo que te pasa. Pero si querés o necesitas dejar testimonio, o quizás ni siquiera pensar en dejar testimonio sino que es algo que tenés en el cuerpo y necesitás sacarlo y ponerlo en otro lado. Lo ponés en la obra, en mi caso lo dejo en el poema, no puedo vivir con eso adentro. Si no escribo me ahogo.

—Vas a estar en dos ciudades leyendo en voz alta tus poemas, ¿cuál es el proceso para elegir los que vas a compartir en estos espacios?

En general tengo un plan a y un plan b. Hay que pensar que en una lectura podemos leer seis, siete u ocho. Después la gente se cansa. Además se le hace un puré en la cabeza. Tengo diez libros editados y tengo que elegir ocho poemas. Tengo que hacer una línea, necesito que los poemas tengan una coherencia. Una vez que está el material listo y estoy frente al público, al leer el primer poema ya tengo indicios de si voy bien o mal con el público. O si este público me pide otra clase de poemas; ahí voy al plan b. Ese plan es improvisar sobre lo que voy leyendo porque es algo muy sutil que me pasa en el contacto con el público. Hay cosas que sólo pasan en ese momento. 

—¿Qué te dan estos espacios de lectura?

Cuando voy a encuentros con poetas me dan diversas cosas, porque hay lo bueno y lo malo. Hay lo que te gusta y lo que no te gusta, el poema que es bueno pero está mal leído o el poema que es malo pero está bien leído. Los encuentros que más disfruto son  justamente con otro poeta. Además es un espacio para celebrar y que se lee poesía. Hay poetas y lectores de poesía, que la poesía siga viva es para celebrar. Que se siga escribiendo y que se siga leyendo poesía en este mundo cuando todo se cae a pedazos. Ver que la poesía sigue sucediendo es casi milagroso. Este es mi lugar, la poesía es mi lugar en el mundo.


— ¿Cómo sos como lectora de poesía, tomas una tanda de poesía sobre algún tema o algún autor?

Cuando me siento a leer poesía es como cuando te sentás a comer, comés hasta que te saciás. Empiezo a leer y llega un momento que si leo un poema más me da una indigestión. El poema no es como una novela que empezás y sos capaz de llegar al final del libro porque querés saber qué pasa. Cada poema en cambio es un pequeño mundo. Cada poema te mueve una cosa, el siguiente te mueve otra cosa, el tercero te mueve otra. Además tenés que leer lentamente, para entrar a ese universo, subrayar cosas, marcar. De todos modos hay libros que he devorado hasta el final.

Por Paulo Ferreyra

miércoles, 3 de julio de 2019

Alumnos de la Escuela Regional realizan pasantía en el Museo de Bellas Artes

Desde la inauguración de la muestra En Tránsito. Tesoros de la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes, un grupo de alumnos de 5° y 6°. año de la Escuela José Manuel Estrada, con orientación en Artes Visuales, realizan una pasantía en el Museo Provincial de Bellas Artes. Se ocupan de hacer la guía orientando al visitante sobre los cuadros que se encuentra en el Museo. Están bajo la coordinación de las profesoras Silvia Ilieff y Susana Fernández. “El mejor aprendizaje para este grupo es la experiencia laboral que una escuela pública y gratuita le pudo dar”, manifestó Ilieff.

por paulo ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com

“Nosotros hicimos una visita al museo, fuimos con el Sexto G de la orientación Artes Visuales y estuvimos acompañados por la profesora Susana Fernández. En esa oportunidad había solicitado al director del Museo, el licenciado Luis Bogada, que se acercara a dar una charla a nuestra institución. Junto con Milagros García expusieron sobre la importancia del museo, el valor y el cuidado del patrimonio”, explicó la profesora Silvia sobre cómo nació el vínculo de la Institución educativa con el Museo.

En ese marco de la charla surgió la posibilidad de que los alumnos pudieran hacer una pasantía. “El director nos pasó información sobre la muestra del Museo Nacional de Bellas Artes. Con el grupo de alumnos comenzamos a estudiar a los artistas y las obras que venían a Corrientes. Después dentro del seno del grupo de los alumnos surgió la iniciativa de quien quería participar; nueve alumnos se ofrecieron. Los otros no se animaban; ellos son adolescentes y no son especialistas en arte. Tener que enfrentar al público para hacer una visita guiada no es fácil”, advirtió Silvia Ilieff.

Los alumnos de la Orientación Arte Visuales de la Escuela Normal José Manuel Estrada que participan son Juliana Dolores Achinelli Ríos, Celeste de los Milagros Aquino, Desireé Noemí Erceg, Ornela Sabrina Espósito, Gabriela Adaluz Huels, Ramona Deisi Recalde, María Cecilia Rojas Leguiza, Melina Nahir Romero, Magdalena Villalba Kibycz. Además se sumaron los alumnos de 5º G, Micaela Sabrina Alcaraz, Camila Lucrecia Buzón, Luz Gianella Frank, Sofía Micaela Gómez, Mariel Agustina Magnani, Juan Ignacio Morales, Nahiara Nicole Ortiz, Cecilia Belén Rivero Caselli, Sandra Milagros Vargas.


“Quienes visiten el Museo pueden acceder a la exhibición requiriendo si lo desean información sobre la misma. Los alumnos están organizados en ambos turnos, de lunes a viernes y feriados, de 8,30 a 12 y de 15 a 18, permitiendo así brindar a la comunidad este servicio en forma gratuita.

