domingo, 3 de agosto de 2014

Tráfico y comercio ilegal de flora y fauna


En Buenos Aires son comercializados como mascotas silvestres y subproductos de carnes, cueros, pieles y plumas. Entre los más demandados están el mono y el loro vinoso, que se consigue en Misiones a 100 pesos y se vende en Buenos Aires a más de 1.000 pesos. Sólo se aplican multas. La venta ilegal de fauna silvestre es el tercer negocio ilícito más lucrativo del mundo

Por Antonio Villalba
avillalba@elterritorio.com.ar

 

“Lo tenía en la mira. Estaba a punto de apretar el gatillo, cuando me mostró la cría y luego, la mona cruzó los dedos, como rezando o pidiendo clemencia, y eso me conmovió”. Así lo relató alguna vez a este cronista un cazador acostumbrado a matar animales de monte.


Esta vez, aquel instinto de supervivencia salvó a la mona de terminar ejecutada con una bala en la frente. Quizás fue una de las pocas excepciones, porque es la forma en que otros cazadores atrapan a los monos. Hay que matar a la madre para conseguir que se desprenda de su cría. Es la modalidad que los traficantes de animales utilizan para atrapar a estos pequeños y llevarlos a los centros de comercialización.

 
Una vez conseguida la presa, se generan otras imágenes: aves encerradas en jaulas apiladas, monos tomados de los brazos que se ofrecen al lado de las rutas, orquídeas y cactus que se presentan en mantas en la calle, tortugas dentro de cajas de cartón en ferias, pieles de animales silvestres vendidas como trofeos, una boa colgada de un cuello como mascota, “todas escenas que podemos ver casi cotidianamente y que definen el tráfico de fauna”, indicó el licenciado Carlos Fernández Balboa, museólogo y magister en educación ambiental, miembro de Fundación Vida Silvestre Argentina. “Y es que así se denomina a la modalidad ilegal del comercio de vida silvestre, actividad que, en muchas circunstancias, puede ser lícito”, profundiza.


Explica que ese tráfico es señalado por Interpol como el ilícito que más dinero mueve en el mundo detrás del tráfico de drogas y armas. Efectivamente, el tráfico ilegal de vida silvestre es uno de los mayores problemas que amenazan a la fauna en todo el mundo, y Misiones y la región, no es la excepción. El tráfico y comercio ilegal de flora y fauna silvestre es un negocio creciente que en la actualidad arroja ganancias superiores a los 20 mil millones de dólares al año, de acuerdo a información de Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal).


A criterio de Fernández Balboa, representa una importante causa de extinción de especies, no sólo por los animales extraídos de su hábitat, sino también por la introducción de enfermedades y comportamientos indeseados al realizar importaciones o exportaciones, sumado a liberaciones irresponsables sin ningún proceso.

 
Gonzalo Rubio, del Instituto de Biología Subtropical e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) para la Fundación Vida Silvestre Argentina, advierte en este informe que se venden algunas especies de arañas en los mercados de mascotas.

 
Añade como dato que de las últimas investigaciones, cuyos datos aún no fueron científicamente publicados, surge que de las 1.442 especies que se registran para la Argentina, 579 habitan Misiones, es decir: el 40 por ciento de la diversidad de arañas conocidas para el país se encuentra en esta provincia.

 
La alta complejidad de estos delitos, sancionados por la ley 22.421 de conservación de fauna silvestre, está emparentada con el tráfico de drogas, y su abordaje, según los expertos, debería combatirse con una metodología similar a la de la trata de personas.
 

Desde el Ministerio de Ecología se reclama tipificarlo como un delito ambiental. En inmediaciones al monte se consigue por entre 50 o 100 pesos cada loro como el vinero de Misiones y suelen venderse hasta a 1.200 pesos en Buenos Aires. El tráfico ilegal trae aparejada una altísima mortalidad: sólo el 10% sobrevive al estrés, la falta de comida y el hacinamiento. En Misiones, entre Ecología y otros organismos de control, rescatan en promedio unos 1.000 animales por año. En la actualidad, como sanción sólo se aplican multas, que rondan los 15.000 pesos.

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