lunes, 28 de noviembre de 2011

“La música es sublime”



El poeta sostiene que “la música le da vida a la palabra, perpetua la palabra.  Coqui Ortiz le puso una música muy linda, a mi me emociono mucho, ahora se está por hacer un CD, yo hago las glosas y el pone la música”.  Estas son las palabras de Aledo Luís Meloni, uno de los poetas más destacados del litoral, dialogamos en esta entrevista sobre sus poemas, sus coplas y la música. 

Por paulo ferreyra – especial para corrienteschamame.com


Llego con cierta puntualidad a la entrevista, una señorita muy joven me invita a pasar a la sala y a esperar la llegada de Aledo Luís Meloni.  Sin darme cuenta intento ojear el lugar pero aparece él, en su silla de rueda con tres libros sobre su regazo, “buen día”, saluda en tono amable y cordial.  “¿Aquí está bien abuelo?”, dispara la joven, “mejor vamos a poner la silla de otra forma para que lo pueda ver”, sonríe Aledo y nos ubicamos de frente.

“Como ve ando en silla de ruedas.  De la cama a la silla y de la silla a la cama.  Porque me quebré y me operaron de la cadera.  Me caí como hace dos meses más o menos.  Entonces estoy en esto de andar en silla de rueda, hace algunos años atrás andaba caminando de un lugar a otro y ahora me llegó mi turno.  Bueno – dice y deja un lugar para el silencio.  El rugir de los motores de la calle Don Bosco entran a la sala - tengo 99 años, ya no soy un pibe”, argumenta.

Rápidamente me consulta el motivo de la entrevista y ahí nomás deja pasar su modestia, “supongo que yo seré uno de los tantos que Usted entrevistará, porque hay muchos poetas y cantores buenos por ahí”, sonríe nuevamente.  En esta oportunidad será la primera vez que con un entrevistado nos tratamos de Usted a lo largo de toda la charla, la empatía a veces deja de lado el lenguaje.

Aledo Meloni escribió muchos libros de poesía, se ha publicado además “a cada cual lo suyo” donde reúne sus textos sobre otros autores y su última publicación fue un libro de Haiku.  Coqui Ortiz a musicalizado “El aquerenciado” y “la niña”, entre otros poemas de Meloni.   Llegamos a su casa para conocer la intimidad de uno de los referentes de la poesía en la región, con 99 años tiene la vitalidad del acero y la sonrisa de un niño.


Para empezar, recuerdo que hay una poesía donde Usted habla de que quería ser herrero pero terminó trabajando con la palabra.  ¿La palabra se convierte en un metal dura para trabajar?

Esa poesía que Usted hace referencia la tengo acá, tengo muchos libros y me parece que podemos leer esa poesía del herrero.  “Música” se llama ese poema, a ver – el grabador me recuerdo un silencio que hicimos para buscar esa poesía en el libro, el sonido de la calle se filtraba por la puerta abierta. – Mientras tanto le voy a contar que yo vivía en el campo en la provincia de Buenos Aires, viví ahí de los 7 años hasta los 15.  Vivía en la chacra.  – El silencio vuelve abrirse, ahora si se escucha el suave movimiento de las hojas buscando el poema – Aquí esta, música se llama – y el poeta lee pausadamente.

Cuando niño quería ser herrero
para ponerle, como poli, música
de yunque y martillo a la mañana;

darle forma al metal a mi albedrío,
volverlo tan hermoso
como una flor de fuego al rojo vivo.

Pero no pudo ser.

Tuve después, en vez del metal, la palabra,
que es mucho más rebelde que el acero más duro.

También a ella quise darle forma;
manejarla a mi antojo;
hacerla restallar de luz como un lapacho en flor.

Pero no pudo ser.

Ningún poema
suena en mi corazón tan dulcemente
como la música del yunque y del martillo.

Si, como aquella música de poli;
La que escuchaba cuando niño
En las mañanas con arados y gaviotas de Huetel.


Esto era en la estancia donde nosotros arrendábamos.  Con mi familia éramos chacareros, mi mamá vivía a los 36 años con nueve hijos en el campo.  Cultivábamos la tierra  y en esa colonia había un herrero, que se llamaba Poli – posiblemente su nombre haya sido Policarpo, pero todos le decíamos Poli.  A la mañana temprano se sentía la música del martillo. Yo quería ser herrero, para ponerle música a la mañana con el martillo golpeando el yunque.  Después quise manejar la palabra.

Conversando con Moni Munilla hace un tiempo atrás Usted manifestó que Antonio Machado fue importante en sus comienzos, ¿Por qué?