La colección del Museo de Bellas Artes ya registró a la fecha más de 4.000 visitantes desde su inauguración, que fue el pasado 5 de junio. En su mayoría fueron delegaciones estudiantiles de todos los niveles educativos, jardines de infantes, primarios, secundarios, terciarios, universitarios, instituciones públicas y privadas, delegaciones de turistas y público en general. La misma podrá ser visitada hasta el 28 de julio de lunes a viernes de 8 a 20, sábados, domingos y feriados de 9 a 12 y de 17 a 20.



“Los chicos muy contentos porque la experiencia es transformadora. Estamos agradecidos al Museo y a su director. Hay una generosidad de parte de esta institución hacia la escuela que es muy grande. Es una experiencia y un aprendizaje profundo para los jóvenes. Ellos se mueven solos, tienen una planilla donde asientan sus horarios, el público es amable y han encontrado escritos en el libro de visitas del Museo que han sido muy reconfortantes”.

“Los chicos además están aprendiendo, el museo recibe gente que también tiene preparación en cuanto a lo que es lectura de imagen y arte, entonces ellos absorben y aprenden. Intelectualmente se están fortaleciendo”, expresó la profesora Ilieff.

“Los jóvenes son valientes, entraron en este juego de hacer una experiencia laboral y todos los días es bueno verlos sostener el trabajo. Tenemos un grupo de Whatsapp y estamos en contacto, sabiendo cómo va el día a día. El mejor aprendizaje para este grupo es esta experiencia que una escuela pública y gratuita le pudo dar. Son cumplidores, con sus uniformes muy presentables, serios, están ahí en el Museo de Bellas Ares. Amo el lugar donde trabajo y a nivel personal estoy muy emocionada porque uno conoce la vida de los chicos, la perseverancia, el empeño, el estudio y la transformación que buscan por ser mejores personas. El conocimiento para ellos ahora se incorpora de otra forma y eso también es muy valioso”, subrayó. La profesora Silvia Ilieff trabaja junto al preceptor Eduardo Kolec y sus colegas Marcelo Quintana y Susana Fernández.

"El Instituto de Cultura de la Provincia a través del Museo de Bellas Artes Doctor Juan Ramón Vidal expresó además su más profundo reconocimiento y agradecimiento a la Escuela José Manuel Estrada, ‘la querida “Regional’, . como también lo hizo extensivo a los directivos, docentes y a todos los alumnos involucrados en esta experiencia que los enriquece desde el aprendizaje y puesta en práctica de los contenidos de su especialidad en Arte Visual", resaltó el licenciado Luis Bogado.

martes, 25 de junio de 2019

Visita guiada en el Museo de Bellas Artes

En las salas del Museo se encuentra en exposición la muestra “En tránsito. Tesoros de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes”. Este martes alumnos del tercer año del Profesorado en Artes Visuales del Instituto Superior Josefina Contte realizaran una visita guiada abierta al público, coordinada por el profesor José Alfredo Ramírez quien viene realizando estas actividades con otros grupos de estudiantes y público en general. 


por paulo ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com.ar

El Museo Provincial de Bellas Artes “Doctor Juan Ramón Vidal” está abierto de 8 a 20; este horario se reduce los fines de semana y feriados, cuando las puertas están abiertas de 9 a 12 y de 17 a 20. La muestra En Tránsito, tesoros del Museo Nacional ya ha recibido más de 2 mil visitas.
José Alfredo Ramírez realizando una visita guiada

La visita de estudiantes del Instituto Contte tiene como finalidad explicar y resignificar las obras expuestas. El mismo grupo realizó el día anterior una clase abierta de reintepretación y resignificación de obras. “La propuesta es que de los alumnos nazca la necesidad de formar o crear un sentido de pertenencia hacia el Museo. Voy a cumplir 58 años y hace 55 años que visito el museo”, explicó el profesor Ramírez sobre esta actividad. “Voy por necesidad y porque entiendo que ese es mi lugar. Así como en mi infancia recorrí otros museos de la ciudad. Entiendo que el alumno no solo recibe información o formación cursando materias sino que también por fuera de la currícula hay otra formación que es la que debe despertarse. La idea es esa, porque aunque parezca mentira hay mucha reticencia o preconceptos sobre ir al museo. Quiero desterrar esos prejuicios para que la gente vaya sin miedo y con libertad a ver obras de arte”, enfatizó.

Obra de Raquel Forner

La muestra reúne a artistas del país y extranjeros, así pueden apreciarse obras de Pablo Picasso, Antonio Berni, Xul Solar, Luis Felipe Noé, Emilio Pettoruti, Benito Quinquela Martín, Eduardo Schiaffino, Joaquín Torres García, Juan Carlos Castagnino, entre otros.

El profesor José Alfredo Ramírez hizo su primera visita guiada el 5 de junio, día de la inauguración. Destacó varias obras pero en esta ocasión ponemos sobre relieve el cuadro de Raquel Forner, La desolación. “Esta una obra importante de ver por varios factores. En principio porque es de una mujer, esto es significativo porque en este ambiente fue difícil el acceso de la mujer en el arte. Esto sucedió aquí en la Argentina pero también en muchas otras sociedades del mundo. El ambiente artístico siempre ha sido difícil. Desde la antigüedad nunca estuvo bien vista la actividad de la mujer en el arte”, explica.

“En la historia del arte de nuestro país mucho antes de Forner tenemos a la artista Lola Mora. Sin embargo, ella también tuvo que saberse ganadora por un lado y tuvo que saber moverse en un ambiente muy machista. A Lola Mora se le cuestionó la veracidad de su autoría, incluso se llegó a decir que ella bosquejaba la obra pero la ejecutaba un hombre. Es decir, tuvo que soportar que dudaran de sus capacidades físicas e intelectuales para ejecutar una obra de arte”, agrega.

