jueves, 21 de mayo de 2026

Claudia Gatti: “Cualquier cosa era rota en la dictadura”







Este año la artista presentó la exposición 1, 2, 3,...Pica. Fue en el Museo de Bellas Artes René Bruseau de Resistencia en el marco de la muestra Los niños y el 24. A diferencia de varias actividades culturales que se realizaron para recordar el aniversario del 24 de marzo de 1976 aquí el foco estuvo puesto en los niños, las niñas y las infancias.


Por Paulo Ferreyra


Ella tiene la capacidad de llevarte a detener el tiempo. Sus obras y sus exposiciones no son para las miradas rápidas o las pasadas fugaces. Por ejemplo, cuando realizó hace unos años la exposición de collage Las voladoras.



Ahora, en esta ocasión el límite del detalle nos hace detenernos en un jardín interno. Germinan ahí flores y espinas que punzan nuestra memoria personal y colectiva.


En su exposición 1, 2, 3... Pica el espacio doméstico de seguridad y contención familiar está detonado. A través de la representación de un acto de la vida cotidiana ella expone la irrupción del terrorismo de Estado en la intimidad del hogar. Así nos siguen resonando los hechos ocurridos en la historia argentina cincuenta años después del inicio de la última dictadura militar en Argentina.


Parado frente a sus obras hay silencio. Mientras charlamos con Claudia sobre su exposición surgen dos cuestiones que la interpelan con fuerza: Una es la dictadura del ´76 y la otra es la figura de Eva Perón, sobre la cual abordaremos en otra entrevista. 



La infancia y la dictadura


Alfredo Globo Ayala en una entrevista televisiva expresó que “el arte es la forma de explicar la dictadura a las nuevas generaciones”. En ese sentido armó en el Museo de Bellas Artes la muestra “Los chicos y el 24”, una propuesta artística colectiva que buscó acercar la memoria de la última dictadura a las nuevas generaciones. Entre las artistas que convocó Alfredo estaba Claudia Gatti. 


“Esta es la primera exposición que armé pensando para la infancia. En un momento recordé unas historias que escuché y que terminé de completar con mi propia imaginación”, reflexionó Claudia sobre cómo germinó el concepto de su exposición. 


Bajo la dictadura que comenzó en 1976 los padres y las madres sabían que estaban en riesgo. Ellos y ellas entendían que estaban en riesgo por su militancia, por su militancia incluso social religiosa o laica. Había un entramado subterráneo donde se reconocían en riesgo, en ocasiones por ser protagonistas principales de algunos hechos o simplemente por conocer gente. Del tiempo de la dictadura hay documentos donde constan que han desaparecido personas por el solo hecho de conocer otra persona. 



Nos encontramos con la artista en un bar de Resistencia. La ciudad está bañada por el sol del mediodía. Bebemos té. Ella hace un cuenco con sus manos y antes de beber mira sus ojos reflejados en la infusión. Vuelve. Alza la vista y recuerda, “la historia que había escuchado era muy breve: en tiempos de dictadura les enseñaban a los chicos a jugar a las escondidas. Así, ante la primera señal o ante el primer código familiar los chicos tenían que esconderse. Los padres jugaban a las escondidas”. 


Ese juego fue una estrategia de cuidado de salud mental. Esas eran prácticas de subsistencia o de sobrevivencia en aquel contexto. Claudia Gatti tiene muchas virtudes y obsesiones, una de ellas es que colecciona y junta material de forma compulsiva. Su virtud como artista radica en que puede visualizar literalmente algo terminado, del concepto de la obra pasa directamente a la obra terminada. 


“Encuentro un objeto semienterrado, lo observo y puedo imaginarlo ya colgado con caireles y luces. Es una forma que tiene mi cabeza de procesar la información. Les doy oportunidades a las cosas porque ya las veo convertidas en otras cosas”, sintetizó.



En ese proceso de imaginación ella tiene juguetes de distintas épocas. Juguetes en una escala que hoy ya no existen con materiales nobles. Tiene juguetes hechos de madera, pintados a mano, mesas y sillas en el mismo modelo que se usaba la mesa grande en la década de los ‘40.


En su exposición 1, 2, 3,...Pica la artista despliega niños, niñas, mueblecitos, su colección de vajillas en miniatura, escenas en movimiento, las piezas que algunas vez estuvieron sueltas y ellas juntó bajo una temática. Su taller es un vergel. Las piezas del rompecabezas que están en su taller son un huerto con lo cual ella solo tiene que producir obras.


“Para esta muestra asocié todas las piezas que tenía al juego de las escondidas. En ese juego de las escondidas quería ir más allá de la estrategia de supervivencia. Quería representar la permanencia de la ausencia, de un juego de las escondidas que no se terminó porque hay chicos que siguen estando desaparecidos. Todavía hay chicos a quienes se les sigue buscando”, advirtió. 


Esta exposición amalgama dos cosas. Por un lado cuenta una historia basada en una estrategia de supervivencia. Por otro lado, te recuerda la existencia de una historia presente. Es decir, hay un juego que aún continúa en el tiempo.




Arte


Hay una escena que está representada. Puede ser una familia que está festejando un cumpleaños. Había soldaditos que aparecían en el piso. Soldados entraron abruptamente y rompieron lo que era la reunión familiar, rompieron los muebles y los niños se tuvieron que esconder abajo de la mesa y no había nadie más, pero la mesa estaba servida.

“Había una estructura familiar, una celebración, un acto cotidiano, cualquier cosa era rota en la dictadura. No importaba qué”, sostuvo Claudia y se queda en esa palabras, “cualquier cosa era rota en la dictadura”. 


En la escena del dormitorio se observan un despertador, una mesita de luz con los botines de fútbol y la pelela, el reloj grande marcando el tic tac. El reloj anunciaba que en algún momento podía pasar cualquier cosa como si fuera una bomba de tiempo. 


En el hogar está la cocinita esa de chapa, la heladera y la mesada. También están ahí abiertas y saqueadas. Porque los militares no solo venían a buscar personas sino llegaban para romper, destruir, saquear, dejar vacíos todo al mismo tiempo.



El cuadro general de la exposición de Claudia se amplía con los muebles de comedor clásico, la carpetita, el florerito, los libros, los globos de un festejo de cumpleaños. “También puede leerse que ahí están las figuras paternas y maternas. Las estrategias de cuidado, de celebración, de comida, de orden, de prolijidad, de prevención y aparecen con fuerzas las figuras de cuidado”, describió. 


Es la primera vez que hablo de una niñez en una obra” deslizó casi en susurro Claudia Gatti. Construyó en su exposición un jardín donde vive la niñez y lo que florece es la memoria viva de la historia argentina. En el decir de John Berger “no puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden”.








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