Ya era grande cuando conocí su obra, tenía 27 o 28 años,  estando en el campo como maestro rural.  El me enseñó lo que yo pude aprender en la poesía y encontré la poesía que yo podía hacer, que es la poesía despojada de muchos adornos, enjuta, sobria, breve.   Todo lo que yo había escrito anteriormente lo deseché.  Me quedé con unas cuantas poesías breves que fueron a parar a mi primer libro de poesía que se titulo “Tierra ceñida a mi costado”.  Yo publique casi a los 53 años,  yo publique muy tarde, ese libro lo publique estando ya en Resistencia.  Estuve 20 años en el campo como maestro rural, allá no publique ningún libro. Publiqué algúna poesía en una revista de Buenos Aires pero no publiqué ningún libro.  Después de aquel libro vinieron 19 libros más de poesía, después de prosa y demás.

En varias entrevistas pone ese primer libro en primer lugar, ¿por qué?

Sucede – Aledo se recuesta en su silla, vuelve el silencio y después la sonrisa de niño. –  Mi  primer libro es el mejorcito, en el sentido de que esta más trabajado, más elaborado, me parece que es el más auténtico.  En ese libro hablo de lo que realmente yo viví. 

Ahora en la copla se interpreta uno mismo pero no todas las coplas son de uno, no todas son vivencias del coplero.  Yo escribo coplas de amor pero yo no participé, por ahí recuerdo haber escrito

Me olvidaste.  Te olvidé
Ahora estamos a mano
Pero quedó a la intemperie
El amor que asesinamos

Tras estas palabras Aledo advierte, “yo nunca tuve un problema, es una mentira, es la fantasía la dueña de esa copla”.

En este libro que tenemos en mano, “Poesía Elegida”, cada poesía viene acompañada de una copla. ¿Cómo surgió la idea y por qué?

Mire, la copla surgió a raíz de un libro de coplas de Victoria Pueyrredon que se murió no hace mucho, viejita ya.  (Pueyrredon falleció a las 88 años en octubre de 2008)  Yo leí las coplas de ese libro y me gustó.  Por un lado la brevedad y porque en tan poca cosa, en cuatro versos, musicales, asonantados casi todos, usted podía expresar un pensamiento completo.  Entonces hasta con cierta comodidad me dedico a la copla, porque no tengo que escribir mucho a máquina de escribir.

Me encanta la copla, de la poesía lo que más me encanta es la copla, porque es buena y es popular.  Las coplas mías no son las coplas del altiplano, de Jujuy o Salta, de la gente de España que son primitivas. Las coplas nuestras son más elaboradas, le hemos puesto un poco de literatura. Pero no son mejores que las otras.  No son mejores.  Las otras son las auténticas, nosotros en cierto modo las hemos copiado, plagiado, a la gente humilde del altiplano que esta cuidando su rebaño y se comunica a través de las coplas en los carnavales y demás. Aquellas son las que realmente expresan el sentimiento del hombre.

¿La copla es casi la moraleja de la poesía?

Si.  Puede ser como la moraleja de la  poesía o como el eco de la poesía. Yo tengo muchas coplas, deben ser como 500 más o menos, porque he escrito muchas coplas. Pero ahora últimamente me achiqué más todavía porque publique un libro de Haiku, “El trébol verde”.  Ese libro lo escribí  a los 97 años, en seis meses que iba a una bar, acá en Resistencia frente a la plaza.  Cuando no venía ningún amigo y estaba solo en el bar me dedicaba a escribir los Haikus, cuando me quise acordar tenía más de 100 haikus.  A este libro lo quiero mucho porque es como un hijito. 

Es el más pequeño

Es el que llegó último, lo quiero y lo aprecio.  La poesía – la obra poética de uno es como un hijo espiritual, el hijo intelectual que uno lo quiere como quiere a los hijos de la carne y de la sangre. 

En su poesía aparecen temas como el herrero, los hacheros, la nostalgia, los amigos, el vino.  ¿Esos temas vienen a Usted o Usted va a esos temas?

Yo no voy a ningún tema, los temas vienen a mí. Yo nunca me senté a escribir una poesía, porque no hubiera podido. Los temas vienen solos. Lo de los hacheros yo estuve en contacto con ellos, porque estuve 20 años como maestro rural.  Allá había obrajes que ni bien amanecía se sentían los golpes del haya retumbando  en el espacio.  Se puede decir que también ellos le ponían música a la mañana.  Conocía la vida de los hacheros, sus sufrimientos y su modo de vida.  Entonces eso vino solo, porque toda la poesía vino a mí. Yo no la busqué.

¿Qué sintió cuando Coqui Ortiz musicalizó “El aquerenciado” y “la niña”, entre otros poemas suyos?