“En el caso de Raquel Forner era una persona importante ya que fue pintora, escultora, profesora de dibujo. Ella evoluciona desde un estilo naturalista hacia un expresionismo muy particular, inclusive se concibe su obra como más surrealista”, comenta. El profesor es un apasionado del arte, observa el cuadro y las palabras le brotan con total naturalidad, profunda e intelectual. “Esta de Raquel lleva por título Desolación. Es un óleo, es figurativo, es significativa porque entre otros factores a pesar del tamaño reducido de la obra tiene una fuerza impresionante. Esto habla del concepto de la mujer como artista, es la persona que deja velar todos sus sentimientos a través de la pincelada”.
 Raquel Forner, obra bajo el título La desolación.

“Observando esta obra vemos la fuerza y el poder que constituye un cuadro importante. Además es un rostro que está enajenado, tiene la mirada perdida, el título de la obra —la desolación— acompaña esa impresión que produce al verla. La técnica es muy buena, hay cierta pastosidad, hay un empaste en las pinceladas que hacen que el rostro se defina de tal forma que tiene volumen. Los retoques que tiene son importantes porque demuestran una pincelada muy precisa, por ejemplo, destaco la boca. Si uno se acerca observa como está pintado los labios superior e inferior en tonos muy parecidos, pero no iguales. Además, hay una pincelada muy justa que hace a la división de los dos labios. Eso demuestra un virtuosismo muy particular. Hay otros cuadros en la misma sala donde ese detalle se ve homogéneo”.

Por último, José Alfredo Ramírez advierte que esta obra singular y de gran valía no es la más representativa. “Para terminar me gustaría agregar algo que ella decía: ‘Necesito que mi pintura sea un eco dramático del momento que vivo’. La artista deja así trasuntar en su obra los elementos que vive y siente”.

jueves, 20 de junio de 2019

Quintino junto a músicos locales llega al Vera

Este viernes el baterista Quintino Cinalli se presentará junto a Federico Mayuli, Pepo García y Fernando Gualini. “Esta formación se armó exclusivamente para esta presentación en el marco del 8º Festival de Jazz de Corrientes. Vamos a interpretar temas de su último disco, El Aparecido, y temas míos incluidos en el primer disco de Jaguaretezz”, explicó Gualini.

paulo ferreyra
paulo.ferreyra@yahoo.com.ar

“Quintino es un músico de gran trayectoria,  un grande dentro del jazz, dentro de la música argentina y latinoamericana”, agregó. El ha participado en discos de artistas como Pedro Aznar, Dino Saluzzi, entre otros. En su más reciente producción participaron los músicos Rubén Rada y Javier Malosetti. Gualini hizo un trabajo de producción para hacer posible la presencia del gran percusionista en Corrientes.
 Quintino Cinalli
“Estamos muy contentos porque el repertorio que vamos abordar son composiciones suyas y mías. Así, el concierto toma otra forma, otra curva. El jazz tiene muchas vertientes, por un lado está el standard de jazz, canciones ya legendarias de distintas décadas. Después viene la vertiente compositiva, que es más arriesgada porque mostrar en un festival de jazz composiciones propias es arriesgado. Aquí uno se muestra como es, es lo mejor y a la vez es lo más difícil. Nosotros vamos a encarar este espectáculo con gran expectativa”, destacó Gualini. El músico, compositor y guitarrista compartirá escenario con Federico Mayuli, Pepo García y Quintino Cinalli. “Esta formación es nueva. Es una formación hecha a medida de esta ocasión para el Festival de Jazz, que incluye temas del disco El Aparecido, de Quintino, junto con otros hechos con la formación que tengo llamada Jaguaretezz”, agrega.
Esta gran oportunidad de tocar junto a Quintino es para Fernando Gualini un paso más hacia la excelencia musical. Confiesa que se imaginaba tener un presente musical así aunque advierte que le sorprende que haya llegado en este momento. “Esto me parece un escalón por encima la música. Uno imagina muchas cosas dentro de la música. Soñar es otra cosa, algo que viene desde las entrañas. Quizás este presente me lo imaginaba más adelante, lo imaginaba en una etapa posterior, tocar con los músicos que ya he tocado de primer nivel es algo muy importante”, desliza, y ahora los nombres se ensanchan en la lista y su rostro se ilumina, alegre, feliz, satisfecho.
Fernando Gualini
Respecto de su relación con el público, advierte que en el jazz se producen cosas distintas a otras músicas. “No dependemos del público. No hacemos la música para agradar al público, no nos interesa agradar a alguien con la música. Lo que hacemos es estudiar una música determinada dentro del vasto lenguaje del jazz, estudiar una etapa, una corriente o un compositor determinado para hacerlo de la mejor manera posible. De esa forma el público se va a sentir identificado, atraído, le va a gustar y se sentirá apasionado, eso que les provoca es consecuencia de lo que hacemos, no como resultado de lo que buscamos”, advierte.  
En ese diálogo destaca que el silencio es de gran importancia. “El silencio permite la conexión total del músico con el público. Nosotros dentro del lenguaje del jazz desarrollamos un espacio muy importante para improvisación y la reacción en el momento. La improvisación es crear y componer en el momento que se está tocando. Para que eso sea posible deben cumplirse ciertas condiciones entre las que están, por ejemplo, el silencio del público, la tensión, la energía y el roce con los otros músicos”.

jueves, 6 de junio de 2019

Julia Magistratti: “El poema se termina de construir con el otro”

La escritora Julia Magistratti llega a la ciudad para compartir sus poemas en el ciclo “Tenemos visita”. En la ocasión será recibida por la poeta Mariana Rinesi y por la cantante y compositora Rocío Molina. La cita es hoy en la Biblioteca Mariño a las 20:30 y mañana en el Cecual, Resistencia. La entrada es libre y gratuita.

