Por estos días, hay varias formas de tomar contacto con los Esteros del Iberá. El más conocido y popular es el Portal Laguna Iberá por medio de la localidad de Carlos Pellegrini.
Por Paulo Ferreyra
Además, existen otros portales como
Cambyretá, San Nicolás, Uruguay, Galarza, Río Corrientes, Parque Nacional
Mburucuyá, San Antonio y Carambola. Este último se encuentra a 190 kilómetros
en la localidad de Concepción de Yaguareté Corá. Hay transporte de línea. Una
vez en Concepción, aún resta recorrer cerca de 27 kilómetros de ripio y tierra
para llegar finalmente al Portal Carambola.
Cada portal de acceso a los Esteros del
Iberá demanda tiempo. Primero hay que llegar a un pueblo, hospedarse y
contratar servicios de lancha o paseos en kayak para poder entrar al universo
de los esteros.
Hace unas semanas, hicimos esa experiencia con
mi hija. Nos hospedamos en Don Oriol, ellos disponen de cabañas y habitaciones
para alquilar. Las habitaciones son completas, con baño privado, ropa de cama y
wifi.
El sol de un horizonte limpio
Ya en el interior de la tierra
correntina es inevitable escuchar un chamamé. El orgullo por ese gesto dibuja
felicidad en el rostro de los anfitriones. Alicia y Adrián de Don Oriol dan
muestra de esa satisfacción pocas veces vista: en todas las radios de
Concepción se escucha chamamé. Hace girar el dial digital y una a una suceden
las radios. En ese momento, recordé al músico y compositor Ariel Acuña; tiene
una canción que se titula El sol de los cielos limpios. Eso justamente
sucede al caminar por las calles de arena de Concepción. El sol brilla de
extremo a extremo, canta la calandria y hiende el ambiente, las ranas acunan la
tarde que se rinde mientras ladran los perros y dan cuenta de que la noche se
mueve en algún lugar del pueblo.
De Don Oriol, Adrián viene a buscarnos para hacer una tarde de paseos por los Esteros del Iberá. Hacemos esos 27 kilómetros entre el ripio y la arena observando el ancho cielo y el paisaje verde alrededor. “Aquí, a ellos les llamamos carpinchos. No capibaras”, advierte y sonríe Adrián. Hace una mueca cómplice. Detiene la camioneta, deja que cruce la familia de carpinchos. Pasan y seguimos.
Más adelante volverá a detenerse, pero
esta vez para que observemos al costado del camino más y más carpinchos,
pichones carpinchos se mueven entre el pasto y los arbustos. Es un día de frío.
Los animales buscan el sol que baña la siesta de un paisaje de ensueños del
litoral.
En el Portal Carambola, Adrián saldrá
con un grupo en lancha a recorrer los esteros. A nosotros nos acompaña Javier,
en Kayak. Estamos de pantalón largo y abrigos, él nos sugiere ir de pantalones
cortos y poco abrigo, “se van a mojar y es mejor tener esa ropa seca para la
vuelta”. Ya con los chalecos puestos –fotos mediante– en el pequeño puerto,
partimos. Nos presta además un soporte con correa para el celular, no hay señal,
pero se podrá sacar fotos o filmar.
Tanta agua y tanto cielo
El paseo en kayak es todo un asombro.
Los sonidos los riega desde el cielo las aves que cortan el cielo. Son suaves.
Nadie grita en los esteros. Es un día donde hay muchos siervos, se acercan y se
mueven en silencio. En un islote observamos un yacaré. Nos acercamos con el
kayak, estamos a un metro de distancia y las miradas se cruzan. Javier cuenta
historias, características del animal y del ambiente. Seguimos. Administra las
fuerzas para remar, el ritmo, hace foco en ir lento, el goce y el placer de una
tarde sin tiempo. “Buscamos conectar con tanta agua y tanto cielo”, desliza
mientras dibujaba una ancha sonrisa en su rostro amable y manso.
La tarde comienza a irse. En el oeste el sol se acerca a la tierra. En el otro extremo, en el este comienza a salir la luna llena. En ese entorno natural nadie está solo. Mi hija está delante en el kayak y capta con su celular el momento en el que el sol besa el horizonte y se expande en una galaxia de colores. La escritora Clara Obligado decía que cuando aprendemos a leer dejamos de estar solos. Tiene razón. Tiene toda la razón.
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