martes, 6 de marzo de 2018

“La singularidad de los músicos de pueblo adentro es rica"

A más de un mes de haber concluido la gran Fiesta Nacional del Chamamé Osvaldo Burgos, programador y músico, revela algunos puntos fuertes sobre las propuestas artísticas del Chamamé. Hablamos sobre el homenaje a Marily, la cantidad de artistas por noche, la sonoridad de la fiesta y la experiencia chamamé. “Está bien cuidar la música pero si descuidamos las desprolijidades convertiríamos al chamamé en un producto enlatado y pasteurizado”, advierte.


Por paulo ferreyra
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— Arranquemos por Marily, ¿por qué se hizo el homenaje en la Fiesta del Chamamé?
El porqué es de fácil respuesta. Marily se nos fue hace casi un año, había que homenajearla. También se hizo con Pocho Roch y con Toto Semhan. Era una obligación nuestra homenajearla. Es imposible medir todo lo que hizo por el género.

— Bien, reformulo la pregunta: ¿cómo construyeron este homenaje a Marily con el Ballet Oficial de la Fiesta?
En un principio cuando estábamos a mes y medio de la fiesta, programando y pensando en los detalles, la primera idea fue hacer los homenajes a quienes se fueron el año pasado en el primer día de la Fiesta, incluso estuvo el tributo al Centenario de Cocomarola. Hicimos un día potente desde lo emotivo con los homenajes.

Para el homenaje a Marily pensamos con la intervención de músicos en vivo. Pero nos encontramos con que era difícil elegir a un artista que sea el único merecedor de homenajear a Marily. Ella fue muy generosa y trabajó con muchísimos músicos. Desde ese lugar tendrían que estar muchos artistas homenajeándola.

— Sin embargo no hubo músicos que por separado la haya homenajeado.
Así es, pero ese es otro tema. Es verdad que nos extrañó que a lo largo de la Fiesta no hubiera un homenaje o un reconocimiento a su obra.

Pero volviendo al principio nos pareció que lo mejor era que el homenaje a Marily surja desde la Fiesta. Además ella trabajó mucho con ballet, con danzas, haciendo guion de teatro, no escribía solo poemas sino que tenía intervención artística. Creo que debe estar contenta con lo que se ha realizado.



“Ñande chamamé asume la comunión del hombre”
“Ella recogió la luz de la humanidad porque era una mujer absolutamente humana. Todos los hechos y vivencias fue haciéndolas poesía. Amó profundamente su terruño, la historia de su tierra, sus hombres, sus mujeres, sus niños, su pueblo se hizo poesía con Marily”.

Así lo consignó quien encarnó a la artista, Elva Silvero. En el homenaje junto al Ballet Eva hizo las veces se Marily al tiempo que destacó la poética de la escritora correntina.

Osvaldo atesora varios registros en audios que le cedió generosamente. En el homenaje se escucha la voz de Marily recitando poemas, casi como un espíritu. Un ánima que apareció en escena junto a su mitología autóctona que la rodeaba. “También apareció con sus misticismos, como la conocimos en los últimos tiempos”, deslizó Osvaldo.

“Así como era difícil poner músicos en escena también fue difícil hacer una selección de las piezas del ballet. Me atreví a involucrar el stick con las voces de Marily, después están el tema La vida y la libertad y Pombero”, explica Osvaldo. Mientras los bailarines del ballet dibujaban sus coreografías, se escuchan sonidos naturales, insectos, urutaú, grillos, ñangarutú, entre otros del aire y la tierra.

“Creo que el mejor acierto fue la representación de Eva Silvero”, agrega Osvaldo al tiempo que Eva declara que “esta representación al principio me costó aceptarla. No soy actriz, sin embargo poco a poco fui hablando con la comisión de la fiesta y Osvaldo junto con Marinoni me convencieron. Lo hicieron con sus palabras”, cuenta. “Había buscado los poemas de Marily y elegí uno que dice ‘el chamamé echa raíces, hilvana sueños’. Cuando hablo con Osvaldo, él me dice que ya tenía esos versos por Marily. Fue una hermosa coincidencia. De ahí en adelante todo fue un regalo”, resaltó.



Programación y propuestas

— Hubo algunos cuestionamientos sobre la cantidad de artistas por noche en la Fiesta Nacional del Chamamé. Incluso algunos músicos se quejaron por el escaso tiempo que tuvieron. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Había un promedio de 24 a 25 artistas cada noche. Realmente ningún festival o fiesta tiene eso número de artistas por día. Desde el punto de vista operativo, lo más lógico es que cuanto más artistas hay, más se complejizan las cuestiones técnicas, como así también se multiplica el trabajo de quienes coordinan.

A mí no me parece mal que sean muchos y que cada vez haya más chamameceros. Esto es un indicador de que este encuentro es cada vez más grande y cuando mayor participación haya, mejor será la fiesta.

Esta Fiesta apunta a la mayor participación, donde están los diferentes subgéneros dentro del chamame, distintos estilos y todos forman parte de una gran mesa que sería como una reunión de personas por un acontecimiento particular —en este caso es la celebración de nuestra cultura e identidad—- donde nadie tiene derecho a tener más que otro.