Por Paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com
 Este ciclo es coordinado por Estefanía Ceballos y Tony Zalazar. En este marco, la editorial Ananga Ranga presentará Escépticas que aman, una antología con poemas de Rinesi y Magistrati. Antes de su arribo Julia Magistratti cuenta como es su proceso creativo.

“Ando con el cuadernito a la pesca y a la caza todo el tiempo. Con estas herramientas uno desarrolla músculo que sabe captar lo que escucha. Anoto todo, después hay cosas que se usan y otras que quedan en el olvido o para otro tiempo”, cuenta.
María Julia Magistratti nació en Azul, provincia de Buenos Aires. Ha publicado los libros de poesía AlasitasEaEl Hueso de la sombraPueblo y además participó en varias antologías literarias de Argentina y el exterior.
“Una escribe mucho porque se pregunta mucho. La escritura es una forma de ir respondiéndose con toda la precariedad del caso. A veces son las mismas preguntas que vuelven, vuelven, vuelven”, explica, y su voz llega de este lado del teléfono dulce, clara, precisa, alborozada.  “Además de estar atenta y tomar nota también leo mucho. La lectura es clave. Leo poesía pero también mucha narrativa, me resulta una fuente muy particular para la escritura poética”.

— La muerte ronda en los poemas de tus primeros libros, ¿cuál es tu relación con la muerte?
—La escritura siempre está atravesada por la biografía personal. En mi caso mis padres murieron cuando yo era muy chica. Así que mi vinculación con la muerte es de muy temprana edad. De alguna manera escribir ha sido una forma de procesar esas ausencias tan significativas. Mirando a la distancia fue y es también un modo de compartir esa mirada que me permitió la vida.
Con el tiempo me pareció importante entrar de alguna manera en diálogo con esas ausencias. Este puede también incluir a muchas personas que por motivos similares han tenido alguna situación de muerte.
Además en un contexto más grande para la gente de mi generación, yo nací en 1976, la muerte y la desaparición de personas ha producido un dolor muy grande. En ese marco el hecho de poder encontrar sentido a la muerte y que eso nos pueda reunir y encontrar en un diálogo productivo, colectivo, quizás sea sanador.

— Este canal de expresión, la poesía, ¿vino a vos o la buscaste?
—Los primeros contactos con la lectura de poesía fueron muy azarosos. En mi caso tuve la suerte hermosa de tener a mi tío de Azul, Roberto Glorioso, un poeta que siempre se acercaba a mi casa con libros de autores contemporáneos. Esos libros yo los ojeaba, los chusmeaba. También me pasó que cuando era muy chica encontré en el diario La Nación un poema de Olga Orozco. Recuerdo que recitaba un poema de ella todo el tiempo, eran palabras tan hermosas que tenían un sonido y una música preciosa. Obviamente no comprendía cuál era el sentido de ese poema pero si comprendía que ahí había una belleza increíble. Jugaba a ser Olga Orozco.
— ¿Llegaste a conocerla?
—Cuando vine a vivir a la ciudad de Buenos Aires leí que iba a estar en un lugar. Así que fui a conocerla, quería escuchar la voz de esa mujer que me había fascinado desde mi infancia y mi adolescencia, ahí tuve la suerte de conocer a Olga Orozco. Pero ese encuentro es otra historia que en otro momento podemos abordar.
— Debió ser un encuentro hermoso.
—Totalmente. La poesía de Olga me gusta mucho, sus poemas me llevaron a escribir. En ese lenguaje y en esa música se despertó mi motivación. Ese impulso sigue despierto en mí cuando leo poesía, cuando escribo, como un espacio musical para entender y comprender la vida.
— ¿Para quién escribís poesía?                               
—Escribo por necesidad. Es una necesidad personal. No pienso en nadie cuando estoy escribiendo. Pero sí me gusta y es el trabajo que casi todas quienes escribimos poesía o se expresan a través del arte buscan: compartir y leer en voz alta.
Uno construye el poema en la soledad y después lo comparte con otra persona, ahí se termina de construir el poema. Si bien una no escribe para otro, sí necesita del otro para que esa escritura se complete. Esa es mi recomendación para quienes escriben. En la soledad de la escritura no se termina nunca el poema sino que se termina cuando uno lo pone en contacto con el otro. Es como alguien que cocina una comida y se la da a otra persona, es lo mismo. Ahí se cierra el ciclo de la escritura.
— En el poema La grieta leemos, “donde yo veía una grieta, un albañil me dijo ‘la casa ha trabajado’”. Pensaba en relación con esto, ¿qué ha trabado la poesía en tu vida?
—Siempre estoy alerta y me quedan resonando algunas frases que las personas dicen.  En determinado momento hacen significado y construyen uno nuevo. Estoy atenta y pongo el oído a ese decir cotidiano de nuestro entorno. A veces ese decir entra derecho en el momento que estoy escribiendo un poema, otras veces quedan en el camino. En este caso la frase del albañil que estaba en mi casa fue derecho al poema.
La poesía tiene pensamiento, emoción, construye todo el tiempo. En general aparecen voces, sentimientos, vivencias de otras personas que se van desplegando en el poema. En este poema en particular esa frases dichas al pasar por un albañil que estaba trabajando provocó la escritura que es biográfico, personal, pero también habla de un momento particular que estamos pasamos como país.
Lo personal es político y lo político es personal. No existe una lectura desde la individualidad, creo que —en medio de una cultura hegemónica, individualista, solitaria—  somos quienes desde el arte vamos “al encuentro de”. Siempre hay un otro o una otra o un nosotros con quien se completa la obra. Vamos al encuentro estableciendo un puente desde el arte al cuerpo que habla, que canta, que camina, que vibra. Somos cuerpos vibrantes y reaccionando. Ahí me parece que el poema es personal y político, es una mirada y una reflexión que siempre está, con sentido crítico y constructivo.
— Hablamos de la relación con la muerte y todo se fue haciendo vida, ¿qué te inyecta vida para crear o escribir?
—Hay un poema que se llama La Vaca, que también surgió en contacto con un hecho que me ocurrió en un viaje. Siempre estoy a la caza de lo que sucede a mí alrededor. Creo en la idea de que nos completamos con el otro, con la otra; que alguien puede ser algo que yo no soy o yo no tengo está en mis poemas. Me gusta esa idea de que somos lo que al otro le falta. Lo que hacemos, lo que pensamos, los poemas que escribimos también puede ser aquello que a otro le falta. El poema en ocasiones le pone palabra a eso que algunos sienten, así como los poemas que leo de otros poetas muchas veces son eso que necesitaba y que vino en ese momento de mi vida a completarme. Es un proceso de ir uniendo eslabones de una cadena en la que nos completamos un poco más.