Sentí una emoción muy grande porque ahí yo le digo que la música y el canto le dan vida a la palabra.  El canto perpetua la palabra, porque la palabra esta en un libro, usted lo lee un día, lo podrá leer dos veces, la música la sigue escuchando permanentemente.  Usted un chamame lo escucha 100 veces y 100 veces le gusta, pero usted no va a leer 100 veces un poesía. Entonces yo digo que la música le da vida a la palabra, perpetua la palabra.  Él le puso una música muy linda, a mi me emociono mucho, ahora se está por hacer un CD, yo hago las glosas y el pone la música.  Se hermanan palabra y música en una obra que ojalá salga bien.  El es buen músico, la música supera la palabra.  La música es más emocionante, suelo decir que la música es de las artes la que más interpreta el sentimiento del hombre, más que la palabra, más que la línea del pintor o del escultor. La música es sublime, yo digo que es como un eco de la palabra de Dios, es una insinuación, una sugerencia, la música no dice, sugiere.  Sugiere sentimientos.

Cuando ya estaba apagando el grabador Aledo Meloni cuenta que ahora lee mucho, también relee mucho.  “Una de las últimas coplas que escribí fue

A veces lo poco basta
a veces lo mucho no
todo es cuestión de medida
lo que mide la ambición.

Todo el tiempo sigo haciendo coplas, pero todo escritor tiene un canasto grande a lado de uno, tira tira tira y de una de esas algo toma.  Y con lo otro se puede hacer una fogata inmensa”.



Horacio Quiroga y Guido Miranda

Aledo Meloni sostiene que la obra de Horacio Quiroga, especialmente los cuentos del monte de Misiones lo ayudaron mucho en el campo.   “Por eso en el año 47 fui a Misiones a conocer el paisaje donde estuvo Quiroga, después fui como cinco veces más. Soy un estudioso de Quiroga y suelo decir – con un poco de modestia – que no hay acá en el Chaco y pocos en el país que sepan más que yo de Quiroga.  He leído toda su obra, infinidad de veces, viajé a Misiones muchas veces, estuve en contacto con la gente que lo conoció en la tierra colorada.  Acá hicimos un libro con los cuentos que Horacio Quiroga escribió con el paisaje del chaco.

Cuando yo fui a misiones y vi el lugar donde vivió Quiroga – risas mediante - comparado con lo que me toco vivir, el tenía el río Paraná al lado y una vegetación, yo tenía una sequía, un viento norte y una desolación.  Ya hubiera querido estar yo en su paisaje, pero son cosas que tiene la vida.  

No me quejo de los 20 años que fui maestro rural, porque fueron los años más productivos de mi vida.  Como maestro rural ayudé a los niños del campo desprotegidos, entonces después durante 25 años fui periodistas, más bien fui corrector en el diario El Territorio.  Me gustaba el periodismo porque estaba en el borbollón de las noticias.

Disfrutaba del trabajo, porque trabajando me sentía útil.  Por eso trabajé hasta los 78 años, sentía que no era un parásito, que ganaba mi sueldo honradamente.  Fue una obsesión.

Hoy los periodistas tienen una gran ayuda con Internet, antes había que usar mucho la cabeza y salir a investigar en la calle.  Según me dicen en internet se encuentra de todo.  Guido Miranda, que era un amigo y un hermano para mi, el escribía una editorial por día.  Todavía no sé como hacía para escribir tanto y tan bien.

Sería interesante hacer un libro con esas editoriales de Guido Miranda.

No, un libro no, varios libros podrían hacerse con las editoriales de Guido Miranda.  De él se editaron sus cinco o seis libros fundamentales para la historia del Chaco y su proyección.  Las editoriales en cambio están resguardadas en el papel amarillo del diario.



Vida de Aledo Luís Meloni

Aledo Luis Meloni nació un 1º de agosto de 1912, en la Estación María Lucila, provincia de Buenos Aires. Fue maestro, estudió en Buenos Aires y se recibió. En 1937 comenzó a enseñar en una escuela rural del un paraje cercano a General Pinedo. En 1956 se trasladó a Resistencia —donde vive desde entonces— para encargarse de la secretaría técnica de la Inspección de Escuelas Nacionales; se jubiló en 1963 pero siguió trabajando en la Biblioteca Popular Herrera de esa ciudad. También colaboró en el diario El Territorio y Norte.

Recibió diversos premios por sus poesías, entre ellos Caballero de la Orden de Mérito de Italia en 1982 y el Premio Santa Clara de Asís en 1990. El 24 de mayo de 2006 recibió por parte de la Universidad Nacional del Nordeste el título de Doctor Honoris Causa, en reconocimiento a su trayectoria en la poesía. En reconocimiento a su labor en la zona, en General Pinedo fue bautizado un complejo deportivo y cultural con su nombre, al igual que una escuela de Fontana.

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