Imagínate una fiesta familiar, sea un cumpleaños, casamiento o bautismo o la celebración del año nuevo. Todos estamos en la mesa, hay chicos y grandes, mujeres, varones, todos debemos servirnos y comer el pan. Todos compartimos y de eso se trata.

La Fiesta Nacional del Chamamé no es un desfile de individualidades. Hay que pensar en la totalidad de la programación y no en las particularidades. Cada vez quizás sean más y eso no está mal. Además no solo está el anfiteatro sino que hay otros espacios alternativos.

En definitiva, acá festejamos lo que somos. El chamamé es el que amalgama todo y hasta nos resulta medicinal. Podemos estar mal por un montón de cosas durante el año y llega este momento y todos somos felices porque el chamamé nos cura. Es una música medicinal que nos sana.


— Sobre la programación y propuesta artísticas, volvieron a escucharse clásicos que se repitieron mucho en la Fiesta. ¿Cómo se trabaja esta cuestión en el seno de la organización y cómo se viven estos temas?
Los clásicos chamameceros de alguna manera está bien que existan y que se escuchen. Esos temas generan conexión entre el público y el artista, pero entiendo que de a poco hay que ir apostando a correr el riesgo de la renovación. Por eso no solo pedimos un tema inédito a los músicos sino que este año para estimular estas cosas hicimos el certamen de Canción Nueva. Fue un premio auspiciado por Sadaic. El tema tenía que ser interpretado en vivo. Hubo artistas muy grandes que inscribieron sus canciones inéditas y que la cantaron en el escenario.

Volviendo a los clásicos, los clásicos son clásicos y no me gustaría criticar por criticar esa cuestión. Tengo fe en que van a ir surgiendo nuevos clásicos del mañana, creo que los jóvenes artistas deberían pensar en eso y que ellos pueden ser los generadores de los nuevos clásicos del mañana. Así como hoy nosotros conocemos Puente Pexoa es porque a alguien se le ocurrió alguna vez en el pasado y hoy es un clásico. No podríamos ir contra de ellos, pero tenemos esperanza de que nuestro repertorio se va a ir oxigenando con cosa nuevas, con obras nuevas y que van a ver composiciones que se irán instalando como nuevos clásicos, eso nos gustaría que suceda realmente.

— Este año el tema fue la experiencia, ¿cuál fue tu experiencia chamamecera?
Los músicos de nuestros pueblos de Corrientes son tesoros en vida. No quisiera personalizar porque en algún año aquí al escenario llegó un armoniquista que no tenía ni luz eléctrica en el lugar donde vive y de repente llegó acá para tocar en un escenario de las luces, pantalla, sonido. Sin embargo acá pudimos proyectar su música amplificado en nuestro escenario. La experiencia sigue teniendo más parecido a eso de la tierra y del pasto que a la armonización perfecta.


Los sonidos de la fiesta
Como músico Osvaldo Burgos está siempre atento a la cuestión del sonido. En sus proyectos musicales podría decirse que amasa, que descomprime el sonido en mil átomos y los vuelve a armar, juega con él hasta el cansancio.

Ahora consultado por la cuestión sonora de la fiesta cavila, no deja su tono serio y por momentos, solo por momentos, dibuja una sonrisa en su rostro amable.



El desafío de la singularidad

“La cuestión sonora puede pasar por la calidad del sonido propiamente dicho pero también puede pasar por una propuesta artística que involucre nuevas sonoridades. Creo que lo importante, por un lado es las propuestas innovadoras y renovadoras tiene que estar pero como un elemento más de esa gran integralidad donde esta lo tradicional, lo súper tradicional, eso novedoso tiene que ser algo dentro de esa gran totalidad”, resalta.

“Todas las noches hubo algo de eso y fue el elemento que completó a esa totalidad. Creo —esta es una opinión personal— creo que estamos mejorando. Va lento pero estamos mejorando. En cuanto a esa preocupación por la calidad artística más allá del estilo inciden ahí muchos factores, un buen sonido depende de la técnica, de la puesta en escenario, pero también depende de los instrumentos, depende de las cuerdas, depende de las afinaciones de los instrumentos, en algunos casos depende de algunos equipos portátiles personales como un amplificador y también en el modo de acción al ejecutar un instrumento”, explica.

“Podés escuchar algo tradicional pero con un buen sonido. Porque cuidan a la hora de tocar cómo rasguear una guitarra, cómo pulsar un teclado o un fuelle, los artistas vienen con esos cuidados y con esos trabajos de ajustes, de instrumentación, eso está cambiando en la música”.

Además, Osvaldo apuntala que “la singularidad de algunos músicos muy de pueblo adentro es rica, esa desprolijidad también es rica y también la queremos mostrar porque si los músicos pierden esa particularidad con una formación académica estaríamos perdiendo mucho de nuestra identidad. Está bien cuidar la música pero si descuidamos las desprolijidades convertiríamos al chamamé en un producto enlatado y pasteurizado”, advierte.

“La música tiene que conservar ese olor a pasto. Si observás, pasa con muchos formatos que son plantillas que se ven en los festivales, viene todo muy perfecto, todo sumamente cuidado, desde el punto de vista sonoro, estético, de puesta en escena, todo prolijo o excesivamente prolijo. La singularidad que tenemos nos hace distintos y debemos conservarlas”, concluye.

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