jueves, 30 de mayo de 2019

Carlos Florentín: “Me dedico a tocar y estudiar jazz”

Este viernes pasada las 22 el pianista Carlos Florentin se presentará en el Café El Mariscal, en Corrientes. El músico tocará la primera parte solo, y luego sumará a Dario Lezcano en trompeta y a Fernando Gualini en guitarra.

Paulo Ferreyra

sapukai.culturas@gmail.com

Florentín está radicado en Curuzú Cuatiá, Corrientes, desde 2005. En varias ocasiones ha organizado y participado de encuentros jazzísticos tanto en su pueblo como en otras ciudades correntinas y de provincias vecinas. Tocó junto a referentes importantes del jazz de la región y el país, como Peppo Bianucci, Ricardo Cavalli, Fernando Gualini, Darío Lezcano, Pepo García, Martín Gagliardi, Guillermo González, entre tantos otros. La lista es, sin presumir, muy larga. Con los tiempos apretados charlamos con Carlos vía whatsapp y así explicó cómo será la presentación de este viernes.



— ¿Cómo estás preparando tu presentación este viernes en El Mariscal?


—En esta oportunidad, en el Café El Mariscal, voy a dividir la presentación en dos partes. En la primera estaré tocando un set de solo piano y elegí composiciones de distintos músicos y de épocas diferentes, standard de jazz, bebop, Barry Harris, Bill Evans, entre otros. En la segunda parte tendré a dos invitados como Darío Lezcano en trompeta y Fernando Gualini en guitarra. Con ellos iremos tocando primero en dúo y luego concluiremos el concierto tocando en trío.


— Desde tu primera incursión en el festival de jazz de Corrientes te han puesto como el pianista indiscutido del jazz en la provincia, ¿sentís esa presión o esa responsabilidad?


—Quizás sea algo desmedido ese calificativo. Lo que sí te puedo decir es que desde hace muchos años me dedico solamente a tocar jazz. Dedico buena parte del tiempo a estudiarlo para ser cada día mejor en lo que hago. Voy tratando de que el discurso musical tome ese rumbo, del lenguaje del jazz. Esto quizás me pone en determinado lugar pero hay otros pianistas que también alternan con otros estilos y sobre todo hay jóvenes que están pujando por esta música. Uno de ellos es Sergio Gutiérrez, un joven y talentoso pianista también de Curuzú Cuatiá con el que estamos haciendo un trabajo de Dúo Piano Jazz.

En cuanto a la responsabilidad, no la siento así, la responsabilidad de uno como músico y artista existe desde el momento que se elige el camino. Uno busca ser consecuente con uno mismo.


— ¿Cómo vivís esta relación de tocar en un lugar donde la gente no solo va a escucharte sino que habrá otros que van a comer o beber al lugar?

—Sí, uno se adapta, a veces se toca en teatros y otras en un bar, un café, pero la música está y eso es lo bueno. No tengo problema con eso, me gusta lo solemne, lo tranquilo y la acústica de un teatro. Pero también disfruto de tocar en un lugar donde la gente escucha y además puede comer y beber algo. Me gusta la cercanía del público con los músicos y si se puede tocar en formato acústico mucho mejor.

jueves, 2 de mayo de 2019

“Juan Carlos Soto jamás perdía un trazo”

Continúa abierta la muestra de Juan Carlos Soto en el Museo de Bellas Artes de Corrientes. En su inauguración hubo poesía y palabras sobre el artista de Andrea Soto, Roberto Villalba, Estefanía Ceballos, Jorge Sánchez Aguilar, Fernando Calzoni, Gabriel Ceballos, Cacho González Vedoya y del director del Museo, Luis Bogado. Fue una velada pletórica de recuerdos y emociones.


por Paulo Ferreyra
sapukai.culturas@gmail.com


En el patio del museo, pasada las 20 todavía seguía ingresando visitantes. Las charlas se encendían en distintos espacios. El director del Museo, el licenciado Luis Bogado, dio la bienvenida a los presentes. “Es muy grato y un placer para nosotros poder exhibir estas obras únicas de Juan Carlos Soto. Este año el artista vuelve con estas obras para el deleite de todos los correntinos", expresó y abrió el espacio para los familiares, amigos y poetas.



Luego fue el turno de Andrea Soto, la hija de Juan Carlos. Agradeció el acompañamiento de amigos y familiares; también extendió palabras de gratitud al museo por hacer posible la exhibición de estas obras y a su hija del alma, Maybe Luque. Después fue presentando a los amigos que conocieron y compartieron largas veladas o tertulias junto a su padre. 


 Condenados a su piedad

“Este es un viejo poema que escribí cuando Juan todavía estaba en plenitud creando su mundo. Hacía poco que lo había conocido pero me llegó tan hondo que traté de sintetizar en un poema lo que pensaba de él”, así deslizo pausadamente el poeta Jorge Sánchez Aguilar. Se sentó y tomó su carpeta donde además guardaba otros poemas. Había silencio en el ambiente. Apenas el sonido de un celular hiende el ambiente. Las voces de la calle se apagan y la voz de Jorge llega amable, dulce, una caricia al pintor.


“Ojos con llanuras plásticas de musiqueros inocentes

y bailantes ardiendo su ceibal de ríos sentenciales

y pescadores en su inasible transparencia



todos condenados a su piedad.



Siempre hay un santo popular en su espacio ganado a la muerte

sus putas y borrachos feroces siempre andan de bodas con la justicia.


El amor levanta vuelo a contrapelo y la muerte abre su puerta al misterio


llevamos la noche a cuenta de la madrugada”.



Así rezaban algunos fragmentos del poema de Jorge Sánchez Aguilar dedicado a Juan Soto. La noche fue madurando y llegaron las palabras del escritor José Gabriel Ceballos. “Para evitar dispersarme, escribí algo cuando Andrea me invitó a esta presentación. Además, hablar de Juan Carlos Soto implica una cuestión complicada. La cuestión es definir el abordaje o desde qué perspectiva voy a referirme a él”, advirtió en esa voz grave y a la vez amable del escritor.


Compromiso


Costó asir lo más importante, subrayar o acortar de alguna manera las palabras de Ceballos. Todo fue importante pero más aún fue la apreciación de que Juan Carlos fue un artista comprometido. Para decirlo más claro, fiel al compromiso del artista con su vocación. “Si hay un concepto incuestionable que surge de su obra y de su historia personal es ese compromiso. Nadie alcanza la talla de artista de Juan Carlos sin jugarse a vida o muerte por su arte desde que se nace a su lucidez y hasta el último día. Ahí está el compromiso como enseñanza. El arte es un destino, si se quiere, una actitud frente a un destino que otorgó una vocación. Actitud que asumida obliga a una concentración total, sin intermisiones, sin descanso. Él tenía un ropaje indeleble: el humor. Aquel sentido del humor lo acompañaba como una sombra. Sus amigos festejábamos aquel humor sagaz, filoso, penetrante y muy a menudo dirigido hacia sí mismo”, destacó, entre otros conceptos Gabriel Ceballos.



Los aplausos llegaron rápidamente, pero fueron interrumpidos. Se espaciaron y cerraron con la misma rapidez. “Quiero continuar ahora con un poema. Este es nuestro homenaje en familia. Ahora quiero terminar con un poema que escribió Estefanía, que ahora me confió para que lo leyera”.



A Juan Carlos Soto


No es morir lo que es para siempre.

Nacer es lo que es para siempre.

(en La lluvia indecisa, Mia Couto)



De antiguo vienen las manos

en procesiones de guachos mujeres desnudos esqueletos

de animales como humanos y ataúdes cargados por payasos

cortando el tiempo

vienen las manos

cargadas de flores y trozos de carne

arrastrando silbidos ancestrales

poderosas manos de los muertos

llegan rituales

exhalando el rancio devenir de los días

como un vals del infierno

(o del cielo)

Llegan las manos

Del regocijo de la muerte

Con olor a tabaco y ginebra

A dar testimonio

De su legado.




Estallan los aplausos. Estefanía está cerca y sonríe. Es una mueca feliz en un rostro lunar tallado por otro artista. Sus ojos brillan mientras tira hacia atrás un mechón que besa sus pupilas. En el decir de Edgar Romero Maciel y Albérico Mancilla siempre hay enero en su piel. Mientras se apagan los aplausos hay miradas familiares, de afectos, alegría, felicidad. 

La familia de Juan Carlos Soto se abraza con los ojos. Todo crece, las emociones que golpean un pecho, los ojos, las manos que se extiende y las miradas que riegan el ambiente. Los celulares siguen captando momentos y hay algunos que hacen transmisiones en vivo para las redes de Instagram o Facebook.


Del mismo barro iré siendo

Juan Carlos
 era muy generoso. Recuerdo que una vez estaba haciendo un guitarrero. Lo hacía en un papel que encontró por ahí. Era un guitarrero y un acordeonista. El guitarrero tratando de escuchar sus cuerdas con clavijero de madera. Tuve que decirle que me gustaba mucho. Esa obra estaba por venir. Ahí mismo me la regaló y la tengo guardada en mi casa. Pero no tengo al acordeonista porque otro personaje había elogiado su dibujo y él partió al medio su obra y le regaló al otro la parte del acordeonista. Así era Juan Carlos. 



Hoy me queda por morir bastante

y no habré de morir lo suficiente

del mismo barro iré saliendo a tientas

igual que la chicharra en la siembra.



“Decía que siempre Juan Carlos era un filósofo. Él era certero. Era certero en la pluma, como artista y como dibujante era certero. El jamás perdía un trazo. Juan Carlos Soto jamás perdí un trazo”, lo dijo sin comillas, sin subrayar, sin poner acentos, si hacer silencios y pero desgranando esas palabras como si brotaran de lo profundo de su ser interior. Roberto Villalba lo conoció en profundidad y celebró este reencuentro con la obra de Soto.


Ya en el final de la velada, mientras algunos degustaban alguna bebida Fernando Calzoni tomó la palabra. Contó algunas anécdotas de su relación con Soto y leyó un fragmento de lo que escribió sobre el artista y que estaba impreso en la tarjeta que se entrega a los presentes.

“El negro Juanca...

elevado en cielos de arpillera y tela

repara en sus musas,

amasa la tinta caá

y el frío tinto de añá,

salpicando de villa, de Villa Ana

sus horas de estrellas

Se quita los lentes y mira hacia dentro

masticando el segundo

de cada palabra con su color,

haciendo del arte

un juego de niños.


Tras estas palabras se sumaron aplausos y como cierre llegó la música de Luis Arnal quien también se vio desbordado por los recuerdos y la emoción. La noche parecía no tener fin. Hubo sonrisas, recuerdos y momentos que se encendían a cada nuevo cruce de miradas. Aún quedan los dibujos en la pared, los cuadros, la obra de Juan Carlos Soto que viaja material e inmaterialmente por la ciudad de Corrientes. Al decir de Mia Couto, “no es morir lo que es para siempre / nacer es lo que es para siempre”.

La muestra es libre y gratuita, y permanecerá hasta el 19 de mayo en los horarios habituales del Museo, de martes a viernes de 8 a 12 y de 16 a 20. Sábados y domingos de 9 a 12 y de 17 a 20.



miércoles, 20 de marzo de 2019

Rocío Navarro: “La poesía respira al ritmo de cada escritora”

En el día de la poesía Rocío Navarro cuenta cómo empezó a escribir, qué está leyendo en estos momentos y qué busca como lectora. “Lo que escribo es muy biográfico, no necesariamente porque surja del anécdota personal pero viene de cuestiones que me movilizan. Hay que entender que habitamos un espacio, un paisaje, un horizonte histórico que necesariamente nos interpela. La poesía respira al ritmo de cada escritora”, explica.


paulo ferreyra
paulo.ferreyra@yahoo.com.ar



La imagino a ella llegando al estacionamiento bajo los árboles del campus de la Unne en Resistencia. El sol se va despidiendo de las copas verdes y del frío cemento. Hace calor. Ella lleva consigo un bolso y deja a mano una paquete de cigarrillos y el encendedor.


“Empecé a escribir como algo natural. Bastante natural y con poca conciencia. En realidad no termino de considerarme ni poeta, ni escritora, más bien soy alguien que eventualmente escribe sin pensar demasiado en los géneros. Eso no significa que no piense o no cuide la palabra. Le pongo dedicación a mis torpes intentos por transmitir cosas”, explica.


Rocío Navarro nació en Las Breñas. Es docente, periodista y fotógrafa. Publicó Casandra Cactus (Cospel, Resistencia, 2007), Inhalar resistir expirar (Ñasaindy Cartonera, Formosa, 2010) y Mi jardín salvaje (autoedición, Resistencia, 2016). Además ha participado de distintas antologías.

Al inicio de la charla insiste en que hay más personas autorizadas en materia poética en el Chaco. Después hace una pausa y cuenta, “abordé la escritura como todos, por un lado por la necesidad de expresar algunas ideas, sensaciones y al mismo tiempo seducida por las cosas que encontraba en la escritura. Había algo ahí en el proceso creativo y en el texto compartido que no encontré en otra herramienta de expresión.



Escucho casi sin respirar, de repente hay una pausa.

— “¿Estás ahí?”, me pregunta del otro lado del teléfono.

— Sí, estoy acá, le respondo.


Hago silencio, la escucho. La comunicación a distancia a veces tiene estas cosas, uno se pierde las reacciones, los gestos, las miradas, la atención tanto de quien contesta como quien escucha.


“Así más o menos fue como empecé. Como todos”, continúa ahora respondiendo las pregunta de cómo inició este camino de escritora. “Creo que con mayor conciencia empecé a escribir cuando inicié la carrera de periodismo. Desde este lugar reivindico esta cuestión de no preocuparse tanto por los géneros más allá de las cuestiones lógicas de la escritura. Hay que tener en claro qué buscamos transmitir o decir”.


— ¿Cómo lectora en qué género te sentís más cómoda?

Ahí también soy totalmente anárquica. Leo mucha no ficción y crónica, es un género que me gusta mucho leer y estudiar. Practiqué poco. Leo poesía y novela. Los cuentos me cuestan leer, no he profundizado tanto en ese género. Pero leo muy variado.


— A ver, démosle un orden a esa variedad, ¿qué hay hoy en tu mesita de luz?


En este momento hay una antología poética de Diana Bellessi, al lado de un libro de Carlos Busquet, Magnetizado. Además hay otro de poesía de Martín Armada. Me gusta mucho leer a la gente de mi generación. Esos son los libros que me acuerdo ahora.

Siempre leo varias cosas al mismo tiempo. Hay semanas o etapas donde leo mucho, después me tomo recreo de lectura. Igual hoy estamos todo el tiempo estamos leyendo a través de internet. Sin embargo del ritual de leer el libro a veces descanso.


— De ese ritual, ¿qué tiene de especial la lectura de poesía?

Para mí lo que tiene de específico la escritura de la poesía es un tiempo diferente a la narrativa, mucho más vinculada a la intimidad y a la respiración propia de cada escritor. Me parece que es un espacio necesario en algunas cuestiones. Es un momento también para pasar de la hiperconexión a una soledad con la poesía.

— Partiendo desde ese espacio de intimidad, ¿escribís sólo desde la experiencia o cuestiones sociales también despiertan poemas?

Lo que escribo es muy biográfico, no necesariamente porque surja de la anécdota personal pero viene de cuestiones que me movilizan. Hay que entender que habitamos un espacio, un paisaje, un horizonte histórico que necesariamente nos interpela. Nosotros somos finalmente una mezcla extraña que surge entre lo íntimo y lo social. Esto se extiende a una frase propia del feminismo: lo personal es político.

— Tanto de lo que lees como de lo que escribís, ¿qué buscas con esos textos?

Los textos no son panfletarios. Está bien cuando marcan una postura. Me gusta el texto cuando no me engatusa para que piense algo determinado. Me seducen los libros cuando narran una experiencia o una impresión del mundo, con la cual yo puedo comulgar o disentir y eso me resulta agradable y respetable para que le dedique mi tiempo. Si el texto me deja con una pregunta mejor. Si me sirve para reforzar algo que pienso también está bueno y si hay que disentir disentimos pero no desde el lugar de bajada de línea.


ASÍ ESCRIBE ROCÍONAVARRO

Escribir

Escribir hasta que duela. O hasta que alivie. Escribir incluso mientras no se está garabateando o tipeando (esto es: escribiendo). Vivir para escribir porque el registro es, a la fecha, el mejor boleto en la lotería de que alguien (sino al menos uno mismo) nos comprenda. Ser palabra con el cuerpo.

Hoy pulgar derecho se despertó vocal; más precisamente i. Es una i amarilla como la yema o los choclos del almuerzo. Masticar palabras con los oídos. La ciudad está llena de imágenes. Que a los ojos les arda el movimiento orgásmico de la mano y que la nariz ya no soporte el hollín de las letras de aquel despanzurrado libraco. Sea cual fuere.

Que cuando agotada me hunda en el lodo azul de lo onírico, los fantasmas de otros escribas llenen mis orejas de alfileres con oraciones. Que me despierte porque un pinchazo vino a confirmarme que aún muerta he de padecer este impulso insaciable: He de seguir siendo palabra. Aún muerta.


ahora, la casa

la casa no huele a (tantos) cigarrillos
me miran las paredes sorprendidas
y chismean a mis espaldas sobre tu ausencia.
la casa está impregnada de sahumerios
los muebles parecen más alargados
y me sonríen con disimulo, equilibrados.
ahora que sólo yo,
que ya no vos,
la casa está impecable,
y así parece más de catálogo
y menos de hogar.

jueves, 14 de marzo de 2019

Julio Regúnaga presenta Des – Concierto


“Voy a comenzar solo. Tocaré la guitarra y cantaré unos temas, y después se sumarán los amigos”, explica Julio Regúnaga sobre su presentación de esta noche en El Mariscal. La cita es a partir de las 23. “Será una noche bastante ecléctica e intimista. Estarán también Gabriel Bestoso y Alejandro Ledesma, y el sonido, bajo la dirección del gran Raúl Díaz. 


paulo ferreyra
paulo.ferreyra@yahoo.com.ar

Esta es la primera vez que Julio Regúnaga se presentará como solista en la ciudad de Corrientes. Ha acompañado y trabajado con diferentes orquestas y músicos de la ciudad, sin embargo este será su primer paso como solista. “Es un regreso con todo para compartir con la gurisada. Es un regreso con todo, con todo”, insiste.


“Estoy de vuelta para compartir con la gente del barrio, del Barrio Balboa. Ahora se me ocurrió desarrollar en El Mariscal la música que vengo tocando en la intimidad. En la apertura tocaré temas de Antonio Carlos Jobim, después vamos hacer boleros y temas melódicos. Esa es la propuesta”, subraya.

“Jobim me formó musicalmente sin haberlo conocido. Pero puedo decir que escuché su música toda mi vida y me abrió mucho la cabeza musicalmente. Creo que a muchos les abrió la cabeza. Jobim es el Piazzolla de Brasil”, advierte.

Julio estuvo con la orquesta folclórica de la provincia de Corrientes entre ocho o nueve años. “Durante estos años acompañé a mucha gente, grabé con muchos músicos, también hice arreglos en los discos de Los Alonsitos, Alan Guillén, Mirian Asuad, Lucas Segovia. He arreglado temas para Imaguaré, Reencuentro, Mario Bofill. Hice muchas cosas en Corrientes y recorrí diferentes escenarios en la provincia y la región. Ahora esta presentación será el puntapié para iniciar un camino solista”, cuenta entusiasmado y ahora las palabras le llueven correntosas.

“El show se llama Des-concierto porque la idea es que después de la primera parte que está bien armada vendrán amigos a ofrecer chamamé y otros ritmos. Tenemos muchas ganas de tocar. La intención es que sea así, des-concierto. Dependerá también de los amigos que estén presentes. Voy a cantar algunos tangos, algunos temas que me hacen acordar a mi viejo que fue fundamental en mí vida. Al Kutu, mi viejo, lo acompañaba desde chiquito”.

Por internet aún se consigue una jukebox, también conocida en castellano como sinfonola, gramola o rocola. Es una máquina que se opera introduciendo monedas o billetes y que permite seleccionar canciones de diferentes estilos. Julio en parte se define así, “soy una rocola”, expresa y sonríe ampliamente. “Te acompaño con el tema que sea. Estoy preparado para todo”, cuenta. “Vos me decís un tema y yo acompaño. Será tan amplia la velada del viernes que tocaré temas que me gustan mucho del Cuchi Leguizamón”, agrega.

Disco de chamamé

Regúnaga adelantó que está trabajando en la grabación de un disco de chamamé con clásicos y temas propios. “El material saldrá para agosto o septiembre del presente año, y la producción del disco estará en manos de Antonio Tarragó Ros”, adelantó.